23/11/2014

Aprobar sin debatir

Hoy (acá) sale nota sobre el tema, en La Nación: hay un problema -y es serio, y es de rango constitucional- cuando en el Congreso decide (mucho peor: cambio las normas de fondo) sin debatir. Ahí aparecemos con don Bohmer -yo polemizando un poco con Horacio G., que nos maltratara innecesariamente en una nota que ya citáramos. Por ahora, menciono un solo punto: uno no sólo insiste con la deliberación porque la Constitución la exige. Lo hace, sobre todo, porque aprendió de la historia (argentina por caso) y sabe que cuando el debate se termina y se cierra al público, es porque los grandes poderes entraron: llámese Iglesia, empresas telefónicas, empresas megamineras, empresas de hidrocarburos. No nos mientan más.

Un párrafo de lo que yo escribiera (en réplica a HG), y que la nota retoma:


"Resulta molesta la necesidad que impone este tiempo, que exige que presentemos, luego de cada argumento, un certificado avalando nuestra disposición a mirar al mundo desde el punto de vista de los más sacrificados. En todo caso, quienes enfáticamente defendemos la deliberación inclusiva, lo hacemos -justamente- bajo la convicción de que su falta genera problemas graves, que poco tienen que ver con el dejar de parecernos a caballeritos ingleses, discutiendo en torno al té de las cinco de la tarde sobre las reglas del hockey. Nos mueven problemas algo más argentinos: problemas brutales, que las recientes disputas sobre los Códigos Civil, Penal o Procesal simplemente han ratificado. Para decirlo en breve: la ausencia del debate democrático no sólo es contraria a lo que la Constitución exige, sino que viene siempre de la mano de una renovada influencia de intereses particulares (no populares precisamente) en la forja de las leyes que van a regir sobre todos. Tómese el ejemplo del Código Civil: cuando se cerró el debate público en su torno, se quitaron derechos ya incluidos, que incomodaban a las empresas mineras; y se incluyeron prerrogativas que habían sido excluidas, favorables a quienes lucran con el trabajo precario. En la oscuridad, se le arrancaron las cláusulas sobre responsabilidad de los funcionarios públicos (favoreciendo la alianza -tan de estos años-- entre agentes del gobierno y el empresariado corrupto); y se introdujeron cambios en materia de propiedad exclusivamente orientados a asegurar los intereses de los mejor situados (countries, tiempo compartido). No se dedicó un solo instante, en cambio, a reparar los padecimientos de los sacrificados (vivienda precaria, desalojos forzosos, falta de agua)". En definitiva... "la ausencia de debate favorece que ganen los mismos de siempre, amparados por el secreto, y ayudados por su poder de influencia. El final que nos reserva este tiempo es, sin embargo, todavía más triste: en casos como el citado, entre tantos otros (legislación anti-extranjeros; fiscalías sin control popular; endurecimiento irracional de la prisión preventiva) se trabaja contra los más débiles, pero se lo hace en su nombre, invocando -con sentida emoción- cada uno de los derechos que se les niega".

22/11/2014

En Ecuador 5: El Chamo

A través del documentalista Pocho Guevara, me entero de la existencia de José "Chamo Guevara", el cantante popular, de la "trova quiteña", anarquista irreverente, defensor de derechos humanos, jamás ausente de una marcha de protesta, y dueño de un humor corrosivo. Chamo se encuentra hoy con ciertos problemas de salud, ataques epilépticos, originados -me dicen- en los niveles de violencia policial que sufriera a lo largo de su vida. Y ahí está el Chamo, sin dar un paso atrás.

Me cuentan de su último, notable, gracioso, enfrentamiento con el propio Presidente Correa. Chamo sale de su casa, como cada día, y ve pasar frente a sí cuatro autos blindados, con los que el Presidente Correa se mueve habitualmente, protegido. El Chamo, iconoclasta absoluto, adivina quién pasa y hace un "corte de manga" contra el Presidente. Cuatro autos se frenan entonces con violencia, en un espectáculo imprevisto, inesperado. Del primero de esos autos se baja...el mismo Presidente (¡¡¡¡), que lo llama drogadicto y borracho (¡¡¡) y lo invita a pelear (¡¡¡¡) al pobre Chamo, el epiléptico. Chamo se dice a sí mismo "otra vez en cana," y le pide a la policía que no lo lleve a la fuerza, que él sabe el camino.

Un policía motorizado lo hace esperar y lo mantiene en custodia, mientras el Presidente y su comitiva se alejan, ya cansados del entrevero. Al rato, el policía motorizado lo deja ir al cantautor, sin entender bien por qué. En su siguiente discurso sabatino, el Presidente toma la anécdota como tema, y habla de su encuentro con el cantante, al que, dice, cruzó drogado, bebido, oliendo a alcohol (¡¡¡). Pobre, no sabía que Chamo no bebe alcohol y que, por su enfermedad debe cuidarse al máximo. Otro papelón del bravo Presidente, que más tarde deberá admitir su error, aunque lo hará sólo a medias. Ok, Chamo no estaba borracho -admite. Pero sí empastillado -agrega apurado. Patético¡

(sobre la respuesta del Chamo al Presidente, ver acá)

Miro hacia atrás estas crónicas y me sorprendo de la cantidad de personajes que conocí, o de quien supe en estos cortos días. Personajes hermosos, izquierdistas, irreverentes, graciosos. Todos dulce pero firmemente anti-Correístas.

