4 mar. 2016

Crítica al Protocolo anti-piquete


(Publicado hoy en La Nación, acá )

Nadie duda de que, luego de años de descontrol y abusos en la materia, es necesario volver a fijar reglas compartidas sobre la protesta. Sin embargo, el nuevo Protocolo de Actuación de las Fuerzas de Seguridad del Estado en Manifestaciones Públicas, promovido recientemente por el Consejo de Seguridad Interior, adolece de problemas procedimentales y sustantivos, políticos tanto como jurídicos, y requiere por lo mismo ser revisado en su integridad.

Se trata de un tema -la protesta, sus alcances y sus modos- que una parte significativa de la sociedad quiere regular (lo cual, por supuesto, no es razón suficiente para hacerlo) a la luz de lo que entiende fue un injusto desmanejo, propio de la gestión anterior. Esa gestión dejó en la materia un legado calamitoso: una parte de la sociedad convencida de que en la calle "cualquiera puede hacer cualquier cosa"; trabajadores espiados y reprimidos cotidianamente por las fuerzas de seguridad oficiales, y militantes encubriendo con palabras ("el Gobierno no reprime") los golpes que quedaban marcados sobre los cuerpos de los manifestantes (obreros de Lear, Kraft, Pepsico y Donnelley, entre otras empresas). Ese triste legado de ningún modo blinda al nuevo gobierno frente a las objeciones que merece por el modo en que ha abordado el tema.


Sobre los problemas procedimentales que se han generado, corresponde señalar que, dadas la seriedad e importancia del tema, merecía ser tratado con especiales cuidados: el Protocolo debió ser el resultado de una conversación profunda e inclusiva, que involucrara a todos los afectados (organizaciones de ciudadanos, partidos políticos, movimientos sociales, organismos de derechos humanos, grupos sindicales, etc.). Por el contrario, terminó redactándose a las apuradas, por un equipo movido (otra vez) más por la urgencia de sobreactuar autoridad y eficiencia que por el compromiso efectivo con los derechos de los ciudadanos.

Habrá que decirlo una vez más: quienes propiciamos el debate colectivo no lo hacemos motivados por sensiblerías o pruritos formales, sino convencidos de que, muy habitualmente, sin consultar con aquellos con los que pensamos distinto, decidimos mal, sonoramente nos equivocamos. Lo que podía entonces preverse es lo que ha ocurrido: cuando una cuestión pública de primera importancia queda en manos sólo de unos pocos, el resultado tiende a reflejar, innecesariamente, los sesgos y errores propios de esos pocos.


Ante todo, conviene decir que el Protocolo comienza planteando el contexto jurídico del modo equivocado. En efecto, en sus primeros renglones, el Protocolo enumera una serie de derechos que entrarían en conflicto en situaciones de "cortes": por un lado, se nos dice, hay derechos como los de expresión, reunión y petición; por otro, derechos como los de circular y trabajar libremente. El error de enfoque ya parece grueso. Y es que en la enorme mayoría de los casos de protesta que se registran en el país, la ciudadanía no se moviliza en pos de sus "derechos expresivos" sino, antes bien, en nombre de otros derechos fundamentales que el gobierno le negó o niega, y que incluyen, por caso, derechos relacionados con la salud, la vivienda o el trabajo. (Por supuesto, éste no es siempre el caso y, por tanto, el nivel de protección que habrá de merecer la queja de los manifestantes deberá ser mayor o menor, entre otras razones, conforme al tipo de derecho afectado y la gravedad de esa afectación). El punto es importante porque ayuda a romper la simplificación boba en que se tiende a caer en el análisis del asunto ("libre expresión vs. libre tránsito"). No es ése el dilema en juego, ni ése el modo de plantearlo.

¿Significa esto que los derechos de los que quieren llegar a su trabajo o a su casa en tiempo no importan? No, en absoluto. Importan y mucho. Pero ello no justifica simplificar las cuestiones como si se tratara de individuos caprichosos que se quejan por ganas, movidos por la maliciosa vocación de molestar al resto. Mucho menos, cuando advertimos que los derechos que más gravemente suelen ser afectados en estos casos lo son por obra y falta del Estado.

