27 jun. 2019

Matrimonio igualitario/Corte de Ecuador/Pronunciamiento

Peronismo para todos los gustos

De Gustavo Sala, en Revista Barcelona


Alexy en Bolivia















Aquí en Santa Cruz, Bolivia, en el Primer Congreso Internacional de Derecho Constitucional, referido al "Constitucionalismo Democrático". El Congreso, multitudinario, concluirá con la entrega de un Honoris Causa a Robert Alexy ("Alexis" -escucho le dicen), quien además da el discurso inaugural de la Conferencia. La ceremonia, y su discurso en particular, me resultan muy llamativos -chocante diría. Para explicar por qué eso que siento -una combinación de decepción y molestia; de tristeza y enojo- agrego algunas notas previas, contextuales, y luego me refiero al discurso del homenajeado.

En primer lugar, leo y estudio a Alexy, desde hace más de 30 años (con Nino, en los 80, estudiábamos los "presupuestos del discurso" a través de la obra de Alexy). Admiro, además, la influencia que ha tenido en el mundo, y en nuestra región en particular, desde hace décadas. Me queda claro que la obra de cualquiera de nosotros está a años luz de la suya, en rigor e impacto, siendo simplemente incomparable con la del profesor alemán.

En segundo lugar, la academia jurídica boliviana, en lo que conozco, está tanto o más golpeada que muchas de las academias jurídicas regionales, por razones finalmente objetivas: falta de inversión en educación superior; pocos profesores de tiempo completo; escasas becas y apoyos a la investigación; una tradición dogmática de larga data. Son hechos que ocurren, de modo similar, en muchos otros países, y que cuando aparecen combinados, como aquí, afectan mucho al desarrollo de la reflexión crítica.

Finalmente, menciono el problema político-constitucional que aquí domina la escena. El problema en cuestión incluye a un tribunal superior (el Tribunal Plurinacional) que consideró que la consulta popular convocada por el mismo Evo Morales (!!), para extender su mandato a un nuevo período, y que terminó con la derrota del Presidente (!!), violaba sus derechos humanos (!!). Dos de los tres presentadores que antecedieron a Alexy, aludieron a ese problema jurídico gravísimo que, sin dudas, es el gran elefante dentro del cuarto que habita el derecho boliviano.

Dentro de ese contexto político y legal angustiante, Alexy hace su presentación coronado por tres fórmulas matemáticas sucesivas, de complejidad creciente (el público rió por lo bajo, entre sorprendido y molesto, cuando aparecieron las fórmulas -único soporte del orador- en la pantalla). Como última estación de un curso extenso, podrían haber servido. Como primer paso en una presentación de dos horas, frente a un auditorio no-experto que, posiblemente, escuche su teoría por primera vez, resultaron fuera de lugar por completo. Finalmente, las fórmulas no referían a nada demasiado nuevo (y nada que no pudiera explicarse con palabras): está hablando sobre su "fórmula del peso", y de cómo aplicar un análisis de proporcionalidad en relación con los principios del derecho. Por supuesto que no está mal que Alexy insista con sus temas habituales, pero uno se pregunta, por qué ir a su formulación más abstracta y compleja, en un contexto como éste. Ello generó una tensión que pocas veces he visto, entre un auditorio con formación jurídica especialmente frágil (por razones como las antedichas), y una presentación especialmente abstracta y compleja.

Difícilmente lo siguiera de cerca alguno de los casi 500 oyentes-no especialistas presentes: porque era demasiado complejo; porque no tenía el menor vínculo con la realidad local; porque nadie tenía la obligación de estar informado sobre los detalles de una teoría compleja; porque el discurso se hizo exageradamente largo. Algunos se sonreían; otros hacían algún comentario irónico por lo bajo; quien estaba a mi lado se preguntaba "quién puede animarse a preguntarle algo"; los de enfrente se miraban haciendo burlas sobre la exposición; la mayoría estaba en lo suyo, desenganchada ya. Alexy -y esto va a su favor- aparece muy comprometido con lo que dice, pero -y esto va en contra- por completo ajeno a su audiencia: A quién le habla? Y por qué así, por qué de este modo?

En cuando a la forma: el buen trato y el respeto hacia la audiencia requieren que uno asuma la inteligencia y disposición a entender de quienes escuchan, pero no que presuponga que todos son especialistas del área en la que uno es especialista. Éso no es buen trato. La presentación hubiera tenido sentido, tal vez, en un contexto por completo distinto -pongamos, en un seminario de especialistas en la Universidad de Frankfurt (aunque la hubiera objetado por su autorreferencialidad y falta de novedad)- pero ninguno aquí. 

