4 dic. 2007

El manifiesto comunista chileno



En estos días, debatiendo por aquí en torno a la figura de Bolívar, surgió la habitual discusión acerca de la posibilidad de abrir juicios valorativos intertemporalmente, o retrospectivamente: hacia la historia, en definitiva. Una de las cuestiones que me interesaron marcar fue la siguiente. Contra la idea de que "usamos juicios de valor actuales para evaluar eventos sucedidos hace siglos," lo cierto es que, en buena parte de los casos, los criterios que llamamos "actuales" existían ya, en aquellos tiempos, y eran utilizados para presentar críticas similares a las que podríamos presentar hoy. Sólo para traer un ejemplo afectivamente cercano (bueno, me encariñé con el personaje leyendo historia constitucional chilena), cito a continuación el caso de Santiago Arcos, miembro de las clases acomodadas chilenas que decide abandonar todo para involucrarse en las luchas revolucionarias en América y fuera de América. Viviendo en la vagancia pasa por los Estados Unidos, y termina viajando con Sarmiento (acompañando al argentino en sus famosos viajes); participa de los levantamientos democrático-revolucionarios de 1848 en Francia; funda la notable Sociedad de la Igualdad, en Chile, el gran antecedente del pensamiento radical y democrático de su país (una asociación que buscó unir, como lo habían hecho los revolucionarios franceses que él había conocido, a intelectuales y artesanos). Arcos termina en la cárcel, luego en el exilio, más tarde como diputado en España (!) y finalmente suicidándose frente al Sena, en París. En su momento, y desde la cárcel, escribe la carta que luego transcribo en parte, a Francisco Bilbao, su colega y co-fundador de la Sociedad de la Igualdad. La carta fue conocida, pretenciosa e innecesariamente tal vez, como el Manifiesto Comunista Chileno. No es para tanto, pero está muy bien. Ahí van algunos párrafos, y luego, más abajo, un link hacia esa carta y otros intereantes documentos de la misma época.

Primero, el final de la carta, que dice "Demos el grito de PAN Y LIBERTAD y la estrella de Chile será el lucero que anuncia la luz que ya viene para la América española, para las razas latinas que están llamadas a predominar en nuestro continente."


Santiago Arcos, Carta de Santiago Arcos a Francisco Bilbao (Mendoza, Ymp. de la L. L., 1852).

Cárcel de Santiago, 29 de octubre de 1852.


LOS POBRES


En todas partes hay pobres y ricos. Pero no en todas partes hay pobres como en Chile. En los Estados Unidos, en Inglaterra, en España hay pobres, pero allí la pobreza es un accidente, no un estado normal. En Chile ser pobre es una condición, una clase, que la aristocracia chilena llama rotos, plebe en las ciudades, peones, inquilinos, sirvientes en los campos; esta clase cuando habla de sí misma se llama los pobres por oposición a la otra clase, las que se apellidan entre sí los caballeros, la gente decente, la gente visible y que los pobres llaman los ricos. [134]

El pobre, aunque junte algún capital no entra por eso en la clase de los ricos, permanece pobre. Para que ricos más pobres que él lo admitan en su sociedad, tiene que pasar por vejaciones y humillaciones a las que un hombre que se respete no se somete -y en este caso a pesar de sus doblones permanece entre los pobres-, es decir, que su condición es poco más o menos la del inquilino, del peón o del sirviente.

El pobre no es ciudadano. Si recibe del subdelegado una calificación para votar -es para que la entregue a algún rico, a algún patrón que votará por él.
….

No es por falta de inteligencia que el pobre no ha tomado parte en nuestras contiendas políticas. No es porque sea incapaz de hacer la revolución -se ha mostrado indiferente porque poco hubiese ganado con el triunfo de los pipiolos- y nada perdía con la permanencia en el poder del Partido Pelucón.

El pobre tomará una parte activa cuando la república le ofrezca terrenos, ganado, implementos de labranza, en una palabra, cuando la república le ofrezca hacerlo rico, y dado ese primer paso le prometa hacerlo guardián de sus intereses dándole su parte de influencia en el gobierno.

