16 ene. 2013

Chile 2: Lemebel


Me estremece Pedro Lemebel, cuando lo leo, me hace llorar de sólo pensarlo. Hoy repasaba partes de "Adios mariquita linda," y"De perlas y cicatrices." Volveré sobre sus escritos pronto, pero por ahora dejo algún párrafo de uno de los relatos del segundo de los libros citados. Vaya de muestra. Cuenta que, cuando niño, se encontró con el horrendo espectáculo de tres cuerpos muertos, que llegó a entrever entre las piernas de la multitud reunida. Escuchó entonces comentarios compartidos, diciendo que “tal vez eran delincuentes ajusticiados por el estado de sitio, como informaba la televisión”. Pero él, desde su niñez, sospechaba que no era así. Cuenta: “Para mí, algo de esa sospecha no correspondía, no encajaba el adjetivo delictual en esos cuerpos de 45 a 60 años, de caballeros sencillos en su ropa triste ultrajada por las bayonetas. Tal vez, abuelos, tíos, padres, mecánicos, electricistas, panaderos, jardineros, obreros sindicales, detenidos en la fábrica y rematados allí en el basural frente a mí casa, lejos de sus familias esperándolos con el credo en la boca, toda esa eterna noche en vigilia de siglos, para no verlos nunca más.” Y concluye: “Han pasado los años desde aquella mañana, y aún el mismo escalofrío estremece la evocación de esas bocas torcidas, llenas de moscas, de esos pies sin zapatos, con los calcetines zurcidos, rotos, por donde asomban sus dedos fríos, hinchados, tumefactos.” Leer Lemebel.

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