27 ene. 2020

Muerte y pena perpetua

https://www.lanacion.com.ar/seguridad/segun-expertos-en-derecho-a-todos-los-acusados-les-cabria-la-prision-perpetua-nid2327726
Entonces, a la locura desatada y circunstancial de unos imberbes, le sumamos la locura codificada de nuestro mundo civilizado, y a ver si nos quedamos todos tranquilos con unas buenas cadenas perpetuas, que permitirán que podamos volver a nuestras actividades en paz, mientras nos olvidamos del caso; nos auto-convencemos de que así vamos mejorando el futuro; y borramos de nuestras cabezas cualquier pregunta -si es que se hubiera hecho presente- sobre la suerte de estos grandulones violentos, que por un acto infausto, difícil de perdonar, van a ver sus vidas definidas también para siempre, sin oportunidad para re-hacerlas de un modo diferente, amable y fructífero hacia los demás. Todo mal, como es costumbre.

25 ene. 2020

Gran valor!

Amia Srinivasan:
La joven filósofa que ocupa el lugar de GA Cohen en Oxford
The Oxford philosopher on animal rights, abortion and the far-right

https://www.ft.com/content/232ba980-3caa-11ea-b232-000f4477fbca?fbclid=IwAR29JLenmNeUdR955pxo3aacGbMGpvqaayF0DDucz1CqTxsdk_Aqhopkbkw

21 ene. 2020

Un nuevo espectro recorre el mundo: la crisis democrática



Un nuevo espectro recorre el mundo: el fantasma de la crisis democrática. Se trata de un fenómeno que se expresa en la absoluta pérdida de confianza que padece la clase dirigente. En Bolivia, Colombia, Brasil, como en los Estados Unidos, España o Italia.

El ejemplo de Chile ilustra, mejor que ninguno, la situación a la que me refiero. La clase dirigente trasandina, desde hace meses, toma decisiones abruptas y zigzagueantes, sin poder lograr un solo acierto, y reafirmando la idea de que la dirigencia aparece “alienada”: lo que debía ser un medio para el autogobierno -la política- se transforma así en una piedra inmensa, que domina y aplasta a todo el resto. En Chile, ese desajuste entre ciudadanos y dirigentes llega a niveles extraordinarios. Un día, la dirigencia firma ajustes de tarifas con gestos de desprecio hacia la ciudadanía, y al siguiente, pide perdón y “humildemente” anuncia reformas sociales; un día, se burla de las iniciativas de reforma constitucional, y al día siguiente, las abraza con fervor militante. El resultado es obvio: los ciudadanos ya no creen en nada; los dirigentes parecen “alienígenas” descendidos de un planeta distante.

Frente a sucesos tales, las ciencias sociales hablan de una situación de “erosión” y “fatiga” democrática, que afecta al mundo moderno. Entiendo, sin embargo, que el problema en juego tiene menos que ver con el genuino hastío que sentimos frente a las clases dirigentes, o con sus pésimos desempeños, que con la radical dificultad que muestra nuestro sistema político para cumplir con su primitiva promesa de “representación plena”. El “viejo” esquema institucional está afectado por males que no tienen cura. Y frente a ello, no hay “reforma de los partidos políticos” que valga para revivir lo que ha muerto.

Me explico. En sus orígenes, el sistema institucional fue diseñado bajo la ilusión de que toda la sociedad podía quedar representada “dentro” de la estructura de poderes. Si era cierto que la sociedad se componía de unos pocos grupos (“propietarios y no-propietarios”; o “comerciantes, agricultores y artesanos”); y que esos grupos eran internamente homogéneos (y así, unos pocos artesanos o agricultores podían representar a “todos” los artesanos y agricultores), entonces, el ideal de “representación plena” resultaba asequible.

