28 de feb. de 2013

Justicia y burocracia

Excelente serie de fotos sobre el tema (gracias CS!)
http://www.janbanning.com/gallery/bureaucratics/

Mentira y derechos sociales

AGD sobre cómo las mentiras públicas impactan en la violación de derechos sociales
http://www.clarin.com/opinion/mentiras-pobreza-van-mano_0_874112659.html

Democratizar la justicia 10: Justicia legítima. Privilegios, dinero y poder

http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-214788-2013-02-28.html

Celebramos desde acá el nacimiento de un movimiento en favor de una "Justicia Legítima" que emerge de las entrañas del Poder Judicial. Venimos bregando por ello desde hace décadas, y denunciando en consecuencia la presencia dominante de una justicia conservadora, elitista, sexista. Frente al silencio cómplice de la mayoría, fuimos de los que contribuimos a instalar en tierras latinas la vieja crítica al carácter contramayoritario de la justicia (HV recordaba hace poco el carácter pionero de este trabajo:
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/subnotas/209521-61477-2012-12-09.html )
Desde esa tranquilidad de conciencia, saludamos la (tardía pero en todo caso bienvenida) llegada de estas voces críticas. Pero como siempre, con varios peros. Digamos 3 por ahora:

1)  Privilegios. Una gran mayoría de quienes se llenan hoy la boca con críticas a la justicia ilegítima, se vienen acostando todas las noches con la justicia ilegítima. Cosa curiosa, por la mañana se levantan muy tranquilos y toman el desayuno sonrientes, con la justicia ilegítima. Más curioso aún, por la tarde temprano, poquito antes de pegar la vuelta, siguen distribuyéndose cargos, honores, privilegios, prebendas y canonjías, con esa justicia ilegítima. No se trata, simplemente, de que muchos carecen de autoridad moral para hacer la crítica que ahora hacen: es que no queda claro si son conscientes de que los privilegios que denuncian incluyen los privilegios de los que siguen gozando, en términos de sueldos y ventajas descomunales, frente al común de los ciudadanos. Señorxs: no se olviden de que el poder y el dinero de los que hoy se benefician forman parte central de la crítica que merece la justicia ilegítima. El dinero propio de sus salarios (y, a veces, el de sus choferes). El poder que deriva de la capacidad que se han arrogado para invalidar las decisiones del pueblo.

2) Dinero. Sería bueno que alguno se tomara cinco minutos para ver las decisiones que han emanado del grueso de quienes hoy se reúnen en nombre de la justicia legítima. Sus fallos, se vería, destilaron y seguirán destilando punitivismo y clasismo. Tantos de entre ellxs toman decisiones cada día, a través de las cuales normalizan la violencia penal, que recae sobre todo en los sectores pobres de la población. Los acusados de corrupción estatal, los responsables del narcotráfico, los empresarios explotadores, ríen felices con vuestra compañía. El estado miserable de nuestras cárceles -jaulas homogéneas, putrefactas, llenas de pobres, en el marco de una sociedad impúdicamente desigual y heterogénea- deja ver el verdadero rostro de quienes hoy hablan de la justicia ilegítima. Mientras ello persista -como seguirá persistiendo (ver 3)- lo demás es puro cuento.

3) Poder. El tercer punto de crítica, tal vez hoy el más grave, es la revulsiva cercanía que muchos de los integrantes de JL muestran en relación con el poder político. Está perfecto que tomen partido en los asuntos públicos (frente a la bobada del "prejuzgamiento"), que tengan ideología, que sientan simpatía por el gobierno de turno. Pero nunca, nunca, nunca, ello debe empañar del modo en que lo hace el contenido de la agenda, para forzar el ocultamiento de problemas de escándalo, la protección de los corruptos amigos, la puesta de la justicia al servicio del mismo poder político que debe ser controlado. Aquí -AGC- no vale la zoncera de que "poder también es el poder económico": ya lo dije antes, el récord de nuestras cárceles habla bien de qué selección han hecho ustedes entre pobres y ricos (cárcel para los primeros, cobijo feliz para los últimos). El discurso inaugural de la Procuradora AGC fue tremendamente sintomático, en tal sentido: recorrió todos los tópicos de la crítica anti-mediática, mientras tragaba suave y dulcemente los sapos de los Oyarbide que alimenta cada día el Ejecutivo (y con los que la justicia legítima quiere que sigamos conviviendo); los asesinos y explotadores de obreros (qué tal Schiavi, buen día de Vido, cómo le va don Jaime), a los que ampara; las presiones bestiales del Ejecutivo sobre la justicia (presiones como, oia, las que la llevaron a la Procuradora al poder, luego de patear en el camino la cabeza de Rafecas, Righi, Rívolo, y así proteger a un vice presidente de espanto); el empresariado del juego y el narcotráfico que no es tan grave, porque hoy es amigo.

Si ésta es la nueva justicia que llega, seguiremos pidiendo la guillotina contra el Antiguo Régimen. No peace without justice ( http://www.npwj.org/ )

De qué se ríe

En continuación con el post anterior, y dedicado a quienes aprobaron ayer, entre aplausos, el acuerdo con el régimen que niega el Holocausto, para encubrir el Holocausto argentino. Dedicado a los Garré, de Vido, Schiavi, que ríen como locos frente a los muertos, pobrecitos (gracias siempre Ale).


¿De qué se ríe?



