9 dic. 2017

Flores del mal 8: J'habite




Vivo, en estos días, cerca de las estaciones de tren –entre la Gare du Nord y la Gare de l' Est- en una pieza vieja y fría, que no es particularmente recomendable para estos días. Como es previsible en el área ferroviaria, la zona es algo densa socialmente, y racialmente multicolor. Hay negros, indios, chinos, árabes, turcos, marroquíes, gitanos. Son los que llegan primero a todas las veredas del barrio, frente a la estación, para mirar a la gente que marcha lejos. Son también los últimos en retirarse, cuando ya nadie quiere seguir transitando la zona, porque todos han llegado ya, o porque están en camino definitivo hacia su propio lugar -hay quienes no tienen donde estar. Veo a uno de ellos que dibuja enloquecidamente, lapicera en mano, un paisaje de rayas infinito -líneas entrecruzadas que definen alguna forma difícil de adivinar (después me daría el dibujo). Otro lee su bande dessinee (gran pasión de los locales). Siete africanos hablan de África África, sentados en círculo, en un espacio retirado dentro del Mc Donalds. Otros tres negros, a los que les ha ido mejor, se sientan en el café a ver pasar a aquellos que no. Me conmueve en particular un inmigrante al que, por segundo día seguido, veo durmiendo en la vereda: él no se acurruca tímidamente contra la pared, como lo hacen tantos, sino que se acuesta atravesado, en la misma vereda, bloqueando el paso de apurados transeúntes. El aire cálido que llega de las alcantarillas lo tiene ahí, inmovilizado, aferrado al piso, indiferente a las personas que cruzan hacia la calle, lo saltean, lo rodean, lo eluden como pueden, y lo dejan ahí.



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