29/6/2008

Desobediencia democrática

El pasado miércoles fui a la conferencia de Robert "Bo" Burt y Daniel Markovits en esta serie de eventos que anunciamos. Burt, como siempre, resultó muy agradable y muy interesante hablando de un tema en alza y candente en nuestra sociedad: casamiento de personas del mismo sexo. Ya conocido, el Alexander Bickel Professor de la Escuela de Derecho de Yale, publicó un muy buen libro que tiene traducción local, Constitución y Conflicto (Eudeba), del que hemos hablado en este espacio y es más que recomendable su artículo (acá) de un pasado SELA, entre otro material, estos dos, me parecen interesantísima bibliografía para leer sobre Poder Judicial y especialmente sobre los posibles roles de las Cortes Supremas.

Lo nuevo, lo nuevo, lo nuevo fue Daniel Markovits que presentó un ensayo sobre "Desobediencia Democrática". Al final de su presentación, hubo un interesantísimo debate y el conferencista presentó, un poco, su perspectiva, su opinión de observador externo, lejano, sobre el conflicto gobierno-campo, principalmente, (re)construido (y mediatizado) por los diarios internacionales, pero haciendo algunos comentarios sobre cómo encajaba esa situación y los diferentes actores en su teoría.

Hoy domingo, en esa línea, me parece que Markovits resume algunas ideas, que ya adelantó el pasado miércoles, en esta mini-entrevista de Perfil. Gran cómico, Markovits se especializó en su pre-grado (college) en matemática, complementándolo con un Master en Econometría y Matemática Económica en LSE y un Doctorado en Filosofía nada más que en Oxford, recién después fue a Yale para estudiar Derecho. Además de un muy buen orador y muy ocurrente en sus respuestas, Markovitz parece ser una joven (y alta) promesa (esto último dado que mide como dos metros y algo).

Recuerden, mañana, Lunes 30 de Junio, Owen Fiss (ver más abajo). Pasado y traspasado, la dupla Siegel-Post/ Post-Siegel. ¡Últimos avisos!

27/6/2008

Sr. Juez Araoz de Lamadrid, por que no se...

En su fallo (ejem) ante una presentacion de ACIJ (nuestra amiga, la Asociacion Civil por la Igualdad y la Justicia), el sr. Juez subrogante Araoz de Lamadrid (1 en su concurso. Uno no quiere decir primero sino que es el numero que le correspondio como nota en el examen), decidio agregar esta simpatica nota final, de caracter personal. Aqui la transcribo. Caramba, caramba, quisiera agregarle otras notas adicionales, igual de personales.

“Por último, quiero dejar sentada una observación muy personal. Dada mi experiencia en el trato con las organizaciones como las que representan los señores letrados peticionantes, considero que las mismas pretenden constituirse en una suerte de “controladores” de la actividad de los jueces (sólo requieren intervenir en causas particularmente notorias; luego solicitan acceder a nuestras declaraciones juradas patrimoniales; y en ocasiones promueven investigaciones contra los jueces, que ellos entienden que han obrado mal, ante el Consejo de la Magistratura); con lo cual entiendo que se desnaturaliza absolutamente el sistema procesal y aún la independencia judicial. Los controles jurisdiccionales de los jueces de primera instancia, son las cámaras de apelaciones, no particulares que representan organizaciones de dudosa representatividad (valga el juego de palabras). De lo contrario, es decir si aceptamos la intervención en el proceso de terceros que luego denuncian –porque ya están legitimados- a los jueces por sus actos en esos mismos procesos, llegaríamos al ridículo que resultaría más económico para el Estado (o más sencillo si se quiere), que sean estos “auditores” quienes se encarguen del tramite de las causas según su justo parecer.
Si estas asociaciones realmente se preocuparan por la igualdad y la justicia, deberían interesarse por los más de 1000 sumarios que en sólo 15 días ingresan a este Juzgado durante el turno con las fuerzas de seguridad; las cuales unidas a las aproximadamente 500 causas ya en trámite, saturan, absolutamente los recursos con que cuenta un Tribunal como el que tengo a cargo.”

26/6/2008

Izquierda y gobierno

Hoy publicamos esto (ver acá) con el amigo Rubén Lo Vuolo, en Página, sobre la izquierda y el gobierno. En fin, se hace lo que se puede, que no es mucho según parece

25/6/2008

24/6/2008

Anuncio de actividades..

Vale muchísimo la pena publicitar y aprovechar esta serie de charlas y conferencias de Profesores de la Escuela de Derecho de Yale en la Facultad de Derecho de la Universidad de Palermo. Los profesores son de lo mejor y más recomendable y, en la mayoría de los casos, los hemos citado, comentado, referenciado, mencionado, para muchas de las discusiones y temas tratados por acá.

La actividad es abierta y hay que superar sólo un molinete, nada más (pero hay cupo).

• Miércoles 25 de junio, 18 hs. Robert Burt, Profesor de Yale Law School "Same-Sex Marriage: Constitutional Norms and Democratic Processes".

• Miércoles 25 de junio, 19:30 hs. Daniel Markovits, Profesor de Yale Law School"Democratic Disobedience".

• Jueves 26 de junio (no abierta al público). Harold Koh, Decano de Yale Law School"International Law and the next USA administration".

