25 may. 2016

Constitución Comentada: Un antes y un después (con pd)


Acabamos de publicar, desde la cátedra y aledaños, una Constitución Comentada. Creemos que el resultado es extraordinario: jurisprudencia, doctrina y teoría actualizadas. Un antes y un después para el derecho constitucional local.


Comentarios de la Constitución de la Nación Argentina
Jurisprudencia y doctrina: una mirada igualitaria

TOMO 1

PRÓLOGO

I.- INTRODUCCIÓN

1. Republicana, representativa y federal (Roberto Gargarella) 
2. El “nuevo” constitucionalismo latinoamericano y la “sala de máquinas” de la Constitución (o, las tensiones que se generan entre las nuevas declaraciones de derechos y la vieja organización del poder) (Roberto Gargarella) Columna

II.- SUPREMACÍA CONSTITUCIONAL

1. Supremacía constitucional. Control de constitucionalidad y de convencionalidad. (Jonás Elfman) 
2. Reforma constitucional (Juan Ignacio Sáenz). 
3. Jerarquia constitucional y tratados internacionales (Samanta Biscardi) 
4. Derecho de gentes (Eugenia Artabe) 
5. Estado de sitio y situaciones de excepción (Nicolás Tauber)
6. Principio de razonabilidad como limite a los poderes políticos (Gabriel Bouzat) 
7. Las relaciones entre el derecho interno y el derecho internacional (Leonardo Filippini) Columna
8. Constitución y golpes de estado (Roberto Saba) Columna
9. La relectura laicista del Artículo 2 de la Constitución (Marcelo Alegre) Columna.
10. Amnistías y tribunales internacionales (Roberto Gargarella) Columna

III.- FEDERALISMO Y DISTRIBUCION DE COMPETENCIAS

1. El federalismo en la Constitucion Nacional (Damián Azrak) 
2. La Ciudad Autonoma de Buenos Aires en la Constitucion Nacional (Julián Rotenberg) 
3. La intervención federal (Leonardo Limanski) 
4. Proteccion constitucional de la autonomía municipal (Maximiliano Carrasco y María Verónica Tarzia) 
5. Distribución de competencias en materia oficial (Maria Florencia Saulino) 
6. La cláusula de comercio (Gustavo Arballo) 
7. La creación de regiones (Maria Florencia Saulino, con la colaboración de Patricio Méndez Montenegro)
8. Tratados interprovinciales (Maria Florencia Saulino) 
9. Las relaciones exteriores en la Constitucion Argentina (Lucas Barreiros y Nahuel Maisley) 

IV.- RECURSOS DEL ESTADO (Orlando/Apostolidis)

1. Una introduccion a la Constitucion Financiera: Esbozo del regimen constitucional de los recursos publicos (Federico Apostolidis)
2. Federalismo fiscal (Federico Orlando, con la colaboración de Sheila Heimenrath y Federico Apostolidis)
3. Perfiles constitucionales del presupuesto publico (Federico Apostolidis)

V.- EL PODER LEGISLATIVO

1. Elección y conformación de las Cámaras (Sebastián Guidi) 
2. La actividad del Congreso (Ramiro Alvarez Ugarte, Brenda Dvoskin y Sebastian Guidi)
3. Privilegios derivados de la representación (João Nieto) 
4. El juicio político (Daniela Pearce) 
5. Competencias implícitas del Congreso (Tatiana Podliszewski) 
6. La deliberación como condición de legitimidad de las leyes (Roberto Gargarella) Columna
7. ¿Tiene el Congreso capacidad para "autoconvocarse"? (Roberto Gargarella) Columna. 

VI.- EL PODER EJECUTIVO

1. El presidente (Matías Sucunza)
2. Los decretos (Juan Ignacio Sáenz) 
3. El Jefe de Gabinete de Ministros (Mariangeles Ahumada Aguirre y Maria Victoria Ricciardi)
4. El presidente (o reyes con el nombre de) (Matías Sucunza) Columna
5. Contra los DNU (columna) (Hernán Gullco) Columna 

VII.- EL PODER JUDICIAL Y EL MINISTERIO PÚBLICO

1. La competencia federal (Sergio Vergara y Melissa Viola) 
2. Independencia judicial. Inamovilidad e intangibilidad (Juan Pablo Falcón) 
3. El ejercicio prohibido de funciones judiciales (José Ipohorski) 
4. Consejo de la Magistratura y Jurado de Enjuiciamiento (Nicolas Dassen y Sebastián Guidi) 
5. Notas sobre la competencia originaria de la Corte Suprema de Justicia de la Nación (João Nieto) 
6. Recurso extraordinario federal. Introduccion. (Juan Manuel Otegui) 
7. Sentencia arbitraria, gravedad institucional y per saltum (Ornela Mazza)
8. Algunos temas sobre el recurso extraordinario federal (Diego Hammerschlag) 
9. Competencia dirimente de la CSJN (Laura Cirulnik y Maria Florencia Saulino)
10. Juicio por jurados (Silvina Ramírez) 
11. Ministerio público (Fernando Bracaccini y Leonel González) 
12. Indultos y amnistías (Brenda Dvoskin)
13. Justicia dialógica y derechos sociales (Roberto Gargarella) Columna

VIII.- EL CONTROL DEL PODER

1. Derecho electoral constitucional (Carla Maenza) 
2. Partidos políticos (Francisco José Quintana) 
3. Nuevos mecanismos de participacion democratica (Demián Zayat) 
4. La Auditoria General de la Nacion, acceso a la informacion publica y corrupcion (José Ipohorski) 
5. Defensor del Pueblo de la Nacion (Gustavo Maurino) 
6. El derecho de acceso a la informacion publica (Julian Rotenberg)

TOMO II

I.- La libertad de culto y el derecho a la educación 

1. Protección constitucional del derecho a la educación (Damián Azrak y Maximiliano Carrasco) 
2. La libertad religiosa en la Argentina (Nahuel Maisley)
3. La remoción del privilegio católico (Laura Saldivia) Columna

II.- LOS DERECHOS DEL ARTÍCULO 14 BIS

1. Derecho constitucional laboral (Jonás Elfman) 
2. Empleo público: la idoneidad y la estabilidad como garantías instrumentales (Matías Sucunza) 
3. El derecho a la vivienda digna y adecuada. Una aproximacion. (Victoria Ricciardi) 
4. La seguridad social (Federico Orlando) 
5. Desafíos de la libertad sindical (Horacio Meguira) Columna

