12 jul. 2016

Interpretación del derecho: Entre la “novela en cadena”, la "catedral," y la “catedral bombardeada” 1


(Novela en 3 entregas)

A fines de los años 80, el iusfilósofo Ronald Dworkin propuso entender la interpretación constitucional a la luz de una metáfora que no tardaría en adquirir enorme peso: la metáfora de una “novela en cadena” que es escrita por una diversidad de autores, a lo largo del tiempo.  Algo después, varios otros doctrinarios –entre ellos Carlos Nino- propusieron refinar y precisar aquella imagen, a través del uso de otra metáfora también de trayectoria próspera dentro del derecho: la que propone entender ciertas secciones del derecho a través de la imagen de una “catedral,” que requiere ser vista de modo completo para ser reconocida y entendida en un sentido pleno (fue Guido Calabresi quien inauguró el uso de esta otra metáfora, a través de un famoso artículo publicado en 1972).  Para pensar sobre la interpretación del derecho en América Latina –esto es decir, en el marco de sistemas institucionales frágiles, golpeados, imperfectos- quisiera proponer una variación sobre tales metáforas, aludiendo a la imagen de una “catedral bombardeada.” Paso a dar cuenta, a continuación, de esas tres metáforas. 

La novela en cadena

El ejemplo de la “novela en cadena” nos propone pensar la tarea judicial de interpretación constitucional en analogía con la tarea de alguien que acepta participar en la escritura de una “novela en cadena.” Imaginemos, entonces, que somos veinte personas que participamos en esta tarea, y que cada uno se compromete  a escribir cinco páginas de esa novela. Cada uno, cuando recibe el manuscrito que le lega quien lo antecede en la obra, agrega entonces sus cinco hojas, que pasan a sumarse a las hojas ya escritas por todos sus antecesores. Dworkin nos pregunta entonces: “qué es lo que una persona responsable, comprometida con su tarea, debe hacer, una vez que recibe el manuscrito en cuestión?” las respuestas que uno puede dar frente a dicha pregunta –y esto es importante que lo reconozcamos, y de enorme interés para lo que Dworkin nos quiere decir- son relativamente obvias. La primera obligación de cada participante es la de leer las páginas ya escritas. Luego, cada uno tratará de entender lo escrito, y de darle un sentido a todo lo escrito (Se trata de una novela histórica? De una novela dramática? De una novela policial?). Finalmente, tratará de completar sus cinco páginas, dándole “la mejor continuación posible” a la novela hasta entonces escrita: una continuidad que haga honor a lo ya escrito, y que prepare el camino para el próximo participante. Todos estos son pasos muy intuitivos, en relación con los cuales todos tendemos a estar de acuerdo (invito a que cualquier lector le pregunte a cualquier persona qué es lo que haría en esa situación de partícipe de una ¨novela en cadena”). Este simple ejemplo que nos ofrece Dworkin, tan sencillo e intuitivo como parece, es sin embargo tremendamente revelador acerca de lo que es y lo que debe ser la interpretación constitucional, si es hecha responsablemente. 

Adviértase todo lo que nos dice el ejemplo. En primer lugar, estamos en presencia de una tarea que, según vimos, no exigía de sus participantes capacidades sobre-humanas. Muy por el contario, vimos que cualquiera que pensara bien sobre la tarea en juego podía reconocer inmediatamente en qué consistía la misión que se le encomendaba.  En segundo lugar, se trata de una tarea que comienza mucho antes que la llegada de uno, y que va a continuar mucho más allá de cuando termine nuestra propia participación. Intervenir bien en esa tarea implica reconocer que la misma de ningún modo empieza y termina con uno. Se trata de una empresa colectiva, no individual. En tal sentido, cualquiera diría que uno no participa bien de ese proceso colectivo si, en lugar de continuar responsablemente y del mejor modo lo escrito hasta el momento, lo que uno hace –pongamos, un Jorge Luis Borges, un Gabriel García Márquez- es desafiar todo lo escrito, dejándolo de lado para escribir en cambio sus propias cinco páginas gloriosas, con el ánimo de dejar en claro, frente a los demás, su propio,  extraordinario talento personal. Frente a ese ocasional Borges, cualquiera puede decir: “Su insuperable talento nos resulta muy claro, pero lamentablemente usted no ha cumplido con la función que le habíamos encomendado, y con la que se había comprometido: lo que esperábamos de Usted no era su lucimiento personal, sino que hiciera el mejor aporte a una tarea colectiva, que lo trasciende a usted ampliamente.” 