• Lunes 30 de junio, 18 hs. Owen Fiss, Profesor de Yale Law School "La libertad de expresión y las dos caras del Estado" en conjunto con la Asociación por los Derechos Civiles y otras instituciones. (con traducción simultánea)

• Martes 1 de julio, 19 hs. Robert Post y Reva Siegel, Profesores de Yale University "Equal Protection After Brown".

• Miércoles 2 de julio, 19 hs. Robert Post y Reva Siegel "Democratic Constitutionalism and Reproductive Rights".

Las actividades se dictan en idioma inglés en la Sede de Mario Bravo 1050.

Los papers/trabajos para ciertas actividades que requieren lectura previa se encuentran (pero hay que buscarlos) acá.

Todas las actividades son abiertas (menos una) y se solicita, según me informan, inscripción previa.

El presidente como institución hiper-contramayoritaria

Dos entradas en un mismo día puede parecer mucho pero tengo días sumamente complejos. Tal vez haya una tercera (!¡).

Este Jueves 26 a las 18:30 hs en el Instituto Gioja (UBA) voy a exponer en un Seminario Abierto de Investigadores sobre mis avances en una Investigación que estoy llevando adelante en torno a Democracia (Deliberativa) y Diseño Institucional, especialmente, un análisis del presidencialimo desde la concepción de la democracia deliberativa.

De todas las ideas que tengo hay una que quiero evitar presentar (sobre todo porque no es un dato del presidencialimo local), para no complicarme, aunque seguramente la terminaré exponiendo en el marco de las lecturas, los autores visitados y avances sobre el tema.

Hace tiempo, en un trabajo del 2003, desarrollé una intuición/idea, marqué un punto, que es el siguiente: Dado que el presidencialismo puede ser visto como una institución contramayoritaria, un hiperpresidencialismo, en ese trabajo afirmaba muy enfáticamente, podía ser visto como una institución hiper-contramayoritaria.

La cuestión es que el año pasado me topé con este dato empírico, de segunda mano, increíble en el muy buen libro de Sandford Levinson "Our Undemocratic Constitution" que estuve releyendo hace tiempo al efecto de esta presentación.

El dato es el siguiente, y me parece muy significativo e importante. Según Levinson, la Suprema Corte de los Estados Unidos -en toda su historia- declaró inconstitucional , aproximadamente, 160 leyes nacionales, mientras que el Poder Ejecutivo utilizó, y muy pocas veces para controlar la constitucionalidad de esas leyes -sino sin justificación y sin ofrecer razones algunas-, el veto presidencial en 2550 ocasiones y dice "At least equally important, no doubt, are the number of changes, or simply failures to initiate legislation in the first place, produced by the threats of countless additional vetoes". El mismo Levinson, señala lo insignificante del control de constitucionalidad de las leyes frente al veto ejecutivo. Desde hace tiempo, me preocupa nuestras tendencia muy court focus y en nuestra más que especial historia de poder presidencial, por eso es muy pertinente que el mismo Levinson ponga la situación de los eeuu cerca de la dictadura presidencial en conyunturas de estados de excepción o emergencia permanente, como las que vivimos.

Además, el mismo Levinson recuerda, lo extremadamente poderoso del ejecutivo y engorroso de los controles al ejecutivo en el mismo título del capítulo, que me parece al menos gracioso además de interesante por ser tan directo: "The Legacy of Article II: Too-Powerful Presidents, Chosen in an Indefensible Process, Who Cannot Be Displaced Even When They Are Manifestly Incompetent", ja

Después vemos qué podría analizar bien en cuestión en la charla. Me recomendaron usar power point (¡?), cosa que nunca utilicé (y no sé si utilizaría), por lo que eso dio un toque especial al plan que tenía antes de pensar la forma de la presentación y en la sustancia. Tal vez mañana publique un breve resumen de mis ideas para tener un pre-calentamiento.

23/6/2008

Owen Fiss en Argentina

En la última Boston Review (la revista que dirige el nuevo profesor estrella -uno de los pases académicos que sigue haciendo ruido- de la Escuela de Derecho de Stanford y del Departamento de Ciencias Políticas de la misma Universidad, Joshua Cohen, ex profe del mismo departamento en el MIT) un gran profesor y muy respetable pensador liberal, ya muchas veces visitado y revisitado por aquí, hizo publica una carta que el mismísimo John Rawls le había escrito en agradecimiento a cierta bibliografía enviada. En esa carta personal, después de agradecerle el envío, Rawls le enumeraba algunas razones, inspiradas en una charla con otro profesor de Harvard, Harry Kalven (que fue el autor del material que Rawls agradece), de porqué el Baseball podía ser el mejor juego de todos.

En la introducción a la carta, de 1981, este alumno comenta que el rumor de que Rawls tuvo la oportunidad efectiva de dedicarse al Baseball profesionalmente no tiene entidad. Según su ex-alumno, simplemente jugó al Baseball en su escuela secundaria, y bastante poco, y afirma, que sí, que era un aficionado del baseball, al igual que Harry Kalven, y lo usaba en muchos de sus ejemplos en las clases de Harvard (al igual que Kalven en sus libros).

Sin pretender traducir el texto, resumo las razones que presenta Rawls:

1. Las reglas del juego son equilibradas, empezando por el diamante como figura representativa del equilibrio del juego (¿?).

2. Todas las personas, indiferentemente de su tamaño o peso, pueden jugar y eso no determina su performance. Altos y flacos, gordos y petisos, juegan por igual, sin ventajas que sean determinantes. En contra del caso de la altura en el Basket.

