27 sep. 2019

Nadie está de más


Gracias por la entrevista!!

24 sep. 2019

Hilda-Horacio

Interesante la respuesta de Hilda Sábato a Horacio González (por esta nota: http://www.agenciapacourondo.com.ar/cultura/horacio-gonzalez)

“Pienso que va a ser rehecha y reescrita”: con esta frase Horacio González inicia tres párrafos dedicados a la historia argentina en una larga entrevista,  donde se explaya sobre sus opiniones y expectativas políticas. Le sigue un puñado de declaraciones que oscilan entre enunciar como novedoso y revulsivo lo que hace rato ya no lo es y plantear un “deber ser” para la historia, a partir de diagnósticos superficiales sobre lo que ya existe y pretende cambiar. El ensayista y ex director de la Biblioteca Nacional respondió a un diálogo en el sitio de la agencia Paco Urondo,

La historia se rehace y reescribe desde el momento mismo en que la humanidad comenzó a revisar su pasado. Y la Argentina no ha sido una excepción. Páginas y páginas refieren una y otra vez a “lo que pasó”, fueron escritas no solo por historiadores de profesión sino por todos aquellos que lo hacen desde otros lugares. González incita a “ver de otra manera a Moreno, a Rosas, el Combate de Obligado, la Campaña del Desierto”, como si estos hechos y personajes no hubieran sido objeto de exploraciones e interpretaciones muy diversas. Este desconocimiento (¿o “ninguneo”?) alcanza su punto máximo al referirse extensamente a la necesidad “de incorporar una visión que reponga la presencia de la veta indigenista en la política y cultura argentina de otra manera.” Hace ya unos cuantos años que ese tema ocupa un lugar prominente en los análisis sobre la Argentina, tanto del pasado como del presente, y que estudiosos de diferentes campos lograron remontar la situación de carencia que por décadas hubo en ese sentido. Por lo tanto, seguir hablando como si las visiones que hoy tenemos estuvieran regidas por las concepciones de Alberdi y de Sarmiento, a quienes HG cita para validar sus diagnósticos, es por lo menos engañoso.


Desde ese lugar se propone reescribir la historia para “superar las divisiones” (¿cuáles?) pero, aclara, “no en esa especie de neoliberalismo inspirado en las academias norteamericanas de los estudios culturales, donde hay una multiplicidad graciosa y finita”. ¿De quién está hablando específicamente?


Más allá de la valoración que se haga sobre la academia de los EE.UU., que en su enorme complejidad difícilmente se pueda descartar de un plumazo, ¿puede la diversidad de historias que escribimos en la Argentina agruparse bajo el manto condenatorio de una “especie de neoliberalismo” sin más? González sabe que no, pero esta operación retórica le sirve para lo que sigue: proponer, en contraste con aquello, “una historia dura y dramática, que incorpore una valoración… positiva de la guerrilla de los 70 y que escape un poco a los estudios sociales que hoy la ven como una elección desviada, peligrosa e inaceptable”. De nuevo, el diagnóstico fácil y tramposo. Existen numerosos y variados escritos sobre la guerrilla de los 70, que van desde la reivindicación a la condena, y todos los matices intermedios. Por su parte, en el campo profesional específico que se conoce como “historia reciente”, no se ha tratado tanto de emitir juicios de valor sobre esa experiencia social como de explorar y entender, indagar e interpretar desde diversas perspectivas.

Ante este panorama ¿qué sentido adquieren las recomendaciones de González? ¿A quién se dirigen? No, por cierto, a los historiadores y otros estudiosos, pues lo que dice no es novedad alguna. Tampoco a la sociedad en su conjunto que difícilmente se interese por estas propuestas. ¿A quién entonces? Al próximo gobierno. Parte importante de la entrevista está destinada a recomendar políticas culturales para el gobierno que viene y es en ese contexto que su misión historiográfica cobra sentido. En el relato fuerte puesto en circulación por los gobiernos kirchneristas, el pasado ocupó un lugar prominente a través de una nueva historia oficial promovida desde el poder. Anticipando la pugna cultural que seguramente ha de llegar con el desembarco de la fórmula de Alberto Fernández y Cristina Kirchner en la presidencia de la república, González avanza ahora sus propuestas en ese sentido. En ese marco, la cuestión de la guerrilla, a la que dedica apenas una frase algo fuera de contexto, adquiere toda su relevancia. No porque los análisis existentes sobre esa cuestión sean blandos, neoliberales o finitos, como gusta presentarlos HG, sino porque le interesa instalar su propia versión y convertirla en verdad oficial. Esperemos que el nuevo gobierno opte por otros caminos y, en lugar de imponer una única historia, promueva una pluralidad de visiones sobre el pasado argentino.

