21 ene. 2017

Post-Sarlo 2: "Hay que salir del análisis de los medios"


Algunos posts más abajo me referí a uno de los fragmentos seleccionados de la entrevista hecha por la interesante Revista Crisis a Sarlo (examiné el fragmento referido a la “corrupción inherente” al “proyecto progresista”). Ahora quiero referirme al segundo de los fragmentos que seleccionara, éste es, el relacionado con el bienvenido, necesario reclamo que hiciera Sarlo pidiendo “salir del análisis de los medios”. Gracias Sarlo! Salir del aburrido, repetido, simplote, de cuarta, análisis de los medios de una buena vez! Explico por qué retomo esta idea, y reflexiono un poco en su torno

I.

Frente a la tremenda complejidad que distingue a los vínculos entre la sociedad y los medios de comunicación (ver abajo), la “inteligencia kirchnerista” (doble sic) repitió hasta el hartazgo, y como si fuera cierta, una sola nota: “atrás están los medios hegemónicos,” “si tal dice tal cosa es porque es agente de/o sin darse cuenta funcional a los medios hegemónicos”, etc. Una tontería absoluta, sólo capaz de recoger una parte minúscula de la realidad, que aparece entrecruzada y contradicha por varias otras verdades/varios otros hechos. Uno se pregunta cómo es que tantos insistieron tanto tiempo con semejante bobada, y cómo tantos se enredaron con, y gastaron su tiempo en, “revelarnos” a nosotros los ciegos lo que “verdaderamente” querían los medios, y cómo era “realmente” la realidad que ellos no nos permitían entender.

II.

Entre las tantas complejidades que suelen caracterizar a las relaciones de los medios de comunicación con la sociedad, encontramos algunas como las siguientes (muchas, naturalmente, en tensión entre sí):

Primero y obvio, en países como la Argentina existe una diversidad de medios, en papel o electrónicos, con opiniones e intereses diferentes

Los medios están fundamentalmente interesados en incrementar sus ganancias y/o poder de influencia, y eso puede implicar tácticas muy diferentes en diversos momentos: acercarse al gobierno de turno, alejarse de él, alinearse con ciertas empresas, combatir a otras, hacer seguidismo de las opiniones mayoritarias, adoptar una línea “anti-popular,” etc.

Ciertos medios pueden bregar por ciertos resultados políticos y económicos que, otra vez, no son unilineales ni unidireccionales (no es que “necesariamente” quieren “dictadura” y “libre mercado”: típicamente requieren de regulaciones –a su favor- en ciertas áreas de la economía, la desregulación de otras, etc. Otra vez: grupos diversos pueden querer resultados diversos. Clarín, por ejemplo, durante años defendió políticas industrialistas y pro-mercado interno, mucho más “dirigistas” que las aceptadas por La Nación; mientras La Prensa defendió la libertad económica dentro de una sociedad desigual; Crónica asumió una postura pro-sindicatos, etc. Por supuesto, aquí también las cosas son más complejas, y han ido variando con el tiempo. Seguramente, la figura del “loco discrecional” –un dictador o Kirchner- no le gusta a ninguno, salvo que el “loco discrecional”, como pudo ocurrir, esté ocasionalmente a favor de uno. Por esto también, Clarín-Frigerio tuvo con la dictadura vínculos difíciles –el desarrollismo rechazaba de plano al Martinezdehozismo- como Clarín-Magnetto los tuvo con Kirchner), dentro de una relación general que incluyó intercambio de personal (i.e., Camillión) y negocios (Papel Prensa).

El rumbo económico de un país democrático se define a partir de una disputa en la que convergen vectores diversos. Es una tontería pensar que en esa disputa, los “medios hegemónicos” son normal o naturalmente los que priman. En la Argentina, los Roca, los Pescarmona, los Macri, los Pérez Companc, los Cirigliano, los López o Báez, por citar algunos, han sido más influyentes, a veces vinculados entre sí, a veces peleados, a veces sumados a algunos medios, a veces alineados contra ellos, etc. Por lo demás, a esa participación empresaria deben sumársele o contraponérsele los intereses de sindicatos, organizaciones de la sociedad civil, desempleados, pequeños industriales, etc., etc.