Todos estos rasgos que parecen claros, y propios de la escritura de una “novela en cadena” deben verse en paralelo con la tarea de interpretación constitucional: se trata, este caso también, de una empresa que nos invita naturalmente a prestar atención a lo hecho por quienes nos antecedieron; que nos fuerza a encontrar el sentido o hilo conductor de la “novela” escrita hasta el momento de nuestra llegada; que nos propone darle la mejor continuación posible a lo hecho por nuestros antecesores; que no exige de nosotros, participantes, capacidades sobre-humanas; que nos refiere a una tarea que comienza y va a seguir mucho después de la nuestra participación; que nos refiere a una empresa colectiva, que requiere que seamos conscientes de las exigencias y limitaciones propias de nuestro rol: nos desempeñamos directamente mal si apostamos al lucimiento personal, en lugar de tratar de enriquecer del mejor modo posible esa tarea colectiva que nos trasciende.

Todavía más interesante es la forma en el que el ejemplo nos permite dejar atrás todas las críticas más habituales recibidas el modelo jurídico de Dworkin, como uno caracterizado por el elitismo y el aislamiento de los jueces, donde los jueces deben decidir sobre todo lo importante, actuando como “Hércules” en busca de la única “respuesta correcta” que sólo ellos, como genios aislados del pueblo, pueden encontrar. En efecto, a través de un ejemplo como el citado, y con un soplido, Dworkin es capaz de tirar abajo el mazo de cartas que sus críticos habían levantado en su contra. En efecto, la versión de la “respuesta correcta” que se utiliza para criticar a Dworkin (“respuesta correcta alude a verdades sólo asequibles por una elite iluminada”) resulta falsa: el ejemplo de la “novela en cadena” deja en claro que la tarea en juego es una que cualquier participante –aún un novel comprometido con su tarea- puede entender y llevar a cabo sin mayores dificultades. La metáfora de “Hércules”, traducida por los críticos de Dworkin como una que alude a la necesidad de contar con jueces “sobre-humanos” también se cae a pedazos frente al ejemplo de la “novela en cadena”. Según viéramos, esta última tarea no sólo no se requieren jueces sobre-humanos, sino que cualquier actuación de un participante que no sea consciente de su papel limitado, o que por el contrario quiera destacar en su individualidad como si todo lo hecho por los demás no fuera de interés (el caso “Borges”) debe considerarse como una participación errada –la participación de alguien que simplemente no ha entendido de qué se trata el juego que juega. Por razones como éstas es que puede decirse que entendemos y enseñamos mal a Dworkin, cuando seguimos presentándolo o criticándolo como si siguiera estando atado a las más vulnerables posiciones que asociamos con el primer Dworkin, el de “Hércules,” “los casos difíciles” y la “respuesta correcta”. A pesar de lo iluminadora que ha sido, y de la enorme productividad de la metáfora de la “novela en cadena,” a continuación voy a concentrarme en la segunda metáfora –la de la “catedral”- que en cierto modo ayuda a refinarla y precisarla.

20 comentarios:

Anónimo dijo...