3. El juego usa todas las partes del cuerpo. Desde pies/manos hasta estrategias mentales complejas.

4. Todo está a la vista de todos. En contraposición al football americano o al basketball donde hay cosas, hay momentos en que algunos pueden perder de vista mucho y otros no, en baseball, todos tienen las mismas restricciones sobre lo que se ve y sobre lo que no, comparten las mismas capacidades en ese sentido.

5. Baseball, béisbol para los criollos, es el único juego cuya anotación no se realiza con la pelota/bola del juego. Eso aumenta el grado de concentración de los espectadores en diferentes sectores del campo y acciones del juego.

6. Por último, fuera de la lista del artículo, Rawls afirma que el baseball es el único juego, incluso comparándolo con el fútbol (nuestro fulboool), donde el juego no termina por el paso del tiempo, sino por el fin del juego mismo (para más detalles consultar el original más arriba o acá).

Habría que preguntarse cómo podríamos responder desde nuestros deportes favoritos y quizás desde ideas propias y teorías de la justicia favoritas. Acaso ¿usan los profesores y los teóricos locales/regionales muchos ejemplos de algún deporte en especial?

Tal vez sigamos el tema en otro post, hay muchas anécdotas, por ejemplo, con la pasión del cricket de H.L.A. Hart.

Lo importante, retomando el hilo inicial, es que ese ex-alumno de Rawls en Harvard era el mismísimo Owen Fiss, amigo de muchos por acá, teórico de un liberalismo igualitario, profesor de la universidad de Yale, que se encuentra visitando la Argentina y expone sobre las "La libertad de expresión y las dos caras del estado", el próximo 30 de Junio a las 18:00 hs en la Facultad de Derecho de la Universidad de Palermo, la sede de Mario Bravo 1050 (casi Av. Córdoba) con la organización de la Asociación de Derecho Civiles y la Universidad de Palermo. Se encuentran también acompañando el auspicio del evento la Maestría en Derechos Humanos de la Universidad Nacional de Lanús y la Maestría en Industrias Culturales de la Universidad Nacional de Quilmes. La charla tendrá traducción en simultáneo.

El Profesor Fiss, como muchos saben, es experto en derecho constitucional, y además de profesor de Derecho en la Universidad de Yale, es miembro del comité organizador del Seminario en Latinoamérica de Teoría Constitucional y Política (SELA) que se reúne anualmente desde 1995. Graduado en las universidades de Dartmouth, Oxford y Harvard, fue secretario letrado de la Corte Suprema de Estados Unidos, se desempeñó en la División de Derechos Civiles del Departamento de Justicia y enseñó en la Universidad de Chicago. Sus temas de interés académico abarcan la protección de la igualdad ante la ley, el acceso a la justicia y la libertad de expresión. Entre sus publicaciones se encuentran “Liberalismo dividido”, “Una comunidad de iguales”, y “La ironía de la libertad de expresión”, donde reflexiona sobre el papel que el Estado puede y debe cumplir para garantizar un debate público robusto, plural y democrático.

22/6/2008

Cine anarquista




Reviendo “Pierrot le fou,” de Godard -una película hecha con la cabeza tan abierta, y con una pareja protagónica (Jean Paul Belmondo-Anna Karina) tan desprendida- volví a la idea de hacer una lista de mis películas favoritas en el área “cine anarquista.” La lista se complica un poco por los distintos sentidos que ha podido tomar el anarquismo en el cine. Pero como estamos en un intrascendente blog y no en una meditada clase, vamos con una lista tentativa y exploratoria

1) Jean Vigo con “El Atalante” pero, sobre todo, con “Zero en Conducta.” Aquí, para una mirada anarquista sobre la escuela (en este ítem podría sumarse a Fellini y algunas escenas tanto de “Amarcord” como de “Los inútiles-I vitelloni.” Y si se trataba de romper todo, por qué no, Alan Parker y “The Wall”)
2) Luis Buñuel y “Viridiana.” Aquí hay una mirada blasfema y anárquica que tiene como punto culminante el alucinante banquete de los mendigos, que aparece hacia el final del film. Allí, un grupo de desharrapados ocupa la mesa servida de la aristocracia católica, en imágenes notables, alusivas a "La última cena"
3) René Clair y la utopía anti-fábrica, el vínculo cárcel-trabajo, la reivindicación del ocio. Estos temas se ve en “Viva la libertad-A nous la liberté,” con sus ácidas ironías sobre “el trabajo es libertad” (lema que luego reaparecería en, ay, Auschwitz). La película que comentamos el otro día, “La clase obrera va al paraíso,” de Elio Petri, también problematiza bien la cuestión del trabajo en la fábrica (y el fragmento que colgamos, de diálogo entre Lulú y Militina, resulta excepcional en la angustia por “no saber qué es lo que estamos produciendo”)
4) Héctor Olivera y “La Patagonia rebelde,” por qué no, merecen tener un lugar en la lista. Para mí fue una película inspiradora. Es el anarquismo como movimiento político de ruptura y confrontación de la autoridad. La incluyo por su potencia, aunque me interesaba incluir en la enumeración películas menos directamente políticas (por eso apenas menciono, por caso, a Ken Loach y su buena “Tierra y Libertad”)
5) Otar Iosseliani y “Lundi Matin” o “Jardins en automne,” también merecen estar presentes (Otar es un viejo conocido del blog). Hablaríamos acá del anarquismo dandy. Genial. Millonario venido a menos tomando sol sobre el tejado.
6) Peter Weir y sus utopías comunitarias. También muy bien para Weir. Acá es la anarquía en el sentido nozickeano de “que cada uno se junte con el grupo que quiera y viva como quiera.” Hay varias películas Weireanas que pueden ser mencionadas en esta línea, que el autor explora desde ángulos raros: “La costa mosquito,” “Testigo en peligro,” y hasta, ay, “La sociedad de los poetas muertos”
7) Pero el ganador es, qué le vamos a hacer, el gran Alain Tanner. Creo que la película a seleccionar de él sería “Charles, mort ou vif” (pero no la ví, así que si alguien la tiene que avise y la pase. Por favor), pero me basta con “Jonás, que tendrá 25 años en el año 2000” (25 años después haría la segunda parte, cuando ya Jonás llega a sus 25: “Jonas et Lila, a demain”).Tanner (temprana figura del excelente movimiento hoy conocido como el "Free Cinema" británico), por si no recordaban el dato, escribió el guión de la película con el notable escritor -ensayista John Berger. El film incluye un personaje más querible que otro, todos ellos -como se autodenominaban - “profetas menores” (una cajera de supermercado, un increíble maestro frustrado, etc etc), que deciden ir a vivir juntos en una granja comunitaria. Esta es mi gran película anarquista (y algún escalón más abajo la sigue, en una línea algo parecida de "vida en comunidad," la también adorable “Todos juntos-Tillsammans”del sub-valorado sueco Lukas Moodysson). Aplauso para el suizo Tanner

