4 mar 2019

RBG y T.Marshall. Política más que tribunales, movimientos más que héroes

Es excelente que todxs nos ocupemos de dos gigantes del derecho contemporáneo, que como pocos representan la defensa de las minorías perseguidas. Hablo de Ruth Bader Ginsburg y Thurgood Marshall. La primera destacó/a por su defensa, notable, de los derechos de las mujeres; y el segundo por su defensa de los derechos de los afroamericanos. Si la primera participó, como abogada, en casos como Reed v. Reed (que extendió la Enmienda 14 a los derechos de las mujeres); Frontiero v. Richardson (sobre diferencias de género en el uso de las licencias parentales); o Craig v. Boren (sobre diferencias entre géneros en torno al mínimo de edad para beber alcohol); el segundo fue el abogado en el notable caso Brown v. Board of Education. Y si la primera participó, como jueza de la Corte, en decisiones como US v. Virginia (sobre la posibilidad de que las mujeres ingresen en una escuela militar reservada a varones); o Grutter v. Bollinger (sobre la permisión de las acciones afirmativas); Marshall dejó opiniones extraordinarias en San Antonio v. Rodriguez (sobre acceso diferente a recursos educativos de parte de comunidades afroamericanas pobres) o contra la pena de muerte (i.e., Gregg v. Georgia), además de participar activamente de la histórica "Corte Warren".

Es excelente, por eso, que el cine se empeñe en recordar y resaltar el legado de cada uno
Sobre Ginsburg
On the Basis of Sex, o RBG
https://www.imdb.com/title/tt4669788/?ref_=nm_flmg_tk_1
https://www.imdb.com/title/tt7689964/?ref_=nm_knf_t1

Sobre Marshall
Thurgood, o Justice for All
https://www.imdb.com/title/tt1844811/?ref_=nv_sr_1
https://www.imdb.com/title/tt0969864/?ref_=nm_flmg_arf_8

Sin embargo, es muy importante también que Hollywood no nos confunda, arrastrándonos hacia los errores de siempre:

i) Los individuos no cambian el mundo. Se trata de dos grandes figuras del derecho, que formaron parte de movimientos que los trascendieron largamente, a favor de los derechos de las mujeres y los afroamericanos -movimientos que nacieron mucho antes que ellos y que siguieron y seguirán mucho después de sus respectivas contribuciones. Es un error, sino un insulto (para ellos mismos, y para las causas por las que abogaron), presentarlos como héroes o super-héroes

ii) La Corte no cambia el mundo. El poder de los tribunales, como nos enseñó Gerald Rosenberg, es siempre muy limitado, y los progresos que vinieron de la mano de casos como los citados fueron sólo en parte provocados por las acciones de tribunales (e individuos litigando). Cada acción de la Corte, incluyendo la(s) fabulosa(s) decisión(es) de Brown v. Board of Education no hubieran sido nada sin las instituciones políticas (el Congreso en particular) impulsando y afirmando avances en el área.

iii) El derecho no cambia el mundo. El derecho es un instrumento fundamental para impulsar cambios sociales, pero no puede impulsar esos cambios por sí solo, ni puede consolidar esos cambios sin ayuda, ni suele estar comprometido con el cambio social (al menos, en los niveles necesarios como para tornar posibles y estables tales cambios).

2 mar 2019

Robin Wood, paraguayo máximo

https://www.clarin.com/sociedad/robin-wood-escritor-creo-heroe-historieta-argentina-ahora-vive-recluido-paraguay_0_85Ouou4eU.html

27 feb 2019

Nos vamos quedando solos

Dos tercios de la humanidad ya tienen móvil
https://elpais.com/tecnologia/2019/02/25/actualidad/1551107066_315467.html

26 feb 2019

Creación constitucional en manos de la ciudadanía: la democracia deliberativa avanza de nuevo

Acabo de participar en oxford de un seminario sobre constitucionalismo en Gran Bretaña, con presencia de muchos grandes autores (Elster y Bellamy entre los más notables), pero en donde lo que más resaltó fue el peso que en estos círculos (nada marginales) se le está dando a las formas de creación constitucional con participación popular. Para el caso de Gran Bretaña, el ejemplo clave es el de Irlanda, en donde como sabemos se impulsó una forma de participación popular inspirada en Canadá (sobre todo en el ejemplo pionero y fundamental de British Columbia, y también a partir de lo ocurrido en Ontario), que procuró además corregir algunas de las deficiencias que se habían advertido en el caso Islandés (extraordinario, pero también -como calificó en el seminario uno de sus protagonistas, "caótico").

Llamativo también de qué modo, e inesperadamente tal vez, el ideal de la democracia deliberativa apareció en estas discusiones, junto a, por encima o  por debajo de cada ponencia. De un modo u otro, todos parecían tomar al ideal deliberativo -tan vituperado, tan marginalizado- como el punto de reposo de la discusión: es lo que obviamente se quiere conseguir, en tanto ideal.

Aquí, de parte del buen David Farrell, un comparativo sintético de estas experiencias participativas recientes. Y viva Irlanda!

13 feb 2019

Diálogo democrático y derecho de protesta

Como modo de aclarar mi posición, en el tema de la protesta en el contexto del conflicto con Cataluña (ver post anterior), publiqué hoy en la Agenda Pública de El País, este texto:

http://agendapublica.elpais.com/dialogo-democratico-y-derecho-de-protesta/

introducido por este otro:
https://mailchi.mp/9213a066475c/newsletter-699997 

DIÁLOGO DEMOCRÁTICO Y DERECHO DE PROTESTA

Defenderé aquí el valor del diálogo democrático, lo que me llevará a subrayar también la importancia de la protesta social en el marco de sociedades divididas por desacuerdos, como las nuestras. Hacia el final de este texto, ilustraré mis dichos con algunas referencias sobre la situación en España y el problema de la independencia de Cataluña.

La época en que vivimos caracteriza por dos fenómenos distintivos que ayudan a entender muchos de los conflictos presentes. Por un lado, nos encontramos con un sistema institucional con dificultades para representar la diversidad y complejidad de voces que son propias de sociedades multiculturales. Típicamente, el sistema de elecciones resulta inhábil para captar las múltiples y variadas demandas de cada individuo; y el sistema representativo se muestra poco preparado para dar cuenta de la heterogeneidad propia de sociedades tan numerosas. De ahí la extendida sensación de que los gobiernos cambien, pero las políticas no. Fenómenos como los citados han llevado a que menos de un 30% de los europeos muestren confianza hacia sus autoridades gubernativas –un hecho que el profesor David Van Reybrouck sintetizara con la idea del “síndrome de la fatiga democrática”.

