28 sep. 2021

El debate con Ferrajoli sobre Democracia y Garantismo! (con descarga gratuita!)


 

Libro que recoge el debate que tuvimos con Luigi Ferrajoli sobre democracia y garantismo. Infinitas gracias a don Luigi, a Mica Alterio, y a la Suprema Corte de México. Bravo!!

Hoy presentamos la publicación sobre la primera sesión de la "Cátedra de Derechos Humanos: reflexiones contemporáneas sobre la persona y su sociedad".

Esta obra recoge las principales intervenciones de nuestros panelistas: @Rgargarella y Luigi Ferrajoli así como un texto introductorio a los temas debatidos en torno al deliberativismo y al garantismo, a cargo de @MicaelaAlterio

Asimismo, las y los lectores encontrarán una semblanza e introducción al pensamiento de Luigi Ferrajoli y @Rgargarell en formato de infografía.

En estas páginas, las personas podrán encontrar los principales postulados de dos teorías sobre los #DDHH cuyo impacto ha trascendido a las facultades de derecho, llegando también al interior de los órganos jurisdiccionales y legislativos en toda nuestra región.

¿Cuál es la relación de la judicatura con los #DDHH en una democracia? ¿Deben protegerse los derechos del control de las mayorías contingentes o, por el otro lado, deben formar parte de una conversación pública? ¿Qué tipo de límites imponen los derechos humanos a los parlamentos?

Con esta publicación, la @SCJN busca contribuir en la generación de debates relevantes sobre los grandes temas de derechos humanos y aportar un insumo para que el diálogo sobre las ideas discutidas en la Cátedra se mantenga vigente.

Libro azul

Descarga la obra en: 

https://www.scjn.gob.mx/derechos-humanos/sites/default/files/Publicaciones/archivos/2021-09/Catedra%20de%20DH_Digital.pdf

27 sep. 2021

El Estado frente a las comunidades indígenas

Publicado hoy en Clarín, escrito con la gran Silvina Ramírez, acá https://www.clarin.com/opinion/comunidades-indigenas_0_p-2G7qnKy.html






Quisiéramos examinar a continuación un tema que viene siendo objeto de creciente atención (y preocupación) en la discusión pública argentina: los derechos de propiedad comunitaria indígena. El debate sobre la cuestión se ha tornado crecientemente polémico, en los últimos tiempos, a partir de algunos casos resonantes señalados como de ocupación y toma de tierras. El origen de muchas de las actuales controversias se encuentra en una “ley de emergencia” (la 26.160, del 2006, y con un plazo de vigencia de 4 años) dirigida a responder a la situación de crisis territorial que padecen las comunidades indígenas en el país, y que no ha sido respetada por las propias instancias del Estado. La norma fue prorrogada ya en 3 oportunidades -la última en 2017, y vence en noviembre de este año.

Desde su dictado, la ley fue objeto de numerosas críticas, por las razones más diversas. Se dijo que la misma vino a consagrar una “emergencia permanente”; que ella promovió la usurpación de tierras; que el relevamiento territorial que la misma dispuso, dentro de todo el país (destinado a verificar las situaciones de reivindicación de derechos territoriales por parte de las comunidades indígenas) resultó muy controvertido; que, a través de sus disposiciones, la ley puso en jaque al derecho a la propiedad privada consagrado por la Constitución; que, de ese modo también, la ley contribuyó a exacerbar situaciones de inseguridad jurídica; que quienes dicen ser indígenas no son tales, etc. La conclusión de toda esta catarata de críticas es que el derecho creado -incierto, impreciso, injusto y en tensión con nuestras normas constitucionales- ha terminado por alentar algunas situaciones de violencia y de ocupación ilegal, como las que se han hecho públicas en tiempos recientes.

Reconocemos la existencia de un problema público relevante, y también de una situación que irrita a muchos y de la que debemos hacernos cargo colectivamente. Por eso mismo, y para continuar con la conversación sobre el tema, quisiéramos, en lo que sigue, agregar algunas precisiones al debate en curso.