(Seré curioso)

En una exacta
foto del diario
señor ministro
del imposible

vi en pleno gozo
y en plena euforia
y en plena risa
su rostro simple

seré curioso
señor ministro
de qué se ríe
de qué se ríe

de su ventana
se ve la playa
pero se ignoran
los cantegriles

tienen sus hijos
ojos de mando
pero otros tienen
mirada triste

aquí en la calle
suceden cosas
que ni siquiera
pueden decirse

los estudiantes
y los obreros
ponen los puntos
sobre las íes

por eso digo
señor ministro
de qué se ríe
de qué se ríe

usté conoce
mejor que nadie
la ley amarga
de estos países

ustedes duros
con nuestra gente
por qué con otros
son tan serviles

cómo traicionan
el patrimonio
mientras el gringo
nos cobra el triple

cómo traicionan
usté y los otros
los adulones
y los seniles

por eso digo
señor ministro
de qué se ríe
de qué se ríe

aquí en la calle
sus guardias matan
y los que mueren
son gente humilde

y los que quedan
llorando de rabia
seguro piensan
en el desquite

allá en la celda
sus hombres hacen
sufrir al hombre
y eso no sirve

después de todo
usté es el palo
mayor de un barco
que se va a pique

seré curioso
señor ministro
de qué se ríe
de qué se ríe.

                                   
                                      Mario Benedetti

27 de feb. de 2013

El festejo

Esta madrugada, el kirchnerismo aprobará el acuerdo con Irán -cuyo gobierno niega el Holocausto y promete la destrucción de Israel- que permitirá que se investigue en Irán, bajo supervisión del gobierno iraní, si el gobierno iraní tuvo alguna responsabilidad en el atentado contra la comunidad judía local.  Un negocio de vergüenza que servirá para lavar la cara del gobierno iraní, y mantener la impunidad en relación con el atentado. Me entristezco de sólo pensar los aplausos, abrazos y risas del festejo, mientras el pueblo se mantiene en dolorosa vigilia frente al Congreso. Pregunto por anticipado: Qué festejan? De qué se ríen?

La caja negra del derecho (Martyniuk/Barrera)

En el primer número de la nueva revista de la facultad de derecho, de la uba, se encuentra por ejemplo un interesante comentario de don claudio martyniuk, sobre el nuevo libro de la amiga leticia b, que publicáramos en la colección de Igualitaria con SXXI

acá el link a la revista


Felicitaciones a ambos

Once: La culpa es del pueblo trabajador

Después de haber culpado por el accidente a los trabajadores que se amontonaban en el primer vagón, viajaban en un día laborable y no en feriado, y -Garré dixit- se ubicaban en lugares no autorizados, el ex secretario de Transporte, Schiavi, volvió sobre la hipótesis de que la culpa es del maquinista

http://www.lanacion.com.ar/1558389-los-frenos-funcionaban-dijo-schiavi-sobre-la-tragedia-de-once

Años atrás, todos hubiéramos reaccionado contra estas declaraciones de la derecha recalcitrante,  expresión propia del pacto dominante de la época: un negociado entre empresarios, sindicatos y políticos, hecho en nombre del pueblo pero a costa de la explotación del pueblo trabajador.

Corte

Discurso del Juez Lorenzetti, ayer, por los 150 años de la Corte:
http://www.cij.gov.ar/nota-10773--Debemos-sentar-las-bases-para-que-nuestros-hijos-y-nietos-puedan-decir-lo-que-piensan--discutir-libremente--sin-que-nadie-los-persiga-.html

Inaceptable, por supuesto, la ausencia del esperpéntico Ministro de Justicia, el inverosímil secretario de Justicia, la Procuradora General, y aún la defensora general SMM¡¡!! Muy impresionante la sensibilidad que tienen ante un llamadito del Ejecutivo. Un buen indicio de por dónde vienen las presiones, y qué es lo que podemos esperar de ellos en términos de control al poder político (lo que viene de la mano, en todos los casos, de pactos con lo peor del oyarbidismo judicial, y lo peor del cristobalopizmo empresario -que nunca importará si, por su parte, vienen de la mano del juego sucio o de la efedrina amiga). SI ! Gracias a todos ellos por sus Servicios ! Gracias por lo que han llegado a ser! Gracias por aquello en lo que se han convertido!


26 de feb. de 2013

Democratizar la justicia 9: Justicia y academia


Miro con horror la ofensiva oficial sobre la justicia, que se agrava cuando leo a sus mejores intérpretes. Leo, por ejemplo, este reportaje
(http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-214641-2013-02-26.html) a la Procuradora Gils Carbó -sin dudas, un personaje mucho más interesante que los tristísimos, opaquísimos J. Álvarez de turno (el patético vice ministro de justicia declaraba hoy: "Tenemos muy democratizado el Poder Legislativo, porque por decisión popular se eligen a nuestros legisladores...Y tenemos muy democratizado nuestro Poder Ejecutivo, porque aparte de ser elegido por el voto popular, hay una política de inclusión fenomenal, con un abanico de derechos enorme desde el 2003 en adelante" Por favor, que se vayan todos, pero primero él y la gente como él).

Como tantos de su condición, Gils Carbó ve como gran problema...el peso de los antecedentes académicos en la formación de los funcionarios judiciales¡¡¡¡ No puede ser!!!! Con la tranquilidad enorme que me dan i) el hecho de estar muy cómodo en la vida académica, y ii) vivir de mi sueldo del CONICET, por lo cual no necesito darle clases a los funcionarios judiciales, le diría:

1) que la formación de los funcionarios judiciales no es mala, sino pésima
2) que la base de esa formación atrasa 50 años
3) que los funcionarios judiciales desarrollan entonces un pensamiento que es resultado -no de una formación académica crítica sino- de la práctica que desarrollan, que es una práctica elitista, pacata, sexista, clasista
4) que aún la mejor ideología que circula en el ámbito judicial es anti-democrática, aunque hable de democracia: desconfía de las mayorías y pone en el centro de la vida pública a los jueces, que vendrían a salvar a los ciudadanos de sus propios arrebatos

Pero claro, como Gils Carbó y tantos otros tienen, ellos mismos, una mala formación académica, no pueden tolerar que la diferencia la haga la formación intelectual: los que tienen que ganar los concursos son gente como ellos, mal formada pero "comprometida"con la causa. Una pena.