18/6/2008

La teoría de la democracia de ck




Entre los hechos más notables y menos destacados de estos días se encuentra la explicitación que ha hecho la presidente de la teoría democrática que suscribe. Suscribe, diría desde aquí, una teoría más bien opuesta a la que yo defendería, desde la izquierda democrática. Algunos de los puntos que destacó:

1) Democracia es votar: El que se opone al gobierno tiene que esperar a las próximas elecciones. Nada de bocinas, cortes, protestas, cacerolas. La plaza está para el oficialismo. Y ojo con querer ocuparla. (la democracia no se puede manejar "con cacerolas, cortes de ruta y bocinas, así no se gobierna al país". La "protesta," dijo hoy, "interfiere en la misma construcción democrática"). Contra estas afirmaciones, le diría que democracia es, sobre todo, lo que pasa entre votación y votación.

2) La política está en manos de los representantes: Si uno se opone al gobierno, lo que tiene que hacer es crear un partido político. ("si además quieren cambiar el modelo económico del país lo que deben hacer es organizar un partido político, presentarse a elecciones y ganarlas"). Contra estas afirmaciones, le diría que la democracia tiene que estar sobre todo, y cada vez más, y tanto como se pueda, en manos de los ciudadanos, y no de los partidos y los representantes (ni de las corporaciones). Es decir, lo que se necesita es más democracia directa, y no más (de esta) democracia representativa.

3) Como participar es participar en un partido político, quien lo hace por fuera no merece, políticamente, consideración ("cuatro personas a las que nadie votó, nadie eligió, se reunían, deliberaban y comunicaban al resto de los argentinos quién podía andar por las rutas". Ayer, nk insistió con el mismo punto, la misma idea de quiénes son y quiénes se creen que son estas cuatro personas que lideraron la protesta). Es notable el modo en que tanto ck como nk ignoraron o despreciaron el hecho extraordinario de que miles y miles de personas salieron a las plazas de sus pueblitos a manifestarse contra el modelo imperante. Al concentrar su atención en los "cuatro del campo" dieron vuelta la espalda, brutalmente, a los cientos de miles de ciudadanos que salieron a la calle a expresas sus quejas. Contra estas afirmaciones, diría que la política debe tomar detallada nota de la protesta que proviene de la sociedad civil, más o menos organizada. Debe prestar especial atención -en lugar de menospreciar o desmerecer- a las quejas de quienes se sienten afectados por las políticas que se toman. No para, necesariamente, darles la razón, sino para explicarles y justificarles por qué van a hacer lo que quieren hacer. Necesitan, con urgencia, conocer en lugar de ignorar el por qué de la oposición de ciertos individuos o grupos a las políticas que propician.

4) Protestar en la calle es ponerse fuera de la democracia. Protestar es ser intolerante ("Tenemos que aprender a procesar democráticamente nuestras diferencias, tal vez por los golpes de estado creemos que todo se arregla con intolerancia, cocina, cacerolas o cortes de ruta"). Contra estas afirmaciones, le diría que la protesta es el primer derecho, está en el corazón de la democracia, constituye su esencia. Esto no quiere decir que cualquiera puede protestar de cualquier manera, sino que la protesta debe, ante todo, protegerse: si perdemos la protesta, lo perdemos todo.

5) La política se trata de ellos o nosotros ("no quiero un país, una democracia corporativa donde se crea que se puede manejar desde la Sociedad Rural". Y él, como siempre, subió la apuesta: es "ellos o nosotros" -"a nosotros nos gusta ir a Plaza de Mayo y vamos. A ellos, les gustará andar con cacerolas"). Contra estas afirmaciones, diría que muchos nos sentimos radicalmente críticos de ambos grupos, sin ningún problema: hay mucha vida, por suerte, fuera del kirchnerismo y la Sociedad Rural.