Ocurre que, en la actualidad, la ilusión de la “representación plena” ha estallado por los aires. En sociedad multiculturales como las nuestras, el objetivo de la “representación plena” enfrenta problemas irremontables. Primero, porque la sociedad no se divide en unos pocos grupos, sino en miles. Segundo, porque cada grupo es internamente muy heterogéneo (“una mujer” no puede representar entonces a “todas las mujeres”; ni “un indígena” a “todos los indígenas”). Tercero, porque cada persona es miles de personas al mismo tiempo: nadie se reconoce a sí mismo sólo como “comerciante” o “izquierdista” o “gay”. Cada uno define su identidad a partir de múltiples identidades. El sistema representativo aparece entonces como un “traje chico”, que estalla por todas partes: resulta estructuralmente incapaz de cumplir con el sueño representativo.

Por lo dicho, no extraña que los dirigentes se muestren “ajenos” y dedicados a servir sus propios intereses. Ellos advierten que los “lazos” con la ciudadanía se han roto; y son conscientes de las dificultades extraordinarias que enfrentan sus electores para sancionarlos. Lo saben bien: resulta casi imposible reprocharlos judicialmente por lo que hacen (la dirigencia cultiva día a día la impunidad, como sabemos), pero también parece imposible censurarlos políticamente por sus acciones y omisiones (Cómo “castigar” con un solo voto al candidato X, y no a Y, que lo sigue en la lista? Cómo “premiar” a X por una acción, y “castigarlo” a la vez, por varias otras? Cómo obligarlo a tomar cierta medida, e impedir que tome alguna otra?). Resultado: una vida pública enajenada.

Obviamente, el fantasma de la crisis democrática también recorre a la Argentina. Dos secuencias políticas recientes ilustran este fenómeno. La primera nos refiere a la llamada -irrespetuosamente- “ley de solidaridad,” de la que se excluyeron, en el mismo acto de dictarla, quienes la proponían. La promulgación de dicha norma, hecha en los términos en los que se lo hizo (“tenemos que ser solidarios”), representó una ofensa pública descomunal, basada en una absoluta falta de “reconocimiento” hacia “los otros” (“la solidaridad es el otro”). Por supuesto, los gestos ampulosos que siguieron al papelón no conmovieron a nadie: la credibilidad se había ido. Como en Chile: política alienada.

La segunda secuencia de hechos alude a lo sucedido en Mendoza, al aprobarse la ley 9.209, que permitía la utilización de cianuro y ácido sulfúrico para la extracción de minerales. El dictado de dicha ley, realizado gracias al imprescindible aporte de “oficialismo y oposición”, representa otra muestra del notable estado de enajenación que exhibe la dirigencia política. Todo Mendoza se manifestaba fuera del Congreso para reclamar que la votación no ocurriera, pero ella se concretó como si nada. El escándalo, otra vez, hizo que la política retrocediera a las corridas. Pero no hay arreglo.

Para quien se apresure a pedir “soluciones” frente a la tragedia instalada, diría de mi parte que las alternativas existen y son -al menos en parte- institucionales. Por el momento, sin embargo, y luego de una crítica dirigida sobre todo al Congreso, preferiría subrayar que los problemas en juego no son ajenos a las restantes ramas de gobierno. Ante todo: en contextos institucionales como los nuestros, resulta de una torpeza indecible delegar híper-poderes a la Presidencia. No sólo porque estamos lejos de contar con iluminados sino, sobre todo, porque los momentos de crisis son los que más conversación con la ciudadanía requieren. Por lo demás, en este contexto, también es ilusorio esperanzarse con la rama judicial, o pensar que los cambios en el área dependen de los nombres que entren o salgan de la justicia. El hecho es que la estructura judicial se encuentra hoy preparada para que una minoría, irresponsable frente a los ciudadanos, decida del modo en que quiere, negociando con los poderosos, y con pleno desdén por el derecho. Con el actual diseño, que en lo que importa este gobierno mantendrá intacto, no hay manera de evitar la fiesta de impunidad que la dirigencia política-empresarial hoy celebra. Debieran saberlo: ríen mientras juegan con fuego. En todo caso, y afortunadamente, aquí, como en Bolivia, Chile o Colombia, la ciudadanía se muestra aún vital, de pie, y dispuesta a hacer frente a tan brutales inequidades. Es en ese lugar donde vive y resiste la democracia.








