11 may. 2012

Jeffrie Murphy: Castigo y emociones

Conocì a Jeffrie Murphy leyendo su extraordinario texto, ya viejo pero no envejecido, "Marxism and Retribution," de Philosophy and Public Affairs. Desde entonces me pareció que había algo extraordinario en su trabajo académico. Sobre todo, diría, la disposición a pensar libremente.

Murphy es, desde aquella época, lo que podríamos decir un "retribucionista duro": "Vos cometiste esta falta, vos tenés que pagar."

Sin embargo, toda la vida pensó sobre el castigo, sobre el retribucionismo, y sobre su propia posición, abierto a considerar que se equivocaba, y a modificar parcial o completamente sus posturas iniciales. El texto citado arriba, sobre marxismo, es una muestra temprana de ello: allí se preguntaba si el Estado tenía el derecho de castigar a alguien  cuando era el creador de las condiciones de desigualdad y miseria que luego -ocasionalmente- provocaban la emergencia de ciertos delitos. Su respuesta era que no. Es decir, un autor en un punto conservador, llegaba ya entonces a respuestas radicales, porque allí lo llevaba su honesto razonamiento. Maravilloso.

Desde hace un tiempo -el hombre ya está viejito-, Murphy viene repensando el núcleo duro de su retribucionismo, y su habitual rechazo a la consideración de emociones morales (disgusto, indignación, arrepentimiento) en el castigo. Y, contra lo que había sido su pensamiento inicial, ha abierto un espacio cada vez más amplio, en su teoría, para tales motivaciones.

En su último libro, Punishment and the Moral Emotions (una reciente compilación de sus últimos escritos), el autor se muestra crítico de sus visiones más "jóvenes", en parte a partir del convencimiento de que sus posturas iniciales estaban demasiado marcadas por el resentimiento, dejando poco espacio para el afecto, el perdón, el arrepntimiento y la reconciliación. Él lo aclara enseguida: no es que piense en la ingenuidad de "ahora nos aplaudimos mutuamente," o "seamos todos agrabales, los unos con los otros." Simplemente, Murphy ha comenzado a repensar los contenidos de su retribucionismo, en relación con otro tipo de sentimientos morales. Su pregunta es cómo darle un lugar apropiado a tales sentimientos. Me interesa Murphy, y espero seguir hablando de él un poco más en futuras entradas.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Una pregunta: ¿dónde se consiguen esta clase de textos en Buenos Aires?

¿Hay alguna librería en especial o sólo vía internet?

Abrazo y buen fin de semana, Mariano.

rg dijo...

internet, si el...de moreno te lo permite, o alguna biblioteca especializada (capaz la de sadaf o el cif o la di tella)

CV dijo...

Buen post. Debo reconocer que me ha influído bastante ese viejo texto de Murphy para pensar estos temas (y bueno, ejem, Kant...).

No leí el libro, pero conozco un poco algunos de sus últimos trabajos, y a mí me parece muy interesante justamente por lo contrario: por señalar que el (justo) castigo no siempre está guiado por sentimientos de odio o resentimiento.

De algún modo, eso ya estaba en Kant, y ese es un punto que Nietzsche - a mi modo de ver - malinterpretó.

Saludos.

Anónimo dijo...

Estimado Roberto, como bien sabés me he dedicado a investigar sobre el rol de las emociones en la justicia y mi posición es bien distinta a la de una postura retribucionista. He leìdo varios textos de J. Murphie, todos muy interesantes, y valiosos porque incorpora el tema de las emociones, pero su respuesta sigue consistiendo en devolver: mal con mal. Es una postura centrada en los sentimientos de las vìctimas. Al menos, hasta dónde pude revisar sus textos. Me encantaría leer este.
Mi posición es que para que haya justicia es preciso respetar los sentimientos morales de ambas partes y ponerlos en diàlogo con principios de ètica bàsicos.
En relación a la postura de Kant, mencionada, es cierto que Kant era un retribucionista, pero el retribucionismo de Kant, pienso, ha sido mal interpretado. Cuando Kant hablaba de retribuir, se referìa a devolver a la SOCIEDAD la seguridad y la paz alterada por el hecho delictivo, y en modo alguno eso puede interpretarse como castiguemos a quien delinquió.
Saludos, Esmeralda.

rg dijo...

una joya, esmeralda