En Ecuador 4: Acosta

El otro gran personaje del Seminario es Alberto Acosta, ex presidente de la Asamblea Constituyente, profesor de FLACSO, que rompió hace años, tempranamente, con esta versión feroz del Correísmo.

Escribe Acosta: "El presidente Correa ha sido muy franco. Apuesta por más petróleo, por la megaminería, por los agrocombustibles, por los transgénicos...Con más extractivismo se pretende sacar al Ecuador del extractivismo...El régimen impulsa la megaminería como ningún otro Gobierno en la historia nacional, atropellando inclusive el marco que en la Asamblea Constituyente de Montecriste...pretendió poner en orden el manejo neoliberal en este campo."

Y concluye: "debemos tener en claro que, en la medida que se amplía y profundiza el extractivismo, se agrava la devastación social y ambiental. Mientras crece la resistencia social en los territorios afectados, el Gobierno responde con la criminalización de la protesta. Los derechos colectivos de varias comunidades indígenas y campesinas son atropellados. Poco importa que en el Ecuador consitucionalmente la Naturaleza sea sujeto de derechos."

En Ecuador 3: Nina

Conozco también, en estos días, a Nina Pacari, dirigente indígena de nacionalidad kichwa, miembro del Movimiento Pachakutik, ex diputada, ex ministra del exterior, y jueza de la Corte Constitucional (2007).

A través de su testimonio, y el de tantos otros, me pregunto cómo puede ser posible que en países como la Argentina siga primando una visión romántica de Correa, una visión "progresista" de Correa, cuando aquí en el Ecuador la buena izquierda -la que la propia Nina, a su modo, representa- mira muchas de las acciones del Presidente con directo horror. Leo ahora un trabajo de Nina en un libro titulado -caramba- "La restauración conservadora del correísmo" (así nomás, y nosotros dale con Correa nacional y popular: una superficialidad que indigna).

En su artículo dice Nina, entre otras cosas: "La falta de independencia" de la Corte Constitucional es un hecho. "Basta revisar y analizar el pronunciamiento mayoritario" de los miembros de la Corte Constitucional en una mayoría de casos relevantes, para comprobarlo. Y cita: "el procedimiento para las reformas de la Constitución planteadas por el Ejecutivo en el año 2011, la sentencia respecto de la demanda de inconstitucionalidad contra la Ley Minera, los dictámenes en relación a los reiterados Decretos Ejecutivos sobre Estados de emergencia en temas petroleros o de la seguridad de la Asamblea Legislativa..." A ello suma también los procedimientos para la renovación de cargos dentro del tribunal. En razón de los modos en que procede el poder dominante -concluye- "se podría afirmar que la Corte Constitucional continuará subordinada al Poder Ejecutivo".

En Ecuador 2: Pocho

Entre las personas que conocí por aquí destaco también al gran documentalista social del Ecuador, Pocho Ávarez, autor de -por ejemplo- "Tóxico-Texaco-Tóxico", importante registro sobre la devastación producida por la compañia petrolera en Ecuador. Él es también es autor de documentales contra el fracking y otros dulces productos de la era Correísta. Hace poco, su trabajo "Crude" fue censurado por las empresas de "inteligencia comunicacional" que trabajan para el gobierno, que "descolgaron" de la web parte de su trabajo. Pero pocho sigue adelante trabajando, y estableciendo "matrimonios" éticos con las comunidades, personas y causas con las que se involucra. Lejos de filmar y dejarlas ahí, él sigue acompañándoles, con el correr de los años, peleando con ellos, siempre lleno de buen humor y compromiso. Genial.

(en la foto se lo ve, pelilargo, barbado, cámara en mano)

En Ecuador 1: Cusicanqui

En Ecuador por unos días, sorprendido del nivel de hostilidad del gobierno a la protesta social (recientemente, el gobierno no tuvo mejor idea que la de detener a decenas de jóvenes estudiantes del secundario: sediciosos todos los que piensan distinto, como en la Argentina); la homofobia presidencial; la represión gubernamental a los indígenas; la persecución a los trabajadores (críticas que, caray, valieron que dirigentes nacionales presionaran por mi des-invitación a la Universidad, y que algunos de ellos dejaran de venir al evento porque yo venía...). En fin, por aquí me encuentro con cantidad de gente muy notable, comprometida y luchadora como pocas veces he visto. Entre ellas, la tremenda militante boliviana Silvia Rivera Cusicanqui, historiadora del movimiento indígena, la lucha de los campesinos y los cocacoleros, y hoy fuertemente enfrentada al gobierno de Evo. Acá, impresionante conversación con Boaventura de Sousa Santos. Seguiremos reportando un poquito.

Horacio pero

Linda entrevista a Horacio G., acá, que demuestra que se puede ser oficialista sin mentir, con pesadumbres, y mentando las críticas, en lugar de ocultarlas o negarlas. Se agradece.