III.- LA IGUALDAD
1.
1. Igualdad (Martin Aldao, Laura Clerico, Liliana Ronconi) 
2. Esclavitud en el siglo XXI (Daniela Pearce)
3. Derecho a migrar y derechos de los migrantes en la Argentina (Marta Monclús Masó) 
4. Los pueblos indígenas en la Constitución Argentina (Silvina Ramírez)
5. Derechos de las personas con discapacidad (Demián Zayat)
6.
IV - LA PROPIEDAD
1.
1. Derecho de propiedad. Control de razonabilidad de sus restricciones. La expropiación (Juan Ignacio Sáenz) 
2. Las garantias constitucionales en materia tributaria. Sus contornos conceptuales segun la Corte Suprema de Justicia.(Federico Orlando y Sheila Heimenrath) 
3. Desafíos de la propiedad intelectual en la Constitución Nacional (Celia Lerman) 

V.- GARANTÍAS

1. El principio de legalidad. Significado y alcance del nullum crimen sine lege (Gustavo Beade).
2. Inviolabilidad de la defensa de la persona y de los derechos (José Ipohorski) 
3. La garantia del plazo razonable (Eugenia Artabe)
4. El derecho a la intimidad (José Ipohorski) 
5. El mandato constitucional de carceles sanas y limpias. Pasado y presente de una prescripcion incumplida (Ana Clara Piechestein) 

VI.-  EL DERECHO A LA AUTONOMÍA PERSONAL

1. El derecho a la autonomía personal: las acciones privadas del art. 19 de la Constitución Nacional (Fernando Bracaccini) 
2. Derechos Sexuales y Reproductivos: reconocimiento, desarrollo progresivo y discusiones contemporáneas (Mariano Fernández Valle) 
3. La muerte como la decision mas importante sobre la propia vida (Roberto Gargarella) Columna

VII.- “…NO DELIBERA NI GOBIERNA…”
El artículo 22 (Roberto Gargarella) 

VIII.- LA REGLAMENTACIÓN DE DERECHOS
Poder de policia o poder de ”reglamentar” los derechos. Sus limites. (Juan Ignacio Sáenz)

IX.- LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN

1. Censura previa y responsabilidades ulteriores (Eduardo Bertoni)
2. Pluralismo y diversidad (Ramiro Álvarez Ugarte)
3. Los límites de la tutela constitucional de la libertad de expresion: las expresiones de odio, la pornografia, el discurso comercial y las campañas electorales (Julio Rivera (h.))
4. Libertad de expresión e Internet: Un análisis en torno a la no responsabilidad de intermediarios, las medidas cautelares y el control judicial (Vladimir Chorny)
5. Principios constitucionales para la libertad de expresión (Roberto Gargarella) Columna

X.- LOS LLAMADOS DERECHOS IMPLÍCITOS
El art. 33 de la Constitución Nacional: una breve biografía de la cláusula sobre los derechos implícitos o no enumerados (José Sebastian Elías)

XI.- LOS DERECHOS DE INCIDENCIA COLECTIVA

1. Modelo regulador, servicios públicos y derechos de usuarios y consumidores en la Constitución Nacional (María Verónica Tarzia)
2. La defensa de la competencia en la Constitucion (Lucas S. Grosman) 
3. Los derechos ambientales (Maria Florencia Saulino)

XII.- EL ACCESO A LA JUSTICIA
1. La acción de amparo (Ramón Eduardo Ferreyra) 
2. Los procesos colectivos (Gustavo Maurino) 
3. Acceso a la justicia (Gustavo Maurino/Matias Sucunza) 
4. Los derechos de las víctimas de delitos en nuestra Constitución (Maria Luisa Piqué)
1. Habeas corpus (Nicolás Tauber) 
2. Indócil habeas corpus: algunos usos y lugares (Miguel Ángel Benedetti) Columna

18 may. 2016

Mercados financieros

De don Rubén LV, acá

17 may. 2016

Pando-Barcelona 3: Que dan verguenza o que son muy malos

Ayer tuvimos la presentación sobre el fallo contra la revista Barcelona.

Resumidamente, dije lo siguiente:

1) Introduje mi presentación clasificando a la gran mayoría de los fallos judiciales argentinos en dos grandes grupos -sin ironía: i) los fallos que dan verguenza ajena y ii) los que son muy malos. Dije que éste del caso Barcelona formaba parte del segundo grupo, por reconocer todos los temas técnicos relevantes para el caso, pero tratarlos todos de modo pésimo: sin argumentar, dogmáticamente, sin fundamentos, o con errores gravísimos.
2) Los temas bien seleccionados pero mal tratados del fallo -agregué- tenían que ver con cuestiones como las de "responsabilidad ulterior," el "daño moral", la "real malicia", la "privacidad", la naturaleza de la "sátira," la idea de "figura pública"
3) Contrasté este fallo pésimo, mal razonado, viejo, dogmático, autoritario, bobamente conservador, con un fallo excepcional, que debió haber citado éste, por pertenecer a la misma familia de fallos extranjeros en los que decía apoyarse: Hustler vs. Falwell, del 88, entre la revista "hot" Hustler y el reverendo J.Falwell, sobre una situación muy similar a la aquí tratada: una sátira radical, sexual y extrema contra el reverendo. El fallo Hustler es un ejemplo de lo que no se hizo pero debió hacerse aquí: razonar, pensar, mostrar por qué está en la naturaleza de la sátira el "lastimar" al otro (siendo no una falla o anomalía, sino un elemento esencial a la misma), señalar el vínculo de la sátira política con el debate público, y la prioridad del mismo.
4) Me referí al entendimiento pésimo, confuso y errado que hacía el fallo sobre conceptos como los de "real malicia" (absolutamente ajeno al caso en cuestión, porque no trata de "false statements of fact"); o "privacidad" (que confundía con intimidad, o con el ámbito de lo doméstico, en un entendimiento tan pobre del concepto como el que mostró Zaffaroni en los días de "Arriola"); o "sátira"(como se dice en Hustler: otra sería la historia si tuviéramos un modo principista de distinguir entre la sátira y lo escandaloso. Pero no lo tenemos ni lo vamos a tener, y queremos preservar el debate público).
5) Me concentré en el análisis de las ideas de "figura pública". Es el tema clave del fallo: si se trata de sujeto meramente "privado", hay que protegerlo. El fallo despacha la cuestión en una línea, y sin argumentos: simplemente declara que es una persona privada, despachando sin argumentos la cuestión en la que se juega el fallo. Señalé por qué Pando es el paradigma de "persona pública."
6) La otra categoría en la que me concentré fue en la de "daño a terceros" o aquí "daño moral". Mostré cómo, otra vez, en el fallo se despacha en una línea el otro tema clave del caso: si hubo daño o no. Sostuve que eso no puede limitarse a mostrar el testimonio (ambiguo) de alguna sicóloga, amiga o vecina de la afectada. Si un vecino conservador muestra la úlcera que le produce ver a la pareja gay de enfrente de la mano, eso no califica como "daño" relevante, con capacidad para hacer un llamado al uso de la coerción estatal. El "gusto" o "preferencia" de unos (lo que Dworkin llamaba las "preferencias externas") no califican en la materia, para que hablemos de "daño relevante" por más que nos muestren certificado médico.
7) También critiqué notas como ésta (en Página, acá), que luego de un par de citas de fallos, insisten en clavar la cuestión en un "ellos" (los defensores de la dictadura) contra "nosotros" (los héroes de los derechos humanos). No hay que confundir (menos de ese modo arrogante) los tantos: el hecho de que Pando defienda a los menos defendibles de todos, del modo en que lo hace, no es un dato en contra de ella (lo sería a favor, como bien dijo ayer HV). La sentencia no es pésima porque "ganó Pando," sino porque no está fundada, es dogmática, es autoritaria, es errada en cada línea técnica que aborda. Un horrible ejemplo de lo que sigue siendo la jurisprudencia argentina hoy, en su centro mismo.