Al Congreso, finali




Gran bloggera, la Presidente-a-i leyó lo que escribimos unos posts más abajo sobre las retenciones y decidió hacernos caso: mandó al Congreso su iniciativa, y ahora es allí donde -como debió ocurrir desde un principio- se tratará el tema. Muy bien, le damos un crédito por eso.

De todos modos, como la cuestión viene complicada, le(s) agregamos (a ella y a sus amigos) algunas instrucciones para lo que sigue:

1) Pregunta: Lo que envió ña Cristina, se trata de un decreto que sólo puede ser ratificado o rechazado por el Congreso, o de un proyecto de ley? Respuesta: se trata de un proyecto, y el Congreso puede hacer lo que quiera con él.

2) Pregunta: Y si algunos insisten y dicen que sólo se trata de un proyecto? Respuesta: Entonces, que el Congreso lo rechace, y trate abierta y plenamente la cuestión de las retenciones, sin límites.

3) Dopo, non dimenticare, el Congreso no es una cáscara vacía, y la validez de las leyes no depende sólo de las manos levantadas, así que faltan por lo menos dos tests por pasar:

3a) El test del piso, que entiendo que lo pasará tranquila, ya que (aunque la Constitución no es muda sobre cuestiones económicas), aquí permanecerán intocadas las garantías mínimas de los derechos de todos. Así que por este test no le pondremos obstáculos a la ley.

3b) El test de las razones y el debate público: Si el paso por la Cámara se convierte en un mero trámite, en donde no se escuchan y rebaten los argumentos de la oposición, y no se dan razones públicamente aceptables acerca de lo que se hace, volveremos volveremos, a pedir la inconstitucionalidad. Pero confiamos en que habrá debate y no una ficción de debate. Igual, ojo: estamos en guardia.

15/6/2008

Mark Tushnet y "Yo disiento" (con addenda)




Hace unos días, mi amiga Noelia me hizo llegar partes del último libro editado por un prolífico constitucionalista, Mark Tushnet. El libro se llama "I Dissent," e incluye selecciones y comentarios de las "grandes opiniones disidentes en casos clave de la Corte Suprema." Por suerte (y en lo que constituye una toma de posición interesante), el libro no sólo incluye opiniones judiciales (trae, por caso, la crítica del presidente Jackson al caso McCulloch v. Maryland), ni se limita -dentro de las disidencias de jueces- a las de los jueces de la Corte Suprema. De hecho, en su primer capítulo incluye el notable fallo del juez de la Corte Suprema de Pennsylvania, John Banniston Gibson, en directo desafío de "Marbury v. Madison" (el caso fue Eakin v. Raub, de 1825) En dicha oportunidad, Gibson explicó por qué es que los jueces no deberían tener el poder de invalidar una ley.

Sostuvo entonces, por caso: "soy de la opinión de que le corresponde a la gente, en su pleno y absoluto poder soberano, corregir los abusos de la legislación, instruyendo a sus representantes para que repelan el acto indebido."

Comentando el fallo, Tushnet reivindica a la corriente del "constitucionalismo popular," de la que hablamos alguna vez por acá, y señala que, conforme a dicha doctrina, si criterios como el de Gibson hubieran sido los dominates, "el pueblo quedaría vigilante en defensa de la constitución...La legislación que viola los derechos constitucionales quedaría sujeta a la controversia política, y si el pueblo llegara a la conclusión que la ley viola la Constitución, le exigiría a los legisladores que la rechacen, o votarían contra ellos."

Claro, admite Tushnet, esta postura parece indebidamente optimista. Pero agrega con razón, si el pueblo no parece prestarle la atención debida a la Constitución, ello tiene que ver sin dudas, y entre otras razones, "precisamente al hecho de que los tribunales han usado sus poderes de revisión de modo tan vigoroso."

Addenda:

Algunas de las otras disidencias incluidas en el libro de Tushnet son

. las del juez John Marshall Harlan en los Civil Rights Cases

. la del mismo Harlan en Plessy v. Ferguson

. la (interesante) de Harlan y Holmes en Lochner v. New York

. la (gloriosa) del juez Brandeis en Whitney v. California

. la de los jueces Murphy y Jackson en el terrible Korematsu v. US

. la de Frankfurter y Harlan (el más citado, según se ve) en Baker v. Carr

. la de Black y Stewart en Griswold v. Connecticut

. la (tremenda) de Scalia en Lawrence v. Texas

12/6/2008

Favio x Martel




Después de una cantidad de números entre aburridos y cómodos, la revista Haciendo Cine se despertó con una excelente idea, que merece celebración: Pedirle a la brillante directora Lucrecia Martel un reportaje a Leonardo Favio. Aunque podía ser todavía mejor, el reportaje está muy bien, vale la pena leerlo. Es el encuentro entre dos personajes que, por los propios méritos, pasaron ya a la mejor historia del cine local. Un poco arbitrariamente, selecciono algún párrafo de la entrevista

Martel: Cuando habló del pudor en el cine, usted dijo que no había que filmar con pudor. Y justamente cuando uno ve el cine de Leonardo Favio, eso es lo primero que uno puede decir, aun sin saber nada: este hombre no tiene pudor.

Favio: Es porque el cine es amor, tenemos una relación amorosa con él. Por eso duele tanto, por eso uno queda tan vacío cuando se termina y hay que pasar urgente a otro proyecto.

Martel: Pero me gustaría entender a qué se refiere cuando habla de pudor en esa instancia.