En cuando al contenido: quien presenta en un encuentro como éste tiene derecho a exponer sobre lo que uno viene trabajando, que suele ser lo que más le interesa a uno. Pero cuando es invitado (homenajeado) por una comunidad completamente diferente a la propia, hace bien si muestra esfuerzos por entender lo que le interesa a los demás: hablo de empatía. Empatía para tratar de reconocer por qué a esos demás tan distantes les importa lo que uno hace. No digo, para nada, que uno deba "traducir" lo propio para adaptarlo a los gustos o necesidades de la audiencia; ni que uno deba ponerse a estudiar la "realidad" del otro, para hablar de ella, con el riesgo de equivocarse en todo. No. Pido mucho menos: reclamo que el expositor deje en claro que tiene frente a sí a seres humanos que no son los que lo rodean a uno en seminarios de especialistas. Reclamo el reconocimiento del otro: el reconocimiento de que los otros están allí (en buena medida, por uno).

Para peor, ocurre esto: luego de que escuchamos, de parte de los primeros oradores locales, acerca de la catástrofe que vive el derecho constitucional boliviano, a partir de los abusos del poder dominante, Alexy ilustra su morosa exposición, exclusivamente, con casos del tribunal constitucional alemán, empezando por una aparentemente crucial decisión que se diera en el caso (literal) de los "conejitos de chocolate, papá noel y el arroz inflado" (!!!) (el tribunal consideró que era desproporcionada la prohibición total de la venta de los conejitos de arroz inflado -conejitos de arroz que habían dejado "devastado" a un niño que pensaba que iba a comer conejitos de chocolate). El otro ejemplo central es el de los cazadores de halcones en Alemania.

Luego, Alexy nos recuerda el modo en que distintos tribunales citan su trabajo, y la seria advertencia que él debió hacerles a varios miembros de esos tribunales: que utilicen su fórmula como criterio analítico, pero que no la transcriban en sus sentencias, como ya lo han hecho! (lo dice con el índice levantado, enojado). Nos cuenta de "la única palabra en inglés" que él creó ("argumeter", que combina argumentos y métrica); avanza sin mostrar una mínima consideración hacia el público, sin hacer el mínimo esfuerzo por conectar sus preocupaciones con las de cualquiera de los presentes; y finalmente se excusa por la notable extensión del discurso, señalando a la traductora (consecutiva) y alegando que el tiempo que necesitó, por ello (por ella) se terminó duplicando.

Me alegra ver a Alexy, a esta altura, tan comprometido con su trabajo. Me disturba verlo tan ajeno al público que ha venido a escucharlo: no es aceptable hacer aquí la misma presentación que podía haber hecho en un seminario de especialistas en Alemania, China u Oxford. No está bien.

20 jun. 2019

Honoris

Para los amigues en Chile, si pasan por ahí


18 jun. 2019

Mañana, ante última sesión del seminario: Constitucionalismo Abusivo!


Y otro libro que llega!

"Authoritarian Constitutionalism: Comparative Analysis and Critique" (Edward Elgar) edited by H Alviar García and G Frankenberg with contributions by R Gargarella, D Kennedy, H Yamamoto, N Sultany, among others http://bit.ly/2FgLG1C 

10 jun. 2019

Moro, Lava Jato, Cuadernos


https://elpais.com/internacional/2019/06/10/actualidad/1560128085_319045.html

Según una investigación del periodista estadounidense Glenn Greenwald, para el diario The Intercept Brasil, el ahora Ministro Moro, y entonces Juez instructor de la causa del Lava Jato, mantuvo conversaciones privadas con el fiscal, destinadas a asegurar la prisión para Lula.

Las revelaciones, de ser ciertas, terminan de manchar la ya opaca trayectoria del ex Juez, y aconsejan su retiro de la vida pública (y, por supuesto, sería mucho peor que fuera al STF con estos antecedentes).

Tales datos tiñen de oscuro, también, la prisión de Lula, cuya condena debería ser revisada. Si lo que se revela es cierto, tal como parece, él no debería estar en la cárcel.

