18 jul. 2017

Malamud: Y dale con el hiperpresidencialismo

En esta nota (acá), A. Malamud, el buen provocateur (siempre más interesado en ironizar que en presentar razones), vuelve a la carga (contra mí y otros) para minimizar o ridiculizar las referencias que solemos hacer en crítica al hiperpresidencialismo.

Alguna vez busqué aclararle por qué hablamos de hiperpresidencialismo, y por qué dicha categoría no es, como él dice, una mera "licencia poética". Carlos Nino fundó la categoría, no a partir de una cuestión de gustos o por énfasis retórico (finalmente, Nino era un filósofo analítico, y no un politólogo). Él ponía atención en los poderes formales adicionales que en América Latina, las Constituciones, le concedieron al presidente, vis a vis el modelo que sirvió de ejemplo, el norteamericano. Los presidentes nacieron aquí con facultades especiales, como las de intervención federal que eran negadas en Estados Unidos; fuertes poderes para limitar derechos a través del estado de sitio (también hiper presente en la historia latinoamericana, y ausente en Estados Unidos); capacidad para nombrar y remover a puro gusto a sus ministros; y capacidades legislativas que la práctica (volveré sobre esto) convirtió en extraordinarias. Si a eso le sumamos su capacidad de control sobre el presupuesto, y el hecho de que la coparticipación federal, en países como la Argentina, se decide sobre la mesa presidencial, podemos entender las implicaciones de las diferencias de poderes concedidos de las que hablaba Nino. Insisto entonces, y éste es mi primer punto, no se trata de retórica, sino de funciones concedidas constitucionalmente, y de sus implicaciones prácticas. Si Malamud no entiende lo que implicó la intervención provincial o el estado de sitio en la historia de la Argentina, o Colombia, para decir dos casos notables, tiene un montón de libros de historia a mano que pueden ayudarle a detectar el problema, en lugar de ridiculizarlo (insisto también, lo conversé con él, y se muestra todavía impermeable al hecho, porque prefiere seguir ironizando).

El segundo punto que quiero hacer tiene que ver con el sentido de la nota, que me resulta absurda y fuera de lugar. Porque, aunque es claro a quién(es) ataca A.M., no es claro qué es lo que tiene por decir; ni cuál es el problema que quiere confrontar; o el argumento que quiere controvertir. Esto es:  qué está haciendo A.M.? 

Porque el (en este excepcional caso) aburrido racconto que presenta, nos dice que algunos presidentes latinoamericanos dejaron sus cargos antes de tiempo; o que otros están acosados judicialmente, o viviendo en el exilio. Pero entonces qué? Qué es lo que nos dice o agrega ello? Su escrito resulta realmente curioso, porque, en buena medida, eso era justamente lo que Nino, Linz and co., querían decir cuando atacaban al hiperpresidencialismo que A.M. ridiculiza: al concentrar el poder de decisiones en una persona, se genera una dinámica de no-cooperación y suma cero, que afecta la estabilidad de los presidentes; tornándolos objeto de persecución y ataques. O sea que lo que Malamud cita para refutar aquellos escritos es justamente lo que reafirma el sentido y "éxito" de aquellos.

Ninguna de las críticas hechas al hiperpresidencialismo quiso decir nunca que ellos (los hiperpresidentes) no tienen controles, o que duran para siempre, o que no van a enfrentar procesos judiciales, o que no van a ser impopulares en un momento, o que no van a enfrentar procesos al fin de su mandato. Exactamente todo lo contrario (tales estudios quisieron predecir que los hiperpresidentes estaban destinados, habitualmente, a perder de modo abrupto popularidad, iban a ser perseguidos, y todo ello iba a poner en riesgo la misma gobernabilidad del sistema que con las "facultades del rey" venían a salvar de la anarquía). Entonces, qué quiere afirmar A.M.? Qué argumento desafía o refuta, salvo las caricaturas o espantapájaros que se ha construido?