20 ene. 2020

La fiesta de la impunidad


publicado hoy, acá: https://www.clarin.com/opinion/-causas-corrupcion-suspenso-_0_EhN6YHIP.html

Parece celebrarse en la Argentina, en estos días, la fiesta de la impunidad. Se trata de una celebración que en nuestro país se conmemora periódicamente, y que hoy protagonizan los acusados de haber usado del poder del Estado para su propio enriquecimiento. Presenciamos una celebración fascinante: cada día aguardamos, con enorme expectación, cuál causa será la próxima en cerrarse; cuál de los beneficiados de la corrupción será el próximo en quedar libre de todo reproche. En lo que sigue, quisiera desafiar -con la brevedad propia de estos textos- algunas de las razones que se han querido ofrecer para justificar esta nueva “victoria de la impunidad”.

Para empezar, descartaría la afirmación general con la que algunos, simplemente, quisieron terminar la discusión, antes de comenzarla: “es que los procesos contra la corrupción incluyeron irregularidades, y las pruebas no fueron contundentes.” La frase es tramposa por afirmar algo trivialmente verdadero: el derecho, aquí y en el mundo, implica en esencia procesos controvertidos, con pruebas que siempre serán limitadas porque quienes cometen faltas, obviamente, procuran ocultar lo que han hecho. Se podrá decir entonces: “es que aquí las pruebas fueron particularmente pobres, insuficientes para condenar a alguien.” Pero la verdad es más bien la opuesta: Qué elementos solemos tomar en cuenta en los procesos penales? Reunimos indicios; los testimonios de algunas víctimas; presunciones e hipótesis; íntimas y razonables convicciones. Poco más. Aquí contamos -como casi nunca- con innumerables confesiones cruzadas de los involucrados, y así, con un nivel de pruebas que tendió a situarse por encima del umbral de lo que nuestro derecho considera como aceptable. Se dirá entonces: “es que aquí las pruebas fueron obtenidas a través de procesos especialmente cuestionables, por la presencia de la controvertida ley del arrepentido”. Pero lo cierto es que dicha ley es una “creación jurídica” perfectamente constitucional, que procuró cambiar la estructura de incentivos sin violar derechos (el proceso tradicional castiga al que más habla -un Scilingo, digamos- mientras que esta ley busca “premiar” al que confiesa). Se dirá entonces: “Es que la vaguedad de la ley del arrepentido dio lugar a abusos por parte de jueces corruptos”. Pero si esto es así, habrá que decir que el problema no es de los “juicios de la obra pública” o de la causa de los “cuadernos”, sino otro que arrastra a todo el sistema judicial; o -más específicamente- uno que involucra al seleccionado de jueces federales con los que contamos, y que no son otros que los que esta misma clase dirigente designó. Es decir, un problema no de los juicios de la corrupción, sino de una estructura judicial paso a paso moldeada por nuestra clase política. “Es que se hicieron interpretaciones jurídicas antojadizas” -se podrá argumentar. Lo cierto es que (más allá de las tonterías que hoy se escriben sobre el “interpretativismo”), el derecho debe ser siempre interpretado (cuáles de las miles de normas -civiles, penales, constitucionales- escoger; cómo combinarlas; cómo leerlas; cómo aplicarlas en el caso concreto?); los riesgos de errores interpretativos existen; y lo importante es que contemos con suficientes instancias de revisión de lo actuado (o que intervengan los jurados populares que pedía la Constitución de 1853). “Es que aquí fue diferente” -se podrá decir- “porque estos juicios abusaron de la prisión preventiva.” Dicha afirmación es curiosa, dado que la prisión sin condena es -lamentablemente- la regla más que la excepción en nuestro derecho: una situación que afecta a casi el 50% de nuestros presos, y no un problema que nació cuando se decidió enjuiciar a la clase política. Se nos podrá retrucar entonces, con súbita pulsión garantista: “es que nadie merece estar preso sin condena definitiva” Pero, es esto así? Muchos imputados por crímenes de lesa humanidad llevan años de prisión sin condena firme, y la propia Corte Suprema -en el caso del “Tigre Acosta”, y evaluando la “conducta previa” de los imputados- avaló largas prisiones preventivas, en nombre del “riesgo procesal”. Alguno podrá decir: “Lo ocurrido ahora no tiene nada que ver con la dictadura: aquí se le quiso dar una lección al progresismo latinoamericano”. Pero si, como nos enseñan, tomamos “las reglas del policial inglés,” en América Latina el gran “perjudicado” fue el empresariado tipo “Odebrecht”. E, ideológicamente, el resultado fue mixto, si recordamos -por tomar sólo un caso notable- los 5 expresidentes peruanos -de derecha- condenados. Parece que la nota común de los casos de corrupción latinoamericanos, más que el tipo de ideología en juego, fue la dimensión de ciertos crímenes cometidos. Finalmente, algunos apelan entonces a una última carta: el grito de “lawfare.” Se trata, sin embargo, de una opción destinada al fracaso: dicho concepto resulta idéntico, en su naturaleza y empleo, al de “sinarquía internacional” -una categoría delirante, utilizada en los años 50 para hablar de la conspiración judía que se cernía sobre el gobierno de entonces.