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Otra cuestión sustantiva es la que se refiere a la modalidad de la protesta (el "corte de calles"), que el Protocolo se apura en calificar, con la ayuda del art. 194 del Código Penal, como "delito en flagrancia". Todo está mal en este enfoque. Ante todo, hay un error en el encuadre jurídico, porque, en una mayoría de los casos, lo más importante que está en juego son derechos fundamentales que el Estado viola, cuando tiene el deber de asegurarlos. De resultas de ello, no corresponde comenzar hablando de "delincuentes" (frente a los cuales podría legitimarse el uso de la fuerza), cuando el Estado es parte principal del problema, al omitir asegurar aquello a lo que está constitucionalmente obligado (siguiendo con la lógica del Protocolo, se justificaría entonces hablar de un "Estado criminal", lo que también resultaría un exceso).

Por otro lado -y éste sería otro problema sustantivo en juego- el asunto se le complica al Estado porque no sólo no garantiza derechos sociales básicos, sino que además se muestra comprometido con un sistema institucional aciago. Estamos, en efecto, frente a un Estado que desde hace décadas bloquea o vacía de contenido los mecanismos institucionales que podrían ayudar a la ciudadanía a acceder a sus representantes, a cuestionarlos y a hacerlos efectivamente responsables por las faltas que han cometido. Este tipo de problemas trascienden a nuestro país y a este peculiar momento político, más allá de la forma en que el kirchnerismo, en nuestro país, los haya agravado. Cualquier ciudadano puede reconocer la situación a la que me estoy refiriendo, que puede ilustrarse con un ejemplo cotidiano. Frente a fallas graves en los servicios públicos, de las que el Estado debiera hacerse cargo, los vecinos "tocan todos los botones" del sistema institucional pero ninguno responde: ninguna queja llega a destino; ningún funcionario ofrece explicación alguna de lo ocurrido; ningún representante termina resultando inculpado como responsable del maltrato.

Es dentro de este contexto de "vacío institucional" de donde surgió, en los albores de 2001, la modalidad de protesta con "cortes" orientada, sobre todo, a llamar desesperadamente la atención de funcionarios y conciudadanos que por otros medios no escuchaban o se desentendían de lo ocurrido. Desde entonces hasta hoy, algunas cosas (pero no muchas) han cambiado (el sistema institucional sigue tan cerrado como entonces), y por ello necesitamos volver a pensar colectivamente sobre los alcances y límites de la protesta. Pero, en todo caso, el Estado debe reconocer no sólo su responsabilidad "material" por los derechos que no asegura, sino también su responsabilidad "institucional" por los canales de reproche y sanción a funcionarios que no ha restaurado. El resultado al que se llega no es por lo tanto sorpresivo: cuando los ciudadanos reconocen que los canales institucionales de queja no responden, comienzan a explorar formas extrainstitucionales de protesta.

En síntesis, luego de años de descontrol y abusos es necesario volver a fijar reglas compartidas sobre la protesta. Sin embargo, esas reglas deben ser construidas colectivamente, antes que impuestas, y deben escribirse tomando en cuenta las responsabilidades de los ciudadanos que se exceden, tanto como las omisiones y faltas que son responsabilidad del Estado. Por un lado, el Estado que preserva un sistema institucional en extremo degradado no puede dejar de asumir las consecuencias de su falta y mucho menos imponer soluciones policiales a los problemas sociales que él mismo ha generado. Por otro lado, el Estado que ofende derechos básicos no puede tratar como "delincuentes" a los que se quejan por fallas suyas que no son dispensables: se trata de graves, masivos y constantes agravios constitucionales.

27 comentarios:

Anónimo dijo...

o es como decir, hay sectores intransigentes que siempre van a cortar la calle como forma de supervivencia politica, por ejemplo, el MTP, por lo que hay que ocuparse de otras cosas. Es como la discusion sobre la bagatela en el derecho penal. Todo es bagatela, nos ocupamos de las cosas importantes (y bue...tampoco nos ocupamos de eso).

rg dijo...

nada que ver

tomas fernandez fiks dijo...