16 may. 2016

15 may. 2016

Linda entrevista a Boaventura


"Tengo que decir que en el inicio estaba 100% con estos procesos. Participé en la redacción de las constituciones de Bolivia y Ecuador. ¿Cuántas veces cené en casa de [el presidente ecuatoriano] Rafael Correa y acabé cantando canciones revolucionarias, del Che Guevara, como si la revolución estuviera próxima? No podía imaginar que años después la alternativa es que, si no tienes inversión estadounidense de despojo, tienes a China, que te cobra de la misma manera y destruye los territorios de la misma manera. Entonces, muchos intelectuales tenemos que hacer una autocrítica también y ser menos arrogantes. Quizás ahora tienes la clave para las epistemologías del sur: ir más despacio, con menos confianza en que las ideas nuevas crean realidades nuevas."

http://ladiaria.com.uy/articulo/2016/5/hay-que-empezar-de-nuevo/

14 may. 2016

Por una política de principios

Bien Frei Betto, sobre la crisis en Brasil, acá. Por una política de principios capaz de mirar más allá de las urnas, del neoliberalismo y de esta fase histórica del capitalismo

13 may. 2016

Tushnet: Por qué importa la Constitución?

En el venerdino seminario de SADAF, discutimos hoy un texto de Mark Tushnet, proveniente de su pequeño libro Why the Constitution Matters? El libro está dirigido a no-iniciados, es fundamentalmente descriptivo, y no pretende hacer grandes innovaciones en la teoría constitucional. A Tushnet le interesa mostrar por qué y de qué modo importa la Constitución, por qué y si es que de algún modo, importa la Corte Suprema; por qué importan los derechos.

Y aunque el libro no pretende hacer teoría, retoma, sin embargo, una línea fundamental en el trabajo histórico de Tushnet -una línea que es normativa. Ésta dice, en primer lugar, que la Constitución debe ser leída del modo más fino, como un pequeño recuadro destinado a facilitar y hacer posible que hagamos política; y en segundo lugar, que el centro de la actividad que importa está en la política, más que en el derecho o en el trabajo de los tribunales.

La gran pregunta, nos dice Tushnet, no es por qué la Constitución importa, sino cómo es que ella importa. Y la Constitución importa, agrega, porque la política importa: es la Constitución la que provee la estructura que hace posible que se desarrolle la política; la que crea la estructura dentro de la cual los partidos políticos operan.

Por eso, y para el lego interesado en que la vida constitucional se articule de modo diferente, su consejo no es el de que se involucre en el estudio de la teoría constitucional, o de que se adentre en el conocimiento de concepciones interpretativas diversas. Más bien, lo que Tushnet le aconseja es que sea "políticamente activo," que se incorpore a alguna estructura partidaria, o se relacione con alguna ONG, o que salga a las calles a marchar: trabajar en política (antes que trabajar con el derecho) es el medio más importante con el que contamos para darle a la vida pública -y finalmente a la Constitución- otra tonalidad.

12 may. 2016

3 abucheos para Temer

Sólo para dejar constancia: el gobierno de Dilma terminó siendo un gobierno conservador; y el PT demostró formar parte de un sistema político basado en la corrupción. Hoy, Dilma fue removida temporalmente de su cargo, a través de un procedimiento legal (tanto como lo fuera el impeachment a Collor de Mello) por una coalición política de raíz aún más conservadora y de talante aún más corrupto, que incluye extremos que avergüenzan a la política regional. Una enorme pena.

Un libro: Reconstruyendo a Rawls


La editorial de la Universidad de Buenos Aires (Eudeba) acaba de publicar la primera reconstrucción en español de la biografía intelectual de John Rawls.

Los autores, además de profundos conocedores de la obra de Rawls, fueron sus más conspicuos colegas, discípulos y amigos. Tienen una perspectiva única de la obra en sí, pero también de su proceso de creación, sus destinatarios, sus interlocutores, sus horizontes y sus modos de apropiación. Adicionalmente al hecho de establecer relaciones de causalidad entre esos elementos, se estudian conexiones que dotaron de sentido, fundamentaron y esclarecieron las singularidades y la importancia de la obra y su autor.


Reconstruyendo a Rawls
Elementos para una biografía intelectual

Leonardo García Jaramillo
Editor académico y coord. de la traducción

Contenido

Introducción
Leonardo García Jaramillo
John Rawls: contexto histórico de su teoría de la justicia
Oscar Mejía Quintana
Ivonne Patricia León

I

Cincuenta años después de Hiroshima
John Rawls
Rawls y el derecho
Ronald Dworkin
La perspectiva religiosa en Rawls
Thomas Nagel – Joshua Cohen
Qué inconveniente tendría la equidad:
Una perspectiva católica de la teoría de la justicia de John Rawls
Franz J. Bormann

II

John Rawls: una biografía
Thomas Pogge
 La perdurable importancia de John Rawls
Martha Nussbaum
John Rawls: amigo y maestro
Samuel Freeman
La compasión rigurosa de John Rawls
Justicia, justicia, eso buscaréis
Thomas Nagel
La búsqueda de la equidad
Joshua Cohen
 La audaz humildad de John Rawls
David Estlund
El encanto del libro verde
Thomas Pogge
Hacer que la filosofía se ocupe de la política
Martha Nussbaum

III

Cronología de la vida de John Bordley Rawls (1921 - 2002)
Bibliografía completa de John Rawls
Bibliografía seleccionada sobre John Rawls
Nota sobre los autores

11 may. 2016

10 may. 2016

El "casebook" latinoamericano

Editamos este gran "casebook" latinoamericano con Juan Bertomeu, para el que tuvimos la ayuda de cantidad de colegas y amigos de la región. Información e índice se pueden ver por el link de abajo. Incluye (además de una hermosa foto de portada...):

Protesta social, aborto, derechos indígenas, igualdad, religión, DIDH y mucho más.