Es muy probable que algunos medios busquen conseguir sus objetivos (dinero, influencia) a través de ciertos instrumentos que difieren mucho de los objetivos e instrumentos de otros medios (así, es posible que a algunos medios les “convenga” ser opositores, a otros oficialistas, que otros se alineen con ciertos sectores empresariales –telefónicas, etc.)

Existe algo así como lo que (Cass Sunstein denomina) la “ley de polarización de grupos,” que refiere a cómo distintos grupos son inmunes a las ideas diversas: se alimentan de, y sólo buscan, aquellas ideas que refuercen lo que ya piensan (pero, ver abajo) (Sunstein estudió este fenómeno, como varios otros –las “cascadas de información,” etc., que permiten reconocer ciertas “patologías de la deliberación”). Esto ayuda a entender la “impermeabilidad” de amplios sectores de la sociedad al “discurso esclarecedor/revelador” del kirchnerismo, propalado durante años por una artillería de medios (y viceversa). 

Por razones como las antedichas, los medios pueden influir sobre la ciudadanía del mismo modo en que los cambios de humor en la ciudadanía pueden generar cambios en la línea editorial del medio. Como viéramos, bien puede ocurrir que no sea el medio el que “formatee” a la gente, sino que sea el medio que –en busca de maximizar su mercado- sea “formateado” por ella. Por supuesto, lo esperable es un resultado bastante mezclado, de retro-alimentación cruzada, entre medios-ciudadanos-otros medios-otros factores de poder.

Internamente, la mayoría de los medios tienen voces diferentes (como pueden tener intereses diferentes), por más que una predomine. Como los gobiernos.

En la Argentina y el mundo, hemos vimos rarificada cientos de veces la idea de que las elecciones pueden ganarse o perderse con los medios a favor o en contra (como escuchamos mil veces, es lo que decía Perón: “contra los medios gané, con los medios perdí”). 

Fenómenos como la “primavera árabe” muestran que con NINGUN medio propio, y TODOS en contra, pero gracias al boca a boca o las redes sociales, la gente puede salir a la calle, reunirse, coordinarse y aún voltear un gobierno 

Machacar demasiado con un cierto mensaje (“Kirchner es un demonio”, “Clarín miente”) puede generar el efecto contrario en el lector/oyente

Son muchos los que se nutren de medios diferentes

Es falso asumir que las personas no son capaces de “decodificar” lo que leen o escuchan y tamizarlo críticamente -ver los problemas de lo que se les dice o leen, “tomar” sólo ciertas cosas de lo que consumen y rechazar otras (en sentido similar, es arrogante asumir que los demás caen en tales dificultades, a diferencia de uno, que tiene “conciencia” política plena y libre, y reconoce perfectamente qué leer/escuchar y cómo hacerlo: los demás suelen ser tan aptos o ineptos como uno mismo a la hora de desentrañar y perseguir sus intereses y valores).

Dentro de sus límites y con sus dificultades (algunas ya referidas), la deliberación –que se da a través de palabras y de actos- existe y nos ayuda a cambiar de posiciones y a mejorar. “Avances” como los relacionados con la conciencia de género, la del respeto al otro, la conciencia ambiental o la alimentaria, son simples ilustraciones de los tantos campos en donde la humanidad cambió (y mejoró) en poco tiempo, a través del intercambio con los demás.

III.