Quiere decir lo anterior que tuvimos procesos impecables, llevados a cabo por jueces probos? Que la política no se hizo presente en los juicios de la corrupción? Que “todos los corruptos deben estar presos”? En absoluto. Lo que se intentó decir fue otra cosa: primero, que los procesos tuvieron méritos y déficits muy similares a los que han sido propios de toda nuestra tradición jurídica; y segundo, que la importancia de estos juicios es extraordinaria, no por dirigirse contra tal o cual partido o ideología, sino por la oportunidad histórica de reprochar -finalmente!- al poder por los abusos cometidos desde el Estado. Es por ello que este nuevo gobierno debiera esforzarse por dar señales opuestas a las que hoy muestra: no indicios de apuro o ansiedad por “terminar con todo esto,” sino signos de su convicción de que el poder por una vez pague- “de una vez por todas.” En todo caso, cabría advertirles a quienes hoy celebran, que no todas las noticias son buenas. El humor de América Latina ha cambiado, y el silencio amargo con que los pueblos asisten al espectáculo de la impunidad no debiera ser leído como resignada aquiescencia: el tiempo social aconseja que, en lugar de festejar, se mantengan alertas.













15 ene. 2020

Nordestinas

En una semana de indagación cultural brasileña, me quedé con tres joyas que desconocía, y que remiten al abrumador Nordeste de Brasil: un escritor; un músico y una película

1) Un extraordinario escritor, del que habláramos 3 posts atrás (acá: https://seminariogargarella.blogspot.com/2020/01/graciliano-ramos-escritor-comunista.html), Graciliano Ramos, nacido en Alagoas, y autor de "Vidas Secas" entre otras (pocas) obras. Que me llevó a recuperar la magna obra sobre el tema, "Gran Sertón: Veredas" (1956), de João Guimarães Rosa.

2) Un músico notable, de la estirpe de Django Reinhardt y nuestro Oscar Alemán:  Jacob do Bandolim. Nacido en 1918, y descendiente de una familia judía-polaca, tuvo una vida dura, que en parte se advierte en su música, fundamentalmente en su interpretación de choros.

3) Una gran película, que mencionara en el post anterior, de Andrucha Waddington: Casa de Arena, sobre la desolación nordestina. Que me obligó a volver a ver no sólo la versión fílmica de "Vidas Secas," sobre la que ya hablamos, sino sobre todo la potentísima "Dios y el diablo en la tierra del sol," que Glauber Rocha estrenó en el 64.