Citar, por lo demás, algunas decisiones judiciales en Colombia, contra la reelección (aunque debería leer algo más de la jurisprudencia colombiana en torno a los poderes presidenciales), no agrega mucho, sino que más bien resta, porque Colombia es considerada en la materia la excepción y no la regla en la región. Quiere A.M. que cite uno 20 o 50 casos alternativos en Ecuador, Bolivia, Honduras, Nicaragua o Venezuela, sobre las relaciones entre el poder judicial y el poder ejecutivo, y el sometimiento del primero al segundo? 

Porque ésa es finalmente la cuestión: la práctica del hiperpresidencialismo distorsiona el funcionamiento del sistema de frenos y contrapesos. Típicamente, y esto ha sido una realidad en la historia latinoamericana, esa distorsión ha implicado el sometimiento del poder judicial; la ampliación de la capacidad de impacto del presidente, muchas veces opacando al poder legislativo o convirtiéndolo en mera escribanía; y siempre con recursos económicos y coercitivos infinitos, y beneficios y posiciones también infinitas para repartir que le permiten expandir su capacidad de dominación sobre el resto. Se trata de datos que constituyen ya rasgos definitorios de la historia contemporánea de América Latina, de la que Malamud debiera tomar nota (aunque no es claro que le interese hacerlo). 

Dos últimas cuestiones. Por un lado, la crítica al hiperpresidencialismo no implica un elogio a la "institucionalidad de los países normales." En mi caso, repudio por sus componentes elitistas y contra-mayoritarios a ese tipo de sistemas (escribí mi tesis doctoral sobre/contra ese estilo de democracias constitucionales), y eso es perfectamente consistente con agregar otro tipo de críticas hacia los hiperpresidencialismos regionales.

Finalmente, cito su conclusión: "En síntesis, los presidentes latinoamericanos suelen tener poder limitado, mandato acortado, sucesor renegado y libertad denegada."

Otra vez, A.M. muestra un mayor interés en cerrar con una frase de impacto que en presentar un argumento. La frase es puro fuegos artificiales, incapaz de dañar a nadie, ni aportar nada serio al debate público sobre el tema. Será la próxima, sin dudas.

19 comentarios:

Anónimo dijo...

Tenés razón. Me cae simpático A.M. pero en ningún lado escribió por qué él piensa —revolví bastante— que el fenómeno del hiperpresidecialismo es un significante vacío. O sea, literal// lo único que es retórico es su forma de refutar su existencia, nada más tira frases como "el hiperesidencialismo son los padres".

rg dijo...

(juan, no se si se borro tu comentario, reenvialo porfa)

Anónimo dijo...

Malamud is otro de los académicos que cree que publicar en el diario es 100% el rol del académico. No estoy criticando publicar en diarios, obviamente, pero un investigar tiene que balancear la investigación y la divulgación de la investigación y la participación en debates públicos. Su necesidad de provocar y su imposibilidad de desarrollar argumentos son indicios de que no es un buen investigador/científico.

Ramiro AU dijo...

Un provocador en este tema (que me resulta interesante en otros). Hay que tomarlo en serio cuando debata en serio. ¡Es medio irritante que en este tema sólo se dedique a mojar orejas! Un tema aparte es la moda de la escritura canchera, un buen ejercicio estético que es un obstáculo para la deliberación colectiva.

rg dijo...

totalmente, rau

Anónimo dijo...

Vengo del psicobolchepolitólogo y me dijo que era un "espíritu ingenuo" y un "marxólogo".

Me hice un problema julio bárbaro!!!

http://www.atilioboron.com.ar/
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=229210&titular=la-oposici%F3n-redobla-la-apuesta-

“…el mandato de los gobernantes constitucionales de América latina puede verse acortado por ciudadanos movilizados y congresos fuertes. Al parecer, el sistema de pesos y contrapesos funciona mejor que el hiperpresidencialismo...".

MaloMUD protestando en la calle y el leitmotiv: un Sol para Maduro.

Hay que respetar la Constitución Venezolana del ´99. No a la tiranía del Gobierno y No a la anarquía de un Gobierno paralelo de la oposición.