Ahora bien, llama la atención igual, esta situación.

La entrevista es bastante breve, pero en esa brevedad se deja en claro algo que le debe pasar
a muchos oficialistas:

El entrevistado, como tantos, está en contra de

La nueva Ley de Telecomunicaciones
La construcción de un nuevo monopolio comunicacional
La Universidad de las Fuerzas Armadas
Las políticas de Seguridad nuevas
El discurso xenófobo de Berni
La sucesión que deja el gobierno
La derechización de sectores importantes del gobierno
A la vez que ve problemas en la situación de Milani/Massera
Y pide saber más sobre las relaciones comerciales de Néstor y Cristina

Perfecto. Pero: no es un poco mucho? Y qué significa seguir apoyando, en ese contexto? (mientras
tus aliados piden encarcelar a extranjeros; abogan por la mano dura; le dan las comunicaciones a sectores amigos; calientan el caldo de las Fuerzas Armadas autónomas; dejan una herencia horrorosa...)

21/11/2014

Todos sediciosos

Excelente el abogado oficial Barcesat, pidiendo saldar las diferencias políticas existentes a través del procesamiento penal de la oposición. Y ya que estamos, y para no irnos con pequeñeces, usando la figura de la sedición, así todos los opositores quedan a un paso de transformarse en "traidores a la patria," y a otro de ir a la cárcel como tales: sólo hace falta encontrar el juez adecuado. Adelante¡ Sedición para todxs¡ Por un derecho al servicio de los verdaderos intereses del pueblo¡

Lavado

Qué curiosa sensación la de tener una Presidenta que financió su primera campaña con dinero narco, y que ahora está señalada judicialmente por ser propietaria de una cadena de hoteles donde -simplemente, sin vueltas- se lavaba dinero, a través del alquiler millonario de más de mil habitaciones por mes durante años (¡¡¡). Habitaciones que, por supuesto, nadie ocupaba. Este tipo de información, judicialmente apoyada y bien documentada, no ameritaría alguna consideración, por parte de los medios oficiales, más que las denuncias de "golpismo"? No se reconoce allí un problemita, digamos, de tremenda gravedad institucional?

19/11/2014

Igualitaristas del mundo...

Llega el gran libro de Jahel Q. : "Igualdad, suerte y justicia,"publicado por Marcial Pons.

Para quienes están interesados en las discusiones contemporáneas (post rawlsianas) en torno a la igualdad y su alcance. (Agradecido porque me tocó escribir las palabras iniciales). Mucha suerte (...) con el libro Jahel¡

18/11/2014

8 breves lecciones que aprendí con Nils Christie

El admirado noruego Nils Christie escribió sus mejores textos a fines de los años 60. Lamentablemente, en nuestro país se lo sigue leyendo y citando como si no se hubiera escrito nada más en esa línea de crítica radical sobre el derecho penal (ni él ni otros autores): un pecado más de nuestros penalistas, embobados con los autores alemanes, y que cada tanto -como para limpiar algunos pecadillos- rezan algún rosario a don Christie. Hay que decirles que hay demasiado bueno por seguir leyendo. En todo caso, la culpa no es de Christie, quien siguió recorriendo el mundo con su discurso humano y liberador: siempre ayudando a abrir las cerradas mentes penales de nuestras comunidades y academias. 

El hecho es que días atrás, leí casi de un tirón el excelente libro que compiló Juan Iosa, en donde se reúne casi toda la obra que publicara Christie, en inglés, y que ahora se nos ofrece traducida al español. Publicado por la Editorial Del Puerto, el libro, de extraño título ("Vida social, un lenguaje para interpretar") constituye una extraordinaria aproximación al trabajo de don Christie, que se agradece.


Algunas cuestiones y temas que apunto y destaco al pasar -entre muchas otras posibles- volviendo a mirar el libro:

* Su nórdica predilección por la honestidad y la transparencia, también en el lenguaje: "Es importante dejar en claro lo que sucede: que este sufrimiento (el castigo) es intencional; que los profesores de derecho penal son profesores de leyes que regulan el reparto de dolor; que las cárceles no son hospitales y que su intención básica no es ayudar, sino infligir dolor" (idea muy importante, contra la angélica metáfora Zaffaroniana que nos presenta a los jueces penales como "la Cruz Roja rescatando heridos en medio de la guerra"???).

* Una idea -recurrente en el libro, y que alguna vez me repitiera él, en Oslo, a poco de estacionar su destartalada bicicleta: "Recorrí cárceles en todo el mundo, y siempre me encontré con carceleros que me llevaban al "sector de los monstruos", pero en mi vida me encontré con ningún monstruo, a pesar de haber hablado con muchos de "los peores" (Christie empezó su trabajo en el área entrevistando a ex carceleros noruegos, que habían colaborado con el nazismo en su país).

* Un gran consejo para pensar al país: "A mi entender, las cárceles de un país son una especie de herramienta de diagnóstico: muestran de qué tipo de país se trata. Los sistemas penales son, en este sentido, excelentes signos/indicadores". En efecto: basta con mirar las cárceles en la Argentina (k) de hoy, con muchos más presos, mucho peor tratados, hacinados y con las marcas de la tortura en su cuerpo.