H. Sabato es historiadora, profesora en la UBA e investigadora principal del Conicet. Trabaja en temas de la historia política y social argentina y latinoamericana del siglo XIX.  Entre sus obras se cuentan "Historia de las elecciones en la Argentina, 1805-2011" (en colaboración, 2011). 

20 sep. 2019

De "La desesperación" a "El grito" de Munch

Estuve en el programa de O'Donnell-Tenembaum. El programa, acá: https://www.canalnet.tv/programas/corea-del-centro/video_corea-del-centro-trato-la-evolucion-de-la-economia-y-la-transicion-politica_20190920/

Alrededor del minuto 31, me refería al momento en que Edvard Munch se dio cuenta que con la pintura "La desesperación", que repetía una y otra vez, no llegaba a manifestar su estado. La pintura reflejaba su situación de melancolía, se veía presente la amargura que sintió en el puente de Oslo (ver abajo), pero no era sólo eso lo que sentía. Logró expresarlo tiempo después, cuando pudo concretar "El grito", la obra que le daría reconocimiento hasta hoy (y que también repetiría varias veces, hasta quedar conforme). Pero todo ya estaba ahí, en "La desesperación." La transición acá:




Contaba Munch, del momento en que le estalló esa angustia:

"Paseaba por un sendero con dos amigos; el sol se puso. De repente, el cielo se tiñó de rojo sangre, me detuve y me apoyé en una valla muerto de cansancio: sangre y lenguas de fuego acechaban sobre el azul oscuro del fiordo y de la ciudad. Mis amigos continuaron y yo me quedé quieto, temblando de ansiedad. Sentí un grito infinito que atravesaba la naturaleza."

12 sep. 2019

El giro

http://www.laizquierdadiario.com/El-kirchnerismo-se-reperfila-a-la-derecha?fbclid=IwAR0PB4VWSBvq9ApSV5UwwmoXfDyI1V0odFUjfNeQOeE-XcwxPu1ScVzsOFU

"Primero fue el aborto, pero no importó. Después la reconciliación con Clarín y las patronales del campo, pero tampoco importó. Más tarde Alberto apoyó la devaluación y prometió “honrar” las deudas con el FMI. Pero como había que ganarle a Macri, tampoco importó. Hoy vienen por la protesta social para enfrentar a quienes resisten en las calles."

Lucas C. y violación: Progreso extraordinario y locura penal

El juicio a Lucas C. por violación luego de una relación que había comenzado de modo consentido, tiene infinidad de aristas, incluso políticas (sobre las que no voy a abundar: dos de los pocos miembros de la "nave insigne" 678 cargan con causas por violación -no es un dato insignificante). 

Quisiera, sin embargo, poner el foco sobre dos otros lugares: primero, lo extraordinario -importantísimo- que ha ocurrido, con un tribunal que entiende que la violación no necesita vincularse con el criminal que irrumpe, sino que puede darse con el compañero ocasional o la pareja, y luego de un comienzo (en la relación sexual) de mutuo acuerdo. Allí hay algo crucial, novedoso, capaz de marcar un antes y un después en nuestra práctica social y penal. Tiene que ver con lo positivo de la "ejemplaridad" de la que hablan los "expertos" (nota sobre el tema, hmm: acá). 

El segundo dato tiene que ver con los "peros" o problemas serios de lo hecho y dicho. El primer "pero" tiene que ver con la idea (que se deriva de la nota) de "ejemplificar" usando a algunos como "meros medios": les imponemos, como en este caso, una pena altísima, para que todos los demás aprendan que esa conducta está mal, que no debe hacerse. Por supuesto, un impulso común (promovido por el periodismo) que es inaceptable, y que no debemos disfrazar de derecho. 