En primer lugar, querríamos subrayar que lo que está en juego aquí es una cuestión que involucra a los derechos constitucionales de las comunidades indígenas, y no un tema que meramente resulte de la ambición, los caprichos, o las acciones prepotentes de tales  comunidades Estamos hablando, en efecto, de un tema respecto del cual el Estado argentino, como casi todos los países de la región, asumió un compromiso constitucional abierto y enfático, al menos, desde la aprobación de la Constitución de 1994. Se trata de una innovación que no resultó marginal, sino central, en la nueva Constitución (en particular, a través del art. 75, inc. 17); y que encuentra apoyo, asimismo, en los tratados internacionales que el país ha suscripto (i.e., el Convenio 169 de la OIT, art. 14 inc.2). A través de estas normas, y entre varias otras cuestiones, el Estado se comprometió a admitir la personería jurídica de las comunidades indígenas existentes; a reconocer “la posesión y propiedad comunitarias de las tierras que tradicionalmente ocupan;” y a “regular la entrega de otras aptas y suficientes para el desarrollo humano.” Insistimos, entonces: no se está debatiendo aquí en torno a los caprichos de un “grupo de violentos”, sino sobre una Constitución que ha asumido obligaciones explícitas, que hoy todavía incumple.

En segundo lugar, destacaríamos que la reivindicación que se hace del derecho a la propiedad privada reconocido por la Constitución de 1853 debe ir de la mano del cumplimiento de las garantías sociales incluidas en esa misma norma a mediados del siglo XX, y el respeto de los derechos a la propiedad comunitaria indígena incorporados a la Constitución Nacional en 1994. Tal como adelantamos, existe y está vigente en Argentina el derecho de las comunidades indígenas a gozar de sus territorios, lo que está contemplado en la Constitución e instrumentos jurídicos internacionales.  

Finalmente, señalaríamos que tampoco corresponde entender al problema, principalmente, como uno que tiene por causa las “acciones violentas” promovidas por comunidades indígenas, que terminan por destruir o poner en riesgo la flora y fauna de la región. Más bien, parece primar una situación contraria a la invocada. En efecto, más allá de que la violencia que existe es marginal y focalizada, sugeriríamos no perder de vista que normas constitucionales y convencionales como las arriba citadas reconocen y procuran reparar los graves abusos históricos (discriminaciones, muertes y usurpaciones de tierras) cometidos por el Estado, sobre comunidades que preexistían a él. Ello, sin entrar a considerar que, en la actualidad, si hay un riesgo impuesto sobre la fauna y flora patagónicas, el mismo emerge de las actividades extractivistas que legal o ilícitamente se vienen poniendo en marcha, desde hace años, con el aval estatal. Entiéndase bien: no decimos que las ofensas anteriores del Estado, o las faltas actualmente cometidas por empresas respaldadas por el Estado, justifican o minimizan acciones violentas como forma de respuesta. Decimos que aquellas gravísimas faltas históricas del Estado, con consecuencias injustas que se reproducen hoy, pueden y deben ser reparadas con el derecho en la mano, y tratando a sus principales víctimas -las comunidades preexistentes- con la debida consideración y respeto que se merecen.


Roberto Gargarella (Abogado y sociólogo, UBA/Di Tella) y Silvina Ramírez (Abogada especializada en derechos indígenas)



20 sep. 2021

Irracionalidad, retorno al pasado y disposición suicida

 



En lo personal, seguí los cambios en el gabinete de gobierno con angustia y espanto, pero la cuestión que interesa no es lo que alguien -como uno- sienta al respecto, sino lo que esos cambios pueden representar en esta época. Y sobre ello sí me interesaría decir algo: sobre los datos estructurales o más permanentes que revelan estas acciones espasmódicas y de coyuntura. Ante todo, mencionaría 3 datos, vinculados entre sí, que lo recién ocurrido revelarían o reafirmarían: la irracionalidad en el gobierno; la apuesta por revivir el pasado; y la disposición destructiva o suicida de la ex Presidenta y su círculo más estrecho (en particular, digamos por ahora, la Cámpora).