(Dicho esto, debiera aclarar que la urgencia de tener jueces bien formados académicamente no significa que cualquier formación académica, cualquier título o papelito concedido por cualquier mercachifle tenga sentido: hay cantidad de pésimos y mentirosos posgrados, que sólo sirven para reforzar la vergüenza existente).

Decía Gils Carbó en el reportaje

"Hoy se llega a designar fiscales con un resultado medio cantado.

–¿En qué reside lo cantado?

–En la importancia que tiene un examen de antecedentes y títulos al que se le asigna cerca del 50 por ciento del puntaje total.

–¿Y por qué eso es malo, en su opinión?

–Porque pueden resultar favorecidos hombres solteros y mujeres solteras con tiempo disponible o acceso más fácil a posgrados y doctorados. Y no es posible que tenga un peso tan determinante. No está bien. A veces no trabajan. O, si ya están en la Magistratura, teniendo tareas no las hacen. Eso no me parece un parámetro que deba ser.

–¿Cuál sería el parámetro ideal?

–El que estamos por implementar, ya no como idea, sino como plan concreto e inminente. Vamos a privilegiar los exámenes de oposición. Vamos a darle importancia a lo que sirva para evaluar la capacidad del fiscal."


Lo dicho por Gils Carbó estaba en sintonía (sintonía, supongo, producto de una legítima conversación previa) con lo escrito este domingo por M.Wainfeld  (http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-214526-2013-02-24.html).

Wainfeld, me parece, cae en el mismo error que Gils Carbó. Dice Wainfeld:

"Los concursos, donde los hay, premian con porcentaje muy alto de puntos los antecedentes académicos. Hete aquí que los egresados de menos recursos económicos tienen que dedicarse a laburar cuanto antes. En cambio, aquellos con más plata pueden adornarse con posgrados y maestrías, cuya vinculación con la eficiencia como servidores públicos es, por la parte baja, opinable. No es habitual que los posgrados sean gratuitos, ni en las universidades públicas. Y es cosa corriente que, para ingresar (aun poniéndose) hace falta un académico que presente al aspirante. De nuevo, gravitan mucho las redes de vínculos que se reparten con desigualdad."

Le pregunto entonces a MW: Qué premiarían los concursos que no premien los antecedentes académicos? Los antecedentes judiciales¡ donde (mucho más) "gravitan...las redes de vínculos que se reparten con desigualdad" y en donde "los egresados de menos recursos económicos" quedan en la puerta de entrada como pinches, mientras que los egresados pésimos pero bien conectados con la familia judicial siguen firmes en su ascenso imparable.

Y Wainfeld dice algo más, en mi opinión todavía más problemático. Dice:
"El ámbito académico es otro espacio sectario, en el que confraternizan jueces y abogados de partes. Enseñan las mismas disciplinas, cohabitan, intercambian favores varios. Luego Sus Señorías atienden pleitos en los que actúan esos colegas, que entran a los despachos o mesas de entradas con una ventaja innegable.
A veces, ocurre en estos mismos días, un abogado es jurado en un concurso académico en el que compite un juez del Foro. ¿Se capta? El abogado es clave para que el magistrado mejore su rango académico. Luego, su cliente depende del juez. Quien quiera pensar mal, tiene sustento."

La idea que aquí presenta MW, me parece, está bien orientada pero finalmente se desencamina. El problema es la ausencia de una academia jurídica independiente (un problema que el gobierno tampoco ayudó a resolver, y que reflexiones de este tipo enturbian). Como decía Carlos Nino: Si yo litigo por la mañana y por la tarde doy clases, tengo los peores incentivos. Tengo, ante todo, el incentivo a elogiar y a no criticar nunca al juez (porque si lo hago me mata con una decisión en contra cuando me encuentre). Y para colmo, como dejo de estudiar (porque litigo) empiezo a reproducir en el aula no un pensamiento crítico, sino los casitos con los que me topo en la práctica, mientras mi formación se va anquilosando, y mi conocimiento se va pudriendo como la práctica que con desgano llevo a cabo (una práctica, por lo demás, contaminada por arreglos, chicanas, mentiras, formalismos, oscuridades que todos conocemos). Lo que se genera es un sistema en donde los escritos que se publican en las revistas jurídicas son, mayoritariamente, de elogio a la justicia; donde escasean las críticas duras a fallos y jueces; donde reina el amiguismo y el intercambio de favores. El problema, entonces, -le diría a MW- no está en la academia, sino en la FALTA de una academia independiente. El problema no está en el profesorado académico, sino en la FALTA de profesores a tiempo completo. El problema está en la MEZCLA, alentada por este gobierno y los anteriores, entre jueces y profesores, dependientes unos de otros, amigos todos entre sí.

En fin, que todo indica que estamos mal y que vamos para peor: ya veremos cómo nos dominan, cada día más, los funcionarios judiciales mal formados, el elitismo judicial, la oscuridad de los escritos, las prácticas chicaneras. Cuando, dentro de unos años, volvamos a plantearnos el problema, recordémoslo, que quede claro: se equivocaron, una vez más, en el diagnóstico.

Uruguay y el derrotero de la ley de caducidad


(http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-214615-2013-02-26.html)

Al respaldar con dos plebiscitos la no persecución penal de los delitos cometidos durante la dictadura, los uruguayos se colocaron en una difícil situación de encierro. Luego, una ley vino a decir que todo lo dicho con respaldo popular no estaba dicho, y ahora una sentencia de la Corte viene a decir que esta nueva ley es inaceptable. Lamentablemente, el atolladero legal no fue creado por el demonio, sino por la propia dirigencia política con el respaldo amplio de la ciudadanía. Luego, no se puede hacer cualquier cosa. Luego, hay que hacerse cargo de los propios errores.

