30 abr. 2019

Maduro: el ejército contra el pueblo

Va a caer
La dictadura va a caer

29 abr. 2019

Más allá de las elecciones periódicas



(Publicado hoy en Clarín/https://www.pressreader.com/argentina/clarin/20190429/281943134300369 )

En las conclusiones de su último libro (Por qué tomarse la molestia de hacer elecciones?), el gran cientista político polaco Adam Przeworski –visitante frecuente de nuestro país- sostiene lo siguiente: “los gobiernos pueden perseguir muchas políticas diferentes, pero los ciudadanos sólo tienen un instrumento para controlarlos: el voto…Al final de cuentas, el voto no puede –ni en su función prospectiva, ni en su función retrospectiva- asegurar que los gobiernos se vean inducidos a promover el interés ciudadano”

La observación de Przeworski es muy relevante, entre otras cosas, porque revela de qué modo nuestras democracias han ido perdiendo espesor y sentido. Sin necesidad de idealizar los tiempos pasados, que no fueron ideales, sí puede decirse que, desde los orígenes mismos del constitucionalismo, la democracia recibió un significado muy diferente al que le asignamos nosotros. Tal vez la diferencia más importante entre el pasado y nuestros tiempos sea la siguiente: en sus orígenes, la idea de democracia no comenzaba ni mucho menos terminaba con el mecanismo de las “elecciones periódicas.” Las elecciones periódicas (práctica con la que hoy, lamentablemente, se identifica a la democracia) representaban apenas una mínima porción de los requerimientos del “autogobierno colectivo”. Sin pretensiones de exhaustividad (ni asumiendo de modo alguno que las demandas de hace dos siglos atrás deban ser consideradas las demandas de hoy), mencionaría a algunas de las herramientas en las que se pensara entonces para tornar posible el autogobierno: “instrucciones” obligatorias a los representantes; revocatoria de cargos; mandatos anuales; rotación obligatoria; “asambleas municipales” o “town meetings”; jurados para cuestiones constitucionales; etc. 

Más todavía: muchos de nuestros antecesores asumían que ninguna de estas herramientas institucionales tenía sentido sin precondiciones morales y económicas adicionales. Para no abundar demasiado, señalaría simplemente que nuestros antecesores “republicanos” tomaban como prerrequisito para el funcionamiento de todo el andamiaje institucional al “cultivo de la virtud cívica”, asumiendo que sin ciertas cualidades morales (sin la disposición a comprometerse con los asuntos públicos) ningún sistema republicano podía sostenerse. Notablemente, ellos no pensaron, ingenuamente, que la “virtud ciudadana” se alcanzaba simplemente invocándola, o levantando el índice acusador contra los “poco comprometidos políticamente”. La virtud cívica requería a su vez de otras condiciones “materiales”, que incluían cierta igualdad básica en la distribución de los recursos económicos. En síntesis, no se entendía entonces a la “democracia” como sinónimo de “elecciones periódicas.” Las elecciones periódicas representaban sólo una parte muy pequeña de todos los requerimientos morales, económicos e institucionales propios de un sistema democrático orientado a hacer posible el “autogobierno” o una “deliberación inclusiva”.

Dos grandes “lecciones”  se derivan de la breve historia anterior. La primera nos dice que las elecciones periódicas hoy portan sobre sus espaldas una carga imposible de sobrellevar. Dicha “carga” –la de expresar y ayudar a consagrar la voluntad ciudadana- antes se repartía entre instituciones y prácticas diversas, lo cual tornaba al “autogobierno” más asequible, y a la vez daba mayor sentido a las elecciones. Antes se trataba de votar, pero también de intervenir en las asambleas barriales; de utilizar las palancas disponibles del control sobre el poder; y de participar en la decisión de asuntos públicos sobre los cuales los ciudadanos tenían la oportunidad de intervenir. Hoy sólo nos queda el voto. Por tanto – como nos señalara Przeworski- terminamos inevitablemente desencantados con el valor del “voto periódico”: él no nos asegura –ni podrá asegurarnos nunca- todo lo que pretendemos de él. O, para decirlo de otro modo: antes se pretendía vincular a ciudadanos y representantes a través de una multiplicidad de “puentes” que, con el paso del tiempo, resultaron “incendiados” o “tirados abajo.” Hoy nos queda un “único” puente institucional para transitar, y el mismo implica votar de vez en cuando. 

La segunda “lección” que mencionaría es la siguiente: cuando hoy se nos propone “revivir” a nuestras alicaídas democracias, se suele oscilar entre propuestas destinadas al fracaso (típicamente, “revitalizar los partidos políticos”); y propuestas tan absurdas como inaceptables, siendo la más común de todas ellas la de convocar a más elecciones o “consultas populares.” Este tipo de propuestas (que no por nada suelen entusiasmar, más que a nadie, a quienes están en el poder y deciden cómo organizarlas) implican, como ahora sabemos, volver a tocar siempre la misma cuerda. La historia, sin embargo, nos enseñó otra cosa: las elecciones constituyen una condición necesaria pero muy insuficiente para el robustecimiento del diálogo democrático. Porque queremos más democracia, necesitamos ir más allá de las elecciones.