Sobre lo primero, la irracionalidad. Contra el (ya insostenible) mito de la infalibilidad, destreza o lucidez estratégica de la Vice Presidenta, lo que se vuelve a reconocer es el nivel de irracionalidad asombrosa que expresan sus decisiones más importantes -una irracionalidad que se verifica en la llamativa cantidad de derrotas sufridas por ella o sus “elegidos,” en las urnas, desde el 2007. La última y notable muestra de esa irracionalidad está en la respuesta política propuesta para responder a la derrota reciente: recurrir a los socialmente defenestrados Aníbal Fernández, Juan Manzur o Daniel Filmus -dirigentes hoy repudiados, por lo demás, aún por los movimientos propios “pro-derechos” (el feminismo gubernamental, los movimientos sociales aliados, etc.). Aquí es donde el rumbo ocasionalmente escogido toca una fibra estructural, y muestra el insólito -nunca antes visto- nivel de desconexión que existe entre dirigencia y ciudadanía (ello así, en parte, gracias a un sistema institucional derruido; y una profunda, injusta y desconocida desigualdad, que lo permea todo).

Sobre lo segundo, la apuesta por el pasado. El recurso a funcionarios “viejos” -miembros del “núcleo duro” del pasado kirchnerista- ofrece otra constante en el pensamiento de la ex Presidenta, y la Cámpora que la secunda: la apelación a lo antiguo, a lo que tal vez sirvió décadas atrás. Es el tipo de irracional atraso que ofreció en su momento el “morenismo económico”, durante el gobierno de la ex Presidenta, esto es, tratar de enderezar la economía volviendo al 45, buscando re-encauzar las variables económicas dentro de una historia (de la post-guerra) ya evanecida hace décadas, y hacerlo -contra la naturaleza y el tiempo- a los martillazos, o con una pistola sobre el escritorio. Ese estilo de reacción-reflejo que busca responder a problemas de hoy con soluciones de hace más de medio siglo (soluciones que, por tanto, inevitablemente fracasan) es sintomática. Sintomática de un país cuyo sistema educativo se estancó o murió, y que se expresa también, en estos tiempos -triste y lánguidamente- a través de un funcionariado de formación universitaria (Kicillof, Frederic) que muestra niveles de desactualización y torpeza que sorprenden.

Sobre lo tercero, la vocación destructiva o suicida de la ex Presidenta y su círculo. La “carta” de la actual Vice al país, o -mucho mejor- los audios de Fernanda Vallejos, expresan de un modo espectacular algunos rasgos temibles, y permanentes, propios de este núcleo dirigencial, en este tiempo. Se trata de expresiones de un radicalismo suicida, que en pos del propio interés (pongamos: reasumir al poder sin intermediaciones molestas) se muestra dispuesto a que todo estalle. Nada importa: “por mí, que se vaya el gobierno al…”, como expresó con brutal claridad Vallejos. La idea que ambas manifestaciones expresan es la de la vuelta al poder (córranse, así volvemos nosotros, porque ustedes son “inquilinos” “atornillados” en el poder), a cualquier costo -el estallido, el colapso que arrase con todo y con quien se interponga en el medio. Este rasgo suicida es, sin dudas, el más preocupante de entre los rasgos que hoy deja entrever la política, porque se trata del suicidio de quienes pilotean la nave común -talibanes de la Argentina hundida.

En este punto, otra vez, cuando removemos la hojarasca de las bravuconadas altisonantes, nos encontramos con una serie de promesas, sobre lo que viene, que dan miedo. Y es que la dinámica que se ha desatado, de enfrentamientos dentro del círculo estrecho del poder, se distingue -como dijera- por la irracionalidad que la mueve, las opciones fallidas que sistemáticamente escoge, y los costos trágicos que está dispuesta a hacernos pagar para afirmarse. La dinámica desatada augura tiempos trágicos sobre todos nosotros, porque se muestra insaciable -nada la conforma- y extrema -nada, dentro del círculo que decide, la contiene. Sus protagonistas sufrirán nuevas derrotas políticas en el corto plazo -de ello quedan pocas dudas- pero lo trágico es el camino, y allí, caminando, estamos todos, agobiados y golpeados.

 

 

16 sep. 2021

Pepe Mujica y el diálogo democrático



Pepe Mujica (más allá de lo que sabemos) en algunas cosas la acierta bien. Dijo de la crisis local: “La Argentina es maravillosa con los recursos que tiene, pero está desquiciada; el sistema político debe dialogar más y bajar los decibeles”.

“El sistema político debe discutir mucho más, no hay democracia sin diálogo, hay que conversar más, debe haber un programa mínimo de unidad nacional y después que hagan lo que quieran”, aseguró y destacó: “No se puede andar refundando el país cada dos o tres años”.