Frente a la abrumadora híper-complejidad existente en el área (complejidad que uno apenas comenzó a describir en la sección anterior), el discurso que primó (y en parte todavía prima) en ciertos sectores de la Argentina fue el de la híper-simplificación (y es por eso que Sarlo, con razón, reclama que salgamos de una vez de allí). Una pregunta interesante, entonces, es la que se interroga por el por qué? Quiero decir: Cómo tantos, durante tanto tiempo, descartaron cualquier complejidad, para “engancharse” en cambio con la versión más simple y boba del “análisis de los medios” (y asumiendo su propia “conciencia esclarecida” ante el resto de los “confundidos mortales”)? Cómo pudo ser? No se bien la respuesta, frente a una pregunta que me interesa, pero aventuro algunas ideas sueltas:

En estos tiempos, cualquiera ejerció el periodismo, por razones completamente ajenas a su talento o la profesionalidad (i.e., por contactos, por servilismo, por el aspecto físico, etc.).

Hoy, la preparación de la mayoría de los periodistas que escuchamos es nula. Muchos sólo se han educado consumiendo lo que producen los propios medios (en los que trabajan o no)

Las Carreras de Comunicación, como las de Periodismo, atraviesan seguramente el punto más bajo de su historia (Florencia S., desde la decanatura de Periodismo en La Plata, premiando como campeones de la libre expresión a Chávez o a Correa, da una pequeña idea del nivel de bochorno y desvarío mental que prima en el área)

En los últimos años hubo mucho “periodismo comprado”: la maquinaria kirchnerista al respecto actuó como una aplanadora. El kirchnerismo, como pocos gobiernos en la historia, usó dinero público y servicios de inteligencia para “comprar” y “apretar” periodistas. El kirchnerismo, como pocos gobiernos en la historia, estuvo híper-pendiente de los medios. A muchos nos constan las llamadas directas de NK, Aníbal F. u otros, a formadores de opinión muy o poco influyentes, ante comentarios de cualquier tipo (críticos, matizados, etc.).

Como decía, el poder en los últimos años se obsesionó/encegueció con la idea de controlar a la esfera de la comunicación (los escépticos pueden hacer un análisis comparativo del dinero en blanco, y negro, invertido, por ejemplo, por el gobierno k en el área, en comparación con gobiernos anteriores y posteriores). Dado el dinero que circulaba en el área, el discurso público quedó demasiado centrado en la intervención de periodistas y comunicadores.

La crisis de representación que se radicalizara desde el 2001 (“que se vayan todos”) degradó el valor y peso del discurso de otros sectores, como la política profesional o el sindicalismo. El discurso militar había quedado ya “fuera de juego,” desde 1982; y el de la Iglesia estuvo también en crisis terminal, hasta volver a ganar fuerza con la elección del Papa argentino.

Los periodistas y comunicadores, incultos como lo son casi todos, por interés personal (“comprados,” por ejemplo), o “naturalmente” (por creer que el mundo “nacía y terminaba” con ellos), no quisieron/ no pudieron/ no fueron capaces de ver más allá de su propio mundo. Hablar del mundo pasó a equivaler entonces a hablar del periodismo/de otros colegas. Esa tarea, por lo demás, no sólo les convenía sino que los gratificaba y a la vez que les ratificaba en la idea de que “en torno a ellos” giraba el mundo, y “entre ellos”, los comunicadores/periodistas, se resolvían los problemas del mundo.

Lo anterior también viene a decir que el discurso conforme al cual “todo pasa por los medios” (i.e., si hay una crisis económica es porque la buscan los medios, si cae un ministro es porque lo buscaron los medios, si cambia el rumbo de las políticas es porque triunfaron los medios, etc.) es mucho menos el discurso público predominante en la sociedad, que el discurso de los medios sobre los medios (para los medios, el discurso de los medios sobre el mundo), en una sociedad cuya esfera pública, por las peores razones, quedó demasiado ocupada por voces provenientes de los medios de comunicación –voces grandemente amplificadas por la cantidad de dinero invertida sobre los medios.

8 comentarios:

Ignacio dijo...

Estás construyendo un muñeco de paja para rebatir argumentos que te armás vos mismo.

Anónimo dijo...