Sin embargo, de ningún modo, como sugieren algunos -sólo porque lo desean- lo dicho significaría que los datos del caso sean falsos; o que parecían culpables sean inocentes; o que los condenados no deban serlo, por ésta y otras causas. En Brasil, por lo menos desde el "mensalao", y por el mismo, buena parte de la dirigencia más importante del PT debía ser penalmente sancionada. Lo que la revelación hace es socavar el proceso llevado a cabo contra Lula, y lo que cae duramente, además, es la ya alicaída imagen del Ministro ex Juez.

Lo mismo para la Argentina: Contra los deseos de los fanáticos, las dudas que genera el dúo Bonadío-Stornelli (fiscal que no se explica cómo no declara en la causa para la que se lo ha citado) no vienen a afirmar que la causa de los Cuadernos sea falsa, ni que los procesados no deban ser procesados, ni que los encontrados culpables no lo sean. Mi impresión es que la causa es esencialmente verdadera, y que los presuntos culpables son efectivamente culpables.

La mafia no deja de existir, ni sus crímenes desaparecen, si la condena a Al Capone se demuestra injusta (evasión de impuestos), o procesalmente mal llevada. Al Capone, en ese caso, debería ser liberado, por supuesto, pero de ningún modo, por ello, lo verdadero se convierte en falso, y el demonio en ángel.


6 jun. 2019

Jurado en un concurso de helados: Breves sobre la sociología del helado, y apuntes sobre el gelato



(Tal vez por mi carácter de hijo de heladeros itálicos, fui invitado como jurado a un Concurso de Helados, así que cuento sintéticamente algunas impresiones)

Breves sobre el Campeonato Latinoamericano de Helado Artesanal, del que fui parcial jurado, gracias a la generosa invitación de Damián A. Digo que fui parcial jurado (que no es lo mismo que jurado parcial), porque –mi malentendido- había aceptado la invitación pensando que el evento se hacía el miércoles anterior, en que no tenía Seminario, pero el Campeonato era hoy, así que tuve que abandonar mi silla en algún momento, para correr hacia la Universidad. Lo siento!!

De lo breve que diría: probé sólo buen helado, lo que es decir mucho, ya que el helado que circula en el país es, en la actualidad, predominantemente malo, en parte porque algunos “maestros heladeros” quedaron durmiendo en los laureles (“el helado argentino es el mejor del mundo”); y otros aprovechan la fama construida en el pasado (por ellos o por otros), para vender cualquier cosa, y sacar los amplísimos márgenes de ganancia que el helado permite sacar.

El helado que probé fue argentino, aunque de base abiertamente italiana -así se auto-presentaban (aclaro esto porque es independiente de la “Copa Latinoamericana” en la que participé parcialmente como jurado). El heladero artesanal argentino sigue teniendo al italiano como modelo casi excluyente (aunque ahora alguno ensaye una que otra versión extraña, tipo helado tailandés o japonés o chino). Pero, otra vez, el helado artesanal, que pretende ser de calidad (artesanal y de calidad no son sinónimos), no se presenta como exótico, sino –todavía- como italiano. El helado argentino de calidad pretende ser entonces gelato. Sin embargo, como diré, helado y gelato son dos productos diferentes, y los nuestros volvieron a hacer helado.

Tres más sobre la sociología del helado artesanal argento, pretendidamente gelato: El mundo del helado artesanal está siguiendo hoy el camino del vino, el café, el chocolate o el aceite. Por lo que se vio, vamos a una nueva segmentación “gourmet”, con expertos y maestros; modernos y divertidos; jóvenes y cancheros –pero lo que necesitamos es retomar la calidad perdida. Bienvenido, entonces, ese nuevo desembarco, aunque –como en los demás casos- esos orígenes sociales y esa socialización de los “nuevos dueños” conlleva riesgos peligrosísimos, como en los demás casos (el peor: arrogantes presentado un mal producto con ínfulas de primer mundo). Ya le pasó a la primera oleada de nuestros maestros heladeros: los heladeros que bajaron de los barcos –en el primer desembarco (como mi padre, que se hizo heladero al poco llegar de Italia)- sentaron estándares de calidad altísimos, que prontamente fueron fagocitados por los que vieron allí una gran fuente de ganancias rápidas.

Sobre la socialización, debería mencionar también -pero lo haré sólo al pasar- el carácter machista, misógino, rudo, poco sofisticado pero a la vez pretensioso, propio del empresario medio argentino (al empresario alto lo conozco menos, pero en lo que lo conozco, es igual o peor, y sobre todo más peligroso, por su capacidad de presión sobre el poder político).

