16 ene. 2008

Aclaraciones ---------ianas a las reglas de la discusión (II)

Hace un tiempo publiqué algunas lecturas sobre los textos de Habermas que hacían hincapié en las reglas que se aceptan al entrar en un diálogo. Eran unas líneas de exploración sobre lo que aceptamos implícitamente cuando entramos a debatir, dialogar, deliberar, intercambiar ideas, puntos de vista, disentir, discutir, etcétera. En definitiva, ¿Qué reglas implícitas aceptabamos cuando entramos en una discusión? Todas esas reglas, que como diría Wittgenstein son más fáciles de "mostrar" que de "decir", de definir, debían respetarse sino la práctica de dialogar entraba en una contradicción performativa, esto es, su dinámica resultará justamente lo opuesto a lo que la práctica del diálogo supone.

En esta ocasión, la cita viene a dar justo en aquel punto para profundizarlo, para seguir indagando, de una forma muy sorpresiva (por su no-autor) y con claridad expositiva (que contrasta con el habitual críptico estilo de ciertos textos del delegado cultural de Uppsala/profesor de la Universidad de Hamburgo) sobre cómo encarar un buen diálogo. No es una cita de Jurgen Habermas cuyas múltiples y diversas conversaciones deben ser siempre remarcadas y altamente recomendadas. No es un pasaje clásico del gran Carlos Nino cuya natural predisposición (tan presente en su filosofía) a la discusión inclusiva fue resaltada muchas veces en pasadas entradas y comentarios. No es una quotation del admirado Ronald Dworkin con su virtud de analizar y criticar tan distinguidamente los textos e ideas de los invitados a su vip coloquium de NYU. No es una de las lectures finales de John Rawls, sobre Hume o Marx "a su mejor luz", sugiriendo criticar los argumentos, dialogar, con la mejor versión de Locke o Hegel.

No es una trascripción de alguien que vivió dialogando (no al menos en ocasiones públicas) sino justamente, se dice, su recorrido fue del monólogo al diálogo.

Respondiendo a porqué se mantenía reacio a ciertas discusiones, polémicas, que le fueron contemporáneas nos ayuda a volver a explorar y ajustar un poco (nada más un poco más) las reglas del juego que continuamente queremos jugar, siempre fair play.

"Me gusta discutir y trato de responder a las cuestiones que se me plantean. Es verdad no me gusta participar en polémicas. Si abro un libro en el que el autor tacha a un adversario de "izquierdista pueril", lo cierro enseguida. Tales maneras de hacer no son las mías; no pertenezco al mundo de lo que se valen de ellas. Por esta diferencia, que mantengo como algo esencial: se trata de una moral, la que concierne a la búsqueda de la verdad y a la relación con el otro"

En el juego serio de las preguntas y de las respuestas, en el trabajo de elucidación recíproca, los derechos de cada uno son de algún modo inmanentes a la discusión. Simplemente marcan la situación de diálogo. El que pregunta no hace sino usar del derecho que le es dado: no estar convencido, percibir una contradicción, tener necesidad de una información suplementaria, hacer valer postulados diferentes o destacar una falta de razonamiento. En cuanto al que responde, tampoco dispone de ningún derecho excedente respecto de la discusión misma; está ligado mediante la lógica de su propio discurso a lo que ha dicho con antelación y, a través de la aceptación del diálogo, al examen del otro. Preguntas y respuestas derivan de un juego – un juego a la par agradable y difícil – en el que cada uno de los interlocutores se limita a no usar sino derechos que le son dados por el otro y mediante la forma aceptada del diálogo.

El polemista se aproxima acorazado de privilegios que ostenta de entrada y que nunca acepta poner en cuestión. Posee, por principio, los derechos que le autorizan a la guerra y que hacen de ésta una empresa justa; no tiene ante él a un interlocutor en la búsqueda de la verdad, sino a un adversario, un enemigo que es culpable, que es nocivo y cuya existencia misma constituye una amenaza. Para él, el juego no consiste, por tanto, en reconocerlo como sujeto que tiene derecho a la palabra, sino en anularlo como interlocutor de todo diálogo posible, y su objetivo final no será el de acercar tanto como se pueda una difícil verdad, sino el hacer triunfar la causa justa de la que desde el comienzo es el portador manifiesto. El polemista se apoya en una legitimidad de la que, por definición, es exluido su adversario.