Lo bueno de esta situación desgraciada, para quienes somos enemigos del derecho penal, es que (más allá de las desigualdades jurídicas que consagra, que resultan insoportables) puede darnos una excelente oportunidad para reconocer que hay vida más allá del castigo penal.

Hay decenas de medidas que se pueden tomar, y que se han tomado en otros ámbitos (aún en Uruguay, aunque de modo débil), buscando justicia e igualdad: reparaciones económicas; juicios de la verdad; pedidos públicos de perdón; espacios para la memoria; comisiones organizadas por el Estado para investigar lo ocurrido; condenas públicas a lo acontecido; programas de educación y esclarecimiento; fechas y monumentos conmemorativos. Este tipo de iniciativas, entre muchas otras, ayudan a dejar en claro lo que la comunidad rechaza y lo que aprueba; permite la condena moral y pública de lo acontecido; es compatible con el señalamiento, uno a uno, de los responsables y de lo que han hecho. En términos utilitaristas, procurando evitar la repetición de los hechos, puede ser -y creo que lo es- más efectivo que el mismo establecimiento de penas. En términos de moralidad kantiana, también nos permite la identificación uno a uno y la condena a ellos. O sea que tampoco estamos mal.

El único, grave problema, es que la desigualdad con el modo de tratamiento de los criminales "comunes" se mantiene. La suerte es que...no tiene por qué mantenerse. La desgracia puede ayudarnos a forzar, también, un replanteo en torno a cómo tratamos a los ladrones de gallinas. Es decir: a no desesperar. A actuar por la justicia y por la igualdad.

25 de feb. de 2013

FIT

Reportaje al gran Raúl Godoy, obrero de Zanon, referente del Frente de Izquierda
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-214564-2013-02-25.html

Madrid 5: Nacionalismo y democracia

Programé algunos encuentros con mi amigo Félix Ovejero, durante la estadía en Madrid. Él andaba por allí, ocasionalmente, dando un curso breve. Félix está con sus batallas contra el nacionalismo, que notablemente encuentran paralelos con la contaminada discusión argentina: allí también (aunque el "allí" de Félix sea Catalunya), parte de la izquierda aparece montada y atrapada en el discurso de la derecha. Y así, la retórica y los ideales de la izquierda aparecen al servicio de lo que la derecha propone (en Catalunya, el discurso nacionalista y separatista burgués, que ahora es apoyado con la retórica del autogobierno colectivo). Cada vez, otra vez, quienes argumentan contra el nacionalismo quedan más solos. Una pena.

En este breve texto (que tiene por referencia primera el sandeliano tema de "lo que el mercado no pude comprar", que aquí varias veces tratamos), Félix aprovecha para volver sobre aquellas cuestiones permanentes: democracia, mercado, la reivindicación del punto de vista del hombre común
http://www.revistadelibros.com/articulos/la-economia-frente-al-sentido-comun

Once

Ayer me acerqué con cierta ansiedad a los diarios oficialistas. Qué dirían sus editorialistas sobre el radical, conmovedor acto de homenaje a las víctimas de la masacre de Once? Nada. Sin embargo, me encontré con este texto de HG y quedé atónito. Cómo puede ser? Cómo puede ser?
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-214523-2013-02-24.html

23 de feb. de 2013

Intersex

Nota interesante sobre un tema que nunca tratamos
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/13-7857-2013-02-22.html

Madrid 4: Cartier-Bresson/ Apenas luego



Durante la estadía en Madrid estuve a punto de tomar una cantidad de fotos extraordinarias, aunque siempre fallé por un poco. Si Cartier-Bresson fue el fotógrafo del instante preciso, yo vendría a ser el de apenas luego

22 de feb. de 2013

Masacre de Once/Plataforma 2012


El excelente texto leído por el actor Manuel Callau, en representación de Plataforma 2012, en el aniversario de la masacre de Once

http://www.lanacion.com.ar/1556972-abucheos-a-cristina-y-de-vido-en-el-acto

http://www.lanacion.com.ar/1557062-manuel-callau-mas-alla-de-las-banderias-hay-que-posicionarse

http://www.lanacion.com.ar/1556992-el-texto-completo-de-plataforma-2012-la-masacre-de-once-expresa-de-modo-paradigmatico-un-modelo