Junto con un sistema institucional que se muestra hermético hacia a la ciudadanía, nos encontramos con niveles de activismo cívico inéditos e históricamente progresivos (Joseph Schumpeter, en los años 40; o Michel Crozier y Samuel Huntington, en los 60, nos alertaban ya sobre la “sobrecarga” de demandas democráticas que el sistema institucional era incapaz de satisfacer). El choque entre las expectativas democráticas crecientes y las incapacidades institucionales acumuladas favorece, en la actualidad, tanto la inquietud y protesta sociales como el surgimiento de líderes políticos oportunistas (llamémosles populistas), que buscan sacar provecho del estado de descontento existente.

Frente a este panorama desalentador, muchos de nosotros, que concebimos a la democracia como una conversación entre iguales, consideramos que las tensiones políticas de esta época hablan mucho más de las limitaciones propias de nuestros sistemas de gobierno que de un electorado apático, irracional o manipulado. En nombre del diálogo entre iguales, apostamos entonces por extender los márgenes de la discusión inclusiva y, desde esa misma base, cuestionamos muchos de los repudiables fenómenos políticos de la época, que se afirman en las angustias democráticas presentes.

Impugnamos, por ejemplo, a líderes populistas como Donald Trump o Jaïr Bolsonaro que, montados sobre las frustraciones ciudadanas, prometen dar respuesta a todas las demandas insatisfechas, aun cuando se trate de exigencias entre sí contrapuestas. Objetamos a estos políticos que dicen actuar en nombre del pueblo (un pueblo al que invocan, pero con el que no hablan y al que no escuchan), porque su proceder niega directamente los requerimientos de la conversación democrática.

De modo similar, el ideal de la deliberación colectiva nos ayuda a rechazar una mayoría de proyectos nacionalistas –el de Matteo Salvini en Italia, o el de Víktor Orban en Hungría– que, de algún modo, radicalizan el poco atractivo fenómeno anterior: aquí la soberanía popular es tomada como un supuesto independiente de la vida política concreta, al que se alude como si subyaciera en las napas profundas de la historia –una historia que es la que los propios nacionalistas prefieren.

Asimismo, el ideal de la conversación democrática nos ofrece buenos antídotos frente a propuestas plebiscitarias como las que han proliferado en estos años –desde la consulta por el Brexit en Reino Unido hasta el referéndum por el Acuerdo de Paz en Colombia. En casos como los citados, el valor de inclusión social satisfecho por las consultas apareció siempre como excusa para sacrificar el otro valor en juego: es decir, el de la discusión basada en el intercambio de razones. Consultas como las referidas fueron organizadas a la desesperada, a partir de la avidez de los convocantes; no de estimular el diálogo colectivo, sino de sacar ventaja a partir de coyunturas políticamente comprometidas.

¿Cómo pensar la protesta social, en el marco de estos parámetros? Ante todo, antes que descalificar la protesta por dar cabida a demandas excesivas, combatirla por su carácter disruptivo o pedir el procesamiento o detención de sus líderes, debemos empezar a reconocerla como el producto esperable de un sistema democrático que no funciona del modo apropiado.

En muchos casos, la protesta puede entenderse como el medio (extra-institucional) que escogen para expresarse quienes encuentran dificultades para canalizar institucionalmente sus demandas o quejas. Comúnmente, las protestas nos refieren a actos que comunican reclamaciones; reclamaciones que nos refieren a derechos (sociales, culturales) violados; y derechos violados que nuestras instituciones no registran políticamente, ni reparan judicialmente. Quienes valoramos la conversación democrática, defendemos (y exigimos protección para) la protesta, por lo que ella es capaz de hacernos conocer: voces de otro modo inaudibles, violaciones de derechos de otra forma invisibles.

El caso español ilustra bien, en Europa, el panorama descrito: una ciudadanía que se moviliza reiteradamente en reclamación de derechos insatisfechos (con el 15-M como ejemplo más notorio); denuncias contra una casta que goza de privilegios indebidos; un sistema político y judicial que muestra aún rasgos elitistas y excluyentes; y fuerzas políticas de signo diverso –incluyendo a Vox y a Podemos– que se nutren del descontento.

De modo todavía más notable, los eventos producidos en Cataluña en torno al tema de la independencia muestran la impropiedad con que el sistema institucional viene procesando demandas, protestas y descontentos. De hecho, cada uno de los pasos que se han dado al respecto contradicen directamente los aconsejados por el ideal del diálogo democrático.

Para comenzar, cada facción ha pretendido consagrar su postura sobre la facción contraria a través del recurso a los peores medios, cuando el asunto en juego exigía justamente lo opuesto: nos encontramos –conviene repetirlo– frente a un asunto complejo, socialmente divisivo y marcado por la presencia de profundos desacuerdos.

Mientras tanto, los discursos nacionalistas que ocupan la plaza pública desde hace años reproducen los peores rasgos del nacionalismo europeo, y buscan en las tradiciones históricas el apoyo social que son incapaces de encontrar en el presente.

Por su parte, el referéndum del 1-O, organizado a ‘empujones’, no pareció motivado a promover el diálogo colectivo, sino destinado a imponer la propia visión como un hecho de fuerza. La represión que se desató entonces agravó lo que ya era muy serio, porque a la irresponsabilidad de la dirigencia que organizó la consulta le siguió una respuesta injustificablemente violenta (con centenares de heridos) dirigida contra ciudadanos que –equivocados o no– habían aceptado una invitación que consideraban ajustada a sus derechos.

Peor aún, la petición de condenas penales jurídicamente insostenibles (rebelión; decenas de años de cárcel) para la inmoderada dirigencia catalana implicó volver sobre el camino equivocado: emplear la violencia del sistema penal para responder a una insensatez política que podía y merecía reproche por otros medios (diferentes de la privación de la libertad) y de otros modos (que podían incluir desde inhabilitaciones a sanciones económicas, por ejemplo).

En este caso, como en los restantes, el divisivo malestar social debe resolverse democráticamente y no a través de la represión policial, la violencia penal o los golpes de efecto. Frente a la insensatez política, y a la presencia de desacuerdos profundos sobre los derechos de que gozamos, necesitamos seguir insistiendo con el valor de la conversación entre iguales. 