Hola Roberto, interpreto de tu post que cualquier "protocólo contra la protesta" debería analizarse a la luz de dos aspectos fundamentales: uno procedimental (es decir, relativo al nivel de discusión, intervención de sectores de la sociedad y partidos políticos, etc., que preceden a su sanción), y el otro más sustantivo (relacionado con la forma que tiene en distinguir grados de importancia en los reclamos, grados de tolerancia en los mecanimos de protesta y grados de coacción en la respuesta estatal a los reclamos). La pregunta es, esto, llevado a la práctica -aunque sea de manera tentativa- ¿que implicancias tendría?. Supongamos que hay una manifestación en la entrada de la panamericana por un reclamo muy importante (gente que perdió su trabajo a causa de despidos masivos): el estado tendría que admitir el corte de ruta en una porción considerable y dejar un carril para no violar de manera absoluta el derecho ambulatorio de los transeutes? Y si el reclamo no versara sobre la afectación de derechos fundamentales -digamos, una protesta frente al presidente de ee uu al momento de visitar al país-, directamente habría que desalojar a los manifestantes tratando de utilizar la menor fuerza posible? ¿quien sería el encargado de determinar estos aspectos -la relevancia del reclamo, la razonabilidad de la protesta-? un juez? o la misma fuerza preventiva?
Sé que te estoy pidiendo respuestas simplificadas a temas complejos. La pregunta de todas formas es bienintencionada, me gustaría ver como se podrían plasmar tus reflexiones en la práctica ya que el principal obstáculo que observo para su implementación es que me parece que la protesta es, por definición, irregulable.
Saludos.

Alfonso Buzzo dijo...

Impecable Roberto. Celebro que hayas publicado la nota en La Nación.
Gracias.

Lautaro dijo...

No me resulta muy convincente la opinion...En primer lugar parte de un "ideal" que es en mi opinion bastante cuestionable y bago, lo resumo "EL estado no puede controlar la protesta porque es el Estado una de las causas de la protesta porque incumple algunas obligaciones (comida ,techo,etc)" Toda la nota es viciada por este principio lo cual la hace un poco sesgada no cuenta nada sobre una protesta con corte de rutas por Milagro Salas o el corte de calles por la visita del presidente de EEUU ¿El estado que incumpliría en estos dos casos?
No pretendo salir muy convencido porque es un problema social muy complejo y no solo de Argentina pero si creo que parte de algo básico y antiguo el problema y es "Mi libertad hasta tu Derecho y Tu Libertad hasta mi Derecho" Lautaro

Anónimo dijo...

En qué consistiría el descontrol y el abuso en que se habría incurrido durante años? Exceso de "protestas" o exceso de reacciones represivas del Estado (gobierno anterior)? Porque el artículo afirma -si no entiendo mal- simultáneamente ambas situaciones. Diego.

andresvas dijo...

Roberto, de acuerdo en todo tu análisis del Protocolo, no con tu caracterización política del gobierno, que también te la escuché en TN, se trata de un gobierno "que sufre el trauma Pos-De la Rúa, sus arrebatos represivos son culpa de un complejo de debilidad".¿Tan difícil es decir clarito que es un gobierno de derecha (nada de malo hay en eso, tengo un amigo que es de derecha) con reflejos autoritarios propios de su condición? (esto no implica decir que son Videla, ni una dictadura, etc.)
Fijate en general en todas las designaciones de autoridades vinculadas al tema de seguridad, garantías, inteligencia y van todas para ese lado, la Corte que armó en la Ciudad también, ¿porqué tanta indulgencia y tanta aclaración para la crítica?, en particular sabiendo que vos te autodefinís como de izquierda, por lo cual esto que te digo no es ningún hallazgo ni novedad.

andresvas dijo...