Plataforma 2012, a un año de la masacre de Once

Hoy, 22 de febrero del 2013, estamos junto a las madres y los padres, los hijos, los familiares, los heridos y todos aquellos que de una u otra manera han sufrido directamente el dolor de una tragedia que enluta la vida de los argentinos.
Revivimos hoy ese miércoles 22 de febrero de 2012, cuando a las 8.32 hs., en plena hora pico, una multitud emprendía el camino hacia su lugar de trabajo, como todos los días. Sin embargo ese miércoles, en un tren de Buenos Aires, la rutina estalló.
Los 52 muertos se hacen presentes hoy sobre todos aquellos que, como los 703 heridos y los cientos de pasajeros que viajaban en aquella formación del Sarmiento, no podrán borrar de sus mentes las imágenes, los sonidos y hasta los olores del horror, percepciones y sentimientos que también resuenan en todos nosotros.
Sobre aquel dolor inefable cayó un primer anatema: “esa costumbre de los argentinos de viajar en los primeros vagones”. Así, el ex Secretario de Transporte Juan Pablo Schiavi iniciaba el viejo y triste ejercicio de culpabilizar a las víctimas, mostrando de paso su absoluto desprecio por los trabajadores. En la conferencia de prensa en la que Schiavi volvió a aparecer, esta vez junto al Ministro de Planificación Julio De Vido, y en la que no se admitieron preguntas de los periodistas, se anunció que el gobierno - en una estrategia de auto-victimización, tendiente a invertir la realidad de los hechos y a forjar el camino de su propia impunidad - se presentaría como querellante en la causa. Pocos días después la Ministra de Seguridad reproducía la inducción de culpabilidad sosteniendo que Lucas Menghini viajaba en un lugar inadecuado. Las palabras inconcebibles pronunciadas por dichos funcionarios fueron apuntaladas por la Presidenta de la Nación el siguiente lunes 27 en Rosario, después de varios días de inexplicable silencio. Cristina Fernández de Kirchner dijo entonces que el gobierno esperaría los resultados de la investigación judicial para tomar las medidas pertinentes, como si no fueran de público conocimiento el estado de abandono de los trenes de pasajeros y la cadena de corrupción vinculada a su concesión, que tiene nombres y apellidos. En el discurso de apertura de las sesiones parlamentarias atribuyó al pago de las deudas del corralito la insuficiencia de inversiones en el sector, ocultando la realidad de los subsidios millonarios que la concesionaria Cirigliano recibió durante largos años y que provienen de las arcas del Estado.
¿Es que el gobierno no se daba por enterado de las denuncias expresadas de las más diversas formas? No sólo hubo a lo largo de estos años estallidos populares espontáneos que daban cuenta del deterioro que no garantizaba las condiciones básicas para el funcionamiento seguro del ferrocarril. También la Auditoría General de la Nación y los propios delegados de los trabajadores del Sarmiento habían alertado una y otra vez sobre los peligros que se cernían y que finalmente desencadenaron la tragedia.
La política de vías férreas concesionadas a empresarios privados, iniciada por Carlos Menem, que provocó el despido de 80.000 trabajadores, la desaparición de decenas de pueblos y el saqueo del patrimonio nacional, se mantuvo sin variaciones hasta hoy. Distintas corporaciones se beneficiaron de las ganancias que producen los trenes de carga mientras que los millonarios subsidios estatales que tenían que ser destinados al mantenimiento y al funcionamiento eficiente y seguro de los trenes de pasajeros terminaron engordando los bolsillos de grupos amigos como los hermanos Cirigliano de TBA, cuya relación con el gobierno fue denunciada desde que se iniciaron los juicios al ex Secretario de Transporte Ricardo Jaime.
A un año de la masacre, y a pesar de los avances de la causa penal - que al agravar los procesamientos contra los ex funcionarios Jaime, Schiavi y Luna e incluir dentro de los procesados al ex interventor de la CNRT Antonio Sicaro reconoce la ineludible responsabilidad del Estado - el Poder Ejecutivo soslaya una y otra vez, mediante un agraviante silencio, toda referencia a las víctimas. Los rimbombantes anuncios sobre el mejoramiento de la infraestructura ferroviaria evitan toda mención a la tragedia. Silencio, anuncios épicos e insólita auto-victimización contrastan con la evidencia de los hechos. Más allá del discurso sobre la recuperación de los trenes “en talleres argentinos y por trabajadores argentinos”, en realidad los acuerdos sobre la compra de 409 vagones a la empresa china CRS vienen a refrendar la convicción de que el Gobierno no está pensando el sistema ferroviario en clave de reconstrucción de la industria nacional ni de protección de los usuarios.
La masacre de Once expresa de modo paradigmático un “modelo” cuya base fue impulsada por las reformas neoliberales de los años ’90, y que fue profundizada y consolidada, bajo diversas metodologías y alianzas, en los últimos diez años. No fue una fatalidad ni un accidente, sino un crimen social largamente anunciado. Desde Plataforma 2012 expresamos nuestra solidaridad con las víctimas y nos sumamos a su infatigable lucha por la verdad y la justicia. ¡Que el crimen no quede impune!

Buenos Aires, Estación de Once, 22 de febrero de 2013

Dworkin 5: Waldron sobre Dworkin


Muy bonito recordatorio de Waldron, sobre Dworkin
http://chronicle.com/blogs/conversation/2013/02/19/remembering-ronald-dworkin/
(traducción de Tomás F.F., de Mar del Plata: mil gracias Tomás!)


Ronald Dworkin, quien murió en Londres el pasado jueves, fue un gigante  de la filosofía política y del derecho. Su muerte es una inmensa perdida para aquellos de nosotros dentro o cerca de esos campos –no solo para quienes estuvieron de acuerdo con su trabajo y quienes fueron inspirados por el, sino también para aquellos que encontraron sus ideas  desafiantes o incluso molestas.

Yo fui alumno de Ronnie desde 1978 hasta 1985 y colega suyo en la Universidad de Nueva York desde 2006, y he estado en ambos campos –inspirado por su teoría, estimulado por su concepción del derecho y la regla del derecho,  pero lo suficientemente desafortunado como para encontrarme en desacuerdo con él en algunas cuestiones sustanciales- persistentemente sobre la práctica del control judicial sobre la actividad legislativa, y, más recientemente, sobre la conveniencia de leyes contra el discurso de odio.

Siempre aprendí mucho de estos desacuerdos. Cuando era un alumno de postgrado en Oxford, solía llevarle papers sobre derecho y propiedad e igualdad, y me sentaba en su despacho del University College, escuchándolo desmembrar mis ideas. En esa época no era verdaderamente un desacuerdo, era aprender –aprender lo que era argumentar seriamente, aprender lo que significaba ser contestado como alguien con quien valía la pena discutir. Todo lo que he escrito lleva la impronta de aquellas rigurosas sesiones.