Lo que me sigue resultando difícil de comprender de la teoría interpretativa de Dworkin es por qué habla de UNA respuesta correcta, objetivamente válida. Su teoría de la interpretación, entiendo por lo que he leído, esta anclada principalmente en el método, en cómo se llega a cierto resultado. Entonces podemos pensar en la metáfora de la novela continuada, en que el proceso de razonamiento debe ser comprometido con lo que se ha escrito antes y debe sentar las bases para futuros desarrollos, etc. Pero siguiendo dichos pasos, un intérprete "x" puede llegar a una conclusión "a" perfectamente razonable, y un intérprete "y" puede llegar a la conclusión "b" diametralmente opuesta, en cuyo caso se produciría un conflicto genuino. Dworkin no prevé un mecanismo neutral para resolver, en este caso, cuál respuesta debería imponerse. Por eso me resulta más fácil leer su teoría como una propuesta que me permite aspirar a dar la mejor respuesta que yo pueda dar, independientemente de que en realidad pueda estar equivocado. O, partiendo de una postura metaética más escéptica, dado que no es posible determinar que existan respuestas correctas e incorrectas, esta teoría de la interpretación me brindaría los pasos mínimos que tendría que dar para que mi decisión pueda competir con otras que se han seguido cumpliendo los mismos recaudos. Pero no veo cómo se puede sostener que haya una respuesta correcta.
Tomas

rg dijo...

justamente es lo que trataba de dejar atrás, tomás, y lo que él mismo dejó de enfatizar luego de una primera etapa: la idea de la novela en cadena explica brillantemente cómo entender la idea que se quiso congelar bajo la noción de la respuesta correcta: cuando escribís tus 5 páginas, no son las únicas páginas posibles. apuntás a que sean las mejores, como en un caso, y seguro hay un ideal que puede ser descripto como el de la mejor continuación posible (LA respuesta correcta), pero nadie es borges, ni merece actuar como borges, sino como formando parte de un trabajo colectivo, que debe hacerse del mejor modo posible, que es decir bastante, porque dice sobre cómo tomar lo anterior, qué dejar de lado, cómo continuar. y se trata de una tarea que se puede entender perfectamente en su dimensión, cuando la pensamos a la luz de lo que haríamos en la novela en cadena. no está reservada para genios, ni para dworkins: cualquiera se hace las mismas preguntas que se haría él

Anónimo dijo...

No hay una "primera etapa" en que Dworkin haya dicho eso. En todo caso hay una primera etapa de gente malinterpretándolo. Dworkin dijo que mi respuesta correcta puede diferir de la de otra persona. Lo importante es el método, si se hace de buena fe no importa si hay discrepancias. Lo dijo siempre.

gustavo maurino dijo...

uyy qué lindo encontrar estas floressss en el almuerzo! Es un gran punto este primero, permita ganar tanto entendimiento de los malos entendidos sobre don Dwor

tomas. yo diría Dworkin habla de "una respuesta correcta", porque cree (siempre creyó) que hay una respuesta correcta en las cuestiones normativas (vinculadas con principios).
Que no prevea un "mecanismo neutral para resolver" el desacuerdo sería irrelevante para su pensamiento, su convicción sobre la existencia de una respuesta correcta. Pero además, el sí prevé tal mecanismo...el simple mecanismo de la argumentación de buena fe.Lo que no es, dicho mecanismo, es "indiscutible", pero es neutral, confiable y práctico...es más, es inevitable (lo usa usted, como todos nosotros, todo el tiempo cada vez que tiene que justificar una decisión).


Anónimo dice algo interesante en lo que tal ve estoy en desacuerdo. En el caso que mi respuesta correcta difiera de la de otra persona (y sean incmopatibles), una de las dos personas está en error, para dworkin, y en ese sentido la discrepancia es importante. Más allá de que ambas están obrando con "responsabilidad" (según el ultimo dworkin), lo que es ciertamente una virtud fundamental para él.

Anónimo dijo...