Quizá será preciso hacer algún día la larga historia del a polémica como figura parasitaria de la discusión y obstáculo en la búsqueda de la verdad. Muy esquemáticamente, me parece que en ello se podría reconoer la presencia de tres modelos: modelo religioso, modelo judicial y modelo político. Del mismo modo que en la heresiología, la polémica se propone como tarea determinar el punto de dogma intangible, el principio fundamental y necesario que el adversario ha descuidado, ignorado o transgredido; y en esta negligencia, denuncia falta moral; en la raiz del error, descubre la pasión, el deseo, el interés, toda un serie de debilidades y vinculaciones inconfesables que la constituyen en culpabilidad. Como en la práctica judicial, la polémica no abre la posibilidad de una discusión en condiciones de igualdad; instruye un proceso. No se ocupa de un interlocutor, trata un sospechoso, reúne las pruebas de sus culpabilidad y, designando la infracción que ha cometido, pronuncia el veredicto y dicta condena. En todo caso, no estamos en el orden de una indagación llevada en común; el polemista dice la verdad en la forma de un juicio y según la autoridad que le es conferida a sí mismo. Pero hoy en día el modelo político es más poderoso. La polémica define alianzas, recluta partidarios, coliga intereses u opiniones, representa un partido; constituye al otro en un enemigo portador de intereses opuestos contra el que hay que luchar hasta el momento en el que, vencido, no le cabrá sino someterse o desaparecer.

Sin duda, en la polémica la reactivación de estas prácticas políticas, judiciales o religiosas no es otra cosa que teatro. Se gesticula: anatemas, excomuniones, condenas, batallas, victorias y derrotas no son, después de todo, sino maneras de decir. Y sin embargo son también, en el orden del discurso, maneras de hacer que no carecen de consecuencias. Se dan efectos de esterilización: ¿ se ha visto alguna vez surgir una idea nueva de la polémica? Y no podrá ser de otra manera desde el momento en que interlocutores son incitados, no a avanzar, ni a arriesgarse cada vez más en lo que dicen, sino a replegarse sin cesar sobre el buen derecho que reinvindican sobre su legitimidad que deben defender y sobre la afirmación de su inocencia. Ya hay algo más grave: en esta comedia se remeda la guerra, la batalla, las aniquilaciones o las rendiciones sin concidiciones; se hace pasar cuanto se puede ser su instinto de muerte. Ahora bien, resulta peligroso hacer creer que el acceso a la verdad puede pasar por semejantes caminos y validar de este modo, siquiera solamente bajo forma simbólica, las prácticas políticas reales que podrían asi autorizarse. Imaginemos por un instante que, en una polémica, uno de los dos adversarios recibe, mediante un golpe de varita mágica, el poder de ejercer sobre el otro todo el poder que desea. Algo que, por lo demás, resulta inútil imaginar: basta con ver cómo se desarrollaron en la URSS, no hace tanto tiempo, los debates en torno a la lingüística o a la genética. ¿Eran desviaciones aberrantes de lo que debe ser la auténtica discusión? En absoluto, antes bien, en tamaño real, se trataba de las consecuencias de una actitud polémica cuyos efectos habituales permanenecen en suspenso".


Esta no es una cita (Al menos, no una cita con autor/a).
------ -------- en The ------ ------- Reader.

11 comentarios:

frontispiece dijo...