Dworkin también me enseño que la academia legal no tiene que ser algo solemne y pedante. Aprendí a valorar y retribuir la alegría y el buen humor de mi supervisor. Aprendí a escribir ligeramente bajo presión. Llegué al entendimiento de que era un privilegio que mis trabajos sean desmenuzados y tomados en serio.

Nuestros desacuerdos persistieron, pero los temas sobre los cuales versaban no fueron significativos en comparación con la magnitud del entendimiento que adquirí con la filosofía del derecho de Dworkin. Es difícil rastrear la manera en que uno es persuadido por la posición de otro- ciertamente una posición tan desafiante y multifacética como la teoría del derecho de Dworkin. Al principio fue suficientemente difícil asimilar las complejidades de su argumento, familiarizarse con un nuevo vocabulario –en el que “principios” significaba otra cosa distinta a “reglas” y en el cual “discreción” no era siempre el opuesto a “objetividad”.

H.L.A. Hart nos había dado en El concepto de derecho (1961) una buena visión general sobre los sistemas legales: clara, sutil, y elegante en su refinada separación entre juicio moral y juicio legal. Al principio parecía que Dworkin sólo estaba criticando algunas de las tesis de Hart –rechazaba la idea que cada sistema legal tuviera una regla maestra para reconocer qué normas eran normas legales y cuáles no; estaba en total desacuerdo con la tesis central del positivismo legal –todavía la visión dominante en filosofía del derecho- de que los argumentos legales no necesariamente involucran un juicio moral o argumentación moral; y mantuvo que existían respuestas correctas para los casos difíciles incluso cuando los jueces no estaban seguros de cómo encontrarlas. (En la visión de Hart, los jueces simplemente abandonaban la búsqueda y creaban nuevo derecho para los casos difíciles). Así que uno aprendió a sumergirse en estas disputas y tomar partido, discutiendo sobre ellas con amigos y colegas.

Pero gradualmente hubo también una sensación de que Dworkin estaba agregando un poco de color viviente al austero blanco y negro del positivismo legal y quizás incluso empezando a cambiar todo el juego de la teoría del derecho. En un homenaje que rendí en NYU en el año 2006, dije que Hart había aportado claras rutas, definido algunas grandes líneas y estructuras para pensar acerca del derecho y de los sistemas legales. Fue Dworkin quien trajo el paisaje a la vida, insistiendo en que los austeros caminos de Hart debían ser evaluados contra la práctica real de abogados y jueces.

Eso nos dio una teoría del derecho viva y, una vez que la tuvimos, pudimos ver cómo tomar seriamente formas de razonamiento legal que –para el desconcierto y confusión de positivistas, pragmáticos, y todo tipo de escépticos- tienen a abogados y jueces escarbando en los libros de derecho una y otra vez en búsqueda de respuestas legales a casos difíciles, en vez de admitir la derrota sólo porque no pueden encontrar un caso o texto que de exactamente en el clavo.

Y, repentinamente, uno se encontró en un paisaje completamente distinto. El derecho –la práctica del derecho y de la argumentación legal- era una cuestión de reflexión, no solamente de la aplicación predecible de normas y la arbitraria sustitución por otra cosa en lugar de normas legales cuando dichas normas fallaban en proveer una determinada respuesta. La regla del derecho –o legalidad, como Dworkin la llamaba- estaba basada en la enfocada aplicación de inteligencia moral ante problemas difíciles, y rendía crédito  a la capacidad de los ciudadanos y sus representantes legales para argumentar su punto a partir del entendimiento del papel de las normas legales –y del sistema legal en su totalidad- respecto de su posición.

La separación positivista de derecho y moral fue dejada largo atrás. El razonamiento legal era una forma de razonamiento moral. Ciertamente, una forma complicada de razonamiento moral. Aparejaba juicios acerca de la importancia moral que tiene la coherencia con leyes y decisiones pasadas con los que el razonamiento moral ordinario no se ocupa. Pero sin embargo era razonamiento moral –ese fue el crudo y sorprendente carácter de la contribución de Dworkin.

Estas proposiciones son lo suficientemente fácil de referenciar en el impreciso lenguaje de una memoria. Ronald Dworkin, en efecto, las descifró, y argumentó a favor de ellas de manera clara y elaborada. Muchos de sus oponentes continúan considerando a su pensamiento como si fuera tan solo una crítica de Hart. Pero algunos de nosotros lo hemos visto como algo nuevo en la teoría del derecho, y sabemos que hay importante trabajo para realizar en su despertar. Ésa es la manera en que espero honrar la memoria de Dworkin –avanzando su teoría en formas que puedan hacer justicia a la anchura y generosidad de su visión.

21 de feb. de 2013

Dworkin 4: Sunstein sobre Dworkin

(traducciones de Leonardo GJ. Gracias don Leonardo¡)