10 películas que me gustaron en 2019, y 3 de yapa



(no necesariamente estrenadas en el 2019, aunque lo sean en la mayoría de los casos)

The Edge of Democracy (Brasil, 2019, de Petra Costa). Elogiada directora, que desde este blog premiamos este año, y que viene haciendo una carrera extraordinaria: políticamente comprometida, culta, incisiva. Maravilloso film sobre el derrumbe político de Brasil.

La virgen de agosto (España, 2019, de Jonás Trueba), film amable y joven, como su director.

Del palestino Elia Suleiman, It must be heaven (Francia, 2019), en homenaje a John Bergen, con el propio Suleiman en tránsito entre Palestina, París, Nueva York: mirando.

Los días de la ballena (Colombia, 2019, de Catalina Arroyabe Restrepo), película pequeña y poco ambiciosa, pero también luz en medio de la oscuridad de Medellín.

De nuestro premiado Santiago Loza, Breve historia del planeta verde, película pequeña y amorosa, sobre el cuidado mutuo (Argentina, 2019).

1945 (Hungría, 2017, de  Ferenc Török, 2017), me sorprendió muy bien, la vi este año, aunque es de hace un par de años

Jojo Rabbit, de Taika Waititi, extraordinario director neocelandés, en una película querible, más allá de sus limitaciones (Nueva Zelandia, 2019).

Happy as Lazzaro (Italia, 2018, de Alice Rohrwacher), mejor de lo muy bueno que suele hacer esta talentosa actriz y directora italiana.

Tarde para morir joven (Chile, 2018, de Dominga Sotomayor), anteúltima en mi lista. Película con cierta gracia, jóvenes que maduran mientras cae Pinochet y se ganan de a poco más libertades.

Portrait of a Lady on Fire, de Céline Sciamma (Francia, 2019), queda última en mi lista, pero tiene cierta delicadeza, buenos paisajes, y un interesante abordaje de género. Coloco empatada, en esta última línea, a otra francesa poco destacada, pero que me gustó mucho, Nos batailles (Francia, 2018, de Guillaume Senez), sobre una madre que se pierde, y padre e hijos que desesperan.
...............

Agrego 3 películas "viejas", como yapa, de las que también disfruté este año: una de Brasil, una de Colombia, una de Chile

Casa de arena (Brasil, 2005, de Andrucha Waddington), notable película sobre la desolación nordestina, y la historia de una generación de mujeres poderosas.

Confesión a Laura (Colombia, 1990, de Jaime Osorio Gómez), una historia de amor ambientada durante el "Bogotazo", de 1948

Chicago boys (Chile, 2015, de Carola Fuentes y Rafael Valdeavellano), de lo mejor que vi este año: una lección de cómo hacer un documental crítico y revelador, sin mala fe hacia los entrevistados, ni bajar línea burdamente.


13 ene. 2020

Izquierda y derecha en el Chile actual

Graciliano Ramos, escritor comunista



Tremendo escritor el nordestino Graciliano Ramos (Alagoas, 1892). Escritor "modernista"/neorrealista, de una altura y profundidad comparables a la del mexicano Juan Rulfo, fue autor de unas pocas y breves obras, que incluyen a la maravilla denominada Vidas Secas, de 1938 (libro del cual se hizo una buena película, de las pioneras del Cinema Novo de Brasil, con el mismo título). Ramos ofició también de periodista, y traductor (por ejemplo, de "La Peste," de Camus), y escribió varias obras de literatura infantil.

Profesor y director de escuelas en Maceió, Graciliano Ramos cayó preso en 1936, acusado por sus ideas políticas, durante las redadas organizadas por el presidente/dictador, el anti-comunista Getulio Vargas. A partir de esa dramática experiencia escribiría su libro "Angustia" (y también "Baleia," cuento que da origen -y se incorpora- a Vidas Secas). Años después publicaría su libro "Memorias de la Cárcel", en recuerdo de sus días en prisión (Nelson Pereira dos Santos, director de "Vidas Secas", también llevaría al cine este libro. El conocido director Leon Hirszman, mientras tanto, filmaría otro de sus libros: Sao Bernardo). En 1940 ingresaría en el Partido Comunista de Brasil, y militaría junto con el extraordinario líder Luis Carlos Prestes. Moriría en Río, en 1953.