* Un estudio empírico sobre ciudadanía y derecho penal que, lejos de contentarse -como aquí- con mostrar los resultados (trágicos¡) de una encuesta popular sobre temas penales (más penas¡ más penas¡), siguió adelante con las indagatorias. Y lo que comprobó es que, cuanto más datos conocían los encuestados sobre las personas que iban a sufrir los castigos prometidos, más corregían sus posiciones, y más disminuía su propensión a infligir dolor (Excelente¡ Esto es lo que proclamamos cuando nos mostramos confiados con la apertura democrática en cuestiones penales: la impersonalización de las políticas, la manipulación de las preguntas, el abuso de los momentos de crisis llevan a respuestas punitivistas tienden a "desinflarse" prontamente, cuando empezamos a llenar de sentido e información a las proclamas iniciales).

* Su prédica comunitarista, de fortalecimiento de vínculos que relacionen y reúnan a las personas, en lugar de respuestas (económicas, sociales, penales) que "separen" (a los ciudadanos entre sí, a los "réprobos" de los "elegidos").

* Su insistencia sobre la "construcción social del delito", y lo que ello implica (ejemplifica: "Mi hijo puede haberse llevado mi dinero, pero él no es un ladrón. Lo conozco, lo conozco tan bien que sé que la etiqueta no se le aplica").

* Su defensa, renovada, de la "justicia restaurativa", aún frente a los crímenes más atroces: los crímenes de lesa humanidad. Nos dice: "Restaurar es un viejo término nórdico que significa, literalmente, levantar una vez más aquellos leños apilados que se han caído o, más poéticamente, reconstruir la casa. Estas actividades representan la negación de los ideales de la ley penal...Los acuerdos restauradores de este tipo, en muchas formas, son un desarrollo más avanzado de las Comisiones de la Verdad".

* Su resistencia frente a la pretensión (kirchnerista/massista) de separar al mundo entre delincuentes y probos; entre nacionales víctimas y extranjeros ladrones. Nos dice: "Mi hipótesis fundamental es que la mayoría de las personas somos demasiado parecidas unas con otras."

Un humanista, un maestro del que todavía hay mucho que aprender (más allá de citarlo o invocarlo, para lavar culpas; más allá de que haya mucho bueno por leer, más allá de él). Gracias Juan por habérnoslo vuelto a acercar¡


17/11/2014

Chaban

Lamentamos su muerte, y todo lo que rodeó a su proceso, un buen ejemplo de la irracionalidad e inutilidad de nuestro sistema penal.

16/11/2014

Don Ignacio C., Circunvalación

Y un libro de Ignacio Camdessus, politólogo devenido (también) escritor: Circunvalación. Promisorio, bien escrito: a ver¡

Don Navarro Wolff, sobre narcotráfico en la Argentina

El notabilísimo (ex M19 y gobernador de Nariño) Navarro Wolff, acá

Don Federico M., sobre cosa juzgada írrita

En Perfil de hoy, acá

Don Pisarello, sobre la consulta independentista en Catalunya

Limando ingenuidades, Pisarello, acá
"Si la descentralización no viene acompañada de políticas de redistribución de riquezas" -y, es mi impresión, no vendrá- "no tiene sentido."

15/11/2014

Horacio G. y la ley

Hoy, don Horacio González escribió una nota en Página en donde critica, entre otros, a un texto mío. Su artículo se encuentra acá. En un escrito meandroso, como es habitual, resiste una idea que yo presento, cuando presento mis quejas a la "ficción de debate" parlamentario. En mi opinión, la importancia del debate no se encuentra en el tratar de ser caballeritos ingleses, sino en una certeza: cuando se cierran las puertas al debate público, cuando se desprecian los argumentos contrarios, cuando viene el automatismo aprobatorio, es porque hay intereses particulares a los que satisfacer. Y no los intereses del pueblo, precisamente, sino los que fueron siempre: los de los grandes y poderosos amigos. Lo vimos mil veces. Para no irse tan lejos: cuando se empezó a ridiculizar el debate en torno al Código Civil, fue porque funcionarios corruptos (ley de responsabilidad del Estado), mineras y petroleras (derecho al agua), o la Iglesia (debate sobre la concepción) estaban al acecho. Punto. Lo demás es verso.

González termina su artículo diciendo "El liberalismo sólo entiende de leyes que sacrifiquen el entusiasmo colectivo; las leyes más nobles, en cambio, se dedican a reparar a los sacrificados."