27 abr. 2019

Manifiesto, de Lemebel

Qué tremendo texto de Pedro Lemebel (1952-2015)

Manifiesto (Hablo por mi diferencia)

No soy Pasolini pidiendo explicaciones
No soy Ginsberg expulsado de Cuba
No soy un marica disfrazado de poeta
No necesito disfraz
Aquí está mi cara
Hablo por mi diferencia
Defiendo lo que soy
Y no soy tan raro
Me apesta la injusticia
Y sospecho de esta cueca democrática
Pero no me hable del proletariado
Porque ser pobre y maricón es peor
Hay que ser ácido para soportarlo
Es darle un rodeo a los machitos de la esquina
Es un padre que te odia
Porque al hijo se le dobla la patita
Es tener una madre de manos tajeadas por el cloro
Envejecidas de limpieza
Acunándote de enfermo
Por malas costumbres
Por mala suerte
Como la dictadura
Peor que la dictadura
Porque la dictadura pasa
Y viene la democracia
Y detrasito el socialismo
¿Y entonces?
¿Qué harán con nosotros compañero?
¿Nos amarrarán de las trenzas en fardos
con destino a un sidario cubano?
Nos meterán en algún tren de ninguna parte
Como en el barco del general Ibáñez
Donde aprendimos a nadar
Pero ninguno llegó a la costa
Por eso Valparaíso apagó sus luces rojas
Por eso las casas de caramba
Le brindaron una lágrima negra
A los colizas comidos por las jaibas
Ese año que la Comisión de Derechos Humanos
no recuerda
Por eso compañero le pregunto
¿Existe aún el tren siberiano
de la propaganda reaccionaria?
Ese tren que pasa por sus pupilas
Cuando mi voz se pone demasiado dulce
¿Y usted?
¿Qué hará con ese recuerdo de niños
Pajeándonos y otras cosas
En las vacaciones de Cartagena?
¿El futuro será en blanco y negro?
¿El tiempo en noche y día laboral
sin ambigüedades?
¿No habrá un maricón en alguna esquina
desequilibrando el futuro de su hombre nuevo?
¿Van a dejarnos bordar de pájaros
las banderas de la patria libre?
El fusil se lo dejo a usted
Que tiene la sangre fría
Y no es miedo
El miedo se me fue pasando
De atajar cuchillos
En los sótanos sexuales donde anduve
Y no se sienta agredido
Si le hablo de estas cosas
Y le miro el bulto
No soy hipócrita
¿Acaso las tetas de una mujer
no lo hacen bajar la vista?
¿No cree usted
que solos en la sierra
algo se nos iba a ocurrir?
Aunque después me odie
Por corromper su moral revolucionaria
¿Tiene miedo que se homosexualice la vida?
Y no hablo de meterlo y sacarlo
Y sacarlo y meterlo solamente
Hablo de ternura compañero
Usted no sabe
Cómo cuesta encontrar el amor
En estas condiciones
Usted no sabe
Qué es cargar con esta lepra
La gente guarda las distancias
La gente comprende y dice:
Es marica pero escribe bien
Es marica pero es buen amigo
Súper-buena-onda
Yo no soy buena onda
Yo acepto al mundo
Sin pedirle esa buena onda
Pero igual se ríen
Tengo cicatrices de risas en la espalda
Usted cree que pienso con el poto
Y que al primer parrillazo de la CNI
Lo iba a soltar todo
No sabe que la hombría
Nunca la aprendí en los cuarteles
Mi hombría me la enseñó la noche
Detrás de un poste
Esa hombría de la que usted se jacta
Se la metieron en el regimiento
Un milico asesino
De esos que aún están en el poder
Mi hombría no la recibí del partido
Porque me rechazaron con risitas
Muchas veces
Mi hombría la aprendí participando
En la dura de esos años
Y se rieron de mi voz amariconada
Gritando: Y va a caer, y va a caer
Y aunque usted grita como hombre
No ha conseguido que se vaya
Mi hombría fue la mordaza
No fue ir al estadio
Y agarrarme a combos por el Colo Colo
El fútbol es otra homosexualidad tapada
Como el box, la política y el vino
Mi hombría fue morderme las burlas
Comer rabia para no matar a todo el mundo
Mi hombría es aceptarme diferente
Ser cobarde es mucho más duro
Yo no pongo la otra mejilla
Pongo el culo compañero
Y ésa es mi venganza
Mi hombría espera paciente
Que los machos se hagan viejos
Porque a esta altura del partido
La izquierda tranza su culo lacio
En el parlamento
Mi hombría fue difícil
Por eso a este tren no me subo
Sin saber dónde va
Yo no voy a cambiar por el marxismo
Que me rechazó tantas veces
No necesito cambiar
Soy más subversivo que usted
No voy a cambiar solamente
Porque los pobres y los ricos
A otro perro con ese hueso
Tampoco porque el capitalismo es injusto
En Nueva York los maricas se besan en la calle
Pero esa parte se la dejo a usted
Que tanto le interesa
Que la revolución no se pudra del todo
A usted le doy este mensaje
Y no es por mí
Yo estoy viejo
Y su utopía es para las generaciones futuras
Hay tantos niños que van a nacer
Con una alíta rota
Y yo quiero que vuelen compañero
Que su revolución
Les dé un pedazo de cielo rojo
Para que puedan volar.