Dentro de su propia lógica discursiva, el kirchnerismo nunca logró explicar por qué, con todos los medios "dominantes" u "hegemónicos" en contra, ganó una elección por más del 54 por ciento. A mi humilde juicio, es la mejor prueba empírica de lo precaria de su construcción discursiva respecto de la relación entre medios y ciudadanía. Nunca pero nunca pudieron explicar esa "paradoja".
Ahora bien, tampoco caería en el vicio opuesto, esto es, la de negar que los medios crean opinión pública y sentido común. Eso también existe RG! En tu escrito pareces negarlo o por lo menos eso es lo que yo entendí.
Saludos,

rg dijo...

por supuesto no niego a) la importancia, b) la influencia, c) que tengan intereses que no son "los de los mas desaventajados". pero la ceguera a la que se llegó en estos años nos acercò al delirio

Raúl C. dijo...

¿Clarín tuvo una relación difícil con la dictadura?
Clarín, como La Nación, tapó y/o aplaudió el terrorismo de Estado ('la guerra antisubversiva').
Solo hacía algunas tímidas críticas a M. de Hoz en algunos temas económicos.
Fue la actitud opuesta al 'periodismo de guerra' contra el kirchnerismo.
No sé para qué negar cosas tan conocidas por todos.
Clarín y La Nación tuvieron una relación tan 'difícil', que la dictadura los premió con 'Papel Prensa'.

rg dijo...

raul, eso tiene que quedar mas claro: tuvo la relacion que te digo (peleas-distancia por la cuestion economica, que chocaba contra lo que era el nucleo ideologico de la direccion del diario, que en su epoca lo hubo), pero claro que hicieron negocios, con la dictadura, con menem, con kirchner. y papel prensa -cuyos detalles no son los que dijo guillermo "guantes de box" moreno- esta ahi sin dudas, y es importante subrayarlo como ejemplo (obvio que no hice una historia de clarin, ni muchisimo menos, pero el ejemplo es simbolicamente importante) asi que gracias

rg dijo...

lo modifico para hacerlo explicito

Anónimo dijo...

Me gustó mucho este post-Sarlo Roberto. Y me gustaría mucho más que los directamente involucrados, los periodistas, se pongan a reflexionar sobre éste tema.
El fenómeno de "escucho lo que me confirma en mis creencias" es ampliamente conocido en las ciencias sociales. De ahí que cualquiera que sostenga una voz discordante la sostenga con uñas y dientes y con desesperación porque es el único mecanismo de cambio real que tenemos.
Una voz discordante es como una nota discordante en medio de la sinfonía del discurso único. Hace que la orquesta se detenga y que todos intenten hacer reflexionar al renegado. Si te mantenés en tus trece la sinfonía cambia, tiene que cambiar necesariamente. De ahí la necesidad de defender el derecho a la nota discordante contra viento y marea.
Con los medios hay una verdad bestial en juego, lo dijo chomsky: los medios requieren grandes volúmenes de capitales para funcionar y necesitan para funcionar que grandes capitales los promocionen con sus pautas, ahí se termina todo, ahí se termina la verdad y la la libertad de hablar en favor de los que no pautan. Por eso la importancia que tantas veces pregonaste de una ley de medios que remediara esta situación.
En fin, da para largo, y ni siquiera tocamos a las redes sociales.
Saludos
m.c.

Anónimo dijo...

Buen momento para leer o releer a Guy de Maupassant en Bel-Ami (no recomiendo la película). El libro trasciende los aspectos ciertos del arribismo y la falta de preparación en el periodismo, para mostrar cruda pero magistralmente la histórica relación entre finanzas, política y medios de comunicación. A no pasar por alto la descripción de la estafa Tunecina, la operación de prensa para la intervención militar y el desfalco previo a la intervención.
Guy de Maupassant nos hace el favor de recrear en Jorge Duroy el verdadero interés detrás de la mayoría de los medios de comunicación.