Es interesante el post sobre el no autor profesor de Uppsala. Me interesa que se trata de una cita con su debido protocolo: las comillas marcando el comienzo y el final del texto citado, delimitando su insercion en otro texto, en este caso un post (postal office, postal code, post stamp, seguimos usando el lenguaje postal [ingles], de la carta y el correo para escribir en internet).
Ya Benjamin se habia propuesto escribir un libro compuesto solo de citas y tal vez lo hizo, si es que el proyecto de los Pasajes es aceptado tal y como nos llega en forma de libro. Un libro paradojico porque se encuentra inacabado, sostenido solo formalmente en un mismo volumen; y nos esta vedado saber si Benjamin hubiese querido publicarlo de esa forma, o no publicarlo en absoluto.
Estimo que esta cita del no autor profesor de Uppsala es tambien una traduccion. Nada en el texto me lo sugiere, nada en la cuidadosa simetria del castellano volcado en el post me lo revela. Solo el ultimo renglon, que en realidad es el ante-ultimo en el orden de la lectura (justo antes del “Posted by Lucas...) me lo sugiere. Se trata de un Reader, de un “lector”, que es en realidad una compilacion para ser leida (!), en suma, de una colección de citas largas a las que llamamos capitulos, fragmentos, pasajes, extractos.
Una cita traducida es posible porque todo texto es potencialmente iterable, repetible, y porque todo texto es potencialmente traducible.
Una cita traducida es un paraiso para Benjaminianos como yo –gracias por el “post”.

Lucas, me interesan las logicas de la “citationality” y de la “traducibility” porque parecen escapar a los imperativos de la discusion racional y sin embargo no son irracionales, sino que tienen su propia “logica”, solo que se trata de una logica “otra”; sin logos, sin la presencia plena de dos interlocutores en dialogo. Tambien me interesa mucho la primera discusion fallida entre Gadamer y Derrida, en el 80 creo, en la que Derrida se nego a un dialogo “de buena voluntad” tal y como se lo proponia Gadamer. ¿Habra que tener buena voluntad para dialogar?

Abrazo

Lucas A. dijo...

Front, gracias che.

Maté al autor/a, siguiendo dos intuiciones: 1. Una aplicación vernácula del velo de ignorancia (de John Rawls) al autor/a. Mi propuesta sería: leamos lo que trascribí como bajo un velo de ignorancia (sobre quién dice esto) para analizar lo trascripto no según quién lo dice y desde qué "paradigma", su visión más amplia, su ideología, etc; sino sobre lo que dice y sus razones. Esto, a veces, aunque muy inusual en la práctica, puede evitarnos tamizar (o, mejor dicho, tamizar menos) nuestra lectura y contaminarla de prejuciosos, (des)calificando las razones del texto y adjuntándole mucho que es más un efecto provocado por la "función autor". Decir, por ejemplo, "Ah, este es Chomsky, el que es mencionado Chavez en un discurso de la Onu. Mmmmmmhh" o "Ah, este es Habermas, el que discute con Ratzinger, Mmmmhhh " (si es que ambos comentarios descalifican a los autores -Nop!-, tener la oportunidad de evitar todo eso -calificar o descalificar, de generar un mecanismo para estar, al menos más cerca, en una ideal situación del habla, del diálogo; es algo muy positivo epistemológicamente).

2. También es muy interesante el debate interprete-autor (en el que Derrida y Gadamer deben tener mucho y muy bueno que decir) pero en el que R. Barthes se enfocó en "la muerte del autor".

En ese debate se hacía mención al nacimiento del "autor" y de los fundadores de discursividad. La función autor muchas veces, hace que leamos un texto en un cuerpo de textos, pero ese cuerpo de textos que son supuestamente "la obra" del autor no es un cuerpo (ni uniforme ni cuerpo, ni homogéneo ni sistemático) ni la obra es un todo coherente de sentido. La cuestión es ver textos menos de los contextos del autor, dejando que el texto hable solo. Bueno, eso se facilita cuando la función autor está suprimida, está ausente, porque sino solemos poner todo en un contexto de producción de sentido mucho mayor, más complejo y le agregamos más sentido interpretativo que el propiamente interpretativo (y muy dinámico) que agregamos al momento de la lectura (del siempre muy indeterminado sentido -no propiamente semiológico sino hermenéutico- del texto).