Cuando el pobre sepa que la victoria no es sólo un hecho de armas glorioso para tal o cual General, sino la aprobación de un sistema político que lo hace hombre, que lo enriquece, entonces acudirá a la pelea a exponer la vida como va ahora a exponerla en el rodeo de su patrón. Cuando haya alcanzado a tener propiedad, apreciará lo que vale el orden, entonces acudirá a las municipalidades y jurados como hoy acude a la misa de su párroco y todo gobierno justo encontraría tal apoyo en las masas que la palabra revolución y su compañera Estado de Sitio se olvidarían en nuestro país.

Actualmente los pobres no tienen partido, ni son pipiolos, ni pelucones, son pobres -del parecer del patrón a quien sirven, miran lo que pasa con indiferencia, pero están dispuestos a formar un partido, a sostenerlo y no lo dudo a sacrificarse por una causa cuyo triunfo alterará realmente la condición triste y precaria en que se encuentran.

….

¿Qué hacer? Diré de una vez cuál es mi pensamiento, pensamiento que me traerá el odio de todos los propietarios, pensamiento por el cual seré perseguido y calumniado, pensamiento que no oculto porque en él está la salvación del país y porque su realización será la base de la prosperidad de Chile.

Es necesario quitar sus tierras a los ricos y distribuirlas entre los pobres.
Es necesario quitar sus ganados a los ricos para distribuirlos entre los pobres.
Es necesario quitar sus aperos de labranza a los ricos para distribuirlos entre los pobres.
Es necesario distribuir el país en suertes de labranza y pastoreo.
….

La república promete solemnemente reconocer los derechos adquiridos, y he dicho quitar a los ricos. He dicho quitar, porque, aunque la república compre a los ricos sus bienes y, aunque los ricos reciban una compensación justa, esta medida sería tildada de robo por ellos, y a los que la proponen no le faltarán los epítetos de ladrones, comunistas. Pero no hay que asustarse por palabras, la medida es necesaria, y, aunque fuerte, debe tomarse para salvar al país.
….

DERECHOS DEL CIUDADANO

I. Libertad del pensamiento que se manifiesta por
1. Libertad de la palabra escrita y hablada.
2. Libertad de enseñanza.
3. Libertad de cultos, o sea, separación de la Iglesia y del Estado.

II. Libertad individual que se manifiesta por
1. Libertad de tránsito y residencia.
2. Inviolabilidad del domicilio.
3. Derecho a testar.
4. Libertad de industria.
5. Libertad del comercio, con igualdad de banderas (Free trade), (libre échange).
6. Libertad de defensa individual.
7. Derecho a la protección judicial. No puede perseguirse, encarcelarse a los individuos sin orden escrita del juez ordinario, ni imponerle pena sin previo proceso, juicio contradictorio y sentencia.

III. Libertad política que se manifiesta por
1. Derecho de reunión y asociación.
2. Derecho de petición.


DEBERES DEL CIUDADANO

Todo ciudadano es

Legislador Jurado

Ejecutor

Todo ciudadano reconoce las asociaciones que forma con la república para poseer y someter sus propiedades a las decisiones de la república que puede exigir de él una parte de sus rentas para cubrir los gastos del Estado y puede expropiarlo por causa de utilidad pública.


carta de arcos a bilbao, y otros materiales de la época igualmente interesantes, aquí

10 comentarios:

Alejandro H dijo...

Roberto, tengo por ahi un texto de Antonio Annino que viene justo para este tema. No me acuerdo la direccion de origen (el foro de iberoideas en cervantes virtual creo) asi que lo subí aca para quienes esten interesados.

http://nomos.com.ar/annino.doc

Alejandro H dijo...

ah, el texto se llama: El PARADIGMA Y LA DISPUTA: Notas para una genealogía de la cuestión liberal en México y America Hispanica

Rex dijo...

Entonces no entiendo para que pusistes los comentarios de Marx sobre Bolivar si no prueba nada, no es otra cosa que un juicio de valor de Marx. Segun Weber los "juicios de valor" (lo que Marx pensaba sobre Bolivar) no pueden demostrarse como verdaderos o falsos por lo que afirmaba que la ciencia debia limitarse a juicios teoricos (por cierto lo que hacia Marx no era ciencia)

Rex dijo...

By the way ese chileno en compañia de Sarmiento huele a masoneria. En cualquier momento RG nos publica su foto con el mandil.