Y es una mentira atroz, si lo que quiere sugerir es que lo que uno propone es "limitar" a la producción normativa de este gobierno, que de algún modo se dedicaría "a reparar a los sacrificados". Me resulta descorazonador tener que salir a argumentar al respecto: durante buena parte de los últimos diez años, pero indudablemente, y de modo arrollador, en los últimos cinco, el gobierno se ha cansado de aprobar leyes a favor de sus negocios con los grandes empresarios que apañó y prohijó: desde Cirigliano y los 50 muertos de Once hasta Pedraza y el asesinato de Mariano Ferreyra, o el juego y el narco asesinos. Me agria tanto tener que salir a decir esto otra vez -como si no fuera obvio- que doy un paso al costado y lo dejo hablando a don Claudio Lozano:

"Impresentable el final del supuesto Gobierno Nacional y Popular. Mientras le regala los hidrocarburos a las mismas petroleras que nos llevaron a la actual crisis energética; mientras pone a YPF otra vez bajo las órdenes de una nueva petrolera privada, (ayer Repsol, hoy Chevron); mientras pone Argentina Digital en manos exclusivas de Telefónica y le otorga a los exportadores un seguro de cambio a cuenta de una maxidevaluación a realizarse luego del cambio de Gobierno (los dollar linked), le niega un aumento de emergencia a los jubilados. Este gobierno no se hace cargo de impulsar políticas públicas concretas que actualicen los montos de las distintas políticas sociales hoy corroídas por la inflación, ni tampoco impulsa la reapertura de paritarias que han quedado rezagadas frente al aumento de los precios.
Por más que la Presidenta sugiera que algunos hablan de crisis para justificar un ajuste futuro, quien trabaja hoy incansablemente en el remate de nuestras riquezas y en el ajuste presente y futuro es el gobierno nacional."


Lo siento tanto que los colegas de entonces hoy queden al servicio de un gobierno que regala el petróleo; se vende a Telefónica; le hace la Universidad a Milani-Massera; le lava las manos al empresariado asesino y a los funcionarios corruptos; mientras le deposita una flor al Papa que aborrecía hasta ayer. Cuando más los necesitábamos, estuvieron del otro lado.

Tulio Halperín nos hará falta

Sarlo sobre el extraordinario Halperín Donghi, el Hobsbawm argentino, acá

13/11/2014

Ferrajoli contra Waldron: la refutación que no fue

Generosamente, don AGD me facilitó una copia del último libro de don Luigi Ferrajoli, traducido al castellano: “La democracia a través de los derechos” (Trotta, 2014). El libro tiene interés, como todo lo de don Luigi, y trata sobre un tema que me interesa en particular -que es el que motivó el intercambio con AGD: en este libro, Ferrajoli trata de “saldar cuentas” con la “crítica democrática” que autores como Jeremy Waldron han hecho a quienes –como el propio Ferrajoli- defienden una visión más tradicional y ortodoxa en relación con el control judicial en el sostén de los derechos constitucionales. Sobre esa réplica ferrajoliana me quisiera ocupar en este post.

Dworkin. De todos modos, antes de adentrarme en la discusión/respuesta que desarrolla Ferrajoli, quisiera decir que él se ha quedado un poco en soledad en la primera línea de esa defensa más bien tradicional del control judicial: son pocos, en verdad, los autores de primera línea que siguen defiendo un control “fuerte” de constitucionalidad, sin mayores concesiones frente a la “crítica democrática”. El último gran baluarte de esa defensa fue Ronald Dworkin, quien abandonó la tradicional “trinchera” pro-judicial mucho antes de fallecer, para terminar sosteniendo al control judicial sólo de modo muy condicional (“en tanto y en cuanto” se dieran, en la práctica, una diversidad de condiciones no siempre presentes). La “parábola” que siguió la trayectoria Dworkin, en este respecto, resulta curiosa: de ser el más “duro” e incondicional defensor del control judicial, terminó apoyándolo, literalmente, sólo “con los dedos cruzados” (estas fueron, exactamente, las últimas palabras que escribió Dworkin sobre el tema del control de constitucionalidad, antes de morir).

Waldron. Waldron, como sabemos, critica al control judicial –al que llegó a describir como una práctica “insultante” y “ofensiva” contra las mayorías- por una diversidad de argumentos. Entre muchas otras razones, Waldron sostiene que la defensa fuerte de los derechos (que él mismo comparte), lamentablemente, se enfrenta con el insalvable problema del “desacuerdo”: disentimos profundamente sobre el número, alcance, contenido y límites de los derechos, y no hay forma más sensata de resolver nuestros desacuerdos en la materia que la regla mayoritaria. Sólo este método de resolución de nuestros desacuerdos –nos dice Waldron- es plenamente respetuoso de nuestra igual dignidad moral. Por lo demás -como repitió tantas veces- los que se asustan de una postura como la suya, y la denuncian por someter cuestiones de derechos a la regla mayoritaria, deberían aclararnos por qué es que no dicen lo mismo cuando un tribunal colegiado –digamos, la Corte Suprema de los Estados Unidos o cualquier otra- deciden sus desacuerdos sobre derechos…a través de la regla mayoritaria. Es decir (insiste lúcidamente Waldron), los jueces supremos, tanto como nosotros, tienen diferencias fundamentales en torno a la protección de los derechos, y deciden a las mismas a través de votaciones (y así, nos encontramos con decisiones tomadas 6 a 3, o 7 a 2, etc.).