Efectivamente, como señalás Frontis, es una traducción de un Reader anglosajón sobre el autor/a, aunque este pasaje es una entrevista que le deben haber hecho, nunca lo sabremos, en inglés a/al no-autora/autor, por lo que tal vez no hubo traducción.

De todas formas, lo que me encantó del pasaje fue el análisis de la polémica como parasitaria del diálogo. Los tres modelos son muy observables en la práctica. La introducción con los derechos y deberes de aquellos que dialogan me parece una declaración de principios (en un no-autor). El final con la mención de la pregunta si la verdad puede salir (o qué verdad saldrá) de estos tres modelos de "discusión" me parece exquisita.

Volviendo a Gadamer y Derrida, tengo por acá el debate, en digital, si alguien lo quiere lo pide, tengo el reader de Gadamer de Cambridge en digital, muy bueno. Ídem sobre eso, just ask for it.

Ahora, creo haberlo leído, pero no lo tengo presente. Cuáles eran los términos, Frontis? Voy a ver si le puedo pegar una lectura durante el día.

Como siempre, sigamos.

frontispiece dijo...

Interesante Lucas lo del velo de ignorancia Rawlsiano para cancelar la funcion de autor. Es un lindo twist argumental para hacer funcionar juntas dos tradiciones que, hasta donde se, se hablaron poco (Rawls y Barthes).
Estoy de acuerdo en que anular la funcion de autor es positivo. En este caso, tu argumento parece ser que cancelar la funcion del autor nos habilita a leer esta cita con menos prejuicios --me refiero a los tipicos prejuicios basados en escuelas de pensamiento, nombres propios que predisponen mal, etc. Yo plantearia dos limitaciones a ese argumento, como excusa para seguir pensando.
Una es la que ya esboze, que vendria del tandem Benjamin-Derrida. Cancelar la funcion de autor hace funcionar otras logicas: la de la citabilidad (que significa citar? que se pone en funcionamiento cuando se extrae un pasaje de un texto y se lo pone a funcionar en otro? y en un post?)y, en este caso, tambien la de la traducibilidad. No hace mucho empezaron a agregarse los nombres de los traductores junto al del autor en los libros traducidos, pero aun asi el traductor continua siendo una figura liminal, no autoral, casi un medio de pasaje entre dos mundos, un mediador evanescente si queres.

La otra posible limitacion podria venir de Gadamer en relacion con la nocion de prejuicios. Para Gadamer los prejuicios son al mismo tiempo el limite y la condicion de posibilidad de una fusion de horizontes culturales. Sin prejuicios (el background knowledge de nuestra tradicion cultural y de pensamiento) no podemos empezar a hacer nada. Mediante la hermeneutica podemos ponerlos en cuestion, al abordar comprensivamente textos o mundos de la vida que susciten la duda sobre nuestra tradicion de pensamiento o sobre nuestras practicas.
Creo que la tension entre Gadamer y Rawls es fuerte, casi tanto como la tension entre Heidegger y Kant.
Sigamosla.

Lucas A. dijo...

George Steiner sostiene que “producir un texto verbalmente idéntico al original (hacer de una traducción una perfecta trascripción) es algo que excede los límites de la imaginación humana”. (Steiner, 2006:31) En la relación traductor-autor, “no se sabe cuál de los dos escribe esta página”. (Steiner, 2006:31)

Es paradigmático que Steiner llegue a esas conclusiones comentando la obra del Pierre Menard inventado por Borges. Bajo esa misma impresión, se puede ver Gadamer cuando apunta que “La traducción, aun la meramente literal, es siempre un género de interpretación”. (Gadamer, 2006:330)

También Derrida parece sugerir algo similar al respecto del mismo acto de traducción, dice: "El acontecimiento (meta-lingüístico y lingüístico) está entonces condenado a borrarse en la estructura que traduce. Ahora bien, esta estructura traductora no comienza, como saben, con lo que se llama traducción en el sentido habitual. Comienza desde que se instaura cierto tipo de lectura del texto “original”. Borra pero también recalca aquello a lo cual se resiste y aquello que se le resiste. Invita a leer la lengua en su propio borrarse: huellas borradas de un camino (odos), de un pista, camino que, borrando, se borra. La translatio, la traducción, die ubersetzung, es un camino que pasa por encima o más allá del camino de la lengua, siguiendo su camino” (Derrida ,1995:53).

