11 oct 2011

Apuntes italianos. X. Il Manifesto


Colecciono muy pocas cosas. Lo más interesante que tengo es una colección de “El manifiesto comunista,” que en su momento procuraré distribuir entre quienes lo quieran, conforme con sus necesidades, y de acuerdo con mis posibilidades. En Italia lo compré en dos versiones, pero en Alemania –la estancia fue muy breve- no pude conseguirlo (para colmo, el seminario de la Universidad tuvo lugar, por esas cosas, en un barrio de banqueros, así que las librerías sólo tenían guías de turismo y manuales de exitosos, para exitosos, y referidos a cómo ser –todavía más- exitosos).

Voy entrando a Siena, por la noche (sí, lo sé, Siena es esa ciudad hermosa que en las mañanas se llega a divisar muy bien por entre la abigarrada masa de turistas alemanes). Apenas entro en Siena -narraba- y escucho ruidos que llaman mi atención. Me desvío del camino y voy a buscarlos. Los ruidos –son gritos- provienen de una de sus calles-pasadizo, de esas que viborean como escondiéndose, como pidiendo permiso para estar a solas. Me acerco y veo una mesa armada sobre la calle, con una veintena de viejos que comen, beben y cantan a voz en cuello. La canción tenía como estribillo “Mangio, bebo, del resto me ne frego” –canción que los italianos entonaban cual grito de guerra, al llegar al estribillo (la traducción del estribillo podría ser algo así: “como, bebo, mientras que todo el resto en principio no es de mi entera incumbencia ni me genera mayores preocupaciones”).

Es mi primera noche en Siena, y salgo a comer uno de los platos de pasta originarios del lugar: "Pici cacio e pepe" -en argentino: pichi cacho pepe. (Le recomiendo a q que busque la receta y pruebe hacerlos).

Una de las cosas que aprendí en este viaje es que hay algo más ridículo que un italiano tratando de hablar en inglés: un norteamericano tratando de hablar italiano.

Pienso en la película morettiana "Io sono un autarquico." Es un gran reflejo de lo que era y sigue siendo Moretti. También dice mucho -es lo que creo- acerca del modo de pensar que sigue siendo propio de la intelectualidad de izquierda en Italia. En Argentina, en cambio, la moda es gregaria-populista: nadie quiere quedarse afuera, y todos gritan, presurosamente, y ante la mínima sospecha en su contra: "yo también estoy ahí. Yo también los voto." Todo un tema.

Responsabilidad corporativa por complicidad financiera-El caso chileno

Texto de Juan Pablo Bohoslavsky y Mariana Rulli, acá
Informe Cassese, acá

10 oct 2011

Apuntes italianos. IX. Hubo amor/ E piove piove sul nostro amore


Llego al punto del viaje en que aparece el riesgo de tomar decisiones, primariamente, en función de las historias que uno imagina derivadas de ellas. El hecho es: llamo por una cama, para la noche que viene, a un monasterio en San Gimignano. Llamo a las 8, llamo y llamo, también más tarde, pero nadie atiende. Qué raro me digo. Pruebo sobre las 10 de la mañana y ahí sí consigo comunicarme. La excusa del monasterio es reforzar el aspecto “retiro espiritual” de mi recorrido. Pero la historia, desde muy temprano, ya se me aparece. Me atiende una monja, que creo se burla de mí por el hecho de estar haciendo una reservación a esta altura del año, en ese lugar (la impresión se confirma cuando me está por cortar y le pregunto, presuroso: “pero cómo, no necesita saber mi nombre para tomar la reserva?” Y ella: “y dale, si tanto querés decirme tu nombre, decímelo”). El hecho es: aviso que llego sobre el mediodía. La monja me dice que no, que a esa hora no, porque al mediodía preparan la comida. Yo, de inmediato: “Ningún problema, llego a la tarde!” “No,” me dice ella, “a las 5 rezamos, así que tendría que venir entre las 330 y las 5.” “Muy bien,” le digo yo, algo asombrado, “ahí estaré.” “Sí,” me responde, “pero si llega más tarde, nunca después de las 7, porque ahí dormimos.” Caramba, me digo.