El filósofo jurídico más importante de nuestro tiempo
Traducción de Leonardo García Jaramillo 
Ronald Dworkin, profesor en las universidades de New York y Oxford que falleció esta semana, fue uno de los filósofos jurídicos más importantes de los últimos 100 años. Bien podría incluso encabezar la lista. Realizó incontables y duraderas contribuciones a la filosofía y a la teoría jurídica. Entre las más grandes se encuentra una particular respuesta a una antigua pregunta: ¿los jueces hallan o crean el derecho? Su respuesta constituye una enorme mejoría respecto de las alternativas ordinarias que habían dominado los debates públicos.
Considere una cuestión sobre la cual las personas discrepan ferozmente: ¿la Constitución de los Estados Unidos exige que los estados reconozcan el matrimonio entre parejas del mismo sexo? Al responder esta pregunta, los jueces tienen que tratar con numerosos precedentes. Por ejemplo, la Corte Suprema resolvió que los estados no pueden penalizar los actos sexuales entre las personas del mismo sexo. La Corte también impidió a los estados que prohibieran los matrimonios interraciales. Al mismo tiempo, la Corte le permite a los estados prohibir los matrimonios polígamos.
Al resolver la controversia sobre el matrimonio entre parejas del mismo sexo ¿los jueces cómo deben abordar tales precedentes? En este punto Dworkin introduce una metáfora llamativa. Suponga que usted está participando en la escritura de una novela en cadena. Otras personas han escrito los primeros capítulos y ahora es su turno ¿Cómo debería proceder? La respuesta de Dworkin es que usted tiene que participar en un acto de interpretación. No puede ignorar lo que proviene con antelación. Si sus predecesores empezaron a escribir un romance no se puede convertir repentinamente en una obra de ciencia ficción sin ejercer violencia con lo que se ha hecho antes. Hay un deber de fidelidad con la obra.
El enfoque de Dworkin
Pero su tarea no es mecánica. Debe ajustar los materiales existentes y justificarlos al escribir un nuevo capítulo que haga a la nueva novela, tomada como un todo, lo mejor que pueda llegar a ser. Dworkin piensa que la labor de juzgar es en gran medida parecida a este ejercicio. Los precedentes son como los capítulos existentes y un nuevo caso es una oportunidad para sentar uno nuevo. Los jueces no pueden solo inventar el derecho. Al menos en los casos difíciles no pueden solamente “seguir el derecho” porque no hay nada que “seguir”. Lo que deben hacer es producir un principio que al tiempo se ajuste con, y justifique, los materiales jurídicos existentes. Esta es la concepción que sostuvo Dworkin del derecho como integridad.
Desde el enfoque de Dworkin sería ilícito que un juez decidiera que la Constitución confiere a los estados total libertad para definir el matrimonio. Tal decisión fallaría al procurar articularse con el derecho existente y, debido a que la Corte ha permitido la prohibición de los matrimonios polígamos, sería igualmente ilícito para un juez decidir que la Constitución le permite a las personas casarse con quienes quiera. 
Pero los jueces podrían considerar algunos principios que entran en conflicto. Quizá el mejor es este: “A no ser que estén discriminando sobre la base de la raza, la cuestión del matrimonio se encuentra dentro del control de los estados, en la medida en que estén actuando de conformidad con las comprensiones tradicionales de la institución del matrimonio”. O quizá el mejor es este: “Los estados podrían restringir la institución del matrimonio entre dos personas, pero debido al lugar central de la institución del matrimonio en nuestra sociedad, no podrían prohibir a los hombres gais o a las lesbianas el hecho de tener acceso a tal institución”.
Las afirmaciones más profundas de Dworkin no son acerca de resultados sino del método constitucional. Sustenta que los jueces, bien sean conservadores o liberales, necesitan preguntar cuál principio es el mejor de forma que se pueda articular con el entramado del derecho existente y hallar su mejor sentido. Cuando los conservadores y los liberales discrepan tales son los fundamentos legítimos del desacuerdo. ¿Sobre qué otra cosa podrían discrepar los jueces?
Originalismo inconsistente
Hay algunas respuestas tentativas. Una de ellas, asociada con los magistrados de la Corte Suprema Antonin Scalia y Clarence Thomas, es la originalista. Probablemente cuestiones constitucionales específicas deben resolverse preguntando: ¿cuál fue el significado público original de los términos de la Constitución en el momento de su ratificación? Dworkin no considera que cuando se ratificó la Constitución fue concebida para establecer respuestas específicas a cuestiones precisas y, de esta forma, cree que la versión del originalismo que defiende Scalia es autodestructiva, porque resulta inconsistente con la comprensión original.
Pero Dworkin tiene una objeción incluso más fundamental: ¿el originalismo encaja y justifica nuestras propias prácticas jurisprudenciales, incluyendo por ejemplo, la prohibición de la segregación escolar, de la discriminación sexual y el principio amplio de la libertad de expresión? A juicio de Dworkin el originalismo falla en encajar en nuestras prácticas y en este sentido no constituye un buen sentido de ellas. Desde este punto de vista, los originalistas también tienen que ayudar a escribir la continua novela en cadena estadounidense, y su propio capítulo no le otorga ningún servicio al proyecto.
Tuve mis propias discrepancias con Dworkin. En persona y por escrito sostuvimos numerosos debates sobre el derecho constitucional.Considero que le otorga un rol excesivamente grande a los jueces federales en la sociedad estadounidense. Pero me di cuenta, tal como todos los que se encontraron con él, que tenía una de las mentes más sofisticadas e inquisitivas del planeta y que si usted hubiese sido lo suficientemente afortunado como para perder una discusión con él (ganar estaba fuera de la cuestión), su propia comprensión del asunto habría mejorado enormemente. No solo era un gigante sino también una persona buena y simpática.
Sobre la Corte Suprema y la Constitución, démosle la última palabra: “tenemos una Institución que redirecciona algunas cuestiones desde el campo de batalla del poder político, hasta un foro de principios. Sostiene la promesa de que los conflictos más profundos y más fundamentales entre las personas y la sociedad se convertirán finalmente, en alguna parte, en cuestiones de justicia. Yo no denomino esto religión o profecía: lo denomino derecho”.

Otros dos textos. La reseña de Sunstein a "Justice in Robes" 

Y el texto "¿Deben nuestros jueces ser filósofos? ¿Pueden ser filósofos?", de Dworkin

Dworkin 3: Una cuestión de principios



(Del prólogo que le escribiéramos para su libro "Una cuestión de principios" )

Ronald Dworkin es uno de los más importantes -y seguramente el más influyente- de los filósofos del derecho contemporáneos. Sus escritos relacionados con la primacía de los derechos; el valor especial de la igualdad; el control de constitucionalidad; el positivismo jurídico; o el papel de los jueces en una sociedad democrática, lo han situado como primera y permanente referencia en todas las discusiones relevantes de la filosofía jurídica actual.