El otro problema que veo vuelve sobre la cuestión de la pena: así como resulta increíblemente importante que el Estado deje en claro que puede haber violación al interior de una pareja, en el propio hogar, con el compañero habitual u ocasional, debe rechazarse también la insistencia vieja, errada, enloquecida, de "devolver mal con mal", de vengar (que no es hacer justicia) a través de penas altísimas. Claro que sí: debe quedar en claro que lo que hizo Lucas C. (como tantos otros, todos los días) es inaceptable. Debe condenarse. Debe reivindicarse y protegerse a las víctimas. Pero otra cosa es machacar con la idea de resolver nuestros enojos e injusticias a las trompadas, encerrando gente. Se trata de un modo de creer que hacemos bien, cerrando los ojos, y poniendo un enorme esfuerzo para no pensar sobre lo que sigue: el destino del "criminal", de quien cometió la falta gravísima. 

Pregunta: nos ayudamos mutuamente encerrando a alguien durante año, sabiendo además (y debe subrayarse esto) que no sólo lo encerramos, sino que lo confinamos a condiciones brutales, bestiales, inhumanas, durante años? No tengo dudas de que no, y de que nos equivocamos al hacer lo que vamos a hacer y venimos haciendo ("x cometió una falta: privación de libertad prolongada y en el infierno"). Tenemos que condenar lo ocurrido (en este caso, la violación por parte de un conocido), dejar en claro que se trata de una aberración, y de que los principios que organizan al Estado se encuentran del lado opuesto. Debemos, incluso, sancionar -por supuesto- a Lucas C. Pero hay modos distintos de la sanción, y la que imponemos necesita de que cerremos los ojos y no pensemos en lo que sigue: no tenemos que pensar, porque si pensamos nos damos cuenta de la crueldad (la nuestra) y de que de ese modo pasamos a ser parte de la violencia irracional. Aplicamos una respuesta brutal, y nos desentendemos de lo que sabemos que ocurrirá luego (con esa persona encerrada en esas condiciones): nada bueno puede salir de ahí. Y seremos responsables de eso, de responder, frente a la tragedia, con otra desgracia.

11 sep. 2019

Robert Frank, maestro

Muere a los 94 el maestro de la fotografía callejera. Él y su Leica






9 sep. 2019

Corrupción: Donatella Della Porta


En un área donde se han dicho cantidad de zonceras (en la Argentina se ha querido presentar, desde la izquierda, a la corrupción como un problema de burgueses), Donatella Della Porta, politóloga italiana, viene trabajando particularmente bien.

Algunos trabajos de ella, recientes, sobre el tema, por ejemplo, acá

un texto que comienza con la idea, importante, según la cual "la corrupción política puede considerarse una forma a través de la cual el dinero influye en la política", y la hipótesis -a contra-corriente de parte de la literatura en el área- según la cual " la corrupción [no es propia de partidos débiles, sino que] se [ve] favorecida por la omnipotencia y omnipresencia de los partidos políticos, maquinarias fuertes y bien organizadas, capaces de controlar la sociedad civil y el sistema económico".

Sostiene además, que "los intercambios corruptos hacen que prevalezca la política oculta en comparación con la visible, la lógica del grupo pequeño y restringido en comparación con la búsqueda de una participación más amplia. La evidencia de que hay despilfarros vinculados a la mala administración impide a la larga que los políticos corruptos busquen atraer a un electorado de opinión, presentándose como portadores de bienestar y progreso. El pragmatismo de los acuerdos bajo cuerda reemplaza los ideológicos."

Y concluye: "si bien es cierto que los partidos funcionan como garantes de los intercambios ocultos, sin embargo ellos no son los únicos en hacerlo. En realidad, junto a los partidos se localiza una serie de agregaciones, algunas formales, otras informales, todas fundamentalmente poco visibles. La corrupción política, como intercambio oculto, resta de hecho poder a los lugares visibles. Las arenas donde se toman las decisiones se desplazan pues de la política visible a la política invisible, donde los partidos no son forzosamente los actores predominantes. Debilitados por la difusión de la corrupción política, los partidos se vuelven corresponsables, detrás de bastidores, del criptogobierno en cuyo seno se toman las decisiones pertinentes para la cosa pública."