Gustavo, gracias por tu respuesta. Según lo que entiendo de ella, sugerís que 1) el hecho de que no haya un mecanismo para determinar cuál es la respuesta correcta no implica que en efecto no exista una respuesta correcta, y 2) Dworkin en todo caso prevé tal mecanismo: el razonamiento de buena fé al que cualquier persona puede recurrir y evaluar. Creo que si seguimos esa línea de razonamiento, la tesis de la respuesta correcta y la unidad del valor de dworkin se ve fuertemente debilitada (perdón por el oxímoron). Con esto quiero decir: es poco interesante decir que estoy convencido de que existen respuestas correctas a diversos problemas (UNA respuesta correcta, y como consecuencia el resto de posibles respuestas, equivocadas- tal como bien le señalás al anónimo-) si no puedo demostrar concluyentemente por qué sostengo que x, y no y, es la respuesta correcta. Y en segundo lugar, entiendo que el razonamiento de buena fe constituye una herramienta demasiado tibia, o insuficiente, para determinar cuál de las respuestas que compiten entre sí es la correcta. Me parece perfectamente plausible la coexistencia de dos soluciones antagónicas, mutuamente excluyentes, a un mismo problema, que sin embargo derivan de razonamientos de buena fe, coherentes internamente y consistentes con el sistema de valores de quién las propone.
Tomás

Anónimo dijo...

Soy anónimo, me explico nuevamente. Dworkin es ambiguo al hablar de respuesta correcta, pero creo que lo hace conscientemente, y creo también que lo hubiera aceptado abiertamente. En un sentido, por supuesto que hay una sola, y que es objetiva. Pero al mismo tiempo, lo que más le interesaba era puntualizar la actividad del juez (y del ciudadano), no el resultado. Si usted de buena fe y usando del mejor modo todos los recursos a su alcance llega a una respuesta única que le satisface, esa es su mejor respuesta. Usted hizo bien su trabajo. Si hay una respuesta mejor a esa (objetivamente mejor) los jueces (y ciudadanos) harían bien en adoptarla, pero eso no quiere decir que el primer juez se haya equivocado radicalmente. En un sentido está equivocado, pero no está equivocado de la manera radical en que podría estarlo (por ignorar que el derecho y su aplicación son prácticas interpretativas, o que el juez está obligado a tomar en cuenta ciertos materiales, etc.).

Si dos personas tienen respuestas incompatibles, puede ser que una haya llegado a ella de mala fe, irresponsablemente. O puede ser que no. En el primer caso, nada hay que decir a favor de esa posición. En el segundo, hay mucho que decir, incluso cuando una sea mejor, un poco mejor, o lo que sea.

La tarea interpretativa es personal, no colectiva. Al hacerlo, la persona puede equivocarse, pero si lo hace siguiendo los cauces normales que esa tarea impone, esto no importa, y a esa respuesta podemos llamarle correcta también.

Anónimo dijo...

Bueno, anónimo nuevamente. Wikipedia lo explica mejor

One of Dworkin's most interesting and controversial theses states that the law as properly interpreted will give an answer. This is not to say that everyone will have the same answer (a consensus of what is "right"), or if it did, the answer would not be justified exactly in the same way for every person; rather it means that there will be a necessary answer for each individual if he applies himself correctly to the legal question.

Yo siempre leí así a Dworkin, no creo que haya una primera etapa y una segunda.

Gustavo Maurino dijo...