8 may. 2016

Pando-Barcelona, con addendas

El fallo por el que se condena a la revista satírica Barcelona (el fallo, acá) por ofender el honor de Cecilia Pando es pésimo. No es un fallo ridículo (como lo son muchos de los malos y habituales fallos argentinos), pero es pésimo en su entendimiento de lo que significa la libertad de expresión, cuando existen colisiones entre ciertas expresiones y el honor de alguien. Pando es una figura pública, muy presente en la política argentina, que además representa a la rama más extrema de los grupos que reivindican a la dictadura. argentina. Y una revista satírica, en particular, tiene que gozar de un margen amplísimo para poder burlarse de figuras públicas como ella. 

1) Hay gente que cree que el fallo es malo porque ganó Pando, y eso no tiene nada que ver. Si la ofendida hubiera sido una radical defensora de los derechos humanos, habría que decir lo mismo
2) Si hay un caso paradigmático de figura pública (ni "mero particular" ni "funcionario público") es Pando, reconocida públicamente por cualquier participante en los debates públicos locales
3) La defensa muy vaga que hace el fallo de Pando como "persona privada" se contradice con lo que quiere balbucear para probar la ofensa: que las ventas de la revista aumentaron por la burla a Pando, prueba que cualquiera sabía de quién se trataba, y que perfectamente podían decodificar la ironía. En otros términos lo que el fallo dice para sostener la ofensa, contradice lo que afirma para considerar que la sátira es impermisible (era contra persona "privada"). papelón argumentativo

7 may. 2016

Premio Konex, por segunda vez

Agradecemos a la Fundación Konex, por el premio en Teoría y Filosofía del Derecho. Hay muchos queridos colegas entre los premiados en ésta y otras áreas
http://www.fundacionkonex.org/n1186-premios-konex-2016-humanidades--ya-se-conocen-los-100-premiados

6 may. 2016

Una chica regresa sola a casa de noche

Ya hablamos de este pequeño gran ovni iraní, y la novedad es que se estrenó ayer (nota en página, acá)

5 may. 2016

Guariglia

(sobre el amigo don O.Guariglia)

 Ricardo Ibarlucía y Julio Montero


El 2 de mayo falleció en Buenos Aires Osvaldo Guariglia, una de las personalidades más destacadas de la filosofía argentina e hispanoamericana. Licenciado en Letras, obtuvo su doctorado en Filosofía por la Universidad de Tubigen (Alemania) con una beca de la Fundación Alexander von Humboldt. Desde el retorno de la democracia, se desempeñó como investigador del Conicet, donde alcanzó la jerarquía de Investigador superior, y como profesor titular de la Universidad Nacional de La Plata y la Universidad de Buenos Aires.

Fue director del Instituto de Filosofía de la Facultad de Filosofía y Letras, presidente de la Asociación de Filósofos de la República Argentina, y Profesor Honorario de la Universidad Nacional de La Plata. En 1986 obtuvo el Premio Nacional de Filosofía y en 2006 recibió el Premio Konex de Platino por su trayectoria. Fue presidente del Centro de Investigaciones Filosóficas (Unidad Asociada del Conicet), institución que contribuyó ejemplarmente a afianzar y desarrollar y donde se desempeñó, durante más de tres décadas, como coeditor de la Revista Latinoamericana de Filosofía y como editor de la Revista Latinoamericana de Filosofía Política.

Si bien sus preocupaciones iniciales se centraron en la filosofía antigua, especialmente en las obras de Anaximandro y Aristóteles, la reflexión sobre la ética y la filosofía política adquirieron un lugar cada vez más protagónico en sus intereses. Su gran ambición filosófica fue la de elaborar un sistema de pensamiento que reconstruyera las normas morales más fundamentales en la tradición de Immanuel Kant y las proyectara sobre la vida política, generando un orden republicano y deliberativo, coronado con directrices para una distribución igualitaria de la riqueza.
En sus estudios más recientes, abordó la compleja problemática de la justicia internacional en un mundo en constante transformación, abogando por reglas de comercio justas que promovieran el desarrollo del sur global y generaran un clima propicio para el pleno respeto por los derechos humanos y la profundización de la democracia a escala planetaria.

Su legado a las futuras generaciones comprende una extensa obra, en la que destacan sus libros Ideología verdad y legitimación (1986), Moralidad: ética universalista y sujeto moral (1996), La ética en Aristóteles o la moral de la virtud (1997), Una ética para el siglo XXI (2002) y En camino de una justicia global (2010). Al momento de su muerte, trabajaba en un libro sobre la tradición de la democracia republicana, de pronta aparición con el sello editorial Siglo XXI.

A lo largo de su dilatada carrera, Guariglia formó un gran número de discípulos, muchos de los cuales ocupan en la actualidad destacados espacios académicos en universidades argentinas y del exterior. Su seminario sobre Filosofía Práctica, dictado en el Centro de Investigaciones Filosóficas, fue un foro para debatir ideas, pensar la realidad y estudiar a los grades exponentes de la filosofía moral, que se mantuvo activo durante cuatro décadas. Por él pasaron algunas de las más reconocidas figuras de la filosofía contemporánea argentina, latinoamericana y europea.

En todos estos años de vida en democracia, Guariglia desempeño un papel fundamental en la reconstrucción de las instituciones académicas, impulsando su modernización y bregando por la consolidación de una comunidad científica rigurosa, capaz de satisfacer los más exigentes estándares de producción. Su desaparición física es un motivo de profundo pesar para la filosofía argentina. Como todos los grandes maestros, vivirá por siempre en su obra, su legado institucional y sus discípulos.

4 may. 2016

J. Waldron: Political Political Theory 5






La diversidad dentro del Congreso que defiende Waldron es interesante, e incluye precisiones importantes, relativas al número (ya hice referencia al peso y centralidad que le otorga Waldron a una legislatura numerosa), a la "presencia" y a la representación de "intereses." 

Sobre la presencia, dice Waldron que el Congreso debe reflejar la plena diversidad de visiones que se incluyen en la sociedad. "Si hay diferencias étnicas, uno quiere que la legislatura incluya a miembros de las diferentes etnias existentes": todos los tipos de vida, todas las diferentes experiencias deben encontrar lugar en el Congreso.

El Congreso, aclara, debe incluir diversidad de opiniones, pero también diversidad de experiencias, y diversidad de intereses. Este último punto no es menor -aclara- en relación con lo que muchos, incluyendo a muchos teóricos de la democracia, piensan: piensan que lo que cuenta es que los legisladores se concentren en los "asuntos" relevantes, y no en "intereses" particulares. Ellos se olvidan de que "el impacto de las medidas sobre los intereses es, de modo habitual, el asunto principal".