Vomarro post-Paso

Bien ahí, don Gabriel Vomarro, hoy en el órgano partidario P12
https://www.pagina12.com.ar/217131-el-gobierno-se-contamino-con-el-discurso-que-construia-para-

7 sep. 2019

Abraham post-Paso

Reportaje a Tomás Abraham, hoy en Ñ, análisis post-Paso

"Estoy triste, porque está todo mal. No veo buenas noticias y me da mucha pena todo. Me da mucha tristeza, no porque haya ganado (Alberto) Fernández, Macri no era bueno, pero (vacila) hay que hacer algo mejor que él, y a esto no lo veo mejor. Por otro lado, Lavagna para mí es el pasado. No se logró algo superador. A mí no me interesan los políticos, sí la política. Esto es quilombo e, indudablemente, el macrismo dejó al país mal...

En estos cuatro años yo descansé. Porque no me peleé, descansé, porque pude criticar pero sin que me devuelvan odio. Tuve libertad y al no recibir odio, no odié. Eso es a favor. Ahora, fueron unos inútiles en lo demás. Macri nunca se dio cuenta de que era presidente...Macri no conoce el mundo y no tiene calle, eso es un peligro. y pusieron una bomba financiera, que es una locura, fueron corriendo al FMI y ahí se terminó la política..."

Justicia Restaurativa y minoridad

Gran jornada sobre el tema, organizada por Raúl Calvo, quien lleva adelante un fantástico programa en la materia. Fotos con Aída, la mejor de todos

https://www.lanacion.com.ar/seguridad/justicia-restaurativa-una-formade-recuperar-a-jovenes-en-riesgoel-avance-en-el-pais-nid2283432

https://www.lanacion.com.ar/seguridad/destacan-la-importancia-del-trabajo-comunitario-nid2283433





5 sep. 2019

Democracia más allá del voto


Publicado hoy en Clarín
https://www.clarin.com/opinion/democracia-agote-voto_0_vHDzosfA2.html
Las recientes elecciones en el país volvieron a dejar en evidencia el carácter estrecho, demasiado imperfecto y finalmente fallido de nuestro sistema democrático. Me refiero a problemas que la Argentina comparte con muchos otros países, vinculados con los modos en que el sistema institucional dificulta, distorsiona, y permite reinterpretar discrecionalmente la voluntad expresada por los electores. Para quienes concebimos a la democracia como un ideal que exige la inclusión, participación y deliberación de “todos los afectados”, la práctica real de la democracia comienza a convertirse en su caricatura. Pensando en formas que nos permitan salir de semejante atolladero, menciono a continuación sólo algunos de los problemas que socavan el valor de nuestra democracia.

El primer problema al que voy a referirme tiene que ver con lo que en ocasiones se denomina una concepción minimalista de la democracia –un problema que, por bien conocido, sólo voy a mencionar. Se trata de la reducción de la idea de democracia a los procesos de elecciones periódicas. Esta visión tan irritantemente estrecha de la democracia es asumida como natural, sin embargo, por buena parte de nuestra dirigencia: el matrimonio Kirchner siempre insistió con la idea de que “si no le gusta lo que hacemos, arme su propio partido político y gánenos en las próximas elecciones”; mientras que el actual Presidente nos mandó recientemente “a dormir”, porque ya habíamos cumplido con la única tarea democrática que aparentemente nos tocaba: ya habíamos votado. Simplemente, y contra dicha visión, diré que la concepción de democracia que aquí sostengo es exactamente la contraria, y considera que mucho de lo más importante de la democracia comienza justamente el día después de las elecciones (y tiene que ver con cómo se toman las decisiones en el día a día; quiénes las toman; cómo se controla a quienes las toman, etc.).