Hola. saludos.
Tomáx: Dworkin no creía que el razonamiento de buena fe daba un termómetro objetivo confiable, verificable de verdad, por lo tanto no lo critaría porque no lo sea. De hecho, en el libro del erizo...es táaan turro que dice que también es interpetativa la cuestión de la buena fe, la responsabilidad, etc...toooodo es interpretativo, no hay punto de apoyo arquimediano...es una "red" y todos los nudos están en ajuste y apoyo, no hay uno básico...incluso cree que la red se conecta por algún lado, interpetativamente, con la teoría de la verdad científica, etc. etc....es tremendo, es fascinante, es boorges.
Una reacción sobre la "respuesta correcta":
No es misterioso lo de "una respuesta correcta,válida"; es más bien una hipótesis basada en la vida cotidiana. Ese es el punto de dworkin...así vive cada uno la convicción sobre la verdad de algún punto moral (ej: torturar niños está mal). El hecho de que haya desacuerdo moral no cambia esto (tiendo a pensar que tengo razón y que la otra posción está en un error) y el hecho de que no haya una "verdaderometro" idéntido a un termómetro para medir la temperatura tampoco cambia el punto, ni "debilita" nada. simplemente, así es como es la cosa con las cuestiones de valor. La verdad es la verdad interpretativa y el método es interpretativo, y admite el desacuerdo, y así vamos... No es culpa mía, podría decir dwork. si el mundo es así, el punto es que mi interpretacion dle mundo es la mejor que anda dando vueltas (sobre todo frente al realismo y frente a los escepticismos, que pretenden inventar un mundo, o un no-mundo moral equivocado). Por ejemplo, Yo (personalmente) estoy convencido de que matar 74 personas atropellándolas con un camión está mal, y lo estoy en base a un argumento moral que he tratado de hacer más o menos responsablemente, y es todo lo que tengo, pero es todo lo que necesito, al mismo tiempo. Dworkin dirá que me gané "el derecho a vivir de acuerdo a esa verdad", y ciertamente, alguien podrá pensar que estoy equivocado, que es falso que esa conducta del conductor está mal (sea que crea que está bien, que crea que no está ni bien ni mal, o que crea que nada está ni bien ni mal...en todos los casos cree que es falso lo que yo afirmo como verdad). Y estaremos en desacuerdo, pero ambos estamos seguros de que hay una respuesta correcta sobre la evaluación del acto en cuestión (la mía, o cualquiera de las que la impugnan).
Tengamos presente, por otro lado, la distinción muy útil de Dworkin entre "incertidumbre" (que es consistente con la idea de verdad) e "indeterminación" (que afirma que no hay verdad)...aunque incluso la intederminación, para dwrokin, entendida como escepticismo interno, es una tesis que afirma una respuesta correcta, a saber, la respuesta correcta es indeterminada...y él está bien con eso, y está dispuesto a afirmar que a veces esa es la respuesta correcta (ej, respecto de la comparación de quién fue más genial, bethoveen o picasso).
Sobre tu parte final acerca de la pluralidad de respuestas antagónicas. No entiendo bien, si tu punto es que ambas son correctas (no veo cómo pueden serlo, o cómo podríamos afirmar que lo son, pero si lo fueran o si lo afirmáramos, eso corroboraría la tesis de la respuesta correcta de Dwor...en este caso, hay 2 resp. correctas...insisto, no veo cómo sería eso) o que estás presuponiendo o defendiendo un criterio relativista-subjetivista-individualista-coherentista de verdad (la verdad es relativa a un sujeto individual, en base a una evaluacion de coherencia arguntativa interna). Si es esto último, lo que tenés es una teoría de la verdad diferente a dworkin...una que es muuuy mala, diría él...pero allá vos, je, con una idea de tantas verdades como sujetos coherentes (hasta que te choques de frente con la idea de "coherencia" y tengas que decidir si esa idea es también individual/subjetiva o general/objetiva y te estalle el marulo).

En todo caso, gracias por la conversa. saludos.

Gustavo Maurino dijo...