Luego, dice Waldron, en la medida que el Congreso tiene esos grados de representatividad, la discusión en el Congreso se convierte en preferible a la democracia directa. Por qué? Porque la representación ayuda a situar la discusión en un nivel de abstracción apropiado: alguien representa al distrito norte, otro al Estado tal, otro al Partido Demócrata: "Queremos que nuestras leyes consideren a la gente universalmente bajo ciertos aspectos, y en la medida en que pasamos a la redacción de leyes, queremos que nuestros representantes presenten los intereses, las preocupaciones, los ideales de la gente, universalmente, bajo ciertos aspectos." La presencia de tales intereses es lo que, para él, mejor sirve al debate legislativo. La representación, como dice Urbinati, "ayuda a despersonalizar las demandas y opiniones" de un modo que torna más propicia la deliberación. Representa lo que personas de diferentes clases tienen en común, y así opera "simplificando los intereses y asimilando los temas".

Aparte de lo dicho, Waldron suma el hecho de que la legislación requiere tiempo y una cuidadosa deliberación, y en este sentido la representación parece tener buenos efectos prácticos: el tiempo y el espacio necesarios para una deliberación masiva parecen difíciles de encontrar. Claro, esto es lo que él dice, pero no es obvio que ello sea suficientemente sólido. Volveremos.

Constitucionalismo igualitario: entre el neoconstitucionalismo y el nuevo constitucionalismo latinoamericano

(de don Alberto Coddou, publicado acá)

En las últimas tres décadas, América Latina ha creado numerosas constituciones o las ha modificado de manera significativa. Por ejemplo, desde 1978, Ecuador ha tenido tres constituciones distintas (1978, 1998, 2008). En México, a pesar de seguir vigente la famosa Constitución de 1917, se han realizado más de 500 modificaciones, quedando poco del espíritu revolucionario de comienzos del siglo XX. Para algunos, esto sería un síntoma de los pobres registros de esta región en torno a indicadores de gobernabilidad, del legado colonial del autoritarismo, o de la incapacidad de los poderes políticos de funcionar con restricciones previamente establecidas en una constitución dictada por un partido o coalición distinta. A pesar de ello, el derecho constitucional sigue siendo una disciplina respetada en las facultades de Derecho y en las cortes de la región, e incluso para los movimientos sociales. Al parecer, esta disciplina sería el lenguaje o el discurso predilecto del progresismo, que nos ofrece la capacidad de plasmar en un texto fundamental nuestras orientaciones y deseos transformadores más profundos. Como señala uno de los volúmenes de la Cambridge History of Latin America, a pesar de los problemas institucionales, los países siguen “tomándose en serio” las constituciones, y el derecho constitucional sigue estando en el centro de los debates políticos regionales. En palabras del director del Instituto Max Planck para el derecho constitucional comparado, Armin von Bogdandy, “América Latina es el continente donde el futuro del constitucionalismo se debate con mayor interés e urgencia”. 

En este contexto, y principalmente desde las constituciones de Brasil (1988) y Colombia (1991), que marcan la “tercera oleada” democratizadora en el continente, se habla de un constitucionalismo latinoamericano. En el marco de las “variedades” de constitucionalismo, ello no representaría nada nuevo: sólo se trataría de la difusión de las ideas del constitucionalismo europeo de la post-guerra aplicadas a un continente condenado ser el “mausoleo de las modernidades”. Esta recepción, principalmente expresada en la supremacía constitucional de los derechos fundamentales, sería un ejemplo más de las constantes exportaciones de los “sitios de producción” del derecho. Si a ello agregamos el refuerzo de los poderes judiciales de revisión, o el denominado control de constitucionalidad, expandido por los programas globales de promoción de sistemas de justicia con financiamiento estadounidense, entonces llegamos al “fin de la historia” del derecho constitucional: en tanto lenguaje de progreso, debemos esperar que los tribunales interpreten y apliquen los estándares contenidos en las normas sobre derechos fundamentales o en los tratados internacionales de derechos humanos. Así llegamos, a fines de la década pasada, a acuñar el término neoconstitucionalismo. En pocas palabras, se trata de una doctrina o corriente que supone que el derecho controla y corrige a la política a través de estándares abiertos a la lectura moral e incluidos en la constitución. Para ello, permite un amplio acceso a la tutela judicial y un extendido ámbito de competencia a la jurisdicción constitucional. Toda medida o política queda sujeta al control constitucionalidad. Diversas victorias judiciales han marcado el éxito del neo-constitucionalismo en contextos de crisis políticas extendidas a nivel global, con niveles decrecientes de participación social y política, y con baja confianza en las instituciones representativas tradicionales. En América Latina, una región abrumada por continuas crisis de representatividad parlamentaria, y aquejada por un hiper-presidencialismo que a veces parece descansar en liderazgos personales, los críticos sostienen que el neo-constitucionalismo implica un doble agravio: a la idea básica del gobierno del derecho (en contraste con el gobierno supuestamente ‘arbitrario’ de los hombres), y al principio de la auto-determinación colectiva o soberanía popular. De algún modo, el neo-constitucionalismo, en su versión latinoamericana, implica la prioridad de la parte dogmática por sobre la estructura o arquitectura constitucional elegida (prioridad de los derechos fundamentales); pero, además, implica la indiferencia con respecto al origen o al fundamento democrático de los objetos de control de constitucionalidad (prioridad de la función normativa que cumple la constitución). El derecho legislado queda así subordinado al derecho constitucional, y este último viene determinado por principios abiertos a la argumentación moral. La forma del derecho se disuelve entonces en moral, perdiendo su identidad propia, y dejando a la contingencia política la conformación de cortes progresistas o conservadoras, según sea el caso. 

Producto de estas y críticas, diversos países con largas historias de exclusión social y política enfrentaron sus respectivas crisis con la creación de nuevas constituciones a partir del ejercicio del poder constituyente originario. En este contexto, la Constitución de Venezuela en 1999 dio inicio a una serie de reflexiones en la academia ibero-americana, que fueron desarrollándose con los procesos de las constituciones ecuatoriana (2008) y boliviana (2009). Producto de ello, hoy se habla del nuevo constitucionalismo latinoamericano, que podría explicarse por las siguientes características: el predominio de un poder constituyente originario que, a través de asambleas constituyentes de conformación plural e inclusiva, crea un texto constitucional que dará sustento al ethos transformador de sociedades marcadas por la pobreza, la desigualdad y la exclusión social y étnica. Además, se agregan cuestiones que son inéditas para el constitucionalismo liberal, como los controles ciudadanos sobre los poderes políticos (el denominado ‘cuarto poder’ ciudadano), la elección de los representantes de la justicia constitucional, instancias de pluralismo jurídico o autonomías indígenas innovadoras para la tradición constitucional del Norte-Global, o mecanismos de democracia directa en diversos niveles de la administración del estado. Para algunos, se difumina la distinción entre política y derecho, pues la función de la constitución es mantener “siempre vivo” el espíritu del poder constituyente originario, manteniendo un “originalismo interpretativo” que permita siempre derrotar aquellas interpretaciones que puedan poner en peligro el espíritu revolucionario. La sentencia del máximo tribunal venezolano, a propósito del control de constitucionalidad de la recientemente aprobada ley de amnistía para los denominados “prisioneros de conciencia”, es un ejemplo paradigmático de aquello. La forma del derecho, incluso del derecho constitucional, se disuelve así en la voluntad cambiante del poder constituyente originario, subordinada a lo que diga el control constitucional de turno. 