El derecho de protesta en el "process" de la independencia catalana


Ayer, Andreu Van den Eynde (un ex alumno mío en la Universidad Pompeu Fabra), quedó a cargo de la primera intervención en el proceso judicial que se sigue a los funcionarios políticos que encabezaron el movimiento por la independencia catalana. Van den Eynde (defensor de Oriol Junqueras y Raúl Romeva) citó más de una vez mis trabajos sobre la protesta, como citó también a otros tres autores (Fiss, Dworkin, Duff) en sostén de su posición. Agradezco las referencias aunque, por supuesto, necesitamos distinguir entre varios temas diferentes: el derecho a la protesta (en el que tiendo a coincidir con su posición); el derecho a la independencia catalana y, sobre todo, el modo (para mí muy imperfecto) en que se estuvo tramitando la cuestión (en donde entiendo que diferimos bastante); y el uso de la prisión como respuesta frente a quienes encabezaron el proceso (aquí podemos coincidir nuevamente). Va su intervención completa. 



7 feb 2019

Discutir a Duff, con Duff

Discutiremos, con don Antony Duff, su nuevo libro (por publicarse), en la Pompeu Fabra. Se vienen novedades


Symposium on Antony Duff’s The Realm of Criminal Law

Univ. Pompeu Fabra, febrero 8


Auditorium, Mercè Rodoreda Building, Ciutadella Campus

9.20 – 9.30: Opening remarks

9.30 – 11.20: Symposium’s first round

Antony Duff, University of Stirling: “The Realm of Criminal Law”
Tatjana Hörnle, Humboldt University of Berlin: “Thick and Thin Principles of Criminalization”
Elena Larrauri, Pompeu Fabra University: “How do you know if the offender repents?”
Antony Duff’s reply and Q&A

11.20 – 11.40: Coffee break

11.40 – 13.30: Symposium’s second round

Gustavo Beade, University of Buenos Aires: “Replace the criminal trial with public blame? A comment on chapter 5”
Kimberley Brownlee, Warwick University: “Duff on Professional Ethics and Criminal Law”
Roberto Gargarella, University Torcuato di Tella and University of Buenos Aires: “Democratic dialogue, multiculturalism and ‘public wrongs’”
Antony Duff’s reply and Q&A

13.30 – 15.00: Lunch

15.00 – 18.30: Symposium’s third round

Massimo Renzo, King’s College London: “The Realm of the Criminal Law and Its Geography”
Michelle Dempsey, Villanova University, “On Public Realm”
José Luis Martí, Pompeu Fabra University: “Which Political Community? A Cosmopolitan View”
Sandra Marshall, University of Stirling: “Where should we go from here? Thinking about chapter 7”
Antony Duff’s reply and Q&A


Pesadilla Bullrich, versión...

https://www.lanacion.com.ar/2217997-patricia-bullrich-se-cree-bolsonaro-dijo-carrio-y-la-ministra-le-respondio
Patricia Bullrich: "Nosotros somos los maestros de las cosas que está haciendo [el ministro de Justicia y Seguridad Pública del Brasil, Sergio] Moro en Brasil, de lo que está haciendo Bolsonaro".

5 feb 2019

LA NUEVA CORTE EN ECUADOR: LA NUEVA ESPERANZA REGIONAL

En un hecho inédito en la historia latinoamericana, comenzaron hoy su trabajo en la nueva Corte Constitucional del Ecuador varios amigos/as, que son la avanzada en el pensamiento jurídico de su país. Felicitaciones asombradas a ellxs: Daniela Salazar (vicepresidenta!), Ramiro Ávila (!!) y Agustín Grijalva. Bravísimo (e increíble)!
SI SE APAGA LA CORTE COLOMBIANA, QUE SE ENCIENDA LA DE ECUADOR!!

4 feb 2019

Algunas reservas sobre la intervención de tribunales internacionales -a la luz del caso colombiano y el Acuerdo de Paz

Publicado esta semana en el Harvard Journal of International Studies, acá:
http://www.harvardilj.org/2019/02/reservations_peace/

En debate con un texto de Courtney Hillebrecht, Alexandra Huneeus, con Sandra Borda, titulado The Judicialization of Peace, 59 Harv. Int’l L.J. 279 (2018).

3 feb 2019

Grandola Vila Morena/ Revolución de los claveles

El himno de la revolución de los claveles, la señal del levantamiento antisalazarista


Grândola Vila Morena
Zeca Afonso

Grândola, vila morena
Terra da fraternidade
O povo é quem mais ordena
Dentro de ti, ó cidade

Dentro de ti, ó cidade
O povo é quem mais ordena
Terra da fraternidade
Grândola, vila morena

Em cada esquina, um amigo
Em cada rosto, igualdade
Grândola, vila morena
Terra da fraternidade

Terra da fraternidade
Grândola, vila morena
Em cada rosto, igualdade
O povo é quem mais ordena

À sombra duma azinheira
Que já não sabia a idade
Jurei ter por companheira
Grândola, a tua vontade

Grândola a tua vontade
Jurei ter por companheira
À sombra duma azinheira
Que já não sabia a idade

2 feb 2019

Nunca más/ El horror/ Todo se resume acá

https://www.pagina12.com.ar/171108-venezuela-en-la-encrucijada
De José Pablo Feinmann: "Decir hoy, en esta coyuntura dramática, que Maduro tortura –como tantos dicen– es favorecer al ilegal Guaidó. Si hay que decirlo se dirá. Pero en medio del orden constitucional, del diálogo, de la paz. "

1 feb 2019

En Oxford, sobre la Constitución Inglesa

https://www.law.ox.ac.uk/events/remaking-uk-constitution-conference

Events
Remaking the UK Constitution Conference
Week:HT622 Feb 2019, 10:00AM - 23 Feb 2019, 4:30PM


VENUE:BONAVERO INSTITUTE OF HUMAN RIGHTS - SIR JOSEPH HOTUNG AUDITORIUMORGANISED BY:BONAVERO INSTITUTE OF HUMAN RIGHTS
Brexit has generated a widespread recognition on all sides of the debate that the UK is in the midst of one of the greatest constitutional upheavals in history.  Remaking the UK Constitution is a conference hosted jointly by the Bonavero Institute of Human Rights, The Bingham Centre for the Rule of Law and The Constitution Unit at University College London , about how to remake the UK constitution in a democratically legitimate manner.  It will bring together senior politicians, leading scholars, legal practitioners, policy makers, civil servants and leading journalists.  Discussions at the conference will be recorded and distilled into public report with a view to influencing public debate.



Programme

Friday 22 February

Session 1: Introductory Framing Session (11 am - 12.30 pm) Introductory session to set the scene in relation to constitution-making in the UK and provide a survey of relevant concepts and comparative political experience relating to constitution-making.  Chair: Professor Kate O'Regan, Director, Bonavero Institute of Human Rights. Speakers: Professor Robert Hazell, Constitution Unit, University College London; Associate Professor Stuart White, Department of Politics & International Relations; Dr Alan Renwick, The Constitution Unit, University College London.

