-

Llegué a la poesía de
Jacobo Fijman ,como a tantas otras cosas, libros y personas en la vida, por absoluta casualidad. La encontré en una colección de
Poesía Argentina de la editorial Guadalupe, compilación de Héctor Roque Pitt, que compré a precio de libro viejo e inservible pero sorprendente valioso. Con el tiempo, cayeron en mi camino "El Cristo rojo" de Damian Calmels y "Fijman, poeta entre dos vidas" de Juan Jacobo Bajarlía, dos aproximaciones a Fijman desde el psiconálisis, la primera, y desde la amistad, la última (Bajarlía era amigo de Fijman). Fijman (otra bio
acá), judioruso convertido al catolicismo en un hospicio (hospicio de mercedes o borda, no recuerdo) y luego con varios viajes místicos, participó de varios espacios literarios bastante famosos: grupo Martín Fierro, la revista Talisman y de míticas reuniones de escritores en el también mítico café Tortoni.
La historia de Fijman es de las más intensas. Transitó infiernos en los hospicios, caminó con la locura de la mano y produjo la poesía de la sinceridad. Violinista y pintor, en las calles o en los loqueros donde lo encerraban, además de poeta, pasó de reuniones con Borges o Guiraldes al Hospital Borda. Pueden profundizar su historia
acá y en esta entrevista de Vicente Zito Lema,
acá.Transcribo cuatro poesías de Fijman y una dedicada a éste, escrita por
Enrique Molina. El último poema es corto pero viene con anécdota de "El cristo rojo" de Calmels. Ahí van.
Canto del cisne.Demencia:
el camino más alto y más desierto.
Oficios de las máscaras absurdas; pero tan humanas.
Roncan los extravíos;
tosen las muecas
y descargan sus golpes,
afónicas lamentaciones.
Semblantes inflamados;
dilatación vidriosa de los ojos
en el camino más alto y más desierto.
Se erizan los cabellos del espanto.
La mucha luz alaba su inocencia.
El patio del hospicio es como un banco
a lo largo del muro.
Cuerdas de los silencios más eternos.
Me hago la señal de la cruz a pesar de ser judío.
¿A quién llamar?
¿A quién llamar desde el camino
tan alto y tan desierto?
Se acerca Dios en pilchas de loquero,
y ahorca mi gañote
con sus enormes manos sarmentosas;
y mi canto se enrosca en el desierto.
¡Piedad!
-
Hambre

Vigilancia nocturna de arboledas
constantes
en una interminable perspectiva
rasada de canciones
desmesuradas.
Se engancha hondamente a mi ternura
la sangre de los astros;
se llenan mis bodegas con el vino
de la expansión;
se cubren mis graneros con los granos
de Dios.
Es muy ancho el sombrero de la noche
puesto sobre el paisaje.
Hacen alegre ruedo
taifa de vientos peleardores
de dientes amarillos.
Perpetuo insomnio
mis pasos olfatean como perros
un lobo imaginario
guardando los apriscos.
Cenas del hambre.
Recogimiento bufonesco
salado de idiotismo:
voz de falsete
en francachela corpulenta.
-
Requiem.Olores de amarillo.
Aliso de silencios
cual colgaduras tiesas
en la flor negra de mi estancia.
Sonrisa azul y blanca.
Gritos desesperados de los trenes
que doblan imprevistos horizontes
de lluvias y de fríos.
Otoño-
taburete desolado;
tabaquera de días rubios,
lánguidos y descalzos
y oscuras tardes de Rosario.
Un rebullir de sillas me despierta;
sabor de infancia; olores de amarillo.
-
Poema con anécdota: "Sor Natividad desde Sceaux, Francia, una desconocida para Fijman, le envía una carta fechada el 28 de mayo de 1969, motivada en la lectura de Talisman, le decía: "Leo su poema canto del cisne...la palabra Desierto me habla, usted la nombra muchas veces. Hay tanta soledad o, al menos, me parece a mí descubrir tanta soledad y silencio abismal en sus versos... tanta ¡que a pesar de la primavera de Europa, tengo frío!.
Motivado en esta carta Fijman escribirá quizás su último poema". Lo transcribimos:
Speculum deitatesSor natividad, sor pobreza,
paloma obediente del espíritu santo,
tu soledad de espanto
se enciende con belleza.
Sor natividad, flor de soledad.
A miedo y frío,
las antiguas estrellas han cuidado de tu río
de buena eternidad
-
Poeta en hospicio (1969).
por Enrique Molina.
¡ Oh cruzar esa reja de la transfiguración!
Dejado atrás el guardián embutido en su peludo uniforme
con cuernos
la trotante rata a lo largo de la médula
y el Director alto como un rayo con hilos electrónicos conectados
a su hígado y la fosfórica crin de su vientre
apenas cubierta por el blindaje de su blanca sotana de morgue
Dejadas atrás las fichas de hierro
los hombres con la negra bazofia del rancho y los que piden cigarrillos
a cambio de un mosca o un ángel
la primavera amputada el canto de reclusa de la lluvia en el
patio
te vi sonreir con infinita dulzura al aparecer en el fondo del corredor
larguísimos con tu plato y tu cuchara de estaño en la mano el
cuerpo envuelto de una anónima corteza de huérfano color
telaraña o balde helado de invierno
empuñado sin embargo tu alma desde las raíces
a través de la tortura entre los engranajes salvajes del universo
escuchando con atenta delicadeza el silbido celeste de las corrientes
de tu pecho
donde el muro del paredón y el centro del cielo
se funden en una única lágrima
Pero a ti -el poeta- mientras te acurrucas en tu camastro de huesos
y belladona y roncas tan triste bajo la luna
nada en la tierra nada en ese lóbrego asilo libre de todos los
monstruos de la posesión
libre de todo andamiaje de la dicha del hedor del dinero y los
decálogos de la sumisión
podrá arrebatar a la energía de tu ser la trémula llama de tu
sabiduría insensata
cuando con solo una mirada más pura que los paisajes alcanzas más
allá del infierno la verdad la poesía
tu alma instantánea transformada en oráculo
y guíame entonces socórreme entocnes poeta más lúcido ahora que la
certeza del sol
yo reconozco tu idioma deslumbrante
a través de las lágrimas y las terribles sinfonías del sueño.
Enrique Molina.
--
Salud!