“Que se pasen un mes tomando mate y discutiendo, y después saquen una docena de cosas para el país”.

https://www.lanacion.com.ar/politica/jose-pepe-mujica-dijo-que-la-argentina-esta-desquiciada-y-le-dio-un-consejo-al-gobierno-en-medio-de-nid16092021/

(foto: danza entre lobos)

9 sep. 2021

Entrevista en La Izquierda Diario sobre el apoyo al Frente de Izquierda

 https://www.laizquierdadiario.com/spip.php?page=voice&id_article=207357


Entrevista sobre la degradación democrática

 https://www.clarin.com/politica/roberto-gargarella-clase-dirigente-siente-impune-_0_MaH9bORwR.html



El sociólogo y abogado constitucionalista Roberto Gargarella intenta evitar meterse en el barro de la política, pero no puede evitar su marcado escepticismo sobre el actual Gobierno, las instituciones del país y las modificaciones que pueden provocar las elecciones. "Hay un desencanto extraordinario de lo que está haciendo el Presidente y no hay una válvula de escape", asegura.


Gargarella escribió más de 20 libros. Es investigador principal del CONICET y profesor en la UBA y en la Universidad Torcuato Di Tella. En diálogo con Clarín, el discípulo de Carlos Nino remite a la impunidad que tiene la "clase dirigente", cuyo síntoma es el presidente Alberto Fernández y sus acciones al margen de la ley.


-¿Qué expectativas tiene con las próximas elecciones parlamentarias?


-El voto marca una tendencia muy general, con un valor limitadísimo, que nos sirve con brochazos gruesos para decir “por acá no”, “por allá sí”, pero que no nos permite matizar nada, ni agregar una palabra para darle contenido. Es triste porque después de cada elección se dice “otra vez los argentinos se equivocaron”, cuando no tenemos herramientas para hablar. Hago un llamado a la recuperación de la palabra política. Y esto requiere espacios, foros, audiencias, asambleas, una esfera pública más fuerte. Pero no depende del activismo y la motivación ciudadana, sino de herramientas institucionales que hoy no tenemos, porque hay un sistemas de frenos y contrapesos, que en el mejor de los casos sirvió hace más de dos siglos para canalizar la guerra civil institucionalmente, pero no sirve para el fin contrario, que es promover el diálogo, ayudar a la conversación pública.


-Usted usa habitualmente el concepto de la "extorsión electoral".


-La última elección argentina tuvo mucho que ver con eso, más allá de los convencidos que votaron a los que querían. Pero muchísimos otros, yo diría millones, querían cambiar el plan económico de Macri y se vieron constreñidos a votar al único partido que lo podía reemplazar, aun a sabiendas de que había muchos casos de corrupción gravísimos. Luego decimos "los argentinos votan corruptos". ¿Pero qué alternativa tenía el votante que quería cambiar el plan económico, sino era hacer ese voto horrendo? Y esa es la extorsión electoral. Tenemos un sistema que no nos permite expresarnos y muchas veces nos pone en esta situación de extorsión, en donde para apoyar lo que queremos, tenemos que votar lo que repudiamos.


-En esa crisis de representación surgen voces disruptivas, como Javier Milei, que algunos asimilan al fenómeno de Jair Bolsonaro. ¿Ve una posibilidad de salida por ese lado?


-Esas son manifestaciones patéticas del mismo problema. Cuando no hay posibilidad de articular una conversación, hay más golpes sobre la mesa. Como entendemos que el voto no está sirviendo para expresar nada, que después todo sigue igual, entonces mucha gente adopta expresiones extremas para ver si así se dan cuenta. "Quiero la persona que tire la bomba atómica, que sea capaz de romper el vidrio, de pegar el grito". Pero son expresiones de reconocimiento de que esto que tenemos no está sirviendo. Algunos recurren a los extremos, del estilo Bolsonaro, para que haga el ruido más fuerte, porque con la piedra que yo tengo en la mano no me sirve para que me entiendan. Es muy probable que surjan estos candidatos disruptivos, con los que alguna gente se entusiasma, pero esa no es la solución, es mucho peor de lo mismo. Esa no es la salida.


Roberto Gargarella, en su oficina de la Universidad Torcuato Di Tella. Foto Constanza Niscovolos.

Roberto Gargarella, en su oficina de la Universidad Torcuato Di Tella. Foto Constanza Niscovolos.