Ferrajoli sobre Waldron. Aparentemente, don Ferrajoli accedió a las críticas de Waldron indirectamente, sobre todo a través de un hermoso homenaje que se hizo a la obra del italiano, y en donde cantidad de buenos colegas lo criticaron a él, desde una posición filo-waldroniana. Pero además, directamente, Ferrajoli leyó al menos a un texto importante de Waldron, traducido al italiano: “principio de mayorías y dignidad de la legislación.” Es, fundamentalmente, a través de la crítica a este artículo, que Ferrajoli responde a la posición de Waldron.

Para contradecir a la postura de Waldron –y por intermedio de éste, a la “crítica democrática”- Ferrajoli se basa fundamentalmente en dos argumentos. Los dos –lamento anticiparlo- son, a mi parecer, muy pero muy flojitos.

1)    El primer argumento que ofrece Ferrajoli, contra el mayoritarismo “waldroninano”, es un argumento al que denomina “sustantivo,” y que se relaciona con su crítica a la idea de que la democracia política es “justa” o, más precisamente, que “el poder del pueblo” es “un poder bueno y justo.” El origen de esta equivocada creencia –nos dice Ferrajoli- se remonta muy atrás, y se encuentra, por ejemplo, en el pensamiento de J.J. Rousseau; pero también en algunas afirmaciones de Aristóteles (que Waldron retoma), referidas a la “sabiduría” de las multitudes. El primer problema que enfrenta este camino que recorre Ferrajoli es que hace demasiado tiempo que nadie defiende una idea tan ingenua del valor de la democracia. Pero el problema principal de este primer argumento radica en el modo en que Ferrajoli fundamenta y “demuestra” la falsedad e inatractivo del argumento democrático. En pocas líneas, el profesor italiano (simplemente) declara que “la ilusión de una llamada voluntad general como voluntad buena no sometida a límites legales…ha sido trágicamente desmentida por los totalitarismos del siglo pasado, que ciertamente gozaron de un consenso mayoritario y fueron en sí mismos un suicidio de las democracias” (38). Ferrajoli da alguna vuelta más, pero la dificultad de su postura ya está instalada: si aceptamos esas líneas como refutación del mayoritarismo, entonces no hay posición política que pueda quedar en pie: en definitiva, sería demasiado fácil asociar a cualquier postura política  el liberalismo, el marxismo, "los derechos humanos," o la que sea) con horribles desgracias y atrocidades cometidos en su nombre (en nombre de la libertad, de la igualdad, de los derechos humanos). No es éste, sin dudas, el camino a seguir para refutar al mayoritarismo ni a sus rivales: necesitamos argumentar, y cuando invocamos a la “realidad,” necesitamos dotar a lo que decimos de alguna básica, sensata, elemental, apoyatura empírica (lejos de citas impresionistas, anecdóticas o prejuiciosas, como aquellas en las que se apoya el italiano). (Por lo demás, y lo que resulta especialmente importante, esa crítica al mayoritarismo depende de una paupérrima noción de democracia: no hablaríamos de democracia como un sistema, por caso, de discusión pública inclusiva, sino solamente cuando "se expresan los grandes números:" así, una encuesta o un plebiscito hecho a las apuradas y sin espacio previo alguno para la reflexión, o con restricciones graves a la expresión -como los que en su momento convocaran desde Pinochet a Fujimori- podría ser calificado de "democrático")

2)    Ferrajoli considera que luego de su párrafo (breve) sobre la “justicia” del “poder del pueblo”, ya ha refutado la “connotación sustancial de la voluntad popular.” Por ello, pasa entonces a su segunda crítica contra el mayoritarismo, que tiene que ver con lo que llama un argumento “formal o procedimental”, en torno a la noción de autogobierno. Su idea es que la noción de “voluntad popular” no sólo no tiene nada que ver con la justicia, sino que además no se traduce habitualmente, en la práctica, en ninguna decisión relevante, más allá de la referida a “quiénes serán los que van a decidir” (40). Por lo tanto, concluye (rápidamente) “la idea de la democracia política como autogobierno es una idea falaz” (ibid.). Este segundo argumento es extraño porque, por un lado, contamina al primero (las mayorías, entonces, no son directas responsables de las aberraciones políticas que Ferrajoli citaba en apoyo a su crítica), y por otro, no agrega demasiado a su pretendida refutación del mayoritarismo. Más bien, el mayoritarista podrá decir “otra razón, entonces, para expandir los alcances de la voluntad popular, y no -como aconseja Ferrajoli- para seguir limitándola.”

La esfera de lo indecidible y la Segunda Guerra. A partir de estas dos “demostraciones,” Ferrajoli concluye su razonamiento destacando la importancia de que “se huya de las dos falacias ideológicas que se han señalado y del surplus de legitimación impropia que prestan al poder político: la idea de que la voluntad política expresada mediante el método democrático es buena y justa, y la igualmente insidiosa de que la misma consiste en el autogobierno del pueblo” (42). Cierra su presentación, entonces, con otra dudosa combinación de nociones teóricas y empíricas, para recordarnos de qué modo en Italia –y en la Europa de posguerra, en general- se reaccionó frente a las fallas de la democracia “formal”, afirmando “el paradigma de la democracia constitucional como sistema de límites y vínculos sustanciales –el principio de igualdad, la dignidad de las personas y los derechos fundamentales- a las decisiones de cualquier mayoría”. El resultado, nos dice, es la forja del paradigma de la “democracia constitucional” que, “junto a la dimensión política o formal, incluye una dimensión que muy bien puede llamarse sustancial, dado que tiene que ver con la sustancia de las decisiones: con lo que, de un lado, está prohibido y, del otro, es obligatorio decidir, cualquiera que fueren las contingentes mayorías” (42-3).