24 abr. 2019

Se viene el Seminario: los temas


Se viene el Seminario de Teoría Constitucional y Filosofía Política. Miércoles de 1530 a 1830, Facultad de derecho UBA, Mayo y Junio, inscripción libre. Van los temas

SEMINARIO DE TEORIA CONSTITUCIONAL Y FILOSOFIA POLITICA



Temas

Teoría democrática: De la democracia pluralista a la democracia deliberativa.

Teorías de la interpretación constitucional

Control de constitucionalidad para democracias fallidas

Feminismo jurídico y el caso del aborto.

Liberalismo vs. Comunitarismo: debate (in)acabado?

Viejos y nuevos feminismos.

Constitucionalismo latinoamericano: Constitucionalismo abusivo?

Las nuevas experiencias de deliberación inclusiva


En Valpo

Gracias a los amigos trasandinos! En la imprenta de la Universidad, con don Atria, Christian Viera y Jaime Bassa. En Valparaíso (según J.Sabina, me dicen, "repugnantemente poética")

19 abr. 2019

La “pedagogía de la crueldad” a través del cine




Explicando la noción de “pedagogía de la crueldad”, la notable antropóloga Rita Segato recurrió alguna vez al recuerdo de un viejo film, La Naranja Mecánica, de Stanley Kubrick. Recordaba Segato, por un lado, el escándalo generado en su momento por la película, debido a los altos niveles de crueldad que mostraba; y por otro, el modo en que, tiempo después, las mismas escenas del film eran miradas en clave de comedia. Primeras notas de su diagnóstico: el paulatino “endurecimiento de nuestra piel”; el deterioro de todo sentido de comunidad; nuestra “dificultad para empatizar con el otro”; la creciente falta de cuidado y respeto hacia los demás. En lo que sigue, quisiera reforzar el enfoque de Segato desde una mirada, si se quiere, más sociológica, y apoyado en tres filmes recientes que, a la distancia, están en diálogo con el de Kubrick. Las tres películas que escojo formaron parte de la reciente edición del Festival de Cine Independiente, BAFICI 2019, que tiene la virtud de acercarnos un panorama de lo que el cine mundial está produciendo en la actualidad (además de ofrecernos una idea de lo que los curadores locales seleccionan como más destacado dentro de esa escena internacional). Dos de las películas a las que voy a referirme participaron y fueron premiadas en la Competencia Internacional del Festival: Monos, de Alejandro Landes; y Ray & Liz, de Richard Billingham; mientas que la tercera fue incluida, curiosamente, en la sección “Comedias”: Volcano, de Roman Bondarchuk. Las tres obras nos hablan de tres contextos muy diferentes: la primera, de la guerrilla colombiana; la segunda, de la Inglaterra que dejó el Thatcherismo; y la tercera, de Ucrania, luego del colapso de la Unión Soviética. Las tres películas muestran, sin embargo, una marcada nota en común: la crueldad. Esa común y grave nota de la crueldad (que, en filmes como los mencionados aparece en grados de radicalidad diferente, relacionados con esos tres contextos muy diversos entre sí), puede reconocerse también, obviamente, en algunas de las películas más paradigmáticas del reciente cine argentino: en algunos episodios de la exitosísima Relatos Salvajes, o en el film que aparece en cierto modo como secuela del anterior, 4 x 4, por citar dos ejemplos destacados. De eso me interesa hablar, finalmente: de esos retratos de nuestro tiempo que dan cuenta de un cierto tipo de degradación en los vínculos personales y sociales, en línea con, pero de modo muy diferente a, pinturas tan radicales y lúcidas como las que La Naranja Mecánica pudo mostrarnos décadas atrás.

Si las tres citadas películas del BAFICI nos dicen algo sobre el estado actual del mundo, algo de lo que nos dicen es que, dejados a su suerte, los individuos desarrollan comportamientos que no se caracterizan por el afecto, la relación y el cuidado de los demás, sino más bien por rasgos opuestos, esto es decir, por la opresión, el sometimiento, la brutalidad más extrema. Tomando términos de Segato, diría que el modelo que emerge como predominante cuando los individuos resultan “librados a su suerte”, no es el de la comunidad, es decir un modelo basado en los vínculos con los demás y la empatía hacia los otros, sino el del individualismo, la cosificación y la des-personalización del otro –finalmente, el modelo de la crueldad, que los medios culturales ayudan a “espectaculizar” y “banalizar,” hasta lograr que perdamos toda piedad o voluntad de acercamiento hacia sus principales víctimas.