Roberto, de acuerdo en todo tu análisis del Protocolo, no con tu caracterización política del gobierno, que también te la escuché en TN, se trata de un gobierno "que sufre el trauma Pos-De la Rúa, sus arrebatos represivos son culpa de un complejo de debilidad".¿Tan difícil es decir clarito que es un gobierno de derecha (nada de malo hay en eso, tengo un amigo que es de derecha) con reflejos autoritarios propios de su condición? (esto no implica decir que son Videla, ni una dictadura, etc.)
Fijate en general en todas las designaciones de autoridades vinculadas al tema de seguridad, garantías, inteligencia y van todas para ese lado, la Corte que armó en la Ciudad también, ¿porqué tanta indulgencia y tanta aclaración para la crítica?, en particular sabiendo que vos te autodefinís como de izquierda, por lo cual esto que te digo no es ningún hallazgo ni novedad.

rg dijo...

entendiste cualquiera andres. digo que todo gobierno tiene sus traumas, y dije que el del kirchnerismo fue el 2001 y kostecki santillan. el de este es el de la inestabilidad, y por eso sobre actua decisionismo. al tema ideologico que existe le doy un peso, sobre todo en esta etapa, pero es menor respecto de lo otro. su camino, como dije, es el de la ciudad: pactar con cualquiera, aunque sea horrendo, como pacto con el kirchnerismo en la ciudad. el que frente a eso insiste en la derecha esta poniendo su prejuicio sobre la realidad. puede ser la derecha o cualquier cosa. por ejemplo, negocios como lo fue el kirchnerismo. y ahi, otra vez, hablar de ideologia (progre) para definir lo que hacian, es una tonteria, porque justamente, con ese discurso tapaban los negocios que hacian, mas alla de que la ideologia no describia la realidad de negocios privados con fondos publicos

andresvas dijo...

pero negocios pude ser un tema indiferente a derecha o no-derecha,en cambio, autoritarismo, cuestionamiento a las garantías´frente ala necesidad imperiosa de orden, etc. son típicos temas de derecha, no estoy tratando el tema de si son más lindos o más feos que los k, sino su caracterización ideológica, ¿en serio te parece un prejuicio pensar que el macrismo es un partido de derecha, como el PP o como los republicanos? ¿No existe más la derecha, habría una tercer cosa que sería la verdadera derecha? El camino de la Ciudad, además de pactar negocios con los k fue todo lo que te dije en el otro comentario, y eso responde a un clásico ideario de derecha, no es un delito serlo ni un prejuicio pensar que lo son, algo obvio si uno no cre serlo.

Anónimo dijo...

Roberto,

Tu discurso es del estilo de "las ideologias han muerto". Un riesgo importante de adoptar esa postura es que lleva a pensar que todo es igual, que las decisiones económicas, de soberanía nacional, seguridad o bienestar son solo o principalmente inspiradas por criterios instrumentales, "decisionistas". No es así, la cosmovisión es central en el camino que uno se traza. En ese contexto hay una importante diferencia entre el gobierno anterior y éste. Coincido con Andrés en que hay demasiada indulgencia de tu parte con las políticas de CAMBIEMOS, sobre todo si uno se anima a mirar desde una necesaria perspectiva ideológica a donde va el gobierno en el área económica y en la distribución de la riqueza. Estos son temas no menores, al menos desde una perspectiva clásica, para hablar de derecha e izquierda.

rg dijo...

nada que ver. pienso que las ideologias estan mas vivas que nunca, y que en el gobierno prevalecen hasta hoy las ideas de derecha, aunque pienso que en el pais, como en la ciudad, terminara predominando otra cosa, como en el kirchnerismo, ya sea negocio o puro pragmatismo cualunquista. me causa mucha gracia el empenio de alguna gente de ver apoyo en la critica. entiendo que la derrota duele, pero se puede seguir pennsado igual

Anónimo dijo...

Lo de la derrota es una chicana sin sentido, no da ni quita nada. Se puede pensar: hay que rebatir el pensamiento ajeno.

andresvas dijo...