Muy interensante lo de la "citationality" y es verdad que cumple una función que pasa desapercibida usualmente.

Por las mismas razones, los traductores son claves para la función autor. A pesar de que todo autor es intepretado, en el caso de las traducciones el autor está pre-interpretado por el traductor. El primer interprete de Rawls es quién lo traduce, lo mismo con Derrida y/o Gadamer, o Confucio o Platón. Por eso, para aquellos que saben idiomas las ediciones bilingues acercan un poco la traducción al cotejo y reducción de esa intepretación que se esconde en un traductor.

Es importante, y creo estaba ausente, lo que señalás de Gadamer. Efectivamente, sin ese background no sé puede empezar... Estoy buscando leer el debate entre Jacobo y Hans-Jorge.

Seguimos...

Lucas A. dijo...

De hecho, quería decir, la usual (¿primera?) interpretación que se esconde en la traducción....


Aunque no es la primera, porque el traductor lee otros textos en diversos idiomas sobre el autor, entonces interpreta que X se debe traducir así o de esta otra forma, y entonces su interpretación se contamina con otras interpretaciones. Lo mismo al cotejar otras traducciones. Lo que pasa con textos clásicos como E.A. Poe o W. Shakespeare.

Entonces, la primer interpretación del traductor, está o puede estar permeada por miles de interpretaciones en pugna.

En fin.. Lucas.

frontispiece dijo...

Gracias Lucas por la respuesta y las citas de Derrida y Steiner.

En cuanto a los roles de autor e interprete. Estoy de acuerdo en que el primer interprete de un autor es quien lo traduce; traducir no es realizar un traslado pristino de sentido de un lenguaje a otro, es algo mas complejo que a falta de una palabra mejor podriamos llamar "interpretacion".

Sin embargo, ultimamente me estan interesando filosofias que, como la de Benjamin, piensan la traduccion mas desde el texto a traducir que desde quien lo interpreta. Benjamin tiene un ensayito corto sobre traduccion en el que habla de la "traducibilidad" de todo texto. Benjamin parece querer decir que la posibilidad de ser traducido es mas un atributo del texto en si que del interpretador/traductor de turno. Esto es, que hay algo (una potencialidad) en el texto mismo que hace posible su traduccion. En suma, habria un encuentro de dos cosas: una potencialidad (traducibilidad) en el texto mismo, y una puesta en acto por parte del traductor --aunque esto de la potencia y el acto habria que verlo, suena muy Aristotelico. Si aceptamos lo que dice Benjamin, se deflacionaria un poco la agencia del "sujeto interpretante" para pasarle un poco de "agencia" al texto en si. Sin esa potencialidad que se halla en todo texto no habria "posibilidad" de interpetacion alguna.

Creo que al pasarle peso ontologico a los textos, las citas y las obras de arte, Benjamin cuestiona la centralidad del sujeto humano en el mundo. Nos pone de igual a igual con otras criaturas (Benjamin habla de citas como fosiles; de una traduccion sobreviviendo al original, etc) que tienen sus propias logicas y que mas que confirmar nuestra centralidad nos descentran y nos ponen en cuestion.

La cita del no autor profesor de Uppsala sigue funcionando, una vez mas en tu post, mas alla de la muerte de su autor. Aunque en realidad ya estaba lista para hacerlo, en el mismo instante en que fue escrita.

A ver si la seguimos, aqui abajo o en otros posts.
Saludos

Lucas A. dijo...

Frontis, Como siempre, gracias por la respuesta.

Recuerdo hace mucho tiempo haber tenido algunas lecturas fervorosas de las tesis sobre historia, la tesis del Angelus Novus de Paul Klee, la relación progreso-reacción (que me llevó a la dialéctica del iluminismo de TA y MH), y los textos que hablan sobre Kafka (en su libro ensayo sobre la violencia) además de tener muchos textos con clarísima conexión constitucional, como los que hablan del poder constituyente y la violencia original (que creo retomará Carl Schmitt, no?) y otros que me estoy olvidando.

