21 feb. 2013

Dworkin 3: Una cuestión de principios



(Del prólogo que le escribiéramos para su libro "Una cuestión de principios" )

Ronald Dworkin es uno de los más importantes -y seguramente el más influyente- de los filósofos del derecho contemporáneos. Sus escritos relacionados con la primacía de los derechos; el valor especial de la igualdad; el control de constitucionalidad; el positivismo jurídico; o el papel de los jueces en una sociedad democrática, lo han situado como primera y permanente referencia en todas las discusiones relevantes de la filosofía jurídica actual.

Resulta curioso, por ello, que una de sus primeras y mejores obras –A Matter of Principle- no haya sido, hasta hoy, traducida. Ello es todavía más extraño teniendo en cuenta, por un lado, el especial peso de los trabajos que allí se incluyen; y por otro, el hecho de que la mayoría de los libros de Dworkin, aún los más recientes, han sido objeto de una ansiosa y pronta traducción al español. Por lo dicho, es una gran alegría poner a disposición del público esta extraordinaria obra, y mucho más el poder hacerlo dentro de nuestra colección de Política y Derecho.

A pesar de los años que han pasado desde su primera publicación, en 1985, A Matter of Principle mantiene absoluto interés, y nada ha perdido de su originalidad y valor. El libro, que reúne algunos de los artículos de Dworkin que más han sido citados, incluye su texto sobre el poder judicial como un “foro de principios”; su recordada distinción entre “políticas y principios”; su defensa de la desobediencia civil; algunos de sus primeros debates sobre interpretación constitucional; su famoso paralelismo entre el derecho y la literatura; su enjundiosa defensa de un liberalismo igualitario; su reconocida idea sobre la “respuesta (jurídica) correcta”; su embate contra el todavía vigente (y habitualmente muy conservador) análisis económico del derecho; su rechazo a la noción de que los derechos deben “balancearse” con consideraciones relativas al “bien común” de la sociedad; su pionera (y entonces muy solitaria) defensa de las acciones afirmativas a favor de grupos desaventajados; y su extrema reivindicación de la libertad de expresión (reivindicación que incluye un fuerte sostén a la crítica al poder político de turno).

En este libro, tal vez más que en cualquiera de los que lo siguieron, Dworkin demarca con brillantez los alcances del tipo de igualitarismo que propone. Se trata de un igualitarismo consistente siempre, liberal en su base, y radical en sus consecuencias. Nos encontramos entonces con un igualitarismo que puede incorporar, sin el menor inconveniente, el apoyo a quienes desafían al derecho vigente a través de sus protestas (protesta antinucleares, en el ejemplo que escoge); o recomendar un activo intervencionismo estatal en apoyo del arte.

Obviamente imprescindible para los seguidores del pensamiento “dworkiniano,” el libro es indispensable para todos aquellos interesados en tomarse al derecho en serio.

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