Alejandro H dijo...

si marx no hacia ciencia, no se, supongo que habrá sido alquimia? bueno por suerte que rex me ha hecho ver que las multiples tradiciones científicas que consideran a D W y M como los 3 clásicos de mayor envergadura eran exageradas respecto de este último. Como diría fontanarrosa, el mundo ha vivido equivocado.

rg dijo...

De que se trata el texto que mencionas, Alejandro? Hasta dentro de unos dias tengo acceso limitado a internet

CEA dijo...

Buen recordatorio Roberto. Te felicito.

En Chile no somos capaces de recuperar este tipo de pensamientos. Todo parece obrar por criterios que siempre nos son ajenos. Pensamientos como el de Bilbao, hoy en día, ocupan sólo una pequeña parte de la reflexión política. Al menos tiene una calle y un equipo de futbol amateur con su nombre. Creo que con eso no basta.

Alejandro H dijo...

hay que decir que el texto es un par de secciones de un articulo mas amplio. Obra originalmente en http://foroiberoideas.cervantesvirtual.com/foro/threads.jsp?idparent=0
Hay ahi un intercambio entre Hilda Sabatto y el mimso Annino. Transcribo lo de HS que comenta el texto mucho mejor claro de lo que yo podria hacerlo:

"El texto de Antonio Annino incluido recientemente en el Foro Iberoideas es un recorte del artículo sobre “El paradigma y la disputa”, que incluye sus dos primeras secciones. En lo que sigue, no me referiré al conjunto del trabajo sino solamente al texto disponible en el Foro. Dada la riqueza argumentativa y la variedad de tópicos que allí aborda Annino, me limitaré a comentar apenas algunos aspectos que me suscita su contribución, esperando así promover el debate.

La preocupación central del trabajo gira en torno a lo que Annino llama “la historia de la cuestión liberal” y que, no sin estrechar un tanto la propuesta del autor, diría que remite a las polémicas sobre un tópico que ha sido tematizado muchas veces en la historiografía y en la ensayística latinoamericanas y que, como él señala, “todavía ‘apasiona’ al imaginario colectivo”: el de la “compatibilidad [o no]... entre el liberalismo y las peculiares condiciones históricas de subcontinente”. En una primera sección, traza los parámetros de una doble genealogía para esa “cuestión”: la del paradigma constitucional-historicista y la de la “disputa” en torno de la inferioridad americana, que habrían fundado los diagnósticos sobre los efectos nocivos del despotismo colonial en América y sobre la carencia de una identidad histórica para el continente. En la segunda, se pregunta sobre el porqué del éxito de esos diagnósticos entre los liberales americanos, que habría ocluido la posibilidad para éstos de articular sus propuestas con las del llamado “patriotismo criollo”, de gran arraigo en la región. Y por lo tanto, de construir un imaginario de Nación exitoso.

Como se ve, estas dos primeras secciones del trabajo de Annino plantean problemas complejos y lo hacen de manera también compleja. A riesgo de simplificar sus formulaciones, voy a limitar mis interrogantes a la segunda parte, es decir, a la que discute sobre los liberales americanos. Veo allí un cierto deslizamiento: si bien el eje original está puesto en la manera en que los propios liberales definieron sus dificultades en clave de incompatibilidad entre sus ideales y la constitución histórica de la región, a medida que avanza el texto el problema pasa a ser otro. La dificultad o imposibilidad del liberalismo para incorporar/aceptar/ recuperar el patriotismo colonial se habría constituido en causa de su fracaso para construir un imaginario nacional. Annino se desliza así hacia su propio diagnóstico: los liberales habrían fracasado en su empresa, en su invención de una nación liberal. De esta manera, pasa de proponer una “genealogía de la cuestión liberal” (cómo habrían surgido y arraigado diferentes vectores argumentales que sostenían la incompatibilidad entre liberalismo y constitución histórica de la región) a formular su interpretación sobre (a) el fracaso del liberalismo en México para construir un imaginario nacional y (b) las causas de ese fracaso, relacionadas con la manera en que los actores liberales quedaron atrapados en aquella red argumental.

Con este deslizamiento Annino rota el eje del trabajo y para fundamentar su diagnóstico presenta un fascinante contrapunto entre patriotismo colonial y liberalismo ilustrado en el México decimonónico. Concluye subrayando -primero- la capacidad de aquél para “conciliar la nación prehispánica con la colonial... en una única polis bajo la autoridad paternal del Monarca y de la Iglesia” y –segundo- que, en cambio, “este esquema, y sus materiales, no pudieron ser reproducidos para imaginar la nueva polis liberal, menos aún en su forma republicana.”