Sobre todo pensé en qué (!!!!) corno entendía cuando leía eso hace ya varios, pero varios años. En fin, otro tema, vuelvo a los rieles del comment que quería hacer.

x. Una línea alternativa a la que sigo (poner la cuestión entre el autor y el interprete, con el texto medio -si bien siempre en escena- marginado) habitualmente en los temas de interpretación en general e interpretación de la ley en especial.

y. Una llamada de atención sobre esas lecturas pasadas y lo siempre interesante, apasionante de Benjamin y su historia. No sé quién comentó (y tampoco recuerdo si fue por acá o por otro lado, creo que por acá) el análisis de Derrida sobre Benjamin que salió hace tiempo en Cardozo Law Review que es muy recomendable y está online, por ahí podríamos conectar (tal vez, estoy pensando) la descentralización que comentás en Benjamin con la deconstrucción. Al menos, con ese intento de Derrida a través de Benjamin (especialmente en la segunda parte del ensyo recuerdo).

En qué texto de Benjamin analiza esto?
En este preciso momento se me apareció en la mente el texto sobre Kafka, y no sé si era su crítica (o la de Orson Welles - sí, efectivamente tengo problemas de archivo en mi disco duro mental- ) a las (tres?) interpretaciones usuales de los pasajes, especialmente, de "El Proceso" y del cuento que contenía ese libro.
En este texto de FKafka, Benjamin habla desde donde vos comentás?

Además, aquel cruce entre los CLS y Derrida muestra de diálogos inter-escuela de pensamiento (si es que esas escuelas -como tales- existen o deben ser tomadas en consideración anyway).

Salutes, che.

Lucas A. dijo...

Antes de mi x e y, iba algo así como "Estas son las dos llamadas de atención, curiosidad, que tu comentario me generó".

Todavía estaba precalentando motores a media mañana.

Salutes, L.

frontispiece dijo...

Lucas, mencionaba el siguiente texto de Benjamin (en traduccion, je):

W. Benjamin. "The Task of the Translator" en Selected Writings, Marcus Bullock y Michael W. Jennings (editors), Volume 1 1913-1926 (Cambridge: Harvard U. Press, 2004) pp 253-263. Ademas, mi lectura de Benjamin esta muy influida por todo lo que escribio Samuel Weber, cuyo libro Benjamin's abilities esta por salir en mayo.

Si, tambien tengo presente el ensayo de Derrida en la Cardozo Law Review: "Force of Law. The Mystical Foundation of Authority". El ensayito de Benjamin sobre Kafka todavia no lo lei--te lo debo para proximos intercambios.

Y nos queda pendiente lo de la "buena voluntad".

Saludos.

Lucas A. dijo...

Sí, obvio que la seguimos. Dos cositas. Rectifiqué en la entrada original (para ajustarlas al fair play) dado que el profesor fue delegado cultural (con sede en la Universidad??? hay datos confusos) en Uppsala y, entre tantas otras, dio clases en la Universidad de Hamburgo.

Sobre el Debate Derrida-Gadamer me di cuenta que no tengo el libro digital sino una reseña de un Journal Sudafricano que lo sintetiza muy bien. En el mismo, se reseña que hay un libro que reune el encuentro en París en 1981 de los dos autores con un diálogo que comienza Gadamer y se le adjunta un artículo de Derrida.

El libro es inconseguible en plaza italia =) a precio módico, por lo que exploraré otras vías.

Mientras tanto, la seguimos, por supuesto.

Lucas A. dijo...

Che, ahí arriba cuando dije que Benjamin influyó en Schmitt realmente debí querer decir que fue Schmitt quien influyó en Benjamin (tanto que este le mandó una carta junto a su libro dedicado "con admiración" al, por ese entonces, ya famoso profesor alemán).

Más vale tarde que nunca, che.