De este modo, Ferrajoli agrega dos notas de interés para nosotros. Por un lado, Ferrajoli re-vincula su famosa, polémica, en mi opinión muy criticable, noción de “la esfera de lo indecidible”, con su crítica al mayoritarismo (anche de tipo waldroniano). Por otro lado, Ferrajoli deja definitivamente en claro un dato crucial de su biografía académica: nos muestra de qué modo su posición pro-derechos y anti-democracia se vincula con su peculiar lectura de la historia europea de mediados del siglo veinte –es decir, su teoría como un neto producto de su tiempo. Estos datos son de interés para los que quieren entender mejor a Ferrajoli pero –insisto en ello- poco sirven para fundamentar una crítica interesante (mucho menos demoledora) frente al mayoritarismo y su crítica al control judicial de constitucionalidad.



La Procuración General, la reforma, y la falta de control popular

Muy buena nota de don Martín Bohmer, acá

12/11/2014

Elecciones en América Latina: El pueblo no se expresa con una sola voz

Hoy publiqué este texto en contra de la idea de que en las últimas elecciones latinoamericanas "el pueblo ratificó el modelo" -idea boba que el oficialismo local viene repitiendo desde entonces. Link a la nota:
http://www.clarin.com/opinion/democracia-pluralismo-America_Latina-resultados_electorales_0_1247275295.html

En los últimos meses, se sucedieron elecciones presidenciales muy importantes en América Latina: sus resultados provocaron la euforia de muchos, quienes leyeron a tales comicios como expresando la ratificación de un modelo. “Cuando el pueblo habla, cuando las mayorías tienen la posibilidad de expresarse” –nos dijeron- “entonces, queda en claro cuál es el rumbo que esas mayorías prefieren, y cuál es el que rechazan.” Este tipo de afirmaciones generan cierta incomodidad, pero no por el énfasis con que apoyan el derecho del pueblo a expresarse, sino por la forma en que, de hecho, ayudan a restringir y negar esa misma voluntad popular. Según diré, el principal problema de nuestras democracias tiene que ver con el sistemático modo en que el poder (político, económico) limita y evita la manifestación de la “voluntad deliberada del pueblo” para arrogarse, en nombre de ese mismo pueblo, la toma de decisiones que la mayoría rechaza. 
Quiero llegar a tal cuestión, pero antes necesito hacer algunas aclaraciones. En primer lugar, y en lo personal, me alegro por algunos de los resultados que se alcanzaron en las recientes elecciones latinoamericanas, y me entristezco por otros, pero éstas no son –obviamente- las cuestiones que corresponde debatir en este espacio: más bien, interesa llamar la atención sobre el modo en que nuestros sistemas institucionales socavan básicas pretensiones democráticas. En segundo lugar, no apoyaré mis afirmaciones siguientes en “cualquier” idea de democracia. Estaré pensando, de forma más precisa, en una idea robusta de democracia, fundada en la inclusión social y en el debate colectivo (al mismo tiempo, nunca afirmaría que un sistema “deja de ser democrático” o “pasa a ser una dictadura” cuando no es tan perfecto o lo suficientemente cercano al modelo que yo preferiría).
Las aclaraciones anteriores ya nos permiten vislumbrar mejor la cuestión principal. Por ejemplo, cuando nos apoyamos en una idea como la citada -un poco más exigente sobre el significado de “democracia”- no salimos a decir, con el pecho henchido, “finalmente habló el pueblo, ganó la democracia,” luego de una elección presidencial cualquiera. Así, cuando Fernando Collor de Mello, Alberto Fujimori, Carlos Menem o Álvaro Uribe, ganaron sus respetivas Presidencias, pudo decirse, con razón, que ellos obtuvieron legítima y democráticamente su puesto. Pero nada podía justificar en los que festejaban tales victorias que proclamasen a viva voz, luego del comicio: “esto, y no otra cosa, es lo que el pueblo quería.” Normalmente, el pueblo demanda y quiere decir muchas otras cosas, pero no se le permite decir ninguna, o se le permiten decir muy pocas y de muy mal modo (i.e., en base de un entendimiento muy restringido de la democracia, se le pide hoy a la ciudadanía, por caso, que “cree su propio partido político y gane las elecciones,” cuando se opone de cualquier modo al gobierno de turno). No resultaría extraño, por lo dicho, comprobar que el mismo pueblo que eligió y reeligió como Presidente a X (tal vez, por desconfiar de aquellos que se le oponían), hubiera rechazado, de tener la oportunidad, la corrupción estructural dominante; o al Ministro tal o cual; o que se vacíe de recursos a los hospitales y las escuelas públicas; o que se firmen tratados internacionales inmorales; o que el poder mienta en todas sus expresiones públicas. Sin embargo, no sólo no se permite que el pueblo se exprese sobre ninguna de tales cuestiones, sino que –lo que es mucho peor- los gobernantes de turno y sus amanuenses actúan y escriben como si la respuesta afirmativa a la única pregunta que se le formula al pueblo (a quién prefiere como Presidente) amnistiara toda falta seria, cerrara todo espacio de crítica genuina, e implicara el directo respaldo del pueblo a todas las restantes políticas de gobierno: las pasadas y las por venir. Al complaciente oficialismo corresponde decirle que, en lugar de hablar en nombre de un pueblo al que no consulta nunca, y en vez de atribuirle al pueblo respuestas a preguntas que nunca le formularon, le permitan que hable –de distintas formas y por distintos medios- y recupere así el protagonismo que hoy le siguen negando. En tal sentido, no corresponde considerar que los mayores niveles de desigualad o la inédita pobreza que hoy caracterizan a América Latina resultan una manifestación de lo que la voluntad democrática regional quiere sino, por el contrario, una clara, repudiable expresión del modo en que se amordaza y limita a esa misma voluntad democrática del pueblo.