-¿Cómo analiza el Olivosgate, donde el Presidente dicta una norma de cuarentena estricta y luego la viola?


-Es una muestra la clase dirigente que está en el poder, que siente que es impune, desde la política, las empresas, la Justicia. Sienten que son diferentes, que pueden hacer lo que quieren y que nadie los va a controlar ni reprochar por eso. Cuando Yabrán dijo “tener poder es tener impunidad”, dijo algo importantísimo. Ese es el modo en que se siente la clase dirigente, claramente la clase política, los miembros de este gobierno. Sienten que pueden actuar sin estar atados a las limitaciones que le ponen a todos los demás. Yo no quiero poner el acento en esa fiesta, porque entiendo que hubo 40 fiestas de ese tipo y cientos de eventos, que son la naturalización de la impunidad. Lo han hecho explícito, incluso, con un carácter normativo. "Nosotros los de la clase dirigente no tenemos que estar atados a hacer cuarentena". Esa sensación de impunidad, que se consagre aún normativamente, es la muestra del problema estructural.


¿Cuál es el rol de Alberto Fernández en una situación donde se ve que está desdibujado el presidencialismo?


-El presidencialismo fuerte es parte del problema. Y alguien que ejerza mal su rol presidencial agrava el viejo problema. En todo caso, lo que diría del presidente actual, es que es un síntoma de la situación en la que estamos, porque -como solía ocurrir en los problemas generados por el presidencialismo, que Carlos Nino había estudiado muy bien en los años 80-, genera una dinámica de suma cero, en donde todo pasa por la disputa por el sillón presidencial. Cuando algo va mal en el único lugar que importa, todo se cae. Lo que estamos viendo ahora es ese fenómeno, en donde hay un desencanto extraordinario de lo que está haciendo el Presidente y no hay una válvula de escape.


-¿Cómo se pueden recuperar las expectativas de cambio?


-Hay que referirse a las extraordinarias limitaciones del sufragio. Se tuvo la ilusión de que uno, con un solo voto, iba a poder condenar a alguno de los representantes que no le gustaba y sacarlo; premiar a los que habían actuado bien, marcar para futuro una política que uno quería seguir; marcar hacia el pasado lo que a uno no le gustaba y evitar que se repita. Pero el voto es incapaz de hacer todo eso. Cuando se lo concibió, el voto venía acompañado de otros instrumentos, como revocatoria de mandatos, instrucciones, rotación, que eran una batería de herramientas. Hoy el voto quedó solo y hay una expectativa de que haga todo. No podemos darle esa responsabilidad al voto y luego señalar a la ciudadanía diciendo que ha votado mal, cuando no le hemos dado ninguna herramienta para que hable. Las herramientas que tenemos, típicamente el voto, no nos dan voz. Es como si tirásemos una piedra contra la pared.


-En algún momento se pensó que la Justicia iba a tener un rol más fuerte. Habían avanzado causas para combatir la corrupción. Pero hubo un parate en todo eso.


-Pertenecemos a la generación del Nunca Más y el Juicio a las Juntas. Y nacimos a la vida política con ese hecho extraordinario, que para muchos de nosotros fue el gran evento histórico en la Argentina del cual nos enorgullecemos, porque demostró que el derecho podía servir para poner en el banquillo de los acusados a los peores violadores de derechos. Pero lo que vimos, desde el Juicio de las Juntas a hoy, es la consagración de la impunidad. La Justicia frente a otros casos no fue capaz de sentar a los acusados más poderosos, sino que terminó contribuyendo al pacto entre élites. Las estructuras no nos están sirviendo, porque en general están al servicio de la impunidad. Eso no es hablar de cada uno, sino que el sistema judicial sirve fundamentalmente a la impunidad.


-¿Cómo se podría mejorar el sistema democrático para que dé respuestas a la sociedad?


-La buena noticia es que en todo el mundo hay situaciones comunes de crisis, desinterés, desapego democrático institucional . Y por lo tanto han ido apareciendo pequeñas luces de expectativa, que uno puede mirar. Hay asambleas ciudadanas, cabildos como los que convocó (Michelle) Bachelet antes de irse para la discusión constitucional. Hay audiencias públicas convocadas por las instituciones. Hay mucho de novedad dando vuelta, pero la nota común es que hay que salir a buscar a la sociedad y ayudarla a que se exprese e intervenga en el proceso de toma de decisiones. Yo tengo algunas de mis expectativas puestas ahí, porque el viejo sistema no está sirviendo y difícilmente pueda recuperarse.