El segundo problema al que quiero aludir tiene que ver con el modo en que los sistemas de elección, que prometen ayudarnos a “revelar” nuestras preferencias, vienen a servir, en realidad, a fines contrarios. Se nos impide, en los hechos, expresar la mayoría de nuestras demandas, mientras se favorece que quienes están en posiciones de poder avancen sus propias pretensiones, diciendo que promueven las nuestras. Ilustro este problema –al que, a falta de un nombre mejor, denominaría el problema del caballo de Troya- con un ejemplo recurrente, tomado de la actual historia latinoamericana. Pienso en ocasiones recientes, cuando en varios países de la región se sometió la aprobación de un nuevo texto constitucional a consulta popular. Un primer gran problema planteado por tales comicios tuvo que ver con la cantidad de cuestiones que estaban en juego (pongamos, nuevos artículos sobre la división de poderes, sobre derechos económicos, sobre derechos de la naturaleza, etc.), frente a las cuales se le otorgaba a la ciudadanía un solo voto. En una situación semejante, cualquier persona medianamente involucrada en la discusión puede tener la voluntad de decir varias cosas, mucho más allá del “sí” o “no” al paquete completo y cerrado que se le presenta. Alguien podría decir, por ejemplo: “me parece excelente este artículo, pero no tanto este otro, y me hubiera gustado que incluyeran a este también”. Sin embargo, la elección a la que se los enfrentaba servía para aplanar su voluntad, en lugar de expresarla o expandirla. Cuando un ciudadano, entonces, “aprobaba” la Constitución, automáticamente terminaba dando luz verde a una cantidad extraordinaria de cuestiones sobre las que perdía toda capacidad de discernimiento. 

El tercer gran problema que quiero mencionar se encuentra íntimamente vinculado con el anterior, y representa una versión demasiado común –la más trágica tal vez- del mismo asunto. Me referiré a la misma hablando del problema de la extorsión democrática. La dificultad en cuestión aparece cuando –en esa elección que en realidad es sobre muchas cosas diferentes, y frente a la cual cada persona cuenta con un solo voto- el votante tiene mucho interés en respaldar una de las cuestiones en juego, pero a la vez está muy interesado en rechazar alguna otra. Vuelvo a ilustrar este caso con el ejemplo anterior. En tales comicios, muchos ciudadanos querían respaldar de modo entusiasta la Constitución reformada, porque ella incluía derechos que antes no eran reconocidos y que consideraba que debían aprobarse (derechos indígenas; nuevos derechos sociales). Sin embargo, al mismo tiempo, muchos de esos ciudadanos aparecían interesados en votar en contra de la Constitución, porque ella incluía algún tipo de cláusulas que rechazaban fervorosamente (típicamente, la re-reelección presidencial). La elección los colocaba entonces frente a un dilema dramático. En los hechos, millones de personas se vieron en la disyuntiva de votar a favor de la Constitución, teniendo que aceptar y votar también, para conseguirlo, cláusulas que rechazaban enfáticamente. Entiéndase lo que digo: no estamos aquí frente a un simple caso de “democracia no ideal”: ya sabemos que vivimos en un mundo imperfecto. Se trata del grave y común problema de que se nos fuerce a aceptar exactamente lo que rechazamos, para conseguir algo que convencidamente valoramos. Se nos fuerza entonces a aceptar paquetes cerrados, a todo o nada, que nos ponen en el dilema de resignarnos a lo que repudiamos, para lograr lo que pretendemos (en el ejemplo: “más derechos, entonces re-reelección”; “no-re-reelección, entonces no hay derechos”). Éste es el problema que denominé el de la “extorsión democrática” –un problema que, para el caso de las reformas constitucionales, la profesora australiana Rosalind Dixon resumió con la idea de los “derechos como sobornos” (Presidentes que ofrecían a sus votantes “nuevos derechos,” a cambio de su re-elección).