Resulta curioso, por ello, que una de sus primeras y mejores obras –A Matter of Principle- no haya sido, hasta hoy, traducida. Ello es todavía más extraño teniendo en cuenta, por un lado, el especial peso de los trabajos que allí se incluyen; y por otro, el hecho de que la mayoría de los libros de Dworkin, aún los más recientes, han sido objeto de una ansiosa y pronta traducción al español. Por lo dicho, es una gran alegría poner a disposición del público esta extraordinaria obra, y mucho más el poder hacerlo dentro de nuestra colección de Política y Derecho.

A pesar de los años que han pasado desde su primera publicación, en 1985, A Matter of Principle mantiene absoluto interés, y nada ha perdido de su originalidad y valor. El libro, que reúne algunos de los artículos de Dworkin que más han sido citados, incluye su texto sobre el poder judicial como un “foro de principios”; su recordada distinción entre “políticas y principios”; su defensa de la desobediencia civil; algunos de sus primeros debates sobre interpretación constitucional; su famoso paralelismo entre el derecho y la literatura; su enjundiosa defensa de un liberalismo igualitario; su reconocida idea sobre la “respuesta (jurídica) correcta”; su embate contra el todavía vigente (y habitualmente muy conservador) análisis económico del derecho; su rechazo a la noción de que los derechos deben “balancearse” con consideraciones relativas al “bien común” de la sociedad; su pionera (y entonces muy solitaria) defensa de las acciones afirmativas a favor de grupos desaventajados; y su extrema reivindicación de la libertad de expresión (reivindicación que incluye un fuerte sostén a la crítica al poder político de turno).

En este libro, tal vez más que en cualquiera de los que lo siguieron, Dworkin demarca con brillantez los alcances del tipo de igualitarismo que propone. Se trata de un igualitarismo consistente siempre, liberal en su base, y radical en sus consecuencias. Nos encontramos entonces con un igualitarismo que puede incorporar, sin el menor inconveniente, el apoyo a quienes desafían al derecho vigente a través de sus protestas (protesta antinucleares, en el ejemplo que escoge); o recomendar un activo intervencionismo estatal en apoyo del arte.

Obviamente imprescindible para los seguidores del pensamiento “dworkiniano,” el libro es indispensable para todos aquellos interesados en tomarse al derecho en serio.

20 de feb. de 2013

Dworkin 2: El prisma moral del derecho


(Escrito con Marcelo Alegre, y publicado hoy en la nación)
http://www.lanacion.com.ar/1556237-el-prisma-moral-del-derecho



Ronald Dworkin, quien falleció en Londres el 14 de febrero a los 81 años, fue el más importante filósofo del derecho del último medio siglo. Era Profesor de la Escuela de Derecho de NYU, y lo había sido antes de Yale y Oxford.
Crítico del positivismo jurídico, Dworkin consideraba al derecho como un fenómeno que debía leerse a través de un prisma moral: resultaba imposible, para él, sostener un punto de vista neutral y aséptico. De modo consistente con dicho enfique, Dworkin logró comprometer al derecho con las principales discusiones públicas de su tiempo. Sus posiciones fueron en todos los casos de una enorme riqueza y su elocuencia al exponerlas no admite paralelos.
Su concepción de los derechos como límites a la acción del Estado es parte de la revolución copernicana que desplazó al utilitarismo como visión dominante. Es frecuente escuchar que los derechos deben ceder frente al interés general o el bien común. No para Dworkin: es el interés general debe ceder cuando un derecho fundamental está en juego. En otras palabras, tomarse los derechos en serio implica aceptar que la sociedad, o la mayoría, a veces vean frustrados sus deseos.
Su defensa de la igualdad de recursos también resulta ineludible. Para Dworkin, la mejor distribución de la riqueza es la que hace a las personas iguales en las oportunidades y recursos con que enfrentan los desafíos de la vida. Su teoría es, junto a la de Rawls, la exposición más profunda y refinada del liberalismo igualitario.
Era un gran polemista, tanto en el aula como en la prensa. Desde sus columnas periódicas, y a lo largo de 4 décadas, cuestionó la guerra de Vietnam, criticó duramente a la Corte conservadora de los últimos años, propuso una renovada lectura liberal sobre las cuestiones del aborto y la eutanasia, sometió a un severo análisis a cada nuevo nombramiento judicial que el gobierno ofrecía, y fue de las pocas y primeras voces que se expresó contra lo que el Estado norteamericano hacía en Guantánamo. Con esa misma fuerza, defendió la libertad de expresión y de protesta, las acciones afirmativas y la universalización de la cobertura de salud. 
Visitó en varias oportunidades a la Argentina. En 1985 integró una legación de filósofos y juristas que se entrevistó con el Presidente Alfonsín y asistió al Juicio a las Juntas. Fue el autor del prólogo a la edición inglesa del Nunca Más, una introducción a través de la cual retrató vívidamente medio siglo de violencia y abusos del poder; y en donde se explayó sobre la política argentina y los derechos humanos, con notable lucidez y conocimiento de nuestra historia del siglo XX. En 2011 recibió de manos de la Decana de la Facultad de Derecho Mónica Pinto un merecido doctorado honorífico. Sus ideas son ya patrimonio adquirido a través de lo mejor de nuestra jurisprudencia. En sus momentos luminosos, la justicia y la democracia se han inspirado en los ideales defendidos por Ronald Dworkin.