-¿Cuál es la hipótesis que plantea en su último libro, que publicó hace dos semanas, “El derecho como una conversación entre iguales”?


-El sistema institucional de nuestras democracias representativas está socavado, afectado, de un modo que es incapaz de recuperarse. Hay que perder las esperanzas sobre la democracia electoral. Pero eso no quiere decir que uno tenga que abandonar las aspiraciones democráticas. Hay mucho para hacer, pero reconociendo que el viejo traje institucional es incapaz de satisfacer las demandas y expectativas de la sociedad. Estuvo pensado para sociedades pequeñas, divididas en pocos grupos, homogéneos. Y hoy el dato es la diversidad, el multiculturalismo. Hoy nuestras instituciones políticas son estructuralmente incapaces de recoger esa diversidad. Eso no se repara haciendo una nueva Ley de Partidos Políticos, ni una nueva Ley de Sistema Electoral. Es una maquinaria exhausta, que no es susceptible de ser reparada. Y hay que pensar de qué modo uno piensa alternativas institucionales para recoger voces, aspiraciones, diversidad, críticas.

2 sep. 2021

El libro en el que junto todos los hilos: El derecho como una conversación entre iguales (con prefacio)


Bueno, acabo de recibir la edición, recién salida, así que ahora sí lo presento yo. Me interesa hacerlo porque se trata del libro más importante que escribí, y el que más feliz me ha hecho: el libro en el que junto todos los hilos que fui tendiendo en estos 40 años de pensar sobre el constitucionalismo democrático: teorías de la democracia, desigualdad, "sala de máquinas," derecho de protesta, constitucionalismo dialógico, revisión judicial, objeción democrática a la justicia, teorías de la interpretación, controles populares y frenos y contrapesos, crisis de representación, presidencialismo, derechos sociales, conversación entre iguales. Está todo ahí, atado, y trato de mostrar de por qué todo forma parte del mismo paquete. Escribí la obra "en trance", como cuento en el prefacio (ver abajo), como si el libro ya estuviera escrito en mi cabeza, y yo sin otra tarea que la de seguir el dictado. Una obra hecha de un tirón, y un producto que creo que refleja la felicidad de escribirla. Abajo de la foto de tapa, incluyo el prefacio del libro.  



PREFACIO Y AGRADECIMIENTOS

Concebí este libro en una noche sin sueño, en abril de 2019, en un par de horas excitadas y extrañas. Tuve la certeza, al pensarlo, de que el libro estaba ya definido y su contenido cerrado. Sólo me quedaba por delante la tarea de redactarlo. Se trataba entonces de empezar a escribir un libro que, en los hechos, ya tenía terminado. Curioso, nunca me había pasado. En ese momento inhabitual, de lucidez inesperada, supe también que debía aislarme de mi contexto, salir del país, y dedicarme exclusivamente a esa tarea de la escritura -por lo menos un mes- para sentar las bases del libro, y en todo caso completarlo a mi regreso.

La idea era escribir sobre un tema que me angustiaba, relacionado con el deterioro de las democracias constitucionales de nuestro tiempo, y hacerlo mirando hacia atrás, a partir de todo lo aprendido luego de 30 años de pensar sobre los pilares del constitucionalismo: ideas como las de representación, “frenos y contrapesos,” control judicial, minorías, protección de derechos, motivaciones. Quería hacerlo, además, con el norte o el sur orientado hacia un ideal concreto: el derecho como una conversación entre iguales. Por lo demás, me interesaba avanzar estos criterios sometiendo a crítica a la doctrina actual que viene ocupándose sobre el tema. En mi opinión, dicha doctrina confunde los asuntos del constitucionalismo con los problemas de la democracia, y busca por tanto remediar las falencias de aquel (controles judiciales que no funcionan; “frenos y contrapesos” deteriorados), asumiendo que soluciona de este modo los déficits democráticos que padecemos. Pero ello, obviamente, no ocurre ni puede ocurrir: operando sobre el constitucionalismo dejamos intactos los graves daños que padece el sistema democrático. Y nuestro problema principal, en la actualidad, se relaciona con la democracia.