Pablo M dijo...

je! Lei el articulo hace un par de horas y fue tan ad-hominem que vine aca buscando este post. Es verdad, muchas de las cosas que señala Malamud como que contradicen la "licencia poetica" del hiperpresidencialismo incluso son causasadas por el mismo. El problema de sucesion, por ejemplo, que en general tiende a ser traumaticas despues de largos mandatos personalistas es mas una consecuencia que una causa, a mi modo de ver. O genera presidencias debiles o necesitan una "guerra interna" (el "patadon historico" como le llama Halperin) que solo un nuevo hiperpresidencialismo puede conseguir.

Anónimo dijo...

https://www.youtube.com/watch?v=pUoDIk0vMII

Un presente que no es griego, en desagravio a Roberto.

rg dijo...

bien ahi

Rodrigo dijo...

Off topic: ¿vieron/escucharon el intercambio patético, injurioso y potencialmente criminal entre Lanata y los periodistas que exponen a un nene de 12 años (estigmatizado como 'pibe chorro') ante las cámaras y Juan Grabois, que se los recrimina abiertamente? No conozco a Grabois, pero DIJO LO QUE HABÍA QUE DECIR sabiendo que no había chance de que lo entendieran. ESA es una herencia palmaria de la dictadura. Es lo que en cierta medida demuestra Blaustein y Zubieta en "Decíamos ayer". No deja de sorprenderme el desinterés por este tipo de temas en tu blog: https://www.clarin.com/policiales/nota-polaquito-jorge-lanata-lider-piquetero-cruzaron-insultos_0_BJ2tY5jSW.html
No me termina de cerrar cómo es que minimizás el papel de los medios masivos.

andresvas dijo...

Hola Roberto, sobre esto que vos señalás
Típicamente, y esto ha sido una realidad en la historia latinoamericana, esa distorsión ha implicado el sometimiento del poder judicial; la ampliación de la capacidad de impacto del presidente, muchas veces opacando al poder legislativo o convirtiéndolo en mera escribanía; y siempre con recursos económicos y coercitivos infinitos, y beneficios y posiciones también infinitas para repartir que le permiten expandir su capacidad de dominación sobre el resto. Se trata de datos que constituyen ya rasgos definitorios de la historia contemporánea de América Latina
Está claro que tradicionalmente el funcionamiento político del sistema se dió de esa manera, pero también se podría decir que, en la práctica, no son tan viejas nuestras democracias (menos de 35 años) y pregunto si los casos del poder judicial de Brasil en los últimos años y del de Argentina en la última parte del gobierno de Cristina no muestran un cambio en esa tradicional situación de desigualdad entre el PE y los poderes judicial y legislativo.

rg dijo...

la dinamica está, y sigue. no me colgaría de la micro coyuntura para decir que cambió lo que no parece haber cambiado. se han dicho tantas tonterías sobre el tema (no digo vos), como que el poder judiical y los grandes medios, y lo cierto es que hoy está preso fujimori, y humala, y en brasil no es contra lula y dilma, sino que van cayendo todos los crápulas de la derecha. para mí no es muy difícil de explicar, pero para el reduccionismo dominante (al que no le importa la argumnetación) debiera serlo (si le importara). en casos como el de brasil (dominados por una elite conservadora insoportable) pesan otras cosas también, como que los jueces inferiores no son nombrados políticamente, como acá

andresvas dijo...

1) Microcoyuntura: está, la serie es corta para establecer una tendencia, pero en cualquier caso es una novedad que hay que evaluar y tener en cuenta para ver si llegó para quedarse o es microcoyuntura.
2)En tu respuesta refutás lo que definís como tontería (que vendría a ser más o menos que el poder judicial es un brazo de la derecha Magnettiana y Corporativa para ir contra los ejecutivos con iniciativas de izquierda avanzada) enunciando distintos casos y países en los que el poder judicial pudo ir contra ejecutivos de distinto signo político. Esto,de nuevo, refuta el argumento de un PJ de derecha que para a Ejecutivos revolucionarios de izquierda, pero confirma lo que te marqué en relación a que parece haber una tendencia de fortalecimiento del poder judicial frente a los ejecutivos, que justamente comienzan a ser capaces de frenar a ejecutivos de muy distintos signos, siguiendo tu propia argumentación
3)Claro, en Brasil el fenómeno se debe al proceso que comenzó en los 2000 de conformación de un Ministerio Público concursado, sin interferencia del poder político. Siempre las cosas suceden por algún motivo, el tema es si suceden o no (ver link)
https://www.youtube.com/watch?v=Q9qPA_-4les

Anónimo dijo...