En este punto, algunos interrogantes:

- A pesar de las “incompatibilidades” del liberalismo para funcionar en Iberoamérica, éste -en sus diversas variantes- se difundió tempranamente en toda la región, intervino en los debates constitucionales, diseñó proyectos de nación, impuso instituciones y leyes, lideró la conformación de estados, influyó decisivamente sobre las prácticas políticas e institucionales y contribuyó a la creación de imaginarios sociales. Aunque resistida y controvertida, la acción de los liberales (insisto, en sus muy diferentes variantes) tuvo efectos sobre los actores sociales y políticos en toda la región, efectos que no pueden sino haber modificado la ecuación inicial –tanto en términos prácticos como simbólicos- del momento de las revoluciones de independencia. Por lo tanto, cuando Annino analiza el documento presentado por los pueblos indios en 1877 ¿es productivo hacerlo solo en términos de supervivencias de un imaginario fundado en el patriotismo criollo? ¿No habría aquí que pensar en cuánto de lo nuevo, de las ideas y los lenguajes puestos en circulación en el XIX, de los efectos de las prácticas desarrolladas desde la independencia, también puede leerse en ese petitorio?



- La invención de un pasado compatible con los ideales liberales de nación llevó en muchos lugares de la región a la escritura de historias que buscaron, en clave romántica primero, más tarde con otros influjos, generar fuentes de legitimidad otras que las fundadas exclusivamente en la voluntad política y la ley. En ese sentido, ¿no es un tanto apresurada la liquidación que Annino hace del tema en el caso mexicano? ¿Cómo entender en ese marco la pasión histórica de los años 80 y la producción de obras tan monumentales como la de Riva Palacio?





- Al finalizar la sección, el texto da una nueva “vuelta de tuerca” que abre todo un territorio a la exploración: al descartar la recurrencia a la historia como base para imaginar la polis liberal, dice: “El único recurso a falta de la Historia fue maximizar la Virtud republicana al estilo bolivariano. .. el idioma del republicanismo clásico devino el recurso más importante para legitimar el dominio del partido liberal”. Este punto me parece central: primero, porque desata el paquete del “liberalismo”, no solo en términos de ideas sino también de actores y de instituciones. Es difícil seguir hablando de liberalismo en singular, pues no solo éste no constituyó un cuerpo estable o uniforme de ideas ni un lenguaje político uniforme, sino que a lo largo del siglo XIX tuvo manifestaciones y momentos muy diferentes entre sí, difícilmente reductibles a una única trayectoria o matriz. Por otra parte, sus principales cultores –los “liberales”- no fueron ajenos a influencias de otras vertientes ideológicas y sobre todo, a los avatares y las circunstancias de la vida política de su tiempo. Sus proyectos y sus acciones se nutrieron tanto de las ideas en circulación como de la experiencia concreta.

En segundo lugar, porque abre la pre gunta que Annino no se formula antes, acerca de las formas en que sus liberales intentaron crear imaginarios colectivos. Para evaluar su performance, en términos de la creación de un imaginario de nación, ¿no sería -entonces- indispensable atender no solo a lo que se negaron a incorporar (y que estaba disponible, por ejemplo, en el patriotismo criollo) sino también a lo que efectivamente ensayaron y a los resultados que obtuvieron? En esa dirección, confieso que las hipótesis acerca del “fracaso” del liberalismo en Hispanoamérica no me convencen demasiado...

En cambio, encuentro que explorar críticamente las polémicas sobre la cuestión liberal, como se propone este artículo, contribuye de manera decisiva a historizar y deconstruir visiones todavía muy arraigadas que insisten en explicar los problemas de América Latina en clave ya de “herencia colonial”, ya de un “liberalismo extranjerizante”. En este sentido, Annino nos ha brindado –como siempre- un texto elaborado, complejo, abierto y polémico, para seguir pensando."

hay respuesta de Annino tambien

saludos.

rg dijo...

buenisimo alejandro. por cuestiones personales en estos dias me resultara imposible comentarlo, pero anoto todo y prometo leerlo con detenimiento
salute
r

Rex dijo...

Alquimista no, profeta ademas de antisemita.