(escribió: “Qualquer romance é social. Mesmo a literatura ‘torre de marfim’ é trabalho social, porque só o fato de procurar afastar os outros problemas é luta social”).

El libro "Vidas Secas" -considerado un clásico de la literatura brasileña- puede leerse, completo, acá
https://dynamicon.com.br/wp-content/uploads/2017/02/Vidas-secas-de-Graciliano-Ramos.pdf

La versión en filme, acá:

12 ene. 2020

Jueces europeos marchan por los de Polonia

Jueces de toda Europa marchan en Polonia en apoyo a la justicia polaca

theguardian.com/world/2020/jan/12/poland-march-judges-europe-protest-lawyers?fbclid=IwAR1YvNPEgqiZDkXm-vRQZbr4wQglkDK0IXqn36tVehOTOW5jK4RdbA21Ta4

"In December, the Polish supreme court, which is still independent, ruled that the KRS (Consejo de la Magistratura polaco) and the new disciplinary chamber were unlawfully constituted. The government responded with legislation making it illegal for any Polish judge to question the legality of its appointments – in effect, to ban Polish judges from complying with a ruling issued by their own supreme court."

7 ene. 2020

11 películas que no me gustaron (2019)

Aunque a la mayor parte de la crítica sí
Ya sea por los niveles de violencia gratuita, ya sea por los clisés que incluían, ya sea por lo aburridas


Once upon a time in Hollywood (Tarantino)
Parasite (Bong Joon Ho)
Dolor y gloria (Almodóvar)
I lost my body (Clapin)
If Beale Street could Talk (Jenkins)
The Lighthouse (Eggers)
Atlantics (Diop)
Climax (Noé)
Rocketman (Fletcher)
Bacurau (Filho)
Transit (Petzold)

La cooptación

https://www.lanacion.com.ar/politica/claudio-lozano-criticas-al-kirchnerismo-nisman-al-nid2321497

Desde la época de Alfonsín que no había tantos representantes del pensamiento político crítico sumados a un gobierno. La gran diferencia es que, en este caso, lxs convocadxs no lo son para ocupar lugares en donde puedan potenciar sus conocimientos, explotar sus saberes, sino que parecen serlo para "sacarlos del juego" (el caso de Pino S. -electo como diputado, exclusivamente, como representante de un pensamiento ecologista/antiminero, y confinado a la Unesco). Lamento decirlo, pero buenos sueldos para reforzar el silencio, no parece haber otra cosa.

5 ene. 2020

Chicago Boys

Desde "La Batalla de Chile" y "Salvador Allende" que no me impactaba tanto una película política chilena. Qué extremo que es Chile! Shockeante

"Una total revelación fue este documental que desentraña la generación de economistas que estudió en la Escuela de Economía de la Universidad de Chicago y que luego instaló, en plena dictadura y sin ningún contrapeso, el sistema neoliberal que estudiaron. Pero más allá de lo didáctico e instructivo que es, lo más impactante del documental es cómo logra que sus protagonistas hablen desenfadadamente de lo que hicieron y del país que creen que construyeron: uno tan sólido y resplandeciente como las torres de Sanhattan, desconociendo las desigualdades y las arbitrariedades de un sistema económico que le ha puesto precio prácticamente a todo, donde los que ganan siempre son los que más tienen y que no perdona a quien no puedo pagar por vivir dignamente. Online on demand, gracias a sus realizadores, Carola Fuentes y Rafael Valdeavellano."

(se puede ver -pagando- por acá https://vimeo.com/ondemand/chicagoboysenglish)