Favio: Todo es bueno para lograr la emoción, el cine no es otra cosa que lograr la emoción. En última instancia somos beduinos contando un cuento en el desierto. Si tengo que filmar una escena clásica yo no tengo ningún problema en decir que quiero fotografiarla como lo hacía tal o cual director y, aunque me digan que no, yo insisto: "hacela y después vemos." Eso es no tener pudor. Cuando uno hace el amor con su pareja y es feliz, ¿por qué se va a privar? No somos ángeles, somos seres humanos. Salvo, claro, en cuanto a las limitaciones morales, sobre todo, en cuanto a no dañar al otro. El cine es lo mismo. Si veo algo que a mí me gusta de determinada película no la voy a calcar, pero puede ser el disparador de una escena descomunal. Qué me importa si dicen que se parece a Nilsson o que es muy Truffaut, si logro la emoción, ya está. No hay que preguntarse tanto. Siempre aplico la frase de San Agustín, "Ama y haz lo que quieras."

Martel: Sí, pero también entiendo el pudor en otro sentido...me refiero a que si yo tengo que elegir (lo digo como un defecto y no como una virtud), entre todas las posibilidades que ofrece un diálogo: el llanto, el grito, y el momento en que no se sabe cómo comenzar con todo eso, yo elijo este último momento. Porque lo otro me inhibe un poco. Me inhibe a mí. Pero cuando lo veo al diablo llorando en Nazareno...no lo puedo evitar y lloro. Pero cuando tengo que plantear la escena, elijo siempre el momento en que los sentimientos están más enmascarados.

11/6/2008

Francisco Bilbao, punto.



Se acaban de publicar en Chile, por fin, las obras completas de Francisco Bilbao (1823-1865). Discípulo de Andrés Bello y José Victorino Lastarria (polémicos pero idolatrados autores sobre los que en algún momento volveremos), Bilbao fue expulsado de Chile gracias a la denuncia y gestiones de Mariano Egaña, cabeza teórica del constitucionalismo chileno, luego de publicar algunos escritos denunciados como blasfemos.

Defendió una idea de libertad diferente de la que era dominante en el momento, relacionada con el “dejar hacer.” Para él, libertad era la no-explotación, la no dependencia. Decía: libertad es lograr que “Ningún hombre dependa de ningún otro hombre” (Bilbao 1886, 253).

Con el gran Santiago Arcos, fue fundador de la radical, muy fugaz y políticamente influyente “Sociedad de la Libertad,” en donde quería reunir a intelectuales y obreros en contra de las políticas del Portalismo. Él encontraba en tales asociaciones un modo de alejar los “vicios y la indolencia de la clase trabajadora”: las asociaciones eran reconocidas como un modo de difundir las “sagradas doctrinas del sistema republicano” y de alcanzar los ideales de “libertad, democracia y solidaridad.” La "Sociedad," por supuesto, fue suprimida violentamente al año, y Bilbao debió volver al exilio. En Perú, poco después, sería uno de los responsables intelectuales de la abolición de la esclavitud. Por tamañas faltas, sería expulsado también de Perú, gracias a los oficios de otro constitucionalista, religioso e influyente: Bartolomé Herrera, líder intelectual de la ultra-derecha religiosa limeña.

En su notable proyecto constitucional de 1855, Bilbao se pronunció a favor de un “gobierno de la libertad” al que definiera como exigiendo “la abolición de la delegación, de la presidencia…el ejército…los fueros” (Bilbao 1886, 279).

La representación, sostuvo entonces Bilbao, en clave claramente Rousseauneana, es “esclavitud disfrazada de soberanía” (247). Y agregaba “Delegar significa transmitir, renunciar, abdicar soberanía…El que delega…se convierte en una máquina o en un esclavo…No tenemos el derecho de delegar nuestra soberanía. Tenemos el deber de ser inmediata, permanente y directamente soberanos” (ibid.).

Murió en la Argentina, poco después de -a pesar de su tuberculosis- arrojarse al río para rescatar a una mujer que se ahogaba. Toda una vida de héroe, y tanto olvido.

8/6/2008

Cine, capitalismo y alienación




1) Primero, una anécdota. Durante varios años, cada temporada, trabajaba en la fábrica (que ya no es más) de mi padre. A pesar de mi condición de hijo, la tarea a mi cargo era tan repetitiva, limitada y aburrida como la asignada a cualquier otro obrero. Para sobrevivir a esas horas largas, tenía dos pasatiempos favoritos. El primero era colocar las piezas a mi cargo sólo siguiendo los movimientos del caballo de ajedrez, es decir, en L (dos movimientos para adelante, uno para el costado), y ver cuántas podía colocar de ese modo, en el espacio asignado. El segundo pasatiempo era la música: la máquina en la que trabajaba tenía un movimiento (de atrás hacia adelante, de atrás hacia adelante) que producía para mis oídos una melodía, que aún hoy -ahora mismo- sigo silbando. Secretamente, ésa era mi máquina, y ésa era mi música.

2) Recordando esa anécdota, me vino en mente una escena de una película extraordinaria: "La clase obrera va al paraíso." La película es italiana, data de 1971, fue dirigida por Elio Petri (romano, hijo de obreros, miembro durante años del Partido Comunista Italiano), y es la primera gran película italiana sobre la clase obrera y sindicalizada, en la fábrica. La escena del recuerdo, triste y terrible, es la de Lulú (Gian María Volonté: genio), obrero ejemplar, que cerca de la locura, va colocando las piezas (tornillo dentro de tuerca, tornillo dentro de tuerca), mientras se anima diciendo: "un pezzo, un culo, un pezzo, un culo..."