Hola, una breve respuesta a anónimo, en relación al último párrafo.
Creo que en relación con lxs juecxs, por ahí la concepción de "personal" y "colectiva" que usas es diferente a lo que menciona Roberto, que mencionaba Dworkin.
Creo que tal vez la vez como una distinción dicotómica, y creo que Dwor no pretende esa distinción así.
Me explico: por supuesto que hay una agencia individual, el punto de dworkin (individualista como el que más, lo sabemos) es que eso se hace en el marco de una empresa donde hay otros individuos, igualmente agentes, que proveen materiales al agente "x" (proveen contexto, sentido, narrativa, sesgos, priorizaciones, tonos, lenguaje, etc. etc. et.etc.etc.), y que trabajarán con lo que el agente "x" haga. En ese sentido, la contribución de "x" es una contribucion personal en una obra colectiva. Y eso, eso nomás, le da al rol y a la acción de "x" y al derecho que miramos de esa manera, y a la interpretación que miramos de esa manera, y a la construcción de respuestas correctas que miramos de esa manera....una perspectiva particular...la perspectiva dowrkiniana, que es besshhesa pura.
Entonces, es cierto que quien actuó responsablemente actuó correctamente, aunque no haya hecho lo correcto (el erró). Hay formas correctas de equivocarnos, diría ( o dijo, ya no me acuerdo, Dworkin)...como messi cuando pateó el penal en la final y hay formas correctas de acertar (como cuando pateó el tiro libre contra USA)...y también hay formas incorrectas de las dos cosas ...(las imágenes futboleras me escasean ya para ejemplificar, je).
salute, que sea un buen domingo, a pesar de todo,que sea un buen domingo.

Anónimo dijo...

Hola Gustavo, gracias a vos por la charla. Para mí es un placer hablar de estos temas con quien probablemente sea una de las personas más conocedoras de la obra de Dworkin en el país. Reconociendo ello, no me considero estar a la altura para contratacar puntualmente tus argumentos (necesitaría mínimo releer Justice for hedgehogs en su totalidad). Además hay tantas cuestiones interconectadas que se mezclan..escepticismo interno y externo, unidad del valor, respuesta correcta, indeterminación y incertidumbre..etc. Pero sin embargo, y corriendo el riesgo de alargar esta conversación más de lo que corresponde, reivindico mi postura en los siguientes términos. Entiendo que a una cuestión problemática (es moralmente admisible el aborto?), A puede llegar a la conclusión de que la respuesta es Sí, luego de atravesar un camino de argumentación de buena fé, auto-consistente, respetuosa del contexto en el que se enmarca y de decisiones precedentes, etc. B, por su parte, puede llegar a la conclusión opuesta, habiendo seguido un camino similar (procedimentalmente hablando). Aquí nos encontramos con un verdadero desacuerdo, que analizado desde la posición de un observador no puede sino derivar en alguna forma de escepticismo: o frente a la cuestión de la admisibilidad del aborto no hay una respuesta correcta, o, si la hubiera, no es posible saber cuál es (no hay un verdaderómetro, como señalás con cierta, aunque adecuada, ironía). El hecho de que tanto A como B estén profundamente convencidos de que su respuesta es la correcta es un dato contingente: no veo qué nos puede decir acerca de que una de las dos respuestas sea la correcta, objetivamente. Esto probablemente me convertiría en un escéptico externo según Dworkin, quien probablemente replicaría que mi posición es, por lo menos para mí, la respuesta correcta. Pero ello no soluciona el problema relativo a la imposiblidad de determinar que exista en verdad una respuesta correcta, independientemente de lo que yo considere que es correcto. Por otro lado, tampoco veo como Dworkin puede sostener que no hay tal cosa como la meta-ética, identificando los enunciados de segundo grado con los juicios morales de primer grado: ello me resulta simplemente ininteligible. En fin, espero poder continuar esta discusión en algun otro momento, en el que seguramente despejarás muchas cosas que no me terminan de cerrar.
Tomas

Anónimo dijo...

Yo (anónimo) estoy en una posición intermedia entre Tomas y Gustavo. Creo que Dwor hace bien en rechazar el escepticismo externo.

Pero insisto con la idea anterior: el procedimiento lo es todo. Ante 2 respuestas antagónicas, Dwor nos sugiere que, si seguimos pensando, echando mano a la filosofía moral, etc., descubriremos una que es todavía mejor.

Pero en muchos casos, Dwor podría decir que la respuesta X es correcta (para esa persona) por haber sido resultado de un proceso de buena fe incluso cuando no sea objetivametne LA correcta. Es decir, incluso cuando si seguimos buscando vamos a encontrar una respuesta mejor.