Al parecer, estos serían los grandes relatos del constitucionalismo latinoamericano, en un continente que atribuye a sus constituciones la responsabilidad por guiarnos hacia un camino de prosperidad y desarrollo. En este escenario, ¿cuál será la narrativa regional que encausará el proceso constituyente chileno? ¿qué ideas surgirán en los diálogos ciudadanos? ¿qué podemos aprender de las fortalezas y limitaciones de estas dos corrientes o escuelas del constitucionalismo latinoamericano? 

En mi opinión, el debate constitucional chileno tiene la posibilidad de optar por una “tercera vía” constitucional, que aquí denominaré “constitucionalismo igualitario”, por su compromiso radical con la democracia como forma de gobierno y con la igual dignidad de los miembros de la comunidad política. Haciéndose cargo de las críticas dirigidas a los modelos o corrientes explicadas anteriormente, el constitucionalismo igualitario sostiene lo siguiente: la constitución no es principalmente una norma, sino una decisión sobre como configurar el poder, que en definitiva definirá nuestra identidad política. Para ello, la constitución debe ser entendida como una estructura que da lugar a un proceso político que le permite ir desarrollando las condiciones de identidad de esa comunidad política de manera democrática. En ese marco, la constitución juega un rol fundamental, ya que garantiza la igual importancia de las libertades civiles, sociales y políticas, dando lugar a la formación de discursos que están constantemente siendo procesados por el debate político. Bajo el constitucionalismo igualitario, vuelven a cobrar importancia la legitimidad democrática de la constitución (la aspiración principal del Nuevo constitucionalismo igualitario, expresada en el desarrollo de asambleas constituyentes), pero siempre bajo la atenta traducción que de aquella legitimidad externa hacen los dispositivos que conforman la arquitectura constitucional seleccionada. Para algunos, el constitucionalismo igualitario es la recuperación de la preocupación por la “sala de máquinas” de la constitución, esto es, la parte orgánica de las constituciones, que determinan y afectan lo que vamos a entender de la parte dogmática. Para ello, se sostiene, hay que pensar más allá de los jueces, e incorporar el rol activo que pueden jugar los parlamentos, recuperando la “dignidad de la legislación”, o el rol decisivo que juegan las administraciones y las burocracias estatales. Sin embargo, esta corriente va un poco más allá, y destaca la idea básica de que la forma del derecho puede ser garantía de la libertad, siempre y cuando este venga creado de manera adecuada, por procedimientos democráticos que funcionen en base a los desafíos de un continente afectado por la pobreza, la desigualdad y la histórica exclusión étnica y social de los pueblos originarios y de sucesivos grupos vulnerables (de ahí la preocupación, por ejemplo, por acciones afirmativas). En definitiva, un derecho que venga creado por un proceso político en el que vengan garantizadas tanto la autonomía personal como la auto-determinación colectiva ¿Puede Chile ser capaz de crear una constitución que responda a los desafíos que nos plantea el debate actual del constitucionalismo latinoamericano? Sólo la política, entendida como aquella constante actividad de embarcarse en proyectos colectivos, nos dará respuestas al respecto. 

3 may. 2016

Personalidad destacada de las Ciencias Jurídicas

Gracias a la Legislatura de la Ciudad, por designarme Personalidad Destacada de las Cs. Jurídicas¡

2 may. 2016

Sobre los escraches

(publicado en La Naciòn, hoy acà)

Ante la invitación a escribir sobre la difícil cuestión de los “escraches”, aparece siempre una salida sencilla -una “carta ganadora”- que lo tienta a uno. Se trata de decir que los escraches son actos bárbaros, prohijados por el fascismo; una afirmación que se refuerza e ilustra luego agregando referencias tales como la de que los nazis pintaban las puertas de (“escrachaban a”) sus “enemigos”. Parece claro: si “escrachar” implica un acto nazi en su naturaleza, toda duda que se manifieste sobre el tema parece acercarlo a uno a la defensa del nazismo. La alternativa, por tanto, de la “condena total”al “escrache” es fácil de seguir, y cómoda para el que la sigue: uno fija posición contra el nazismo, obtiene un aplauso fácil, y todosquedan conformes. No es éste, sin embargo, el camino que quisiera tomar en este texto. 

Tampoco me interesa el camino alternativo, esto es, la solución “boba” que habitualmente emerge como opción frente a la primera. Según esta alternativa, todo “escrache” es “expresión”, y toda expresión debe ser respetada, particularmente si la llevan a cabo “sectores populares”. Ambas posturas (la alternativa sencilla, y la “boba”) representan, en realidad, posiciones falaces, por tomarindebidamente a una parte posible como el todo. Que haya actos fascistas que podamos identificar con el “escrache”, no quiere decir que todos los actos de “escrache” sean fascistas; y que haya expresiones populares disruptivas y justificadas no quiere decir, tampoco, que todas las expresiones populares, por serlo, estén justificadas, con independencia de sus modos.Contra tales posturas, en lo que sigue, voy a explorar un camino diferente (no necesariamente “intermedio”) que pretende contribuir a que pensemos mejor sobre el tema. Para los defensores de las soluciones “absolutas”, fáciles o “bobas,” lo recomendable es abandonar aquí la lectura de este texto.

Para quienes siguen leyendo, lo primero que conviene hacer es definir al término “escrache” Entiendo por tal a un acto (normalmente una acción colectiva), de señalamiento y repudio hacia alguna persona (habitualmente una persona pública), destinado a condenar a la misma por alguna reprensible acción pasada. Una primera cuestión que se deriva de esta definición, es que los “escraches” pueden ser de tipos muy distintos (i.e., violentos,estruendosos, silenciosos,inocuos). Por lo mismo, resulta un error la propuesta de una solución o respuesta común para cualquier tipo de “escrache”.