Roberto, te puede causar mucha gracia, pero vos entendes bastante de discurso y sabés muy bien cuando elegís usar una palabra u otra, en particular frente al auditorio o público que te escucha o lee. Cualquiera con cuarto grado terminado sabe distinguir cuando a alguien se lo critica por equivocarse (en este caso por el famoso síndrome del gobernante débil pos De la Rúa) cuando tira o manda tirar una bala de goma, de si se lo hace porque conscientemente su ideología política para tratar ese asunto es la que lo hace decidir eso, no hay nada tan complicado en esto. De eso estamos hablando y si elegís tratarlo de esa manera, tendrás tus motivos y yo mis comentarios, pensamos distinto nada más. A mí no me derrotó nadie, no soy k ni lo fui y estoy hablando de Macri, no de K, parece que no podés definirte sobre Macri sin antes aclarar, comparar o explicar que el K fue peor, y no se trata de ver a quién querés más sino de poder charlar libremente lo que se opina de algo sin carpetazos (nada deliberativos ). Un equivocado siempre nos inspira más lástima que un culpable, no hay nada que inventar.

andresvas dijo...

Qué sería lo que predominó en la Ciudad, la socialdemocracia?

rg dijo...

que obstinacion en que predomine lo ideologico. en el pacto permanente macrismo kirchnerismo que se dio en la ciudad, predominaron negocios mutuos. vos queres decir que era ideologia tal o cual, creo que ese es el verso que vino a avanzar el kirchnerismo, ansioso de cubrir con ideologia o derechos humanos lo que era giro de dinero a hotesur, desvio de dinero en la supuesta compra de gas. si llamas a eso progresismo la estas pifiando, te estas dejando enganiar del modo en que preferian hacerlo

ignatus dijo...

La protesta callejera es el único modo de "visibilizar" y poner en consideración de la "opinión pública", temas que de ninguna otra manera podrían ser visibilizados.
Mientras la democracia "representativa" no represente, y no existan canales legítimos, válidos y eficaces para hacer valer los reclamos, los mismos seguirán canalizándose en la calle.
EL reclamo en la calle, es la única forma "participativa" que encuentran hoy en día los ciudadanos para hacerse oír, cuanto menos eso, hacerse oír porque de participar en las decisiones, ni noticias.
Mientras en la grieta en la ficción jurídica entre ser representado y participar, se profundice, incluso con aval constitucional (Art.22 C.N.) el problema subsistirá, y me parece bien que así suceda.
Excelente blog- Saludos

DS dijo...

Estoy de acuerdo en garantizar tanto el derecho a las manifestaciones como el de la libre circulación, entre otros. Ahora bien, no puede dejar de verse en las marchas que muchas veces el verdadero reclamo de algunos se distorsiona en la burda mezquindad de otros "agitadores", como ser: barrabravas con cadenas, gente con palos y caras tapadas, tipos pasados de droga en actitudes muy violentas e insultando a todos los transeúntes, etc.
Este es uno de los problemas centrales de las marchas que "ganaron la calle" y del cual poco se habla cuando se critican los protocolos. Una critica constructiva que limite abusos de poder estatal también debería considerar como limitar los excesos de ciudadanos que intimidan, entorpecen y ponen en riesgo a la sociedad.

andresvas dijo...

Roberto, insistís en hablarle a un k imaginario, no contestás nada de lo que digo, no hablé de progresismo ni de k en ninguno de tus comentarios pro preferís contestar esos argumentos a lo que yo escribo. Hay un buen debate en LN del Domingo sobre el asunto izquierda-derecha, ahí hay algunas de las cosas que te estoy diciendo en mis comentarios.

rg dijo...

totalmente andres, en esa nota dicen lo que yo digo, de la mescolanza que es, y del error de querer poner primero el propio prejuicio

andresvas dijo...

Yo creo que algunos dicen lo que yo digo y otros lo que decís vos, son maneras (distintas) de ver las cosas.

rg dijo...

decime quien andres. salvo un militante k, todos los demas coinciden con lo que digo, de veras te digo

DS dijo...