La buena noticia al respecto -y dentro de un panorama general oscuro y preocupante (insisto: el que explicaba al libro)- se relaciona con la cantidad de ejemplos recientes, que nos ayudan a reconocer la realidad de dicha conversación entre iguales: ya no se puede decir -como se pretendió decir siempre- que un ideal semejante nos refiere solo a una mera utopía -una abstracción o ilusión, válida exclusivamente para los fines de un seminario a puertas cerradas. Conocemos ahora (y los examinaremos luego) los casos de las asambleas deliberativas que han tomado lugar en tantos países de Occidente, pero también (y de forma todavía más relevante para mi estudio) debates públicos inclusivos y profundos, como los que se dado en diversos países (por caso, en torno al aborto, en países de tradición católica como Argentina o Irlanda). Tales ilustraciones nos permiten reconocer no sólo el valor, el sentido, y la importancia de dialogar democráticamente -aún en sociedades divididas en razón de sus creencias o convicciones políticas- sobre cuestiones relacionadas con derechos básicos (algo que la doctrina, tan habitualmente, había rechazado, exigiendo una separación entre cuestiones de derechos y debates democráticos), sino también la posibilidad real de llevar a cabo tales conversaciones. Se trata de ejemplos que muestran a la discusión ciudadana como un hecho posible, efectivo, incluso en el marco de sociedades numerosas e institucionalmente deficitarias.

A comienzos de octubre de ese mismo año, terminadas mis clases y obligaciones principales, partí hacia los Estados Unidos. Allí encontraría el respaldo de exprofesores y colegas con quienes hablar, en caso de ser necesario; y una serie de bibliotecas amables (tres en particular: la de la Universidad de Columbia, “arriba”; la de la Universidad de Nueva York, “abajo”; y la Biblioteca Pública, en el “centro” de la ciudad), que me asegurarían la austera e intensa felicidad de esos días.

Sorpresivamente, al poco tiempo de llegar, y luego de veinte exageradas jornadas de trabajo completo, terminaba la primera versión del manuscrito. De forma inesperada, mucho antes de lo imaginado, y como si nada. El libro había sido escrito como si alguien me lo hubiera dictado. Sin necesidad de pensarlo, sin necesidad de “pelear” por los argumentos (como me dijera Jon Elster, confesando que a él también, en ocasiones, le ocurría: escribiendo “cuesta abajo” -downhill- es decir, deslizándose tranquilamente, y dejando de hacerlo cuando el ejercicio se tornaba “cuesta arriba” -uphill- y uno se sentía escribiendo de modo esforzado). Como si alguien me dictara el libro, y yo tratando de alcanzarle. Una situación de trance completo.

Una última aclaración sobre el libro. Éste es un libro que busca discutir ideas, en el que presento argumentos que he ido madurando -con más o menos fortuna- durante décadas. Para facilitar mi escritura y su lectura, decidí no cargarlo de citas eruditas, referencias y notas al pie. Esta elección facilitó enormemente mi escritura, haciéndola más fluida y ligera. Espero que ayude igualmente a su lectura y compromiso con las discusiones que presento.

Llegados aquí, quisiera agradecer, y sólo eso, a Carlos Díaz y a Caty Galdeano, por el afectuoso apoyo que hizo este libro posible. A Martín Abregú y a Mirna Goransky, por alojarme sin nada a cambio. A Vicky Murillo y familia, por estar siempre. A los amigos y colegas de allá: Christian Courtis; Jorge Contesse; César Rodríguez Garavito; Sergio Chejfec; Roberto de Michele; Patricio Navia; David Sekiguchi, por la compañía. A Sebastián Guidi, Fernando Bracaccini, Patricio Kenny; Brad Hayes! A Emiliano Catán, por la ayuda. A los profesores con los que discutí y conversé durante mi estadía: Adam Przeworski; Jon Elster; Owen Fiss; Robert Post; Hélène Landemore; Lewis Kornhauser; Joseph Raz; Jeremy Waldron. A Leonardo Filippini, por incitarme a perseguir esta idea. A las amigas y amigos en la Argentina, por quienes todo cobra sentido. A Paula, por la curiosidad, y por la mirada. A mis padres y hermanos; a mi familia, a mi sobrino Juan. A todos gracias.