3) Pero esa extraordinaria película tiene otras escenas tremendas. Mi favorita, por suerte, se puede ver:
acá.



La escena muestra el encuentro de Lulú, obrero metalúrgico, con un ex dirigente obrero, Militina (Salvo Randone, actuación absolutamente increíble), quien enloqueció (si?), alienado por su trabajo. El diálogo entre los dos es de los más emotivos y crudos aparecidos jamás en el cine (está en italiano, y en dialecto pero, para quien no lo entienda, basta con ver esas caras, esas miradas de amor y locura entre ellos, ese tono de voz. La escena es para verlos, abrazarlos y llorar con ellos). Lulú visita a Militina, y éste le pregunta si en la fábrica todavía se acuerdan de él (Militina dice, luego de la respuesta afirmativa, entusiasta, de Lulú: "seguro que en algún un momento, alguien dice "pero," y ahí empiezan..."), y le cuenta cómo fue enloqueciendo, trasladando a su hogar las obsesiones, repeticiones, y sin sentido propio de la línea de montaje. La parte más sensacional viene luego, cuando Militina le habla de la desesperacion de producir en serie, sin saber realmente lo que se hace: "pero un hombre tiene derecho a saber qué es lo que hace, a qué cosa sirve!" -grita. Y cuenta la historia de una vez, que tomó por el cuello a uno de los "ingenieros" de la fábrica para preguntarle a los gritos "qué catzo hacemos en esta fábrica."

(Ya lo decía magistralmente Marx: "La enajenación del trabador en su producto significa no solamente que su trabajo se convierte en su objeto, en una existencia exterior, sino que existe fuera de él, independiente, extaño, que se convierte en un poder independiente frente a él, que la vida que le ha prestado al objeto se le enfrenta como cosa extraña y hostil").

4) Todo esto para decir otra cosa. Mientras miraba "La cuestión humana," de Nicolas Klotz, pensaba en "La corporación," de Costa Gavras; o "El empleo del tiempo," del héroe de Cannes, Laurent Cantet, películas recientes, todas en torno -otra vez- de la alienación bajo el capitalismo. Pero, oh sorpresa! La de Petri se refería al tema clásico de la intelectualidad de izquierda, en los 60/70: la alienación obrera, y la locura que produce la fábrica. Estas, en cambio, hablan sobre la misma locura, pero sobre los hombres y mujeres de saco y corbata, encargados de reordenar-reorganizar-racionalizar aquellas fábricas, estas empresas. El cine optó por pasar del foco sobre la alienación obrera al foco sobre la alienación empresaria, managerial. La mirada, antes que en el obrero, aparece ahora sobre su servil y civilizado mandamás. El capitalismo se ha reciclado, pero la alienación -la pérdida de control sobre la propia vida, la pérdida del sentido vital- sigue allí, sigue aquí, entre nosotros.

6/6/2008

Premio seminario al politico del semestre

Aunque soy consciente de que apoyar a Obama es iniciar el camino de la decepcion, queria darle el premio seminario al politico del semestre, por lo hecho hasta ahora. Haber recibido sistematicamente ironias y agresiones de Hillary, sus asesores y sus rivales, y responder siempre con la mano tendida, sin ningun insulto, y habitualmente elogiandolos ("haberla tenido a ella como rival me ha hecho mejor"), lo hace acreedor de todo mi reconocimiento semestral. Aplauso por lo pasado, que no por lo por venir!

5/6/2008

Variaciones sobre un mismo conflicto

Esto sacamos hoy sobre el conflicto "gobierno-campo," en Página (ver acá). Salú

se vaaa, el seminario se vaaaaaa

Próximo lunes, podemos brindar por el fin del seminario de este año, al menos en su primera parte. Presento un trabajo, también borrador, sobre Justicia social y Justicia Penal. Al que le guste, que venga. Nos vemos allí

El trabajo, como siempre, está a la izquierda (de la pantalla)

3/6/2008

Derecho and retenciones




La actual tensión entre el gobierno y los representantes del “campo” puede pensarse desde múltiples perspectivas, y aquí me interesaría concentrarme sólo en una de ellas -una, curiosamente, poco transitada- cual es la perspectiva jurídica. Resulta particularmente extraño que este enfoque no reciba mayor atención, dado que, sin dudas, es uno de los más importantes de los que están en juego. Esa virtual ausencia, sugeriría, es bastante reveladora de por sí. En todo caso, preferiré concentrar mi atención en unos pocos puntos jurídicos que en definitiva, y según entiendo, muestran por qué el gobierno está transitando por un camino equivocado.

El primer punto que quisiera examinar tiene que ver con la posibilidad de regular judicial y constitucionalmente el nivel de las retenciones establecidas por el poder político. Según entiendo, aquí la razón está más cerca de las pretensiones del gobierno. Es decir, entiendo que, contra lo que dijeran el Juez Peckham en “Lochner v. New York,” o nuestro Juez Bermejo durante el período en que presidiera la Suprema Corte nacional, la Constitución no debe interpretarse como prohibiendo planes económicos ya sea más favorables al libre mercado, ya sea más favorables a una fuerte regulación estatal de la economía. Como sostuviera en “Lochner” el famoso juez Holmes, no hay ninguna razón para leer a la Constitución como comprometida con el programa económico de Herbert Spencer. En sintonía con dicho criterio, entiendo que es un error querer ver a la Constitución como prohibiendo (por expropiatorio) un nivel alto de impuestos o retenciones (así como una mayoría no ve un problema constitucional en que los trabajadores no reciban los salarios que “realmente se merecen por todo lo que trabajan”). Cuál es el nivel de impuestos adecuado o justo dentro de nuestra comunidad es una cuestión que debe definirse política y no judicialmente. Por ello mismo, podría decirse, la cuestión examinada hasta aquí se complica al menos en dos aspectos adicionales.