En Monos, nos encontramos con una célula guerrillera autonomizada, cuyos integrantes, organizados jerárquicamente, se maltratan -de arriba hacia abajo, y entre pares- y en particular se ensañan contra la mujer extranjera a quien mantienen secuestrada. Ni la ideología ni los ideales llevan a esos guerrilleros a otra parte que a la agresión extrema: los entrenamientos son salvajes, y los vínculos habituales –el trato de unos a otros- de humillación mutua. En Ray & Liz, mientras tanto, el director presenta un retrato trágico de su propia familia. Allí vemos a un núcleo familiar marginal, que vive en la degradación post-thatcherista: todos abandonados por el Estado, que ya no es de bienestar sino de malestar, en un suburbio de West Midlands. Otra vez, la regla es el maltrato, en particular hacia los más débiles: contra el menor de la familia, Jason, que vive olvidado por sus padres (Ray y Liz); y sobre todo contra Lol, hermano de Ray, que muestra problemas mentales, y es agredido salvajemente por todos, y sobre todo por Will, un inquilino sicópata. Finalmente, en Volcano, nos encontramos con Lukas, un funcionario que por circunstancias desafortunadas queda girando sin rumbo fijo en un poblado perdido de la Ucrania post-soviética. Se trata de una sociedad que parece vivir en la anarquía, en una situación en donde cualquier tropelía puede darse sin necesidad de explicación alguna: el protagonista es golpeado brutalmente y luego arrojado a un foso, sin razón alguna, por dos soldados que sólo lo ven pasar; habitantes del pueblo vecino, por la noche, y sin motivos, arrasan con los pobladores locales, “porque sí,” sin que medie justificación que haga comprensible de alguna forma los excesos.

Para analizar estos tres retratos de nuestro tiempo dejaría de lado, ante todo, cualquier referencia a la “naturaleza humana.” Los dramas del caso no vienen a decirnos que el hombre, librado a su suerte, muestra crudamente su “naturaleza mala.” En verdad, las películas en cuestión ni confirman la hobbesiana idea del “hombre como lobo del hombre,” ni rechazan lo rousseauniana enseñanza del Emilio, sobre el hombre por naturaleza “bueno.” Más bien, lo que se advierte en todos los casos es justamente la educación a través de una práctica, que no es la del vacío propio del “estado de naturaleza,” sino la propia de una sociedad definida por la desigualdad. Se trata de una práctica enmarcada en una estructura económica cuyos agentes, con el paso del tiempo, aprendieron a eludir o a destruir toda regulación política destinada a fijarles límites. En ese contexto, lo que terminó por quedar de pie fue un sistema basado en el arrebato o la compra a precio vil de todo lo imaginable. Las relaciones sociales, como era esperable, terminaron por ajustarse a esa práctica basada en el desplazamiento de las reglas: ellas también comenzaron a funcionar entonces bajo la lógica de la imposición y el arrebato. No extraña entonces que, en escenarios semejantes, las relaciones sociales se hayan descompuesto del modo en que lo han hecho; o que comiencen a resultar imaginables vinculaciones personales pútridas como las que los citados filmes en sus ficciones retratan.

Dicho lo anterior, es importante subrayar por qué los comportamientos retratados por tales filmes –tan radicalmente cruentos- resultan, en buena medida, contemporáneos. En otros términos, importa subrayar por qué tales películas son tan significativamente diferentes de La Naranja Mecánica, que supo exhibir formas de la crueldad que hoy ya no parecen de nuestro tiempo.

En primer lugar, diría que todos los “excesos” que presentan los tres filmes citados no son exclusivos pero sí típicos de escenarios como los que se abrieron con el desmantelamiento del viejo Estado (más) intervencionista, desde los años 80. De modos diversos, los tres países referidos (Inglaterra, Colombia, la Unión Soviética) atravesaron cambios profundísimos en cuanto a la organización del Estado central: los tres casos ilustran bien la gravedad e implicaciones posibles del súbito desmoronamiento estatal –o su retiro de donde se suponía que estaba o debía estar. En los tres casos, destaca no sólo el “abandono” al que se “condena” a individuos o grupos que antes, de algún modo, aparecían socialmente contenidos o protegidos, sino también la ausencia de las seguridades y protecciones sociales que prometía asegurar el Estado regulador. En todos los filmes, los protagonistas quedan entonces “librados a su suerte”, a merced de los más poderosos, desamparados.