Insisto, para quienes critican el protocolo de la derecha, que hay que hacer con manifestantes que se expresan con cadenas y candados, gente con palos y caras tapadas, tipos pasados que insultan a todos?

andresvas dijo...

Un poco Altamirano, otro poco Aboy Carlés, hasta un ultramacrista como Novaro también lo dice. Creo que como dice Altamirano ahí y es archisabido, ya nadie dice que es de derecha ni se asume como tal, la definición de alguien como derechista proviene en general de otro que pretende, cree o intenta ser de izquierda (y ésa es una interminable/insaldable discusión), los macristas no son la excepción. Fijate que el militante k no dice nada de lo que digo yo para definirlos como derecha.

rg dijo...

pero, andres, esta buena esta situacion, porque esta el texto para confrontar. nada que ver con lo que tenes ganas de leer!!!!
novaro directamente lo niega, dice "El gobierno de Macri ha tomado temas de la agenda de la izquierda y se ha hecho fuerte en ellos por lo débil que fue la izquierda peronista,"
lo mismo aboy
"No creo que éste sea un gobierno de derecha, creo que es de centro, pero con algunas luces preocupantes"
un malamud, al que yo citaria, dice exactamente lo que te decia
Definirse como de izquierda o de derecha en la Argentina significa pertenecer a una minoría hiperpolitizada. La opinión pública habla otro idioma
quiero decir, leiste cualquiera

Anónimo dijo...

Roberto,

Eso es precisamente, a mi juicio, lo que dice andresvas: nadie parece querer asumir que la derecha es la derecha. Es mas "cool" definirse de izquierda y en términos prácticos ser de derecha. El amagar por izquierda y luego ir por derecha es un oficio muy antiguo que tiene numerosos practicantes. Decir, como afirma muy alegremente Novaro, que algo en la agenda de Macri es de izquierda (o tiene matices de izquierda) es tener una muy fuerte negación de la realidad. Por supuesto, cada uno sabe el juego que está jugando.

andresvas dijo...

1)"El combate por la definición de qué es o debe ser una posición de izquierda ha sido parte del trabajo ideológico de ese sector, no sólo en la Argentina. Por lo que respecta a la derecha, entre nosotros no es habitual que alguien reclame ese título. Lo usual es que las definiciones sobre la derecha provengan de la orilla izquierda del campo ideológico, mientras que los clasificados de ese modo se identifican como representantes del centro político", dice el sociólogo e investigador del Conicet Carlos Altamirano.

2)En el libro Mundo PRO, Gabriel Vommaro, Sergio Morresi y Alejandro Bellotti describen a Pro como un partido de derecha según ciertos criterios objetivos (posturas sobre políticas concretas, pertenencia a redes partidarias internacionales, por ejemplo) pero cuyos integrantes se resisten a ubicarse en ese espacio, en parte por las connotaciones antidemocráticas y reaccionarias de la derecha en el país, y en parte porque Pro está hecho de un agregado de heterogeneidades no amalgamadas por la ideología. Pero encuentran allí una novedad: Pro sería una derecha distinta de la tradición argentina, interesada en gobernar y en llegar al poder a través de la competencia democrática en las urnas.

2)"La derecha hoy insinúa cierta transformación. Quizá se acerque a la forma que adopta en las democracias europeas y el gobierno de Macri sea la primera expresión de ese cambio", advierte Caputo.

3) Dice Durán Barba que ?Macri es más de izquierda que Cristina Kirchner, porque ella es reaccionaria'. Es cierto que Cristina lo es, pero Macri no es la izquierda. No se puede representar todo ni cambiar la configuración de la escena política por voluntad. Macri fue votado por ideas desarrollistas más que distribucionistas, y puede dar acento a políticas de desarrollo de bienes públicos y atraer votos progresistas, pero un programa desarrollista necesita inversiones, y eso es un tema más de la derecha." (Marcos Novaro)

Por supuesto en la nota también están posiciones más afines a tu planteo, pero no entendí cualquiera, ni soy un personaje de un comic K, sólo pienso distinto.