17 ene. 2008

El castigo, según el chacal de Nahuel Toro





Resulta que ahora se vuelve a publicar el libro “La aventura de Miguel Littín clandestino en Chile,” de Gabriel García Márquez. El libro trata de la vuelta del cineasta Miguel Littín a Chile, cuando su ingreso al país se encontraba todavía prohibido, en época de Pinochet. Littín consiguió filmar entonces una buena cantidad de metros de película, que luego se conviertieron en la obra “Acta general de Chile.” Pero no es de esta película de la que quería hablar, sino de su primera obra, estrenada en 1969: la magistral “El chacal de Nahuel Toro.”

Llegué a esta película gracias a mis amigos de la Universidad de la Plata (no revelo sus nombres porque no me gusta el “shaming” como castigo, y a ellos quisiera denunciarlos por haberme prometido un asado para fin de año, que aún no se ha concretado. Puedo esperar, pero no mucho más. Hasta ahora, ni señales de humo -humo de parrilla, menos). Decía que unos amigos (...) me recomendaron esta película cuando vieron que empezaba a trabajar sobre la (no) justificación del castigo. Y fue un gran acierto, una gran recomendación, muy especial para ese momento inciático.

La película formó parte del denominado Nuevo Cine Chileno, y salió a la luz en la misma época en que se estrenaba, por ejemplo, Tres Tristes Tigres, de Raúl Ruiz (otro gran personaje). El film aparece como un documental, en donde se relata la vida de José del Carmen Valenzuela quien, a mediados de 1960, y en una noche de borrachera, dio muerte a una campesina y a sus cinco hijos -de allí, y en razón de la ferocidad del hecho, el apodo de "El Chacal." La película comienza con la detención del asesino, para luego retroceder y reconstruir su vida de pobreza y privaciones. Más tarde, ella se detiene en la llegada del asesino a la cárcel, y en el modo en que José comenzó a rodearse de otras personas, aprendió a leer y escribir, y terminó desarrollando habilidades manuales antes nunca probadas (José se especializó en la construcción de guitarras). Convertido al catolicismo, José parecía, al cabo de un tiempo, otra persona, muy poco vinculada a aquella otra -desclasada y entregada al alcohol- que entrara tan poco tiempo atrás, a la prisión. Sin embargo, esta nueva vida se desmoronaría pronto, ya que José sería condenado a muerte, y finalmente fusilado.

El final de la película supo hacerme recordar una anécdota que me contara un buen colega, el sociólogo Gabriel K., en el 2001. Según Gabriel, las encuestas de opinión de la época, referidas al tema de la inseguridad, eran consistentes en relación con dos interrogantes. Frente a la pregunta por las causas del aumento de la delincuencia, las respuestas tendían a dar resultados ampliamente compartidos: la desocupación, la creciente pobreza. Frente a la pregunta por las soluciones ante la ola de inseguridad, las respuestas volvían a ser ampliamente compartidas: “mano dura.” Una pregunta seguía a la otra, y era notable (aunque no inexplicable) que lo que se identificaba en una pregunta como causa del problema, desaparecía enseguida, cuando se preguntaba por la solución a ese mismo problema. El estado chileno, como tantos otros (es claro que el argentino no tiene nada de lo que enorgullecerse en este respecto), transitaba por formas de razonamiento parecidas. Escogía entonces el camino de la venganza, el recurso a la misma (o peor) violencia asesina que reprochaba al criminal. No importaban las causas, no importaba la piedad, no importaba el arrepentimiento del condenado, no importaba su compromiso con una nueva forma de vida. Sólo la fuerza, la fuerza más bruta: nunca por la razón, siempre por la fuerza.

Toda mi admiración para el gran cineasta chileno Miguel Littín.

12 comentarios:

nicolas garcia dijo...

Hola a todos:

Soy nuevo aqui (vengo de otra pagina por recomendaciòn).

Muy interesante lo que he visto hasta ahora.
Bueno el comentario sobre la pelicula.
un abrazo a todos
nicolas

rg dijo...

gracias nicolas, bienvenido

Mario dijo...

Hola Roberto. También a instancias de un amigo, este verano tuve la oportunidad de ver la película, y coincido en que es un excelente trabajo de Littin, que muestra un muy logrado paisaje de la época (los '60) y una historia muy fuerte, que por otra parte es una historia de la vida real.

Littin muestra la paradoja de la violencia del sistema penal, que cuando llega el momento castiga a una persona diferente de la que había cometido el hecho, ya que, efectivamente, para cuando lo fusilan, Valenzuela ya era otra persona, lo cual es una muestra más de las contradicciones que ofrece la pena.

Sin embargo (no se si es hilar muy fino) me dio la impresión que quedaba subyacente un mensaje de que la carcel podía ser un instrumento para "resocializar" al individuo, para "recuperarlo" de las garras del vicio y convertirlo en un individuo útil para la sociedad.

De no ser un exceso de susceptibilidad mía esta lectura de este tramo de la película, me parece que sería posible objetar esta faceta que se presenta, ya que soy de la idea que la carcel, solo excepcionalmente, por esas casualidades de la vida, puede servir al individuo y a la sociedad.

Mario Juliano

rg dijo...

me parece acertado lo que decis mario, pero el tema es que la peli no es de ficcion, sino un documental teatralizado. es decir, Littin no podia, no debia, distorsionar lo que habia pasado. por esas cosas, la carcel fue para jose (perdon por el termino) "civilizadora": la primera vez que se encuentra con gente con la que puede hablar, la primera vez que se encuentra con la posibilidad de llevar adelante un oficio, etc. Sabemos que la realidad de la carcel, en la argentina y chile de hoy, animaliza y deshumaniza. Pero Littin, creo, miraba otra cosa: habia una persona distinta, arrepentida, tranquila, trabajadora (nada indicaba lo contrario; su crimen finalmente se habia producido durante un estado de ebriedad), pero nada de eso basto. Y el problema no es solo la pena de muerte (seria un error ver a la peli como un alegato contra la pena de muerte, aunque este obviamente en contra de ella), el problema es como se establecen las prioridades. el problema paso por como ordenan sus prioridades el sistema institucional argentino o chileno, donde es que ponen la atencion y que es lo que se niegan a ver.