Vengo del convento. La extraña monja con la que había hablado por teléfono me atendió entonces, bien acomodada detrás de su escritorio de madera oscura. Aparentemente, ella era la encargada de relaciones exteriores del convento de clausura. Trataré de no exagerar: ella era extraordinaria. Me estaba esperando allí, con sus brazos enormes, su sonrisa amable, sus ojos claros. Cuando me ve, me reconoce, me mira, e inquieta me dice: “Qué has estado haciendo, el rostro tan cansado?” Improviso algo, tratando de no mentir en un lugar semejante. Me pregunta luego: “Y cómo supiste de este convento?” Y yo: “Ah, pero justo eso no puedo decirlo. Es un misterio!” Y ella: “Eh, sí. La vida está llena de misterios.” Trataré de ser prudente: ella era única. Al rato ya me cuenta de unas tucumanas hermosas que habían andado por allí justo el día anterior –bonitas, vivarachas, enérgicas, inteligentes - me dice despertando mis mejores instintos. Me cuenta también de una pareja de australianos que se había ido del lugar sin pagar, y de una australiana que se había alojado allí poco después, y que –horrorizada por el hecho- había pedido pagar lo adeudado por los bribones: necesitaba mantener sin máculas el honor de Sidney capital. Hablamos de mi seminario futuro en Trieste, y de su encierro pasado en un convento en Trieste. Hablamos de comida, cómo evitarlo. Hablamos de la ciudad, regada de turistas. Hablamos del ruido del mar, escondido tan lejos (a la monja le brillaban los ojos al recordarlo). Luego, ella me acompaña hasta mi habitación austera iluminada por el sol que entra apenas por la ventana entreabierta y que pone a reposar sombras geométricas sobre mi modesta cama envuelta en sábanas de un hilo finísimo, de color blanco. Se trata de una habitación con cinco camas muy simples, que quedaría esa noche entera toda para mí solo. Le prometo que haré lo posible por dormir un poco en cada una de las camas, cosa que no le causa mucha gracia. Yo, a esta altura, ya era “il aryentino,” un apelativo que apenas surge me coloca ya en una situación incómoda, insoportable. (Por lo demás, cómo representar a 30 millones de argentinos en un convento de clausura?) Seré entonces concreto. Trataré de mantenerme estricto en el difícil camino de la verdad absoluta: hubo amor, y el amor fue mutuo. Afuera, empezaba a llover.


foto: amor en san gimignano

Apuntes italianos. VIII. El cine italiano en el debate iusnaturalismo-positivismo


Aprovechando la estadía, quise ponerme un poco al tanto del cine italiano. Vi, sobre todo, dos películas que –no necesariamente por sus virtudes- me dejaron pensando: Terraferma, de Emanuele Crialese (el director de la gran Respiro); y El viaje del cartón, del mítico Ermanno Olmi (autor de la increíble El árbol de los zuecos). Ambas películas me resultaron más bien malas: la de Crialese por mostrar a su director llegando a una cierta meseta de sequía creativa (una pena, luego de aquel valle fértil que fuera Respiro); la de Olmi, por mostrar rasgos de ingenuidad política conmovedores. Ambas, sin embargo, reflejaban un tema común –el mismo drama- y lo hacían recurriendo a una misma metáfora que apelaba al derecho. Me refiero entonces, brevemente, a ambos temas.

El drama de Italia: cada país (supongo, como cada persona) vive en diálogo con su propio pasado. Cada país (como cada uno) toma, impensadamente, algún o algunos dramas que lo han conmocionado, y actúa en conversación con -reproduciendo o tratando de escapar de- dicho drama. Pongamos, la Argentina política de estos días tiene todavía en la memoria a la crisis del 2001; como la Argentina política de hace algunos años tenía en mente a la dictadura. La vieja Italia, la que yo conocí de niño, estaba en diálogo permanente con la guerra. Los cineastas, por supuesto, reflejaban esa obsesión en sus películas, que podían ser sobre, contra, a favor, en lágrimas, en recuerdos, en comedia, en repudio de, pero siempre, directa o indirectamente sobre, la guerra. Hoy, el drama es el de la inmigración clandestina, un tema que se filtra –como la inmigración- a través de cada pared, a través de cada baldosa. Los de “la Lega” y sus partidarios hablan todo el día sobre esos inmigrantes, para convertirlos en refugio de todos los males de Italia; mientras que los progresistas hacen lo propio, para defender la dignidad de aquellos; o los cristianos lo suyo, para tratar de alentar hacia ellos la caridad religiosa. Los cineastas, obviamente no escapan del tema. Un cineasta progresista, como Crialese, quiere aproximarse a la cuestión en clave colectivista-reflexiva; un cineasta religioso, como Olmi, lo hace en clave trascendente-piadosa (en ambos casos, para peor, recurriendo a algunos reiterados, esperables golpes bajos, como el de “clandestina negra, hermosísima, con niño famélico a cuestas,” o errores de bienpensantes del tipo “clandestino que de repente habla un italiano perfecto, aunque con acento africano”).