En segundo lugar, destacaría también que tales comportamientos de “sujetos librados a su suerte”, abandonados por el Estado, no se dan en un “estado de naturaleza” de relativa igualdad, sino en un “estado de cosas construido”, caracterizado por una marcada desigualdad estructural. De allí que esos “sujetos dejados al azar” se motiven y actúen del modo en que lo hacen: sabiendo que “ganar” (como jefe narco; como gran empresario; como nuevo “jerarca”) puede significar ganarlo todo; y “perder” (como “desplazado”; desempleado; nuevo marginado), perderlo todo. De allí también la violencia, o la radicalidad de las nuevas prácticas. En Volcano, el protagonista Lukas se encuentra con Vova, quien le confiesa que, luego del derrumbe de la Unión Soviética, los empresarios pesqueros para los que trabajaba “lo arrebataron todo”. Ellos le dejaron a él, como única compensación, cantidades de pegamento –un producto sin valor alguno en el mercado económico. El arrebato de los otros aparece entonces como la contracara de la ruina propia, a la que se llega sin red de contención estatal alguna: el desamparo completo.

En tercer lugar, ejemplos como los mencionados nos hablan de una trágica “ausencia de límites”. Ante todo, la falta de límites estatales no es reemplazada en ningún caso por quien antes lo hacía: la religión. Los hechos dramáticos de que nos hablan los tres filmes se producen en “contextos sin Dios”. En otros términos, la restricción religiosa en ninguno de los casos tiene el mínimo efecto: no existe. No hay en los protagonistas de las películas citadas –como supo haberlas- culpas posibles, porque no hay admoniciones ni sanciones divinas que temer. No se encuentran, en tal sentido, los remordimientos propios de los viejos tiempos, ni la necesidad de buscar justificaciones evangélicas para las propias conductas (recordemos la necesidad que tuvo la propia dictadura argentina, de contar con sus armas y acciones bendecidas por la Iglesia). Ahora la actuación personal puede resultar cruenta, pero ninguno siente la necesidad de rendir cuenta a algún Dios por sus acciones. Así nos encontramos con el “porque sí” al que me refería en relación con el film Volcano (las agresiones más salvajes, de unos a otros, se daban entonces, simplemente, “porque sí”); o, de modo todavía más explícito, en Ray & Liz. Aquí, el sicópata Will le obliga a repetir a Lol, un sujeto con problemas mentales, insultos hacia Dios, que Lol se niega a repetir hasta que, pasado de alcohol, termina haciéndolo, hasta gritar feliz, liberado: ha muerto Dios, y por tanto no hay límites.

En sentido similar, en los tres ejemplos opera también la falta de límites morales –límites como los que supieron establecer las estructuras patriarcales tradicionales, que hasta hace poco constituían el paradigma dominante en materia de relaciones familiares. Dichos entornos familiares -machistas habitualmente, conservadores de modo común, violentos a veces- generaban comportamientos de “doble moral”, basados en la condena explícita de ciertas conductas –agresiones intrafamiliares, típicamente- que eran debidamente ocultadas, a la vez que reconocidas en público como inaceptables. Tal situación suponía en todo caso la condena de lo que hoy se trivializa: hoy no se advierten patrones morales que, aún de modo cuestionable o imperfecto, permitan trazar la frontera de lo que no puede permitirse, de lo que –al menos en las formas- debe quedar claramente afuera. En Monos, en principio, las pautas generales las fija un instructor militar enloquecido, cuyas reglas se parecen a las que pudo establecer un comando autónomo de la dictadura argentina: tales reglas podían incluir la delación mutua; la tortura a los desobedientes; la vigilancia opresiva de unos sobre otros. De allí también que la ausencia o súbita ruptura de ese nexo entre la célula autónoma y el comando central no produzca la emergencia de comportamientos de cuidado o protección mutua, sino en cambio la radicalización de los rasgos más demenciales de la estructura anterior.

En definitiva, estos retratos del estado del mundo de hoy nos ayudan a entender mejor el cuadro de las relaciones interpersonales de nuestro tiempo. Obras como las citadas nos hablan de pautas de conducta brutales, tiempo atrás inesperadas. Películas contemporáneas como las revisadas (que pueden incluir, sin problemas, obras argentinas como Relatos Salvajes), nos muestran un desalentador panorama de las formas de la crueldad hoy vigentes en nuestra vida cotidiana: crueldad en las relaciones de pareja, en el mundo intra-familiar, entre miembros de la misma sociedad, entre integrantes de comunidades vecinas. Las formas de la crueldad que vemos hoy pueden ser herederas de las que mostraba, escandalosamente en su momento, La Naranja Mecánica. Sin embargo, las nuevas formas difieren de aquellas de un modo llamativo, al punto que La Naranja Mecánica pueda ser releída hoy, como decía Segato, en clave de comedia. Importa señalar, en todo caso, que hoy la crueldad no es diferente y más grave  que la que predominaba tiempo atrás, porque las formas viejas ya no son suficientes para erizarnos los pelos, o para hacer que hoy temblemos. Se trata, más bien, de que las condiciones sociales y materiales de hoy, alimentan otras relaciones sociales, autorizando, sino directamente exigiendo, otras modalidades, más crueles e impiadosas, en los vínculos interpersonales.

15 abr. 2019

SE VIENE EL SEMINARIO!!