Miguel dijo...

Hola a todos...

Pido permiso para escribir. Soy de Brasil y me parecen muy interesantes los debates que se producen acá. Me parece un buen espacio para discusión de ideas.

Tengo un amigo chileno que también habló muy bien de este filme. Quieren pasarlo en la semana académica a los estudiantes que recién ingresaran en la facultad de Ciencias Sociales acá en mi Universidad, en Brasil.

Sobre la respuesta dura del gobierno frente la inseguridad, les recomiendo la película que recién estrenó en Brasil, llamada "Tropa de Elite". Muestra toda radicalidad con que la policia trata los narcotraficantes y todos los "bandidos" de las favellas brasileiras.

En esta pelicula de que les hablo, saltan a los ojos la paradoja de se valorizar el carácter y la honestidad de los agentes de policia, duramente treinados, los cuales despues van a torturar los chicos de la favella para obteneren informaciones y prender los narcotraficantes.

Es asustador, pero es la realidad acuatual de Brasil. Como dice Zygmunt Bauman, es como si através del honor del agente de la policia, la diciplina sustituise la responsabilidad moral. Pero el hablaba de este tema al hablar del nazismo.

Un abrazo a todos!
Miguel Godoy

Ps: perdón por los errores que seguramente cometi en mi castellano.

rg dijo...

Miguel, maestro, como estas. Aqui se vio esa pelicular. Que horror! Fuerte abrazo

Juan Lucas dijo...

Estimado Roberto:
Si la atribución de responsabilidad se sustenta en un juicio subjetivo de reproche, cuando éste se torna imposible -o inaceptable- ¿cómo justificar en ese caso en concreto el castigo?.
¿Cómo justificar castigo ante grupos desaventajados? ¿Hay base para el llamado juicio de reprochabilidad individual?
Menudo problema que hoy se oculta detrás de la normativización y un regreso al idealismo más solipsista.
La info de la que das cuenta -y la interesante película que mencionás-nos enfrentan a ese problema casi imposible de resolver.
En términos más genéricos, ¿te parece que hoy existe base para justificar cualquier juicio de culpabilidad en sentido más o menos tradicional?
¿Puedo "reprochar" un injusto en semejantes condiciones de pauperización?
Me encantaría leer un texto de Gargarella sobre el tema :-)

Te hago una pregunta off topic, a propósito de un posteo anterior. ¿Creés que es reversible el giro copernicano que se produjo en la ciudad autónoma en materia institucional? ¿Por qué te parece que se produjo el tránsito de una ciudad pensada en términos progresistas hacia una ciudad cada día más dura en todo sentido? Basta recordar lo que fue el proceso de su institucionalización originaria y lo que es hoy, para poder advertir la disociación. ¿Qué falló?
Un saludo muy grande,
Juan Lucas FN

Juan Lucas dijo...

Perdón. Un papelón lo mío. Acabo de percatarme que en la maraña de mi escritorio, tengo una fotocopia de "Mano dura sobre el castigo. Igualdad y comunidad (I)", en el cual abordás expresamente la cuestión sobre la que hice mención en el mensaje anterior.
Igual, sigue en pie mi necesidad de escuchar voces autorizadas acerca de la Ciudad de Buenos Aires y su declive institucional. Es algo que no logro decodificar y me intriga sobremanera...
Saludos!
Juan Lucas

rg dijo...

hola juan lucas. no soy experto para decir mucho sobre la ciudad. lo que si, no creo que antes era la ciudad progre y hoy la reaccionaria. tal vez nunca fue ninguna de las dos cosas. despues comentamos mano dura. salute

giane dijo...

muy buena la foto del post: bar Tasende (San José y Ciudadela, Montevideo) ¿puede ser?
saludos
gianella

rg dijo...

cooooooorrecto! y se me habia olvidado el nombre del bar, asi que estaba enojado por eso. lo conocia por bar viejo/de viejo, pero no lo recordaba. y llegando a la ciudad lo vi de refilon y me dije, uy, tengo que pasar un rato por ahi, aunque me quedé nomas tres horas por la ciudad. siempre tan bonita montevideo

princess_solitaria dijo...

Hla, lei todo tu artículo relacionado con el chacal y encuentro muy bueno lo que dices. Sin embargo, Littin si modificó la realidad porque más que un documental quiso hacer una pelicula basada en un hecho real, ya que omitió muchas detalles de lo que en realidad pasó.
Lo gracioso de ésto, es que si ahora uno va a la localidad de Nahueltoro, la gente le tiene en una animitas miles de velas y cosas diciendo "Gracias por el favor consedido" y cosas como esas, o sea, ahora es un santo.
Incluso en aquella época la gente criticó el castigo que se le dio a Valenzuela, pero civilzarlo fue productivo ya que pudo entender con mayor claridad la magnitud de lo que había hecho, cosa que hoy en día no ocurre y que hace falta que existan castigos ejemplares como aquel para cierto tipo de gente que no merece una segunda oportunidad.

Saludos, y disculpa por postear, quisiera decirte que tomaré algunas cosas de tu blog sobre este caso porque tengo un trabajo en la Universidad y me parecio bueno lo que expusiste aqui.