En primer lugar, como el problema bajo análisis es y debe considerarse político, resulta absolutamente indispensable que todos los afectados por esta política, y especialmente los que están más en desacuerdo con ella, tengan la más amplia posibilidad de expresar sus quejas y puntos de vista críticos públicamente. Ello requiere de todos nuestros funcionarios públicos, pero muy sobre todo los miembros de la justicia, se asuman en un alerta permanente destinado a impedir cualquier medida que venga a socavar, amedrentar o limitar las expresiones y manifestaciones de queja llevadas a cabo por quienes son más críticos de las iniciativas económicas del caso. Contra lo que ya han querido hacer algunos jueces, la misión del poder judicial en este respecto, es el de custodiar, antes que la de tornar más difícil la expresión de las quejas colectivas.

En segundo lugar, y por las mismas razones, el gobierno no puede fijar el nivel de las retenciones a través de un mero acto administrativo, o por un mero decreto: su obligación constitucional inequívoca es decidir sobre estas cruciales y socialmente divisivas medidas económicas a través de una ley adoptada por el Congreso. La Constitución es terminante en este sentido, y ninguna interpretación sensata de la misma puede contemplar una alternativa a dicho camino, que venga a debilitar la exigencia constitucional. La Constitución no pide que tales medidas económicas sean decididas por el Congreso por una mera vocación de demorar la toma de decisiones: ella advierte que es justamente en estos casos, cuando lo que está en juego son medidas susceptibles de generar desaveniencias sociales profundas, que la discusión no debe decidirse a través la voluntad arbitraria de nadie. Tales casos exigen, más que ningún otro, que quienes quieren defender un determinado punto de vista se animen a argumentar públicamente, frente a todos los demás, y que quienes están en contra de esas mismas medidas pueden decir, también en público, por qué razones se les oponen. Cuando se elude este proceso, lo que ocurre es que -como acaba de ocurrir en nuestro país- medidas, tal vez justas, tal vez bien animadas, tal vez defendibles en público, aparecen como el resultado de la imposición sectaria y por tanto injustificada, de un sector sobre los demás.

A la Constitución no le bastan las buenas intenciones del poder, ni las convicciones íntimas de certeza por parte de quien toman una decisión pública o se oponen a ella. La Constitución exige a quienes disputan en torno a una medida pública que transparenten las razones de sus actos, que no distorsionen u oculten información (sustantiva y estadísitca) relevante acerca de lo que hacen o piden que se haga, que se animen a poner públicamente a prueba el atractivo y la veracidad de sus dichos, y que sean capaces de persuadir a los demás acerca del valor de las iniciativas que reclaman. Lo peor que nos puede ocurrir en tales situaciones es que -ofendiendo directamente a nuestro derecho- ninguno de los sectores en conflicto encuentre ya conveniente utilizar los mecanismos legales exigidos, porque se han acostumbrado a la práctica de imponer sus decisiones al resto por vías ajenas a la Constitución.

Uprimny




Reportaje al gran R.Uprimny, acá

2/6/2008

Buena entrevista

a Alfredo Pucciarelli, filósofo, acá

1/6/2008

Eps! Un momento!

Hoy en un diario se me cita en el contexto de una nota acerca de la protesta social del campo, y las detenciones producidsa días atrás, sobre algunos de los manifestantes (la nota, aquí). Estoy seguro de que la cita está de hecha de buena fe, pero aparece sugiriendo algo que podría servir a propósitos contrarios a los que tuve cuando dije lo que dije. Para aclarar: Por supuesto que los cortes de calles efectuados por simpatizantes "del campo"; o los que llevaron a cabo los estudiantes del Pellegrini; o los que desarrollaron los desocupados de Mosconi, después del 2001, no son lo mismo. No son lo mismo, pienso, por lo mismo que dije en la nota citada (la nota, por si a alguien le interesa, acá): porque en cada caso es necesario ver, lo menos, la gravedad del derecho alegado por quienes protestan, y las alternativas expresivas de quienes así expresaron sus críticas y demandas. Pero en todo caso, el punto de fondo se mantiene: la protesta merece, prima facie, una máxima protección. La importante diferencia entre situaciones como las citadas no justifica, pongamos, que se inflija dolor a los chicos del Pellegrini, durante o luego de la protesta; o que se persiga y encierre a productores rurales disidentes. Por supuesto que hay que encontrarle la salida al entuerto, por supuesto que es necesario hablar, por supuesto que la justicia tiene un rol muy relevante a cumplir como promotora del diálogo y mediadora de los conflictos. Por todo ello, lo que debe esperarse y exigirse del personal judicial es lo contrario a lo que algunos funcionarios han empezado a hacer en estos días, intimidando a quienes tenían la obligación de proteger, y sirviendo al poder al que, más que nadie, tienen el deber de controlar.