* ENTRE MAYO Y JUNIO
* EN LA UBA-DERECHO
* TODOS LOS MIERCOLES
* DE 1530 A 1830
* YA VIENE EL PROGRAMA!!
* OYENTES INVITADOS

14 abr. 2019

140 directores del CONICET reclaman un plan de salvataje

Sobre y a partir de el último libro de Adam Przeworski

Publicado hoy en LN
https://www.lanacion.com.ar/opinion/instituciones-rigidas-vs-sociedad-en-movimiento-nid2237493


El nuevo libro de Adam Przeworski, Por qué tomarse la molestia de hacer elecciones? ofrece muchas de las virtudes que ya son propias de trabajos previos del autor. La obra está repleta de preguntas y observaciones lúcidas; que aparecen siempre apoyadas en citas entretenidas y datos empíricos sólidos. El resultado es un trabajo ameno e interesante, que puede leerse de corrido y relajadamente, o con lápiz y papel en mano. Otra vez: no se trata de un manual destinado a describir todo lo que existe en el área; ni de un conjunto de propuestas para el cambio institucional. Se trata de un trabajo de reflexión crítica, hecho por una persona a la vez curiosa y comprometida, que pretende entender el funcionamiento “real” del sistema de elecciones, antes que sugerir cómo cambiarlo. En su homenaje, quisiera subrayar tres problemas a los que apunta el libro, sugiriendo en cada caso preguntas o continuaciones posibles.

Las elecciones como modo de procesar conflictos y prevenir la violencia. Przeworski considera que la principal virtud del sistema electoral es su demostrada capacidad  para “procesar con relativa libertad y paz civil los conflictos que surgen en la sociedad.” La constatación es importante y sirve para precisar nuestras críticas al modelo institucional vigente. Subrayaría entonces que la virtud señalada -“canalizar la guerra civil”- resulta la contracara de uno de sus obvios defectos: su incapacidad para “promover el diálogo”. Se trata de un problema serio para quienes valoramos la “deliberación democrática”: todos los mecanismos e incentivos que ofrece el sistema operan en dirección contraria al diálogo. Lo que tenemos es un conjunto de “herramientas defensivas” que, como dijera James Madison, permiten “disparar” ante el “ataque seguro de los demás” (i.e., el veto presidencial; el control de constitucionalidad; el juicio político.). Necesitamos preguntarnos, por lo tanto: qué cambios institucionales se requieren para favorecer la conversación político-social?

Por qué los pobres no expropian a los ricos? Uno de los interrogantes más dramáticos que plantea el sistema de elecciones es el siguiente: Cómo se explica que, siendo los pobres habitualmente la mayoría, no usen las elecciones para unirse, ganarlas, y expropiar a los ricos? Las respuestas posibles son muchas, y en ningún caso sencillas. Siguiendo al autor, diría que: i) nuestro sistema institucional nació como un pacto entre elites poco sensibles a lo que hoy denominamos democracia (su primera preocupación era la de “filtrar y refinar la voz del pueblo”); ii) luego de más de 200 años de constitucionalismo, hemos demostrado poca imaginación institucional, y mantenemos básicamente intocada la organización del poder entonces diseñada (en mis términos, mantuvimos indemne la “sala de máquinas” de la Constitución); por lo cual iii) hoy afrontamos un duro contraste entre nuestras -cada vez más amplias- demandas democráticas, y nuestras –cada vez más estrechas- posibilidades institucionales. De allí el ciclo de “esperanza y decepción” permanente al que se refiere el autor, y de allí también la urgencia de emprender cambios institucionales capaces de expandir nuestra, hoy muy limitada, capacidad de “decisión y control” políticos.

Democracia, derechos y extorsión. Finalmente, quisiera hacer referencia a otro problema señalado por Przeworski, y que refiere a las dificultades que muestra la ciudadanía para distinguir entre, por un lado, políticas que parecen contribuir a su bienestar inmediato y, por otro, medidas dirigidas a socavar a la democracia en el largo plazo. La pregunta es: cómo alentar unas medidas y desalentar las otras, cuando contamos con un solo voto? La cuestión nos invita a pensar críticamente, otra vez, sobre los arreglos institucionales de que disponemos. Ellos nos ofrecen elecciones “a libro cerrado”; nos obligan a elecciones del tipo “todo o nada;” nos dejan sin posibilidad de establecer matices. Caemos víctimas, entonces, de extorsiones indebidas, que nos fuerzan a optar por un bien (“más derechos”), a cambio de políticas que no queremos (“re-elección”). Luego, para peor, se nos culpabiliza por nuestras “elecciones equivocadas.” Conviene, entonces, dejar en claro la cuestión en juego: enfrentamos no tanto el problema de una ciudadanía que no sabe elegir, sino el de un sistema institucional que no nos permite actuar como soberanos, discerniendo entre lo que reclamamos con convicción, y lo que rechazamos con igual énfasis.