La afrenta al derecho: aunque se trata, como decía, de dos películas más bien malas, ambas muestran un sorprendente dato común, muy interesante, sobre el que querría seguir pensando. En ambos casos, los directores ponen al derecho "del otro lado," "como enemigo" y, notablemente, confrontan con él a partir de las “leyes propias”, de la naturaleza, a las que el derecho injusto no estaría respondiendo –y de allí la injusticia. Se trata de la vuelta al histórico debate iusnaturalismo-positivismo, pero esta vez en clave cinéfila. Crialese, por caso, contrapone al derecho real, injusto, con el “derecho del mar”. Entonces, el viejo marino bueno, grandote, barbado en blanco, humanista, se enfrenta con el grupo de policías que lo reprochan, por haber ayudado, con su barca, a los clandestinos. Cuando los policías citan la implacabilidad de las leyes que deben aplicar de modo riguroso, aunque a ellos no les guste (positivistas ideológicos al máximo!), él les dice (algo así como): “pero el derecho que ustedes quieren aplicar desconoce las leyes del mar, que nos dicen que la gente del mar no puede abandonar a nadie al que vea muriendo en las aguas.” En la película de Olmi, aparece una situación (anti-positivista, iusnaturalista) idéntica, en versión religiosa. Aquí, el viejo cura bueno, grandote, barbado en blanco, humanista, se enfrenta con el grupo de policías que lo reprochan, por haber ayudado, desde su Iglesia, a los clandestinos. Cuando los policías citan la implacabilidad de las leyes que deben aplicar de modo riguroso, aunque a ellos no les guste (positivistas ideológicos también al máximo!), él les dice (algo así como): “pero el derecho que ustedes quieren aplicar desconoce las leyes de la casa de Dios: aquí los que entran deben ser tratados como huéspedes del Señor.” El derecho, otra vez, queda puertas afuera, y certificado como injusto por su incapacidad de reconocer, incorporar y expresar, las siempre verdaderas leyes de la justicia natural. El eterno debate positivismo-iusnaturalismo, revivido con el lenguaje del cine. Remarcable.


foto: poliziota a siena

9 oct 2011

La justicia (k) que viene

Interesante artículo de Susana Viau, acá.
Cito algunos párrafos: "(el juez subrogante) Juan Manuel Yalj...puso preso al gremialista ferroviario Rubén Sobrero valiéndose de las declaraciones de un testigo a todas luces “plantado” . La aprehensión se cumplió de manera brutal: dos autos con policías de civil lo interceptaron cuando llevaba a su hija al colegio. Tras firmar la orden de detención, Yalj se invisibilizó con un oportuno parte de enfermo."

"Antes de indagarlo, el juez sostuvo que existían pruebas suficientes para justificar la medida: Sobrero era el cabecilla de una asociación ilícita, acusado de estrago doloso y de “algún otro delito que puede llegar a caberle” (sic)."

"Las fechas son, para la Presidencia, más motivo para el prontuario que para el currículo. Con Yalj, en cambio, hizo la vista gorda y pasó por alto un detalle sustancial: desde 1976 a 1980 fue secretario del Juzgado Penal 3 de San Martín; desde 1980 hasta que renunció en 1984, con el advenimiento de la democracia...A la luz de (la) historia (del juez) se entiende mejor por qué, al ser reducido por hombres de civil, Sobrero pudo pensar: “Me pusieron”. Por un instante, los métodos de los años de plomo se actualizaron en el arresto de un dirigente clasista."

"Por descabellado que fueran, los fundamentos de la detención merecieron la aprobación de Aníbal Fernández, que habló de las sólidas y semiplenas pruebas colectadas en el expediente...la Presidenta sermoneó a Hugo Moyano por expresar una solidaridad que llamó “corporativa” y el diputado oficialista Carlos Kunkel minimizó los acontecimientos: “Yo me pasé 7 años preso y ni siquiera me pidieron disculpas”, dijo."

"Convencida de que la oposición no representa una amenaza inmediata, la Presidenta delega en la Justicia el disciplinamiento de aquellos sectores que observa con inquietud: los medios y el movimiento social."

Zagrebelsky. Política italiana, política argentina



Ayer sábado, en la plaza de Milán, s juntaron 25 mil personas, convocados por “Libertad y Justicia." Entre quienes hablaron estuvo el presidente emérito de la Corte Constitucional, el notable Gustavo Zagrebelsky. Sostuvo: “Dirán que somos los radicales-chic. Dirán que somos los moralistas. Dirán que esta es la plaza antipolítica o apolítica. No, ésta es una plaza prepolítica, porque de aquí parte una demanda a nuestros partidos políticos, para que recuperen su verdadera función.” Luego habló Darío Fo, que hizo una burla dirigida a Berlusconi y a Putin. Y finalmente Giuliano Pisapia, “primer ciudadano de Milán,” quien presentó una serie de demandas dirigidas al gobierno, que incluían algunas como las siguientes:

Por qué tienen tanta intimidad con delincuentes y traficantes?

Por qué esconden sus actos de beneficencia, si son tales, detrás de acuerdos secretos y misteriosos?

Por qué encubren, con un lenguaje violento, los pagos hechos de modo ilegal?

Por qué usan al Estado para silenciar a quienes lo investigan?

Por qué usan la Televisión Pública del modo en que lo hacen?

Supongo que Pisapia se refería al gobierno de Italia, y no al de la Argentina, pero no estoy seguro.