Si dos jueces están en desacuerdo, y los dos tienen buena fe, etc. es posible que uno abrace LA respuesta correcta, pero también es posible decir, en cierto sentido, que la respuesta del otro también es correcta.

En buena medida, se trata de una cuestión semántica. Y el ejemplo de Messi sobre errar de la buena manera es super apropiado.

Anónimo dijo...

Anónimo, no creo que una lectura adecuada de Dworkin sea reducir el problema de la respuesta correcta a una cuestión semántica. Interpreto tu comentario como sugiriendo que Dworkin utiliza "respuesta correcta" en un sentido demasiado débil (correcta sería algo así como la respuesta a la que llego razonando de buena fé, aunque en realidad pueda existir otra respuesta "más correcta"). Pero si existe una respuesta mejor, entonces la mía no puede ser la correcta. En todo caso, no es lo mismo respuesta correcta que una respuesta a la que llego habiendo razonado responsablmente.
Tomas

Anónimo dijo...

Voy nuevamente, a ver si ahora se entiende. Cuando escribí "semántico" supe que iba a generar esa respuesta. Simplemente estoy diciendo que son dos maneras de decir que una respuesta es "correcta", y Dworkin no tendría problemas en aceptar esto.

Dworkin ha dicho, en varias ocasiones, que los intérpretes pueden llegar a distintas respuestas "correctas". Y no porque sea relativista, obviamente, sino porque parten de distintos supuestos teóricos/valorativos, valoran de distinta manera los hechos, etc. Si esto se hace de buena fe, luego las respuestas incompatibles pueden ser ambas "válidas", o "correctas". Incluso cuando haya una que tal vez sea superadora.

De otro modo Dworkin debería decir que siempre que hay un disenso en una corte una parte se está equivocando, y Dworkin no dijo esto.

Creo, por ejemplo, que esto es clarísimo en ese sentido. Ver pg. 413 de Law's Empire:

"For every route Hercules took from that general conception to a particular verdict, another lawyer or judge who began in the same conception would find a different route and end in a different place, as several of the judges in our sample cases did. He would end differently because he would take leave of Hercules, following his own lights, at some branching point sooner or later in the argument.

The question how far I have succeeded in showing what law is is therefore a distinct question for each reader. He must ask how far he would follow me along the tree of argument, given the various interpretative and political and moral convictions he finds he has after the reflection I have tried to provoke. If he leaves my argument early, at some crucial abstract stage, then I have largely failed for him... I have failed entirely, however, if he never leaves my argument at all."

Anónimo dijo...

Y, dado que se trata del libro de Dwor de 1986, esto justifica mi comentario del principio de que no hay una primera y segunda etapa sobre la respuesta correcta.

gustavo maurino dijo...

empiezo por anónimo y Law's empire. Esa cita es para mí una de las mas bellas y claras sobre Dwor. yo la entiendo como una explicación contra quienes malentendían el núcleo de su posición (que robert recuerda en el post) sobre la dimensión interpretativa (y colectiva) de la práctica del derecho (y por tanto, de la verdad en ese campo...que es verdad interpretativa). Dworkin ya había dicho que había una respuesta correcta, ahora (1986) sólo aclara que el camino es uncamino interpretativo-argumentativo, colectivo...y quienes creen que dworkin quería decir que o seguimos a hércules en cada paso hacia la respuesta, o somos unos tontos, no entendieron nada...que todo el punto es adoptar la perspectiva interpretativista, y jugar ese juego...que bien llevaría a respuestas diferentes a las de hercules...(alguna será la correcta y otra no)...adonde NO lleva hércules, ni dowrkin, ni su método preferido, es a la respuesta única... pero eso no tiene nada que ver lacuestión de la respuesta correcta (que la hay, y es una, sea que la tenga hércules, o cualquier otro participante de la práctica, o que aún no haya sido postulada, y/o adoptada por alguien).

Y tomás, ojalá! creo que has puesto la conversación en un punto donde esta herramienta no es muy funcional, ya. sólo decir que la crítica final a la plausibilidad (a la inteligibilidad) del escepticismo externo, bien vale una sesión gargarelliana.
salute

Anónimo dijo...