11 abr. 2019

Hacia un sistema de "deliberación inclusiva"



Publicado hoy en LN
https://www.lanacion.com.ar/opinion/lore-con-verit-ip-erciphacia-un-sistema-de-deliberacion-inclusiva-nid2237089

Para quienes pensamos a la democracia como un “proceso de discusión inclusiva”, muchas de las iniciativas de reforma llevadas a cabo en América Latina, en las últimas décadas, resultaron decepcionantes. Me refiero, en particular pero no exclusivamente, al así llamado “Nuevo Constitucionalismo Latinoamericano”, que abarca a muchas de las importantes reformas constitucionales impulsadas en la región, desde finales del siglo XX a la actualidad: Colombia en 1991, Argentina en 1994, Venezuela 1999, Ecuador 1998, Bolivia 1999, entre otras. Todas estas reformas constitucionales vinieron acompañadas de ciertos cambios que llamaron la atención de la comunidad política y académica internacional: nuevos derechos ciudadanos; compromisos renovados con los derechos humanos; multiplicidad de iniciativas para la participación popular; etc. Más todavía, algunos de tales procesos reformistas se iniciaron con Asambleas Constituyentes que permitieron la participación de grupos tradicionalmente excluidos (típicamente, grupos indígenas). En los casos más notables, como los de Venezuela, Ecuador y Bolivia, las reformas constitucionales terminaron además con consultas populares destinadas a plebiscitar lo ya aprobado en la Asamblea. Todas estas novedades generaron excitación y entusiasmo: por fin la política con mayúsculas –la política constitucional- se mostraba sensible a los reclamos participativos de la ciudadanía. La primera impresión resultaba fascinante: participación popular todo a lo largo -antes, durante y después del proceso constituyente. 

Lo cierto es que, a pesar lo atractivo de esos fuegos artificiales, muchos nos acercamos a tales procesos con una mueca de dolor o de desconfianza: no porque se trataba de procedimientos demasiado participativos, sino por lo contrario, esto es, porque encontrábamos a estos procesos demasiado poco participativos. Peor aún, en muchos casos, lo que emergía era sólo una ficción de participación, destinada exclusivamente a reforzar los poderes del poder de turno: movilización popular sin posibilidad de decisión alguna; participación popular sin deliberación; aclamación ciudadana de lo que ya el poder había decidido de antemano.

Nuestras quejas se concentraron entonces en dos puntos específicos: la falta de “inclusión” y la falta de “deliberación” de dichos procesos. En primer lugar, y en cuanto a la “inclusión”, criticamos el hecho de que los extraordinarios cambios que se introducían en el área de los “derechos constitucionales”, no venían acompañados de cambios acordes en materia de organización del poder: la “sala de máquinas” de la Constitución permanecía siempre cerrada, inaccesible para el ciudadano común. El resultado de dicha maniobra fue la creación de Constituciones “generosas” o de vanguardia en materia de derechos, y “avaras” o reaccionarias en materia de distribución del poder. En otros términos: la “democratización” que se proclamaba a través de la consagración de nuevos derechos (derechos indígenas, de minorías, de mujeres), era contradicha por una organización del poder cada vez más concentrada en unos pocos: el viejo elitismo político, propio del siglo xix, permanecía intacto, sino reforzado. Los “nuevos” derechos quedaban atados entonces a la buena voluntad de los “viejos” dueños del poder.

Nuestra segunda crítica tenía que ver, mientras tanto, con la “deliberación”. Y es que la participación popular que se proclamaba en la teoría, no sólo aparecía socavada en la práctica; sino que además se llevaba a cabo, en el mejor de los casos, impidiendo cualquier intento genuino de discusión. Baste citar al respecto dos datos propios del proceso constituyente más interesante y heterodoxo de todos: el boliviano. Por un lado, la “participativa” Convención de Bolivia terminó funcionando a puertas cerradas, refugiada dentro de un cuartel militar. Por otro lado, el referéndum aprobatorio de dicha Constitución fue impermeable a todo proceso deliberativo. La ciudadanía se vio obligada, entonces, a votar “a libro cerrado,” por sí o por no, a una Constitución de 411 artículos. No hubo matices posibles: si uno quería nuevos derechos, debía aprobar también la reelección presidencial; si uno quería respaldar los mecanismos participativos, tenía que votar, también, por un extraño sistema federal. Se trata de lo que Rosalind Dixon denominó “nuevos derechos como extorsión”. 