Finalmente: por lo que escuché de los “maestros artesanos” que nos dieron “clase” –los "maestros" dieron las “instrucciones al jurado”- todavía habitan en ellos los mitos auto-sostenidos del estilo: “tenemos el mejor helado del mundo”; “mejoramos al original”; “por lejos, y gracias a nuestras raíces italianas, superamos al helado que se hace en el resto de América Latina”. Poco de eso es cierto, aunque haya sido cierto en algún momento que nuestra base itálica nos permitía sacarle larga ventaja a los demás países de la región. Hoy, por nuestro “dormirnos en los laureles” y también por la híper-especialización que ya llegó a algunos países vecinos (en parte como consecuencia de la desigualdad creciente que lleva a la existencia de “pretensiones de consumo top” -Brasil es el caso principal, no diría el único) se encuentra excelente helado de calidad –genuino gelato- en países vecinos, y muy poco en la Argentina –cuando pudo ser la regla.

Termino con algunas claves para distinguir el helado que prefiero –el gelato- del helado que consumimos habitualmente.

i)                    La grasa: el gelato se hace en base a leche, el helado en base a crema. El gelato tiene entre un 3 y un 10 por ciento de grasa; el helado puede tener tranquilamente un 20, 25% de grasa. Por eso, el actual helado de calidad argentino es pesadísimo (y no como el gelato, ligero y suave). En la misma línea: así como importa evitar el helado grasoso, hay que escapar del helado que nos bombardea a azúcar para ganar en inmediatez: esto no
ii)                  El aire: El aire es una parte importante del helado, pero también una vía al abuso, porque así se puede aumentar fácilmente el volumen (i.e., grasas hidrogenadas). La Argentina oscila hoy entre el helado grasoso-pesado-tipo “Freddo” nueva ola-“de calidad”, y el helado tipo “Grido”, aireado en lugar de pesado, realmente malo (más allá de la deshonestidad de la marca citada –bandada de evasores conspicuos)
iii)                El color: Si el pistacho tiene color verde; y la crema del cielo azul, huir. El buen helado no está pintado, sino que tiene colores suaves, que se mueven en una paleta limitada de colores cercanos al ocre. El “pintado” es el primer gran indicio para no detenerse o no en una heladería
iv)                La vainilla o americana: como sabemos, el helado test, porque “revela” cómo es la base de la heladería de turno. En la Argentina es, también, el mínimo común denominador, dado que todo es americana, con colores o agregados (i.e., pistacho: no tiene pistacho en absoluto, sino que es americana pintada de verde; crema del cielo: americana pintada de azul)
v)                  Los cristales: ya sea porque el helado no es sedoso; ya sea porque no está bien cuidado en su temperatura, es señal de que cabalgamos mal, y estamos frente a un mal producto final (entonces cae agua-hielo dentro del helado, con los cambios de temperatura, por ejemplo cuando se abre y cierra la “tapa” que lo cubre, en los viejos stands de helados –hoy los “modernos” exhiben desnuda y sin tapa su mercadería, lo que en todo caso, en principio, está bien)
vi)                Los productos naturales, o no. En general, distinguimos al helado artesanal del que no lo es, no sólo por la cadena industrial en que está metido el último, sino por la ausencia de los productos naturales que son los que caracterizan al buen helado. El gelato monta buena parte de su fama en esta base –el chocolate viene del chocolate, el pistacho del pistacho, la frutilla de la frutilla; y no de productos químicos, colorantes, etc. Un buen dato adicional: si la heladería rota, o no, sus ofertas de helados, conforme la temporada de que se trate (i.e., no tiene frambuesa porque no es temporada: buen dato, no malo)
vii)              Cucurucho: otro “proxy” importante del buen helado. Si tenemos al barquillo auténtico, empezamos bien; si van a servirnos en el cono tipo-plástico-anti-humedad, o pedimos que nos sirvan en envase de plástico directamente o, mejor, nos vamos

Y eso ha sido todo por hoy. Viva el helado!




5 jun. 2019

Aguanta el Seminario!

Impresionante el seminario de este año, con tanta concurrencia. No es condición necesaria para que funcione, pero alegra ver tanta gente tan interesada en temas de relevancia pública, pero también abstractos, y que nos permiten respirar de la pelea política cotidiana. Se agradece! Y gracias al Instituto Gioja, que debe tener poderes mágicos!

3 jun. 2019

Debe presentarse

Si algo no puede alegar, es falta de garantías, cuando lidera él un procedimiento señalado por idénticas falencias. Es imperioso que se presente