Session 2: Brexit and the UK Constitution (2 - 4pm) This panel will explore the contemporary opportunities for building a broad based political consensus about the need for a constitutional remaking process and what that process should be.  Panellists will address the prospects of building such a consensus, the current opportunities for remaking the Constitution and what steps might be requred to start the process. The panel will include Vernon Bogdanor, King's College, London, and Frances Foley, Compass.

Session 3: Thinking About Constitution-making in the four constituent countries of the United Kingdom (4.30 - 6pm) To introduce the current debates and concerns relevant to each of the four countries that make up the United Kingdom, and how those concerns might need to be considered in designing a process for constitution-making in the United Kingdom.  Chair: Akash Paun, Senior Fellow, Institute for Government.  Panelllists: Professor Laura McAllister, School of Law and Politics, Cardiff University; Sunder Katwala, Director, British Future; Robin Wilson, openDemocracy, editor of Social Europe.

Saturday 23 February

Session 4: The Flexibility of a New Constitution (9 - 10.30 am) To explore the different ways in which constitutions may be amended, and what entrenchment of constitutions means for constitution-making. e.g referendums, super majorities, and constitutional review processes.  Chair: Professor Jeff King, UCL Faculty of Laws, University College London.  Panellists: Professor Dr Matthias Mahlmann, University of Zurich; Dr Silvia Suteu, UCL Faculty of Laws, University College London;Professor Richard Bellamy, Professor, University College London; Director of the Max Weber Programme, European University Institute; Professor Dr Maartje de Visser, Singapore Management University; Peter C. Oliver, Vice Dean and Full Professor, Faculty of Law, University of Ottawa.

Session 5: Citizens' Assemblies and other forms of Mini-Publics (11 - 12.30 pm) To discuss contemporary examples of citizens’ assemblies and other forms of mini-publics.  It will focus on the lessons we can learn from particular national experiences for the UK constitution making process.   Chair: Adam Ramsay, Co-Editor, openDemocracy.  Panellists: Professor David Farrell, School of Politics and International Relations, University College Dublin; Professor Graham Smith, Centre for the Study of Democracy, University of Westminster;Dr Arianna Giovannini, Department of Politics & Public Policy, De Montfort University Leicester; Alexandra Runswick, Director, Unlock Democracy.

Session 6: Constitutional Conventions (1.30 pm - 3pm) To discuss contemporary examples of constitutional conventions and what we can learn from them in the UK constitution making process.  There will be five panellists each speaking for 10 minutes followed by discussion. Chair: Dr Udit Bhatia, Bonavero Institute of Human Rights, University of Oxford.  Panellists: Professor Eirikur Bergmann, Department of Social Sciences, Bifröst University; Dr Hélène Landemore, Department of Political Science, Yale University; Professor Jeff King, UCL Faculty of Laws, University College London; Professor Dr Jon Elster, Columbia University; Professor Roberto Gargarella, Senior Researcher at the National Research Council, CONICET, Argentina, Universidad Torcuato Di Tella, Buenos Aires.

31 ene 2019

Margarita López Maya sobre Venezuela post-Gaidó

En vista de que circula para recoger firmas un documento de chavistas disidentes hago esta reflexión.

Respuesta al documento y a las declaraciones de los chavistas críticos o disidentes que circula en redes de izquierda para recoger firmas