La moraleja de esta historia depende, por supuesto, de nuestro punto de partida teórico. En el caso de este texto, y por partir de un ideal de democracia exigente, mi conclusión no es que “como las elecciones no nos ayudan a obtener lo que pretendemos, entonces acabemos con ellas.” Dada aquella visión “dialógica” o “deliberativa” del constitucionalismo, mi conclusión es exactamente la contraria. Necesitamos que la democracia no se agote en (sino que vaya mucho más allá de) las elecciones. Necesitamos muchas más oportunidades de participación, decisión y control democráticos. Necesitamos de la posibilidad de conversar (entre nosotros y con los funcionarios políticos y judiciales); de poner matices, de discernir entre lo que aprobamos y lo que rechazamos; de responsabilizar a todos los funcionarios públicos por cada una de sus acciones y omisiones. Necesitamos que los procesos de elección nos ayuden a “revelar” (y no a “opacar”) nuestro modo de pensar: que el acto de ir a votar no se convierta en equivalente al acto de arrojar piedras contra la pared (luego de las elecciones recientes, el actual Presidente dijo que, ahora sí, nos había “escuchado”: pero qué pudo haber escuchado, si sólo fuimos capaces de producir un “gran ruido”?). Alguna vez, el cientista político Adam Przeworski sostuvo que los comicios democráticos permitían dejar atrás los tiempos en que los conflictos políticos se dirimían arrojando piedras desde atrás de las barricadas. Habló entonces de las votos como piedras de papel. Es tiempo, según creo, de que la democracia recupere ahora el lenguaje: reemplazar las piedras de papel por palabras, que nos permitan –a nosotros, y no a quienes actúan en nuestro nombre- criticar, dialogar y tomar decisiones sobre nuestro destino común, cada día. 

3 sep. 2019

BECAS FULBRIGHT

Hasta el 20 de septiembre

BECAS PARA ESTADÍAS DE INVESTIGACIÓN FULBRIGHT-INTA
El objetivo de estas becas es facilitar la capacitación y vinculación de investigadores argentinos con centros académicos de excelencia de los Estados Unidos para investigadores con tesis doctoral en curso o con el doctorado concluido.

Encontrarás toda la información en: https://bit.ly/2Tsscg9

Beca de investigación doctoral Fulbright – Fundación Bunge y Born – Fundación Williams, Convocatoria 2020 – 2021

Las Becas de investigación doctoral Fulbright – Fundación Bunge y Born – Fundación Williams están destinadas a investigadores jóvenes con el objetivo de que puedan completar estadías de investigación para sus tesis doctorales en universidades o centros de investigación de Estados Unidos, con la obligación a su regreso de finalizar y presentar sus tesis en las instituciones locales.

toda la información en: https://bit.ly/1yrY1ml

2 sep. 2019

Arnaldo Antunes: Ninguém manda

ayer estuvo Arnaldo Antunes por acá, con su lúcida hibridez habitual, y se empeñó en subrayar la idea de Ninguém Manda, que es central en su nueva obra.
https://www.youtube.com/watch?v=vO9WBYsVv3M

Samba
Nela ninguém manda
Também não adianta
Querer agradar
Ela não se engana
Canta
Dona do seu nome
Jovelina, Ivone
Alcione, Clara
É a voz que ousa
Pousa
Bem suavemente
Então de repente
Revira a maré
Ninguém manda no que é
Ninguém manda, ninguém manda
Ninguém manda, ninguém manda
Ninguém manda no que é
Ninguém manda no que é
Ninguém manda, ninguém manda
Ninguém manda, ninguém manda
Ninguém manda no que é
Ninguém manda no que
Eva
A seiva da selva
Da nobreza Elza
Do pecado o pão
Compartilha o chão e
Samba
Nasce a cada esquina
Sol de Clementina
Ilumina e aquece
Permanece na mudança
A menina dança
Ela não se cansa
Obedece o pé
Ninguém manda no que é
Ninguém manda, ninguém manda
Ninguém manda, ninguém manda
Ninguém manda no que é
Ninguém manda no que é
Ninguém manda, ninguém manda
Ninguém manda, ninguém manda
Ninguém manda no que é
Ninguém manda no que é
Ninguém manda, ninguém manda
Ninguém manda, ninguém manda
Ninguém manda no que é
Ninguém manda no que é
Ninguém manda, ninguém manda
Ninguém manda, ninguém manda
Ninguém manda no que é
Ninguém manda no que é