Es importante señalar, además, que hay muchas conductas que condenamos, pero que no ameritan que hagamos llamado alguno a la coerción estatal. Todos los días, por ejemplo, escuchamos a gente hablando en sus celulares, y declarando a sus interlocutores que se encuentran en un lugar en donde en verdad no se encuentran. Se trata de conductas que pueden molestarnos, pero que no justifican de ningún modo la intervención estatal. En segundo lugar, hay conductas que sí ameritan algún tipo de reproche estatal, pero que de ningún modorequieren las formas habituales, intrusivas y violentas, de dicha coerción (por ejemplo, la cárcel). Un funcionario público que llega siempre tarde a su trabajo merece algún tipo de respuesta y condena estatal, pero todos entendemos que esa respuesta no debe ser ni intrusiva ni violenta. Lo mismo con los “escraches”: necesitamos ver de qué tipo de “escrache” se trata, asumiendo desde ya que algunos no merecen respuesta alguna, y que otros pueden merecen nuestro reproche o condena, sin involucrar necesariamente al uso del aparato coercitivo.

Conviene distinguir, también, entre actos fundamentalmente expresivos, que pueden ser verbales o no, y actos que son fundamentalmente otra cosa (i.e., agresiones físicas), a pesar de involucrar aspectos expresivos. Por ejemplo, la “quema de bandera” es considerada habitualmente una acción expresiva (aunque no incluya “palabras”), y por tanto, y como tal, suele verse como una acción jurídicamente protegida. En cambio, la piedra que se le arroja a un político, merece ser vista fundamentalmente como parte de una agresión física condenable, por más que esa agresión manifieste, también, una expresión política.

Otra distinción central en la materia tiene que ver con el involucramiento o no del Estado en la misma acción del “escrache”. Lo que nos horroriza de los ejemplos que nos remiten al fascismo y al nazismo tiene que ver, muy especialmente, con la presencia del Estado (un Estado autoritario o totalitario) en el trasfondo: cuando el Estado auspicia, promueve o de otros modos aparece “detrás” de los “escraches”, éstos tienden a adquirir su rostro más temible. Cuando el Estado no está detrás de los escraches, sino “enfrente,”nuestras intuiciones tienden a (y merecen) ser diferentes. Es lo que ocurrió en los 90, en nuestro país, cuando la agrupación H.I.J.O.S decidió enfrentar la impunidad y las leyes de amnistía manifestándose frente a la casa de torturadores y cómplices de la dictadura. En el marco de una condenable e injustificada impunidad, las acciones de H.I.J.O.S. resultaron controvertidas, pero en algunos casos, me animaría a decir, justificadas. Confluían allí varios elementos que allanaban el camino de su justificación. Por un lado, se estaba frente a inconductas gravísimas (actos de tortura, por ejemplo), auspiciados por el Estado; que fueron seguidas luego por acciones y omisiones estatales inaceptables (como la omisión de investigar y juzgar crímenes de lesa humanidad). Por otro lado, había en muchos de aquellos actos de “escrache” un intento de llevar adelante lo que el catedrático Owen Fiss denominaría actos de “confrontación moral”, esto es decir, actos orientados a modificar conductas, no a través de la fuerza persuasiva de un argumento, sino demostrando la seriedad o gravedad moral de ciertas acciones pasadas.

Distinciones comolas anteriores pueden ayudarnos a salir de algunos de los atolladeros en que parece encallada la discusión de hoy en la materia, en donde distintos grupos de un país todavíapolarizado, se disputan por distinguir a su gusto entre “escraches buenos” (“los que hacemos nosotros”) y “malos” (“los que nos hacen los otros”). Contra esas arbitrarias simplificaciones, ahora es posible avanzar un poco mejor en el debate. Podemos aclarar, por ejemplo, por qué repudiamos muchas acciones de “escrache” producidas durante el gobierno anterior: ocurre que se trataba de acciones auspiciadas por elpoderío coercitivo y los cuantiosos recursos económicos del Estado (i.e., programas de televisión dedicados, día tras día, a humillar a adversarios, cobardemente y en su ausencia), y no de acciones “espontáneas” provocadas por sujetos abandonados a su suerte, o perseguidos por el Estado. Podemos explicar (cosa distinta a justificar) algunos de los “escraches” que se dan en estos días, a partir de sujetos que, como en los 90, entienden que el poder es impune; que la justicia trabaja para los poderosos; y que, a pesar de evidencias impensadas, desmesuradas, únicas, nadie del poder pagará nunca por sus crímenes. Podemos entender cuándo y por qué ciertos “escraches” generan mayor empatía: se trata, muchas veces, de acciones de repudio a alguna figura pública que cometió faltas gravísimas, y al que su poder de influencia lo convierte en impune. Eventualmente, podremos advertir también que ciertos “escraches” (imaginemos, el abucheo a un funcionario público acusado por faltas gravísimas, en un estadio de fútbol) pueden resultarnos simpáticos, o por el contrario desagradables, inapropiados y aún hipócritas, sin que nada de ello justifique que hagamos uso del aparato penal para subrayar nuestra propia postura.En cambio, puede justificarse la convocatoria a la fuerza estatal cuando nos encontramos frente actos fundamentalmente no expresivos (una agresión por ejemplo), y con el objeto de proteger o dejar hablar a quien está amenazado de violencia, o de reprender a quien indebidamente ha ejercido esa violencia. En todo caso, la lección se mantiene: no todo es lo mismo, no todo da lo mismo, ni corresponde ofrecer respuestas únicas para casos que son fundamentalmente distintos.

1 may. 2016

J.Waldron: Political Political Theory 4

En el capítulo 6 de su nuevo libro, y en tren de defender la primacía del Congreso sobre el control judicial, Waldron deja en claro que esa afirmación no lo lleva a abandonar la reivindicación de la democracia representativa, por sobre la democracia directa. 

Dice Waldron: "Muchos han asumido a partir de mi trabajo sobre la revisión judicial, y del hecho de que esté basado en principios de legitimidad democrática e igualdad política, que por lo mismo debo estar en favor de que las personas, por sí mismas, voten directamente y como iguales a las leyes que van a gobernarlos." Se dice -agrega- que cualquier concesión o limitación al respecto no puede aceptarse porque implicaría (tanto a nivel legislativo como judicial) una delegación de autoridad que deja de lado la participación política del ciudadano común.

Sin embargo, agrega Waldron, tales visiones son equivocadas, porque la representación constituye, en lo que hace a la creación de leyes, una alternativa democrática mejor. Y, en lo que concierne al control judicial, el problema no es sólo el aislamiento en relación con la gente, sino, y sobre todo, su falta de credenciales democráticas adecuadas -que el legislador sí posee.

Para afirmar este punto, Waldron se basa directamente en el trabajo de Nadia Urbinati (profesora también de Columbia University, y gran amiga de este blog), y sobre todo en el libro de Nadia, "Representative democracy. Principles and Genealogy."