Margarita López Maya
Enero, 2019

El documento que anda circulando por redes internacionales de izquierda es de autoría de un número de ex ministros e intelectuales chavistas, que se conocen en Venezuela como críticos o disidentes. Tienen, para mí una perspectiva equivocada sobre el conflicto que hoy sufrimos, pues desde hace ya al menos dos años dejó de ser un conflicto polarizado entre derecha e izquierda, donde ambos polos son responsables de las penurias y masivas violaciones a todos nuestros derechos humanos. No, esa no es la situación. Maduro, a diferencia de Chávez, es un dictador, que hoy ejerce un poder nepótico, patrimonialista y fuertemente totalitario, sin estado de derecho ni apoyo popular. 
Las fuerzas opositoras, políticas y sociales, no solo no son responsables de esta deriva, sino que han hecho en estos últimos años importantes esfuerzos por construir una ruta que permita un proceso de transición pacífico y democrático. Por ello la dirigencia mayor de ella, dirigentes de partidos con algún liderazgo importante, ha sido encarcelada, torturada y otra está en el exilio. De modo que aquí el conflicto es entre un gobierno de rasgos autoritarios- totalitarios- y alianzas del mismo tenor: China, Turquía, Rusia, Irán, contra una oposición democrática y sus aliados, gobiernos de vocación democrática. 
Desafortunadamente, estos intelectuales críticos no pueden apreciar este cambio de paradigmas, ni el esfuerzo hecho por los partidos políticos opositores, porque su diagnóstico está demasiado condicionado por una ideología de izquierda todavía anclada en el siglo XX, donde se privilegia el antiimperialismo a la defensa de los derechos humanos. Y donde occidente es lo peor por aquello de la colonialidad del saber y otras corrientes donde el pensamiento occidental ha sido estigmatizado.
Dicen estos intelectuales querer evitar un derramamiento de sangre, cuando cada día que permanece Maduro en el poder se derrama sangre sin la más mínima consideración. El hambre y la falta de medicinas mata todos los días a los más vulnerables, las cifras son espeluznantes y sólo reflejan una parte de la realidad pues el gobierno niega cifras oficiales y presiona a médicos y centros de salud para que distorsionen cifras sobre causas de muerte. Los suicidios, por su parte, se han más que duplicado. 
La represión a los sectores populares ha sido atroz, desde que tuvieron la temeridad los pobres, tan malagradecidos, de salir a protestar contra Maduro el 23 de enero. Los han perseguido en sus casas de noche, en los barrios populares a donde llegan los cuerpos de seguridad, ahora principalmente un cuerpo de militares y paramilitares llamado FAES (Fuerza de Acciones Especiales adscrita a la Policía Nacional Bolivariana), encapuchados y allanando hogares en el más puro estilo fascista. Se llevan ahora como novedad a menores de edad, sí, niños y adolescentes. PROVEA ha contabilizado al menos 35 muertos y el Foro Penal más de 800 detenidos, que el Observatorio Venezolano de Prisiones denuncia que van a engrosar las cárceles hacinadas, controladas por delincuentes y sin capacidad ni siquiera de alimentarlos. Pero, estos intelectuales están demasiado preocupados por lo que dicen es un "guion" que hizo EEUU y que sigue la oposición venezolana y el Grupo de Lima, que son lacayos del imperialismo. Nada más falso.
Los sucesos de enero en Venezuela, si leyeran fuentes distintas a Aporrea y se quitaran las gríngolas ideológicas, conocerían que es bastante más complejo que el mundo bipolar de la Guerra Fría, que hace rato acabó y estamos en otra situación. Por supuesto, que todos tememos lo que pudieran tratar de hacer las potencias, no sólo EEUU, sino los capitalismos salvajes de China y Rusia que hoy vuelan como buitres sobre el país, gracias al comandante eterno, que los recibió con los brazos abiertos y les dio todo tipo de facilidades sin control, que hace que hoy estén participando del botín en que se ha convertido Venezuela. Pero el guion es básicamente nacional, producto de mucho debate, y gestiones entre partidos opositores dentro y fuera del país, de ciudadanos y organizaciones sociales, que lograron restañar heridas adentro y también construir una articulación con actores relevantes de la comunidad internacional, que hoy juegan en coordinación con ellos y con el gobierno de EEUU. Dicho sea de paso, EEUU está actuando desde sus instituciones y usando hasta ahora armas económicas y diplomáticas.
Finalmente, deseo destacar que ha habido cuatro intentos de negociación fallidos entre el gobierno de Maduro y la oposición, y si también siguieran la evolución de esos procesos sabrían que los últimos pusieron de relieve la nula voluntad de diálogo o negociación del gobierno de Maduro, quien con el más puro estilo cubano ha utilizado el diálogo para desgastar a la oposición, dividirla y ganar tiempo. Tanto el Vaticano como el presidente de República Dominicana fueron manipulados por el gobierno en esas ocasiones, así como otros gobiernos como el chileno, que trataron de mediar en buena fe, sólo para constatar que Maduro no tenía intención alguna de ceder en lo fundamental: dejar que los venezolanos decidan en elecciones el futuro que quieren. El chavismo no cree en alternancia política. Ahora estos despistados piden "diálogo".
Estos imposibilistas -como diría Hobsbawn- izquierdistas con una posición moral purista que no les permite aliarse con nadie, proponen que se llame a elecciones generales, lo que truncaría el proceso que hoy camina hacia el cambio democrático, liderado por la Asamblea Nacional y su presidente del partido Voluntad Popular, Juan Guaidó. Con apoyo, sí, de EEUU y actores de la comunidad internacional. Las alianzas, estamos conscientes, es un riesgo que se corre, pero no había alternativa frente a un ejercicio del poder cuasi sultánico, y la destrucción de la república y la nación que han propiciado tanto Maduro como su mentor, Hugo Chávez. 
El parlamento actual, que los intelectuales críticos quieren sustituir, que hoy lidera la lucha con masivo apoyo popular y legitimidad, fue electo en las últimas elecciones relativamente competitivas -bastante injustas por lo demás como expliqué en un artículo en su momento- y por ello tiene un mandato legítimo y legal hasta el 2021. ¿Por qué habría que ser reemplazado, cuando quienes no han sido elegidos de acuerdo a la constitución y las leyes han sido Maduro, el Tribunal Supremo de Justicia, el Poder Electoral y el Ciudadano? No sé si es ignorancia o mala fe esa propuesta. Además, esas elecciones, ¿qué instancia las va convocar, el actual CNE un brazo ejecutor de la voluntad de Maduro?
La Asamblea Nacional aprobó anoche, martes 29 de enero, en primera discusión, una ley de transición para comenzar a caminar de manera ordenada e institucional la ruta hacia la democracia. Pero, eso no les satisface, ellos quieren un referendo, no se cómo lo van a implementar.
Cuando vi ese documento sentí tristeza y frustración. Lo firman personas que estimo, inteligentes y creo que probos. Pero, me parecen incapaces de situarse por encima de una ideología que ya no funciona. Afortunadamente, en Venezuela, tienen escaso eco. Quizás afuera sus percepciones e ideas hacen más daño, porque allí no se vive el día a día, y la información es compleja y confunde. Hubiera esperado que entendieran la hora, la ventana de oportunidades para el cambio político que se ha abierto para Venezuela, y que acompañaran a quienes han luchado desde todos los espacios de la sociedad, ahora liderados por la Asamblea Nacional y el liderazgo de su presidente. El movimiento prodemocrático nacional necesita de toda la fuerza sociopolítica que pueda tener. Los intelectuales críticos prefieren mantenerse puros y aparte. De todos modos, tendrán su espacio cuando regrese a mi país el pluralismo, la alternancia, en fin, la democracia.

26 ene 2019

Consulta popular en La Rioja


Aunque me satisface saber que la mayoría de la Corte aparece abierta a considerar (e impugnar) una posible enmienda constitucional en La Rioja (algo que los propios demandantes sugirieron al plantear subsidiariamente la nulidad de la enmienda constitucional que desafían), la repetida mayoría vuelve a preocuparme con otro fallo mal dirigido. A resultas de lo cual -creo que por primera vez desde su llegada al tribunal- aplaudo y celebro la disidencia de don Carlos Rosenkrantz.

Para resumir mi preocupación en pocas líneas: en el contexto de democracias frágiles y defectuosas como la nuestra, la Corte tiene una responsabilidad extraordinaria, que puede asumir, o no, de cuidar las bases procedimentales del sistema democrático. Cuando no lo hace, como en este caso, nos abandona, y a la vez pone en riesgo los fundamentos de una organización institucional ya muy debilitada. Esto es decir, no se trata de que "la mayoría de la Corte decide del modo en que a muchos no nos satisface," sino que ella ayuda a deteriorar y degradar el esquema constitucional dentro del cual vivimos. Desde Santa Cruz, desde La Rioja, desde muchas de nuestras provincias se está jugando con fuego, y la Corte en lugar de controlar el incendio, como puede hacerlo, deja que el fuego se expanda.

En el resumen que ofrece el CIJ, se destaca que los jueces Lorenzetti y Rosatti sostuvieron, frente al caso, que "la judicialización de las cuestiones electorales, ya sean locales o nacionales, genera inexorablemente una controversia política respecto de los límites de la actuación del Poder Judicial, y por consecuencia respecto de los resultados de la decisión, pues cualquiera que esta sea dejará conformes a unos y disconformes a otros. Cuando se advierte en estos casos, desde distintos sectores, acerca de los peligros de la judicialización de la política, es necesario recordar que los tribunales de justicia no actúan por propia iniciativa sino que son llamados a decidir por los propios actores de la política, quienes son en definitiva -como representantes de la voluntad popular- los que tienen la llave para requerir (o no requerir) y -en cualquier caso- en qué medida, respuestas judiciales a sus inquietudes."

