31 ene. 2017

Hispánicas I. Bilbiotecas públicas: otro mundo es posible

Me encuentro en una modesta biblioteca pública en Madrid, y me gana la misma emoción de siempre que visito bibliotecas públicas, en los pocos países del mundo que siguen cultivándolas e invirtiendo orgullosamente sus recursos en ello. La biblioteca es bonita y cómoda, no miserable. No se cae a pedazos ni pide disculpas como las que conozco en mi país. Como todas las buenas bibliotecas de barrio, ésta está llena de gente, porque la gente reconoce que es bien tratada en ella: en la biblioteca encuentran todos los periódicos del día, buenísimos films que pueden pedir prestados, los más variados cds de música, medios para aprender idiomas, y un surtido suficiente de libros. Hay pequeñas salas preparadas para que las habiten los más niños, y otras de lectura silenciosa, donde estudiantes de toda edad van a trabajar cómodos, con buena luz, con internet y sin que nadie les moleste. Como viera en otros casos, me encuentro aquí con pordioseros,que se acercan simplemente buscando algo de calor, y con inmigrantes, desocupados y gente humilde que se llegan para consultar internet o leer algún periódico con el que puedan sentir que pasan el tiempo útilmente o con dignidad.

Bibliotecas como ésta ofrecen una esperanza en medio de la tormenta infinita, y sugieren otro mundo posible. Constituyen una metáfora de lo que sería mi comunidad ideal, esto es, una comunidad de iguales, donde gente de toda condición comparte el mismo espacio e interactúa sin barreras; en donde el Estado fomenta los lugares de encuentro, y coloca sus recursos, privilegiadamente, para hacer más agradables y útiles los ámbitos compartidos: todos tienen ganas de ir allí, nadie tiene verguenza de circular en ellos, todos sienten -con razón- que allí se los trata como ciudadanos iguales, con todo respeto. Hay mundos posibles, más justos y buenos, escondidos, ocultos o resistiendo en secreto, debajo de la barbarie que nos ha tocado.

7 comentarios:

Alicia dijo...

lindo comentario. Como dijo Borges "siempre imaginé el paraíso como una biblioteca".

Anónimo dijo...

Bellas palabras

Anónimo dijo...

Bellísimas palabras y mucha envidia me produjo la descripción. Aquí las bibliotecas populares barriales dan pena.
Otra cosa. Algún posteo sobre Gorsuch?

Anónimo dijo...

Comparto el sueño de ver mi ciudad poblada de esta clase de bibliotecas en sus barrios, donde todos puedan acceder al conocimiento actualizado, asomarse a los debates intelectuales actuales, encontrar buen entretenimiento (música, películas, libros). Lugares donde se pueda aprender y compartir ideas sin policías del pensamiento único, agentes de propaganda partidaria, berretas charlatanes que cobran por confundir, adormecer, atemorizar las genuinas fuerzas del pueblo.

Anónimo dijo...

Hermosa reflexión. En esta línea, siempre conviene recordar ejemplos como el que se describe aquí: http://www.lavoz.com.ar/ciudad-equis/susana-fiorito-pequena-gran-mujer.

Saludos,

El Imparcial del Norte

Maximiliano Carrasco dijo...

Genio Roberto! Madrid tiene esas cosas... además, es la ciudad de España y Europa con mayor esperanza de vida al nacer. Muy posiblemente el valor que se le da a lo público tiene que ver bastante. Saludos desde BsAs! Maxi

Ana dijo...

impecable reflexión a las que nos tiene habituados Roberto!