En línea con el pensamiento de Urbinati, Waldron sostiene que "la abstracción de la representación implica una forma particularmente apropiada para la creación legislativa, en donde luchamos para la construcción de normas abstractas, abstractas en el sentido de generales -esto es decir no directivas enfocadas en una persona o situación particular...como podría estarlo una decisión judicial, al menos en primera instancia"

Tenemos que ver, de todos modos, más en detalle, sus argumentos. Ya llegamos a ellos.

27 abr. 2016

J. Waldron: Political Political Theory 3

Hay 6 temas, en particular, que resaltaría -arbitrariamente- del libro, como temas que merecen subrayarse del mismo, y que más me han interesado.

El primero es el de los "principios procedimentales de la legislación", de los que me ocupara en el post anterior, y que implican el establecimiento de parámetros críticos en el análisis de la legislación y el funcionamiento del Congreso (me siento reivindicado en la crítica a las leyes que no han pasado ciertos filtros mínimos de debate).

El segundo es su insistencia (se trata de un tema del que escribiera bastante) en una perspectiva aristotélica, sobre el valor de la multitud, el número, que vincula Waldron con el tamaño o size del Congreso. Lo relevante tiene que ver con la diversidad de perspectivas e intereses que ingresan a la elaboración de leyes, a través de ese número. Se trata de una línea de argumentación muy afín a la visión epistémica de la democracia que Carlos Nino defendiera, por ejemplo.

El tercero tiene que ver con una mirada renovadamente crítica sobre los modos de la interpretación judicial, a la que asocia con "sofisticados, pero moralmente distractivos, legalismos esotéricos".

El cuarto es una defensa, para mí muy problemática, del valor de la democracia representativa sobre la democracia directa que, según confiesa, muchos esperan como derivado natural de su habitual crítica a la revisión judicial. Si puedo, otro día vuelvo sobre esto.

El quinto tiene que ver con su análisis del valor de la separación de poderes y el bicameralismo, que reivindica, en contra de análisis institucionalistas como los Eric Posner y Adrian Vermeule, que en su defensa de un presidencialismo concentrado, consideran aquellos principios como una rémora del pasado, que merece dejarse de lado.  

El sexto, tiene que ver con su reivindicación general del enfoque institucionalista o centrado en las instituciones, contra la filosofía política (estilo Berlin) que olvida, menosprecia o deja de lado tales preocupaciones (algo de esto dije en mis posts 1 y 2 sobre el tema).

26 abr. 2016

J. Waldron: Political Political Theory 2


En su texto "Principios sobre la legislación," capítulo 7 de su último libro, Waldron distingue entre modos diferentes de acercarse a la legislación (y a las cuestiones institucionales en general) desde la filosofía política. 

Esas posiciones diferentes incluyen, por supuesto, la total indiferencia frente al tema institucional, propia de una parte relevante de la academia anglosajona, que Waldron tipifica con los trabajos de Isaiah Berlin. Pero luego viene lo importante. 

Entre quienes se ocupan del tema Waldron clasifica, en primer lugar, a aquellos que han pensado en 1) principios sustantivos para organizar u ordenar a la legislación, como es el caso de Bentham y el principio de la maximización de la utilidad general; y Rawls, y sus dos principios de justicia. 

Luego, distingue a aquellos que han elaborado en 2) principios formales de la legislación, como Lon Fuller, que pensaba en principios tales como la generalidad, estabilidad, inteligibilidad, consistencia, practicabilidad y publicidad de las leyes.

Finalmente, se refiere a los casos que más le interesan -posiciones como las que él mismo avanza- que tienen que ver con el establecimiento de 3) principios procedimentales que debe cumplir la legislación (principios que, como los de Fuller, no ve como meramente instrumentales sino también, en un sentido importante, como principios morales). Se trata de principios sobre cómo es que la legislación debe ser elaborada, quiénes deben participar en ella, o el espíritu que debe guiar a quienes intervienen.

Waldron sugiere entonces una serie de principios, que incluyen varios de relevancia para quienes estamos interesados en la democracia deliberativa (sobre todo por venir de alguien que no lo está), como los de que debe darse voz y tomar información de parte de todas las "opiniones e intereses" diversos existentes en la sociedad; o el principio de "deliberación", que incluye ciertos deberes y responsabilidades sobre cómo llevar a cabo la discusión parlamentaria; o un principio de formalidad legislativa, que incluye uno sobre la "estructura del debate"; o uno de "igualdad política y decisión mayoritaria".

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La distinción entre estos tres grupos de teorías es enriquecedor, y también el tratamiento que Waldron le da a cada uno de estos principios procedimentales. También, su trabajo ayuda a dar fuerza a su teoría pro-legislativa, que partió de una crítica profunda a la revisión judicial, contraponiendo a la "pintura rosa" con que se describía, desde la academia central, al control judicial, otra "pintura rosa" con la que él describía al trabajo del Congreso. En este nuevo libro, en cambio, la foto de tapa es la de un grupo de parlamentarios tomándose a golpes (digámoslo así, la "pintura rosa" quedó atrás), y los principios que sugiere para organizar y pensar críticamente la labor legislativa, parten de eso: de la necesidad de construir un ideal desde donde criticar la práctica parlamentaria efectiva. Se trata, en ese sentido, de un paso importante en su visión, que cubre un vacío importante que uno podía señalar sobre su trabajo (la carencia de una "teoría -crítica- sobre el legislativo").

25 abr. 2016

J.Waldron: Political Political Theory


El último, interesante pero peculiar libro de J.Waldron, se llama Political political theory, y en parte es una compilación de algunos artículos recientes ya publicados. Los artículos reflejan su paso fuerte pero efímero como profesor en Oxford, en donde JW ocupara el lugar que fuera de G.A.Cohen (el libro se abre con su discurso inaugural en esa cátedra). Incluye algún texto que circulara mucho, aunque no fuera cercano a lo mejor de su obra, “Constitucionalismo: A Skeptical View”; otro que fuera una especie de punto culminante de sus escritos críticos sobre la revisión judicial, “The Core of the case against Judicial Review”, que supiera revisar críticamente Juan B. (a cargo hoy de una traducción/compilación de textos de Waldron, que publicaremos desde Igualitaria en Siglo XXI); un lindo texto sobre un tema ya trillado en su obra, referido al modo en que dentro de la Corte opera el judicialmente repudiado principio de las mayorías (“Five to Four: Why Do Bare Majorities Rule on Courts?”); y varios sobre la contracara de su crítica a la revisión judicial, esto es, “la dignidad de la legislación.” También hay algunas críticas a Isaiah Berlin y su filosofía política no-institucionalista, y un elogio a H.Arendt. El texto que más me interesó -para mí, el más importante del libro- es “Principles of Legislation,” al que le dedicaré un próximo post.