18 mar. 2008

En la Convención Constituyente, en Ecuador




(las fotos son de la Convención: una es de un extraño monumento externo, y luego el salón-galpón por dentro, bajo la mirada atenta de un héroe nacional, el radical Eloy Alfaro. Ay!)

Hace unos días, estuve en Ecuador, en la Convención Constituyente, invitado para discutir con algunos Convencionales y asesores sobre el tema de la participación política. En particular, les interesaba que pensáramos sobre qué fórmulas concretas podían incluirse en la Constitución, para hacer realidad el compromiso político existente con la promoción de la participación pública. La gente con la que me encontré me cayó muy bien: muchas personas interesantes y bien animadas, genuinamente deseosas de favorecer una mayor intervención ciudadana en política.

Por eso mismo, en los debates me interesó insistir sobre un punto que, según creo, no cayó nada bien (bueno, al menos no le cayó bien a una mayoría, aunque seguimos discutiendo con todos de modo muy amable, por lo que estoy agradecido). Una y otra vez les propuse que, si había un compromiso efectivo con la participación política, el mismo debía verse como incompatible con un sistema presidencialista como el que estaban defendiendo. Si a un ciudadano lo invitan a formar parte de un gobierno verdaderamente abierto a la participación, entonces, no se entiende qué hace allí la autoridad concentrada en la cabeza de una sola persona. Recordé, además, que el anti-presidencialismo había sido, no casualmente, una bandera habitual del radicalismo latinoamericano (anti-boliviariano) del siglo xix. Sugerí, también, que salvo contadísimas excepciones (Roberto Unger tal vez), las teorías contemporáneas más abiertas a la participación (pongamos, visiones deliberativas sobre la democracia) dicen exactamente lo mismo.

Todo esto se refuerza cuando vemos ejemplos como, justamente, los de la Argentina o Ecuador, en donde en los últimos años (para no ir más lejos) se sucedieron unos presidentes a otros, sin posibilidad de completar sus mandatos. Es decir, nos afecta una cierta miopía cuando no vemos que la defensa de los poderes concentrados en el Presidente puede ser bueno en el corto plazo (en épocas de "ascenso" de la popularidad del Presidente), pero que esa manera de distribuir el poder prueba ser catastrófica cuando empiezan los naturales períodos de "descenso" de la popularidad del Presidente: ahí, la caída del Presidente arrastra consigo a todo el gobierno. ¿Será posible que alguna vez superemmos esta miopía, para servir además al ideal de una democracia más participativa?

Hmmm. Dije esto y ahí empezaron a estallar las chispas...Pero en fin, toda la suerte para los colegas de Ecuador!

8 comentarios:

Martín Pablo Silva Valent dijo...

1º ¿Tiene usted alguna tipo de idea formada sobre cómo hacer el paso entre una democracia constitucional y una democracia deliberativa?

2º ¿Que autores recomienda leer para comprender a fondo las implicancias y reformas que requiere una democracia deliberativa?

rg dijo...

creo que para las dos preguntas: carlos nino, la constitucion de la democracia deliberativa, gedisa.

pzappa dijo...

me pregunto si ese favoritismo hacia modelos presidencialistas se presenta por cierta desconfianza hacia modelos más participativos? porque de otro modo no lo entiendo, aunque confieso que desconozco la situación ecuatoriana

rg dijo...

supongo que en parte es eso, claramente (es decir, impulsos claramente anti-participativos -o temerosos de la participacion- mas alla de lo que se proclame). por otra parte hay un tradicionalismo injustificado e irracional ("somos caudillistas en latinoamerica"). y tambien el mero auto-interes de quien esta en el poder, y nunca va a promover -por miopia- una reforma que aparentemente recorte su poder

Heber Joel dijo...

Una vez hablando con un profesor me dio una explicaciòn màs o menos chapucerpo, pero creo yo correcta de ese temor a la participaciòn, y esa adhesiòn al presidencialismo.

Me dijo aquel profesor: "Cuando se da demasiado poder al congreso, o a los ciudadanos, se genera una profunda inestabilidad, la cual a su vez posibilita la intervención de los militares (otro problema sempiterno en nuestra tradición republicana), por es es mejor concentrar dicho poder en la cabeza del presidente (del poder ejecutivo), total al menos es un poder civil".

El tema es curioso pero creo que la razón precisamente de tal inestabilidad radica en centralizar el poder en una sola institución. Y no al contrario como decia este profesor, pero bueno, el tema es complejo y da para mucho más...

un abrazo

rg dijo...

si, que gracioso! cuando el vinculo presidencialismo latinoamericano-inestabilidad es un clasico de la c. politica de los ultimos 20 anios (juan linz, a. liphardt, nino, sartori)

Rex dijo...

El caso mas claro para mi es el de Chavez y el uso permanente que hace de los militares a quienes convoca a cada rato.


Ayer estuvimos hablando con un grupo de argentinos de los graduados.

Aqui copio algo que se opublico en Salon.com sobre UoC de donde egreso nuestro amigo RG

"Hyde Park's intellectual life has been dominated by two contradictory strains. The first is neoconservatism: Allan Bloom wrote "The Closing of the American Mind" at U. of C., and Paul Wolfowitz studied under Leo Strauss. The second and by far numerically superior force is the humorless liberalism that makes every elite campus such an anal-retentive place. Hyde Park is our most uptight neighborhood. In 1995, the Princeton Review named U. of C. America's "worst party school," inspiring this joke: "Q: How many University of Chicago students does it take to screw in a light bulb? A: Quiet! I'm trying to study in the dark." The neighborhood invariably elects a goo-goo alderman who pulls killjoy stunts like, you know, asking to see what's in the mayor's budget before voting on it. The most famous, Leon Despres, who just turned 100, once spent five days at Trotsky's place in Mexico City. The only reason Hyde Parkers don't drive Volvos is that they're too long to parallel park.

http://www.salon.com/opinion/feature/2008/03/18/hyde_park/

Ec. EMILIO PALADINES dijo...

Soy ecuatoriano y la actitud de los asambleistas deja mucho que desear porque se creen dueños de la verdad absoluta. El problema es que solo estan elaborando una Constitucion (recien van al menos 10 articulos y han pasado 4 meses) que se va a ajustar a los lineamientos de la mayoria gobiernistas. Están creando una normativa aplicables a su pensamiento socialista y que a veces raya a lo absurdo. La vieja y la futura Constitucion no favorece y alienta a las libertades individuales (soy liberal) sino a mas de lo mismo (coacción) con otro color partidista. Yo veo que a la mayoria de los ciudadanos están bajo la influencia de una gran droga que enceguece y entorpece la razón, una droga llamada socialismoína. Es fuerte y causa una gran adicción sino se tiene la cura a tiempo.