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Hace mucho tenía esto escrito sobre el golpe de Honduras. Siempre quisimos esperar un poco más, recibir más información y la verdad es que pensaba que nunca era suficiente. Entonces el tiempo pasó y acá estamos. Los relatos de Santiago O'Donnell del primero al último, de
este a
este y pasando por
este, de los primeros que hablaban del rechazo internacional a los que hablan del tema como "ya fue, ya paso" me resultaron me ayudaron y me dieron la sensación de dar un poco de luz las tinieblas que la distancia y el desconocimiento de lo que venía sucediendo. Ahí va:
¿Qué decir de la situación en Honduras? La distancia dificulta hacer mucho más que rechazar el golpe de estado y repudiar ciertas prácticas de justificación solapada (o más bien directa) que se pudieron ver, leer y escuchar en todo tipo de formato, pantalla y espacio periodístico. Falta mucha información pero hay suficiente para rechazar y lamentar todo.
Acá, Gustavo Arballo comentó, en otro buen post, la situación durante la semana en la que el Secretario de la OEA se iba sin poder negociar una vuelta del presidente destituido.
Primero. Siempre recuerdo la frase de Carlos Nino que señalaba que el
liberalismo conservador en la historia política Argentina había sido siempre más conservador que liberal. Entonces, que el "Partido Liberal" sea identificado como principal responsable del golpe de estado, no resulta nada sorprendente. Como decimos siempre, el liberalismo de la política cotidiana es al liberalismo, lo que la música militar es a la música.
Ni sorprende que los partidos de derecha, que pretenden representar al liberalismo, se hayan vinculado fuertemente con el poder militar. Cabe recordar, por un lado, al funcionario del banco central durante la dictadura argentina que fue figura autoreferente de la política argentina (llegó a disputar presidencias e intendencias) y líder de un partido llamado Acción por la República y, por otro lado, la excelente relación que tuvo un amateur Ministro de Defensa de la Gestión de De la Rúa con las Fuerzas Armadas, antes de su fugaz (¿dos o tres días?) paso por el Ministerio de Economía, previoa dar paso al anteriomente personaje mencionado, solo son dos ejemplos.
Segundo. Vemos, no sin horror, a las fuerzas armadas otra vez como actores políticos dentro de la escena, en el primer plano y, en este caso, actuando con la colaboración de fuerzas opositoras, supuestamentes liberales y republicanas, en defensa de las "instituciones".
Tercero: Se repite la historia de las Cortes Supremas que en lugar de luchar por el Estado Democrático de Derecho, por la solución de los conflictos pacífica y en el marco de las instituciones de la legitimidad democrática, parecen promover junto con otros protagonistas antes mencionados (las fuerzas armadas y la oposición), las interrupciones de los gobiernos legítimos (sobre todo, supuestamente de izquierda, qué raro!), colaborando con las, muy eufemísticas, "transiciones forzadas" y aceptando políticamente e impulsando judicialmente al "nuevo gobierno".
La información que circuló (principios de Julio) es que la orden de arresto para M.Zelaya fue emitida (pero no publicada) por la Corte Suprema. La Fuerzas Armadas la ejecutaron y el partido liberal "colaboró" formando al "nuevo gobierno".
En uno de los primeros relatos sobre el conflicto, S. O'Donnell escribe sobre cómo se pateó el tablero y cómo las piezas se movieron, junto al rol de la Corte, más cercano al torre boba que al de una independiente reina:
- "Olvidate de los yanquis coreaban congresistas, jueces, obispos y empresarios. Si hay que mantener el orden constitucional, no problem. Hacemos una sucesión constitucional. Está todo planeado. Asume Micheletti, presidente del Congreso, tercero en la línea sucesoria, porque el vice de Zelaya renunció. Decimos que la Corte Suprema ordenó el arresto de Zelaya, aunque la Corte no firme nada. No problem. Manejamos la prensa. Los cargos se verán después, al fiscal lo manejamos nosotros. Después truchamos una carta de renuncia y la difundimos a través de nuestros medios"
- "Lo que importa es que lo hizo de buena fe, cumpliendo una orden de la Corte Suprema, o más bien el espíritu de esa supuesta orden que todavía no apareció... Hay que saber interpretar, porque detener a Zelaya y simplemente dejarlo en Honduras podría causar inconvenientes"
- "Controlados por empresarios honorables, habían respetado las consignas. En cambio algunas estaciones de televisión y algunas radios y toda la prensa extranjera habían actuado de manera irresponsable, o peor, tendenciosa y por lo tanto correspondía un castigo. Seguramente lo dice la Constitución en algún artículo, o si no lo dice se consigue un fallo de la Corte Suprema, que colabora en todo y es más o menos lo mismo"
Ahora, ¿Existe (algo así como) una asociación internacional de magistrados que criticó -duramente- que criticó el actuar de la Corte de Honduras? ¿Existe alguna asociación internacional de Cortes Supremas que hayan expresado su preocupación pública y su rechazo explícito?
Hacia finales de primer década del nuevo siglo, se me ocurre que una pregunta de largo plazo podría ser si las Cortes Supremas seguirán con el patrón de su débil compromiso con mínimos estándares de legitimidad democrática, como el caso de Honduras vuelve a demostrar (incluso si justificase su actuar apelando a defensas republicanas) o si dicho patrón cambiará. Principalmente, me pregunto si el caso de la Corte de Honduras será un anacronismo propio de lo peor del Siglo XX, golpes de estado y rupturas democráticas, o será parte de una nueva etapa en el rol de las Cortes frente a las futuras "transiciones forzadas" y nuevas modalidades de golpes de estado en el siglo XXI?