Advertir que la Corte habla de  la "judicialización de la política", y de las "controversias" que se generan en estos casos resulta escalofriante. Estamos frente a un conflicto político grave, por lo cual el presupuesto -nuestro punto de partida- es que estamos frente a una "controversia" grave que "dejará conformes a unos y disconformes a otros". Éste es el supuesto del caso, que da lugar a la intervención del tribunal, y no una razón para que se retire del juego! El uso de la idea de la "judicialización de la política" resulta particularmente llamativa e inapropiada, en este nivel de la reflexión jurídica. Cómo vamos a plegarnos al uso de un concepto tan impreciso, cuando lo único que importa, en casos como éste, no es si el tribunal es activo o no, si judicializa o politiza, sino si le corresponde intervenir o no? Y debiera ser obvio, por el mismo modo en que el tribunal lo ha reconocido muchas veces en fallos anteriores, que en estas cuestiones la intervención de la justicia es indispensable y urgente. Si hubiera una sola línea de casos en la que la intervención judicial debiera considerarse exigible, ella es la relacionada con la protección irrestricta de las reglas del juego democrático.

Mucho más que eso, y conforme a lo que decía más arriba: En el marco de democracias muy defectuosas que incluyen, en estos casos, la presencia de gobiernos locales con enorme poder; autoridades con gran capacidad de quebrar o distorsionar, a su favor, las reglas procedimentales; y a la luz de una historia larga y reiterada de abusos de poder, desde el Ejecutivo, para afectar las reglas de juego, primero, y afectar derechos fundamentales más tarde, resulta imperiosa la intervención activa, contundente, pronta, definitiva, de la Corte. A la luz de las reglas constitucionales que debe defender; los principios que organizan su tarea; el estado actual de nuestro sistema institucional; y la historia política de nuestra organización federal, la Corte debe intervenir, y hacerlo en una dirección específica: impidiendo los previsibles abusos. 

Finalmente, toda la lógica del sistema de "checks and balances" se asienta sobre ese tipo de presunciones -agravadas en el contexto de nuestro país: la rama del poder que encuentra la posibilidad de abusar de su poder, va a abusar de su poder si no se la detiene. En nuestro país, y en América Latina en general, tales abusos se han originado, habitualmente, en una ruptura de las prohibiciones reeleccionarias, y ello se ha concretado, de modo común, a través del recurso y la excusa de las demandas y consultas populares. 

A la luz de todo lo dicho, el voto de C.R. resulta sensato e interesante -aunque con un gran problema: es inconsistente con lo que el juez aceptó decir en el reciente fallo de la Corte sobre Santa Cruz. De todos modos, y volviendo a la página del CIJ, retomo y resumo algunas de sus afirmaciones:


"En disidencia, Rosenkrantz consideró que sí se presentaba un "caso" o "controversia" actual que permitía la intervención de la Corte Suprema. Además, entendió que la causa resultaba propia de la competencia originaria del Tribunal y que estaban reunidos los requisitos legales para conceder la medida cautelar solicitada por la parte actora.

Respecto de la existencia de un "caso contencioso", Rosenkrantz consideró que el agravio central de los presentantes es que se transgreden los principios mismos de la organización republicana del poder cuando el poder legislativo provincial, mediante un procedimiento que –según se aduce- la constitución local no prevé, pretende validar una enmienda constitucional que altera el sistema de renovación y alternancia de las autoridades. El agravio invocado manifiesta un interés jurídico directo que da lugar a un auténtico “caso” o controversia judicial. Es un agravio concreto y actual que, de no atenderse mediante un pronunciamiento jurisdiccional, se consumará definitivamente...

Asimismo, consideró que el caso pertenece a la competencia originaria de esta Corte en tanto una provincia es parte demandada y se configura una nítida cuestión federal que resulta predominante en el pleito (artículo 117 de la Constitución Nacional). De introducirse la enmienda constitucional que los presentantes denuncian, mediante un mecanismo no previsto, al actual sistema de renovación y alternancia de las autoridades, aspecto este último que resulta constitutivo de la forma republicana de gobierno (Fallos 317:1195, voto del juez Fayt) se verificaría de modo ostensible un apartamiento al inequívoco mandato contenido en la norma del artículo 177 de la constitución provincial. 

En lo que respecta a la medida cautelar solicitada, entendió que correspondía ordenar la suspensión de la consulta popular impugnada. Por un lado, consideró que existía fuerte verosimilitud en el derecho invocado por la actora. El artículo 177 de la Constitución de La Rioja establece que la consulta popular exigida para enmendar la propia constitución tendrá lugar “en oportunidad de la primera elección general que se realice”. En virtud del texto constitucional la consulta debe hacerse conjuntamente con (“en oportunidad de”) la próxima elección general que se realice. Por el contrario, en el caso, la convocatoria efectuada mediante el decreto local 1491/2018, dispuso que la consulta se efectuase independientemente de elección general alguna (en la votación convocada para el 27 de enero no se eligen autoridades ni se disputan cargos de ningún tipo)...

Por otro lado, en lo relativo al peligro en la demora, Rosenkrantz juzgó que había peligro de que se configuren daños de difícil o imposible reparación ulterior. Los presentantes sostienen que el llamado mismo a consulta popular, en el modo en que ésta ha sido convocada, es contrario al inequívoco sentido del texto constitucional. Por ello, de no concederse la tutela precautoria solicitada, el agravio constitucional invocado se verá consumado de modo definitivo. En caso de proseguirse el proceso de reforma constitucional ya iniciado y dictarse una sentencia de fondo favorable a los actores, o bien la decisión podría ser ineficaz frente a los actos ya cumplidos o bien éstos podrían quedar viciados de nulidad, con el consiguiente trastorno institucional que ello acarrearía y la inútil realización de importantes erogaciones; en cambio, si la sentencia fuese desfavorable, la suspensión cautelar de aquel proceso no implicaría ninguna consecuencia irremediable. 

Rosenkrantz consideró oportuno recordar que, en resguardo de la forma republicana de gobierno y de los principios fundacionales del federalismo argentino, la Corte ha ordenado en situaciones similares la suspensión cautelar de procesos electorales provinciales encaminados a la emisión del voto popular cuando -prima facie- estos presentaban ostensibles vicios constitucionales que ponían en juego la garantía del artículo 5 de la Constitución Nacional. Así ocurrió en las causas "Barbeito" (Fallos 326:1248), "Ponce" (Fallos 326:1403), "Zavalía" (Fallos 327:3858) y "Unión Cívica Radical de la Provincia de Santiago del Estero" (Fallos 336:1756).