No. Dwor no había dicho que había una respuesta correcta sino más bien que no era cierto que no hubiera una respuesta correcta. Ahora dice que sí puede haber respuestas correctas, y en este párrafo, creo, dice no solo que distinta gente puede tener distintas maneras de responder, sino que esto es compatible con que, en algún sentido, más de una respuesta sea correcta. Insisto, Dwor no enfatiza que haya siempre una sola respuesta correcta.

Anónimo dijo...

Tal vez esto sirva.

Martin & Reidi:

The theory that there's always one and only one right answer (though it may not always
be reached) runs into real problems, however, when we consider a panel of such judges who
must reach a single decision through discussion and voting. Here different judges, deploying somewhat different interpretive choices than Judge Hercules, may come up with answers that are significantly different from Hercules's own answers. Such judges would reach their decisions in the right way, in accordance with the ideals and procedures of law as integrity; and each judge's decision, based on convictions grounded in the law's resources, would be a wholly sound one.
There could in principle, then, be more than one right answer. Given the way the world is and given Dworkin's own statement in the matter (at the end of Law's Empire, 1986, pp. 412-413), there probably would in fact be more than one right answer.

gustavo maurino dijo...

Anon. Me parece que no sirve ni ahí, je. más bien al contrario

en tal caso (el imaginado en el ejemplo de la últ. cita) seguirá habiendo una sola respuesta correcta, a saber "las alternativas x, y, z son correctas"(o, como lo decía dworkin hace como 136 años, habrá empate entre ellas...(y ese juicio, el juicio de empate, es otro juicio interno de respuesta correcta, no es un meta-juicio, dicho sea de paso).

A cree que la respuesta "x" es correcta y la "y" incorrecta (tortutar está mal es correcta, y torturar no está mal es incorrecta
B cree lo opuesto
C cree que ambas son correctas (esa es respuesta "z")
D cree que ninguna es correcta (esa es repspuesta "alfa"

una -y solo una de esas 4 alternativas es correcta, A,B,C y D están en desacuerdo, y sólo una de las posiciones es correcta (puede ser que sea la que toma C, claro, pero eso no cambia el hecho de que hay una respuesta correcta, en tal caso, a saber, que hay dos opciones igualmente correctas). Es decir, hay una verdad, y la verdad es que las dos alternativas están bien.

o no?

esto es adictivo. mejor cortemos aquí, je. Le dejo la última palabra, pues ha tenido la primera. lo saludo, y lo leo.


Anónimo dijo...

No, estuvo muy bien el debate. Comparto lo de las alternativas opuestas, pero vuelvo al comienzo. Dworkin tolera el uso en dos niveles de la tesis de la respuesta correcta. Por supuesto que hay objetividad, y ende es posible encontrar una única respuesta "mejor". Pero al hablar de jueces, todo el énfasis de Dworkin siempre fue la actividad en sí a desarrollar, el proceso, no el fin. Por eso Dworkin se contentaría en decir que alguien que lo hace de buena fe, etc., puede llegar a una respuesta correcta, incluso cuando haya una superadora. Por más que confíe en la objetividad, no olvidemos que el proyecto de Dworkin es enfatizar la actividad individual. Importa que el juez individual llegue a su respuesta correcta. La pregunta es: si un juez toma sus convicciones personales, valores, etc., y las combina con los materiales que el derecho brinda, puede llegar a una respuesta correcta que vaya más allá de sus caprichos? La respuesta es sí. Mayoría y minoría en un tribunal en este sentido pueden estar ambos en lo correcto.

No nos pusimos de acuerdo, pero fue interesante!

Anónimo dijo...

Gustavo, yo coincido en que no hay lugar para la "no respuesta". El problema es decir que alguna de las respuestas que dan A, B, C o D es objetivamente correcta, como creo lo sugiere Dworkin.
Tomás