27 sep. 2008

Una escena




Empujado por un par de preguntas del público, Mike Leigh, el director de Happy-Go-Lucky (o el de Naked, Secretos y Mentiras, Todo o Nada, Vera Drake), se concentró en una escena de la película, que tal vez sea la mejor metáfora del filme, y una buena imagen sobre su carrera entera. La película trata de una joven siempre alegre, chirriante, bromista de tiempo completo. La escena es su encuentro, casual, en un lugar indeterminado, con un aparente mendigo. El mendigo tiene algo de violento, está sucio, canturrea algo inentendible. Ella se acerca, le pregunta si le pasa algo. Le ofrece dinero que él rechaza. Él se levanta, hace como que boxea, orina. Luego vuelve sobre ella, balbucea un enojo y le pregunta: entendés? Ella lo mira fijo, convencida, le dice por supuesto que sí. Se sienta a su lado. Él acerca su mano a la cara de ella, ella no se aleja, él no la toca. Al rato él se levanta, se va solo. La escena decía varias cosas, algunas de las cuales él admitió y comentó en la sala: ella bromea todo el tiempo, hasta el hartazgo, pero lo que la mueve es sobre todo la empatía; ella confía, se entrega, se abre, asume las consecuencias, corre riesgos. La escena es muy Mike Leigh, es toma de partido por el que está peor, pero sin alardes, sin espectacularidad, sin trucos: la toma, de algún modo, podría no formar parte de la película, y la película no cambiaría sustancialmente: sabemos perfectamente de la capacidad de empatía de la protagonista. Más, el mendigo no reaparece, la protagonista no cambia para nada después del encuentro: ella siempre fue así. Mucho más, ella vuelve a su casa, su compañera de piso le pregunta por su día, y ella le cuenta de la mañana difícil que le habíamos visto, pero no de la noche. De la noche no habla, no dice nada, la guarda para ella. Nosotros los espectadores sabemos lo que pasó, pero no así quienes la rodean en el film: ella no necesita hablar del tema, ella ha tomado partido desde el comienza, pero no necesita ir diciéndoselo a nadie.

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