Frente a este desolador panorama, de anuncios excitantes al servicio del poder concentrado, encontramos en los últimos años los destellos de algunas buenas noticias: un nuevo tipo de constitucionalismo directamente interesado en promover formas de “deliberación inclusiva”: Australia en 1998; la Columbia Británica y Ontario (ambos estados de Canadá), desde el 2005; Holanda en el 2006; Islandia en el 2009; Irlanda en el 2012 y 2016. Los procesos de reforma entonces iniciados vinieron, en buena medida, a corregir los defectos propios de la etapa (latinoamericana) anterior. Notablemente, y a la vez, cada una de las nuevas iniciativas citadas procuró mejorar los mecanismos propios de la iniciativa anterior. En un lapso tan breve como intenso pasamos de una Asamblea organizada, por primera vez, con una combinación de políticos profesionales y ciudadanos comunes (Australia 1998); a Asambleas deliberativas compuestas sólo por ciudadanos (“mini-públicos”), escogidos al azar; informados por la participación de expertos, y alimentados por las propuestas de otros ciudadanos enviando sus iniciativas por internet (“crowdsourced”), que concluían su trabajo (sólo ahora, luego de largos e intensos debates inclusivos) con procesos de ratificación popular (Irlanda 2012 y 2016, sendas Asambleas que terminaron, una con la aprobación del matrimonio igualitario, y la otra con la aprobación del aborto).  Hablamos de las novedades más interesantes aportadas por el constitucionalismo en los últimos doscientos años.

Las excusas del viejo poder concentrado ya pueden escucharse: En la Argentina no pueden adoptarse reformas como las recién sugeridas, porque “se trata de culturas muy diferentes”; “son casos propios de países con una ciudadanía educada”; “es que la Argentina no tiene nada que ver con ninguno de tales casos.” Tonterías. Los recientes debates sobre el matrimonio igualitario o el aborto, en nuestro país, ayudan a desmentir todo lo anterior: la ciudadanía se involucró en discusiones complejísimas, sobre los temas más divisivos de todos, en momentos difíciles y “agrietados”, y discutió sensata y animadamente, por encima de facciones partidarias, y dispuesta a matizar su posición. Absolutamente todo lo contrario de lo esperado. Los problemas, en todo caso, han sido otros: las resistencias del viejo poder institucional; el enquistamiento en el Congreso de agrupaciones feudales; la permanencia de jueces interesados en sus privilegios y desinteresados en el derecho; desigualdades estructurales que persisten. Quiero decir: contra lo esperado, la ciudadanía aparece dispuesta y preparada para el cambio. En cambio, son las instituciones y oligarquías tradicionales las que siguen mostrándose capacitadas y dispuestas para bloquearlo todo, o para distorsionar o quitarle todo sentido a cualquiera de las iniciativas de cambio que impulsemos.

10 abr. 2019

9 abr. 2019

Nuevo libro de Ezequiel Kostenwein


3 buenas en el Bafici

De Colombia -de Catalina Arroyabe Restrepo- Los días de la ballena, luz en medio de la oscuridad de Medellín

https://www.elcolombiano.com/cultura/los-dias-de-la-ballena-de-catalina-arroyave-estreno-en-el-ficci-cartagena-MB10333179

De nuestro premiado Santiago Loza, Breve historia del planeta verde, película amorosa, sobre el cuidado mutuo
(el premio: https://seminariogargarella.blogspot.com/2016/08/premio-seminario-en-teatro-santiago-loza.html)

Y también la pequeña, extraña y lista película MS Slavic, de Sofia Bohdanowicz y Deragh Campbell

Al fin!

Manolo Atienza: Entrevista

Buena entrevista a don Manolo, sobre su último libro, que presentará por la Argentina a fines de julio
https://eljuegodelacorte.nexos.com.mx/?p=7106

7 abr. 2019

BAFICI: Se equivocó la paloma

Qué manera de perder el rumbo el BAFICI (Festival de Cine Independiente de Buenos Aires)! Qué película inaugural penosa! Qué competencia internacional tan floja! Qué falta de perspectivas!  Qué es hoy, qué propone el Festival, adónde quiere ir? El problema de quedar en manos de una joven cinefilia excitada y confundida entre el populismo, lo exclusivo, lo excluyente, lo modernísimo: cualquiera. Independiente no tiene que ser, simplemente, sinónimo de no-comercial, o no producida por los grandes estudios. Independiente tiene que significar otra cosa: crítico, desafiante, innovador, contra-cultural, contra-corriente. Esto no.

De Rafael Alberti

Se equivoco la paloma
Se equivocaba
Por ir al norte fue al sur
Creyo que el trigo era agua
Se equivocaba
Creyo que el mar
era el cielo
se equivicaba
se equivocaba
se equivocaba
Que las estrellas rocio
que la calor la nevada
se equivocaba
se equivocaba
se equivocaba
Que tu falda era tu blusa
que tu corazón su casa
se equivocaba
se equivocaba
Ella se durmio
en la orilla
Tu en la cumbre
de una rama

5 abr. 2019

Becas Fulbright-Conicet

Por decimosegundo año consecutivo, Fulbright y Conicet ofrecerán becas para estadías de investigación en Estados Unidos, que beneficiarán a Investigadores de las categorías Asistente y Adjunto de Conicet.

La convocatoria estará abierta hasta el  17 de mayo de 2019. Se pueden encontrar las bases y condiciones en el siguiente enlace: https://bit.ly/19EGh1J

A presentarse!