Sostuvo además que el caso es particularmente relevante pues el procedimiento de reforma constitucional es el punto nodal de toda constitución dado que de él depende, en definitiva, el modo en que han de perdurar, y si han de hacerlo, tanto el sistema de derechos y responsabilidades como la forma de gobierno establecida por la constitución en cuestión y que ello determina, además, que los jueces deben examinar cuidadosamente cualquier aparente intento de violarlo o socavarlo por más que se haga invocando el nombre del pueblo de la nación o de las provincias."

25 ene 2019

El síndrome de la fatiga democrática


https://www.clarin.com/opinion/democracia-debe-sacudirse-fatiga_0_XM74HMFGD.html

En la Argentina, como en muchos otros países, hemos pasado de la “ilusión democrática” propia de los años 80 (aquí, con el fin de la dictadura), al “desencanto democrático” más propio de los 90 (desencanto generado en parte por duros programas de ajuste estructural) y de allí, pronto, al “hastío democrático” (el belga David Van Reybrouck ha hablado del “síndrome de la fatiga democrática” como marca de nuestro tiempo). La llegada de Donald Trump a la Presidencia de los Estados Unidos; la elección de Jair Bolsonaro en Brasil; o el ascenso de la extrema derecha en Europa, entre tantos ejemplos que no nos resultan ajenos, tornan difícil poner excusas frente al hastío: cómo no reconocer las tremendas falencias que muestra la democracia, que explican el atractivo que hoy generan las propuestas más extremas?

Frente a los cataclismos políticos que venimos sufriendo, una de las tendencias más comunes que ha aparecido es la de culpar a la ciudadanía por todo lo malo sucedido. Ante elecciones cuyas consecuencias nos disgustan profundamente (los ejemplos citados); o frente el resultado de consultas populares que tampoco nos han satisfecho (como la consulta en torno al Brexit, en Inglaterra; o la que culminó con el rechazo de los Acuerdos de Paz, en Colombia),  muchos se han apresurado a señalar acusatoriamente al electorado. Han dicho entonces que la ciudadanía no está en verdad preparada para asuntos tan complejos; o que ella es fácilmente maleable; o que ha resultado engañada, una vez más, por algún grupo de intrigantes (los evangélicos; los medios de comunicación; etc.). Ello así, como si la ciudadanía no fuese autónoma; como si no pensara por cuenta propia; o como si no tuviera capacidad crítica alguna. Se trata de una vuelta al pensamiento elitista al que recurrentemente se apela desde hace décadas, cada vez que el electorado expande sus demandas de protagonismo político. (Joseph Schumpeter lideró, en los años 40, un primer gran embate contra lo que se llamó la “sobrecarga de demandas democráticas” que ponían en riesgo la estabilidad del sistema político; y Samuel Huntington y Michel Crozier volvieron sobre el mismo tema en los 60, haciendo una apología de la “apatía política”).

En la actualidad, muchos de entre los hastiados –es decir, también, muchos de entre los que vienen perdiendo elecciones- retoman aquel ideario elitista, apenas se ven derrotados: “si perdemos es porque la gente no se da cuenta,” “si perdemos es porque aquellos (y no nosotros) han sido engañados”. Puro auto-engaño. Otra parte, mientras tanto, busca en las formas del “populismo” (normalmente, a través de gobernantes autoritarios, de retórica popular, y hostiles a todo esquema de controles) una respuesta inmediata, violenta o en apariencia contundente, frente a los males del pasado. El “populismo”, sin embargo, no da solución alguna: se trata de un monstruo de rostros diversos, capaz de hablar tanto el lenguaje de los derechos humanos, como el de la seguridad “a las trompadas”: lo importante parece ser dar respuestas rápidas, de forma ruidosa y sin mayores frenos.

Como anticipaba, sin embargo, frente a la crisis no son estos los caminos aconsejables. Ocurre que, más que enfrentarnos a una ciudadanía embrutecida, nos encontramos hoy frente al problema de instituciones corroídas por dentro, colonizadas o vaciadas de contenido. En este sentido, las reglas constitucionales parecen guardar más responsabilidad en lo que ocurre, que las decisiones de los electores. Ejemplos: Frente a las 297 complicadas y polémicas páginas de los Acuerdos de Paz colombianos, muchos votantes hubieran querido sugerir un matiz, mostrar alguna diferencia: no pudieron, ya que se trataba de votar “a todo o nada.”  Frente a los 411 artículos de la Constitución de Bolivia, muchos hubieran querido rechazar alguna cláusula (la re-elección presidencial?), o introducir más no sea algún pequeño cambio: tampoco pudieron hacerlo porque, otra vez, se votaba “a todo o nada”. Frente a la consulta por el Brexit, en Inglaterra, muchos hubieran querido decirle sí a Europa, pero no a David Cameron pero, por supuesto, tampoco tuvieron alternativa: otra vez, el dilema era “a todo o nada”.

En cualquiera de los 3 casos citados, como en tantísimos otros similares, la estructura es idéntica: la ciudadanía resulta acorralada, instada a pronunciarse frente a opciones demasiado complejas y poco atractivas, en ausencia de alternativas plausibles, y sin la posibilidad de introducir un matiz o manifestar una duda frente a lo que les es propuesto. Pero entonces: si la opción es entre dos males, quién puede sorprenderse si, al final del día, la que triunfa es una opción que resulta mala? Y quién es responsable de ello? Peor aún: al final del asunto, no sólo la ciudadanía resulta responsabilizada por lo malo ocurrido, sino que además es obligada a hacerse cargo de todo lo que en esa misma elección, y de haber sido posible, ella hubiera enfáticamente rechazado.

Por lo dicho, quienes entendemos la democracia como una conversación extendida, consideramos que el sistema institucional que tenemos es mucho más responsable del “hastío democrático”, que las malas elecciones ciudadanas. Hoy, por lo demás, (después de un año importantísimo de discusiones en torno al aborto, por ejemplo), sabemos que es posible decidir sobre derechos de modo colectivo, deliberado, ordenado y serio. No se trata entonces, frente al horror del presente, de volver a optar por alguna de las tantas formas de la restricción democrática, sino de cambiar este sistema de extorsiones mutuas por otro que haga posible, definitivamente, la conversación colectiva.


24 ene 2019

Venezuela 1. No intervención?

(dedicado a j)


A la luz de lo que ocurre en estos días en Venezuela, los internacionalistas, de un lado y otro, han sacado el polvo de sus viejas doctrinas, que atesoran como dogmas e interpretan discrecionalmente, no para ayudarnos a entender y pensar un problema, sino para definir e imponer una solución de modo a-crítico. Un clásico del derecho. En América circulan (y vuelven a circular) muchas de estas doctrinas, y todas ellas deben ser miradas con cuidado: no se trata de “verdades bíblicas,” sino de inventos circunstanciales, históricamente motivados, muy marcadas por intereses sectoriales (económicos), y que hoy pueden resultarnos de utilidad, o no.