11/11/2014

Código Procesal e impunidad

Buena nota de Gil Lavedra, acá

10/11/2014

Siempre en contra: cuestionando la consulta independentista en Cataluña




El amigo Félix O. siempre me ayuda a pensar sobre temas difíciles. Lo que tiene para decir sobre -contra- la consulta popular catalana, desde una postura de izquierda, está muy bien, como siempre. Basado, en parte, en el trabajo del gran filósofo marxista Allen Buchanan, sobre "Secession," insiste en que la autodeterminación puede tener sentido en el caso de falta de democracia u otras graves injusticias o violaciones de derechos humanos (pero no, por caso, en reclamos como el de "somos diferentes" o "España nos roba", o "recaudamos y pagamos más que los de Extremadura..."). Para pensar más.

Un gran artículo del mismísimo Allen Buchanan, sobre el tema catalán -con la agudeza y libertad de pensamiento propias de su trabajo, en el link que sigue:

http://politica.elpais.com/politica/2013/05/24/actualidad/1369396168_202422.html

Y dos artículos recientes que escribiera Félix sobre el tema, a continuación:


Y un párrafo clave:


"El debate está abierto y, por supuesto, cabe abordar sus fundamentos. Algunos hemos dedicado libros a ello, pero, si me permiten una recomendación, busquen Secession, un clásico reciente escrito por un filósofo de procedencia marxista, Allen Buchanan. Su tesis es sencilla. El territorio político es un proindiviso, no una sociedad anónima. No es un contrato entre partes. Sevilla es tan mía como de un sevillano. O tan poco. Todo es de todos sin que nada sea de nadie en particular. Se decide en ese espacio jurídico, no se decide ese espacio. Mi propiedad es legítima porque existe previamente ese terreno común. Se vota dentro de las fronteras, no las fronteras. El “derecho” a la separación es, si acaso, derivado, respuesta a una violación sistemática de derechos básicos, como sucede con las colonias. La democracia resulta imposible si una minoría, en desacuerdo con las decisiones, amenaza con “marcharse con lo suyo”. Entonces la democracia rompe su vínculo con las decisiones justas y se convierte en un juego de amenazas. Lo podríamos llamar “el teorema de Marbella”: con una identidad compartida —que da el dinero— a prueba de carbono 14 y un “expolio fiscal” estratosférico, los marbellíes no pueden decidir que “se van con lo suyo”, porque, aunque dueños cada uno de su parcela, Marbella no es suya con independencia de una ley de todos y dentro de la cual cobra sentido hablar de mío y tuyo."

9/11/2014

Berni para todos

Excelente: demostrando quién manda y quién está en el centro de la escena, Presidencia pone a su super-héroe Berni -el de la mano dura, el que primero endureció el discurso y ahora las políticas inmigratorias contra los extranjeros- en las propagandas oficialistas, en el horario más visto, en medio de los partidos de fútbol. Berni nos dice que está siempre (él) custodiándonos, y trabajando por nosotros y nuestra seguridad. Otro logro del gobierno de los derechos, otro cuadro que hay que bajar.

Recordamos, este martes: Charla/Debate con Cárcova

Este martes voy a estar en la presentación del último libro de don Andrés GD, que tuve la  grata tarea de prologar. El libro se llama "Derechos, racionalidad y última palabra," y en él AGD se involucra en la discusión sobre el control judicial, la democracia y la "última palabra." La presentación tomará una forma curiosa, que se agradece: haremos una discusión-debate con C.Cárcova, sobre el tema del libro, y en torno al cual alguna vez discutiéramos -por vía electrónica- incómodamente. A ver entonces si podemos conversar/discutir mejor, en este caso. El encuentro será el 11 de Noviembre, a las 18.30, en el Salón Azul de la Facultad de Derecho de la UBA. Dirá unas palabras de cierre, AGD, autor del libro.