Andrés...con todo el respeto que te merecès...Estàs de viaje por Uruguay?

Saludalo hoy como corresponde a Roberto...si te Va?

https://www.youtube.com/watch?v=sEllTh4kh6U

Abrazo...de gol a ambos;cacareando...!!!

andresvas dijo...

No sé quién sos Anónimo, ¡da la cara que nos van a echar del blog!

Anónimo dijo...

"El Pepe", bo!!!

Anónimo dijo...

Una de cal y otra de arena. Creo que AM tiene razón en la cuestión terminológica, pero no tiene razón en las conclusiones empíricas sobre la forma de gobierno presidencialista.

El concepto de hiper presidencialismo tal vez tuvo sentido al inicio del debate para plantear una diferencia de grado entre el modelo americano y algunos regímenes latinoamericanos que si bien receptaban las características del presidencialismo americano añadían algunas facultades/poderes presidenciales. Ahora, conforme se fue avanzando en la investigación se se hizo una radiografía de los poderes presidenciales, sabemos que existe en este punto una gran variación: algunos presidencialismos receptan poderes de decreto más robustos que el americano (colombia, argentina, brasil, perú) pero en otros esos poderes o estan ausentes y el resto de supuestos poderes hiperpresidenciales no son tan evidentes (Uruguay, méxico, chile). Ahora, AM tiene razón en un punto: si lo que define a un régimen presidencial es la forma de elección y el mandato fijo, lo de "hiper" no parece tener sentido. Parece que tiene más sentido hablar de presidencialismos con fuertes poderes presidenciales y presidencialismos con poderes débiles, o alguna categoría semejante, puesto que los poderes presidenciales no son definitorios del concepto de presidencialismo.

En lo que no tiene razón AM es en las conclusiones empíricas que extrae de la crítica al concepto de hiperpresidencialismo. Porque, con independencia de cómo llamemos a esos supuestos regímenes con poderes presidenciales fuertes, existen evidencias de que son problemáticos para la estabilidad democrática. Los que defienden la noción de hiperpresidencialismo en realidad querían apuntar a que los poderes de decreto y las facultades extraordinarias son un vector de desestabilización. AM se limita a mostrar que la idea de hiper presidencialismo no tiene mucha utilidad, pero en ningún lado muestra que los fuertes poderes presidenciales son inocuos. De hecho, las evidencias indican lo contrario. El clásico libro de Carey ya señalaba que los poderes de decreto del presidente tienen van asociados a una mayor probabilidad en la quiebra de la democracia. Y Elgie muestra que los semi-presidencialismos al estilo Ruso (con fuertes poderes de decreto) también van asociados a una mayor probabilidad en la quiebra de la democracia. AM intenta demoler el concepto de hiperpresidencialismo, pero de esa crítica conceptual extrae una conclusión empirica sobre los efectos de la forma de gobierno presidencial que no se sostiene. Con lo cual la crítica de AM es como derribar un espantapájaros mal diseñado, al que no hacen caso los pájaros. Porque como sea que llamemos a ese espantapajaros que no espanta a nadie, las bandadas se siguen llevando toda la cosecha. sl

rg dijo...

grande, idolo

David dijo...

El debate que podría abrir malamud es pensar la estructura social que está en la base del presidencialismo débil o hiperpresidencialismo. No solo en términos jurídicos. Por lo menos en esta entrada, no alcanza con postular elitismos para reflejar una realidad social. RG parece analizar a fondo lo juridico-constitucional del presidencialismo, pero el campo social queda como una verdad a medias. Yo espero de nuestros académicos un análisis social y que usen para ello del presidencialismo o hiperpresidencialismo solo como método de observación.