La Doctrina Monroe, enunciada por el Presidente norteamericano James Monroe en 1823, propuso el lema “América para los americanos,” para detener las iniciativas de la reconquista europea, luego de que estallara la etapa independentista regional. La Doctrina sirvió de apoyo, también, al desarrollo del “imperialismo” norteamericano sobre los países latinoamericanos.

La Doctrina Calvo (elaborada por el diplomático argentino Carlos Calvo), tanto como la Doctrina Drago (también enunciada por un argentino, Luis María Drago, en 1902, frente a los incumplimientos norteamericanos en torno a la propia Doctrina Monroe), nacieron como reflexiones en torno al no pago de deudas, por parte de los americanos, en casos que involucraban a potencias extranjeras. La primera afirmó un principio de “nacionalismo legal,” y sostuvo que los inversores extranjeros debían primero agotar sus reclamos en los foros locales, frente al no-pago de los americanos. Ello, en lugar de recurrir a presiones diplomáticas o –mucho menos- a intervenciones armadas. La Doctrina Drago fue enunciada frente a preocupaciones similares (en este caso, frente al bloqueo naval que varias potencias europeas habían impuesto sobre Venezuela, ante el incumplimiento del pago de los servicios de deuda). Más restringida que la anterior, la nueva doctrina vino a decir que la deuda pública no podía dar lugar a la intervención armada, ni menos a la ocupación material del suelo de las naciones americanas por una potencia europea.

Finalmente, la Doctrina Estrada, enunciada por el mexicano Genaro Estrada, vino a afirmar el no intervencionismo (mexicano), frente a las acciones desarrolladas al interior de las demás naciones: México no juzgaría, ni se involucraría en tales asuntos, como muestra de respeto a la “soberanía” (territorial) de los demás Estados. Los casos más conocidos de aplicación de esta doctrina aparecieron, en los años 70, cuando México decidió mantenerse “neutral” frente a las dictaduras que se iban esparciendo en la región –un claro ejemplo de las implicaciones de la idea de “no intervención” y respeto de la “soberanía”, entendida como soberanía territorial. Resulta claro, por lo demás, que la “no intervención,”  en los casos de dictaduras, colisiona con la idea de la “autodeterminación de los pueblos”, que también tuvo interés en invocar la diplomacia mexicana. 

La gran pregunta frente a ellos es: Cómo es que los pueblos se autodeterminan, en una dictadura? De qué modo defendemos la "autodeterminación," cuando los compromisos más elementales de respeto a los derechos humanos, y respeto a los procedimientos democráticos son incumplidos sistemáticamente? Pensemos no sólo en la implicación de la no-intervención mexicana, durante los tiempos de dictaduras latinoamericanas; sino también en lo que hubiera implicado la no-intervención extranjera, en la Alemania nazi, o frente al apartheid sudafricano. Por supuesto, decir esto no implica afirmar otro dogma -"toda intervención es bienvenida, con la excusa de..."- ni tomar livianamente lo que significa "intervención extranjera" (una intervención que lleve a la masiva violación de derechos humanos en el país "intervenido" debe ser resistida siempre, antes que quedar sujeta a meros cálculos circunstanciales); ni desconocer que en un mundo de intereses inhumanos, los países más poderosos (los Estados Unidos hoy) pueden promover "intervenciones" con el solo objeto de satisfacer sus intereses de ganancia en el corto plazo. 

Debemos entonces rechazar las excusas de un lado y otro, y calibrar nuestras respuestas conforme a las preguntas elementales: Cómo garantizar los derechos humanos, cuando gobierna una dictadura? Cómo recuperar la democracia, cuando estamos frente a un gobierno autoritario que ha roto todos los controles y frenos (como el de Venezuela)? Lo que me animaría a decir, por el momento, es que debemos resistir en principio las intervenciones extranjeras armadas (salvo casos extremísimos, como el de Alemania); tomarnos en serio nuestro compromiso con el ideal del "autogobierno democrático" (que no se satisface ni "dejando hacer" a los militares; ni "impidiendo que hagan" las poblaciones locales); abandonar el principio "bobo" o ciego del "no intervencionismo", y reemplazarlo por otros principios, de prioridad de la restauración democrática y de exigibilidad de los derechos fundamentales.

19 ene 2019

Carta de un científico del CONICET al Consulado Argentino en NY

https://www.pagina12.com.ar/169338-un-fisico-del-conicet-tiene-consultas-para-ludovica-squirru

Desde el Balseiro, un investigador superior del CONICET (afiliado al FIT)

Sr. Consul Argentino en Nueva York,

Soy Investigador principal del Conicet y profesor en el Instituto Balseiro. He dedicado 30 años de profesión a la investigación científica, a formar nuevos doctores y alumnos de grado en ciencia.

Por favor, quisiera que le pregunte a la Sra. Ludovica Squirru para este 2019, "año del chancho de tierra":

1) si recibiremos los fondos de Conicet para hacer reuniones científicas que periódicamente hacemos para intercambiar opiniones o generar colaboraciones, ya que lamentablemente los fondos para estas han sido suprimidos en el presupuesto 2019.

2) si recibiremos finalmente el dinero de los subsidios de investigación que hemos concursado y ganado en la Agencia Nacional de Promoción Cientifica. Con mi grupo de investigación ganamos uno en 2017 y aún hoy no hemos recibido el dinero, aunque con la devaluación que sufrió el dólar, difícilmente podamos adquirir lo que propusimos en el mismo.

3) si el Ministerio de Economía enviará las partidas a nuestra institución de Ciencia y Tecnología, porque a pesar de que se nos dió un magro presupuesto, este tampoco es remitido y tenemos expedientes desde hace 3 años que no podemos ejecutar.

4) si el microscopio electrónico, que tenemos parado hace dos años, porque no podemos comprar el repuesto, tendremos fondos para repararlo este año.

5) si nuestros salarios, aunque más no sea, acompañarán la inflación, porque hace más de tres años que estamos por debajo.

6) y más personal, yo soy Tigre, y como comprenderá siento que estos 30 años estuve perdiendo el tiempo entre cálculos, experimentos y escribiendo artículos científicos, si conviene que cambie de profesión. Ya que tengo experiencia en dar charlas, escribir (inclusive en inglés) si no conviene que me dedique a explotar esa faceta. Estuve pensando en abrir una línea nueva sobre el "Horóscopo Cuántico" y los signos serían: electrón, protón, fotón, muón, neutrino, porque en definitiva todos somos ondas y energía.

Sin otro particular,

Lo saluda atentamente

Rodolfo Sánchez

DNI 16.077.931