16 jul. 2011

Cesarismo democrático


A comienzos del siglo xx, el autor venezolano Laureano Vallenilla Lanz, escribió su famoso libro Cesarismo democrático, destinado a describir –y justificar- lo que VL reconocía como un fenómeno político muy propio de la vida latinoamericana (el libro sería, nos guste o no, uno de los más influyentes en la historia del constitucionalismo latinoamericano). Por entonces, VL repudiaba los rasgos idealistas y extremistas que veía en el pasado regional (“los principios abstractos del jacobinismo”), y que asociaba con constituciones de funcionamiento improbable. Al mismo tiempo, VL reivindicaba el rol de los caudillos que supieron actuar como “César,” respondiendo a la “sicología de nuestras masas populares” (Hale 1986, 413). Vallenilla habla de un “Cesarismo democrático (caracterizado por) la igualdad bajo un jefe: el poder individual surgido del pueblo por encima de una gran igualdad colectiva,” un César que puede mantenerse en el poder gracias a que representa al pueblo, porque “no hay gobierno estable sin pueblo a la espalda pensando como el gobierno mismo, sintiendo y procediendo como él”.

En Venezuela, el antecedente político más importante de esa forma de gobierno había aparecido con Simón Bolívar, que habría sabido reconocer, mejor que cualquier otro, el error de los constitucionalistas que creían que los gobiernos latinoamericanos debían adaptarse al modelo de las democracias europeas o a la democracia de los Estados Unidos, sin reconocer que “el derecho de la soberanía,” finalmente, no era sino “el derecho que tiene cada país de gobernarse a sí mismo según su tradición, según su temperamento, según su historia” (ibid., 218). Bolívar sería el que habría advertido, de modo clarividente, que para gobernar en Latinoamérica, las exigencias eran otras: no las de un poder controlado, sino las propias de un tipo diferente de democracia, caracterizada por la presencia de un gobierno fuerte, capaz de disciplinar a la sociedad, en beneficio colectivo. Bolívar, en todo caso, fracasó en su incapacidad para arrastrar a las masas populares. Sin embargo, su genio de estadista iba a encontrar continuidades en otras experiencias posteriores, más plenamente exitosas. En tal respecto, VL reconocía al menos dos experiencias de este tipo, en Venezuela. La primera, la del caudillo José Antonio Páez, a quien describe como “el único hombre capaz de contener con su autoridad y su prestigio a las hordas llaneras”. La segunda, la del dictador Juan Vicente Gómez, quien gobernara Venezuela veintisiete años, entre 1908 y 1935. Gómez aparece, entonces, como “el Magistrado necesario para estas democracias, porque realiza aquel axioma político-social del libertador (Bolívar): los Estados americanos han menester de los cuidados de gobiernos paternales que curen las llagas del despotismo y la guerra”.

Por lo demás, la obra de Vallenilla Lanz puede leerse como un intento de justificar el gobierno del general Gómez, junto con quien VL trabajó durante largos años, desempeñándose como parlamentario, presidente de las cámaras legislativas, y sobre todo como periodista, desde el periódico El Nuevo Diario, a partir del cual llevó adelante una defensa férrea del gobierno autoritario de Gómez. Historias que se repiten.

foto: paseador con sombrero (madriz)

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy interesante el concepto de "Cesarismo Democrático". Claramente es un concepto que hoy en día lo vemos, sin emitir juicios de valor al respecto, con Evo Morales en Bolivia, Hugo Chávez en Venezuela, Rafael Correa en Ecuador, y, porque no, con Néstor y luego con Cristina Kirchner en nuestro país. Personalmente lo veo como un problema puesto que la concentración de poder en nuestros hiperpresidentes dañan la división republicana de poderes y erosionan la democracia y la institucionalidad.

Muchos autores, entre los que se encuentra el ministro de la Corte Zaffaroni, proponen la adopción de un sistema parlamentarista para atenuar este mega presidencialismo. ¿Creen que sería una propuesta viable en nuestros países y coyunturas americanas?

CV dijo...

"un fenómeno político muy propio de la vida latinoamericana"

¿Luis Bonaparte (Napoleón III) y Otto von Bismarck fueron "latinoamericanos"?

(De todos modos, el concepto me resulta bastante impreciso)

rg dijo...

tan jorobado como influyente vallenilla

CV dijo...

OK. Aclaro que yo no leí el libro.