22 ene. 2013

Chile 8: Derecho y cueca. Microhistoria de una cooptación


La historia de la cueca todavía debe ser contada, aunque ya algunas cosas se han dicho, en polémica, sobre sus orígenes (en algo parecidos al del tango) y trayectoria. Sí resulta claro que se trata de una música y un baile tradicionalmente asociado, en Chile, a los “rotos” y disfrutado en las “chinganas”, lugares populares en donde el pobrerío se reunía a comer, tomar y bailar.

Notablemente, esa música propia de las chinganas juega un papel importante en los orígenes del derecho chileno, simbolizando aquello que las clases altas no aceptan, y que el nuevo Estado, represivo y perfeccionista como pocos en la historia latinoamericana, no estaba dispuesto a tolerar.

Muchos de los “padres de la patria” chilenos se relacionaron, en general críticamente, con la cueca. Benjamín Vicuña Mackena supo escribir sobre ella. El obispo Manuel Valdivieso se refirió a ella, en 1829, como “cosa de pecado”. El constitucionalista (liberal progresista) José Joaquín de Mora (responsable de la Constitución de 1828, una de las Constituciones más progresistas de Chile, en esos años), sostenía que “son escuelas de vicio las chinganas; los abiles que en ella se ejecutan son parecidos a los de los mozambiques”. El “gran” hacedor del derecho chileno, el conservador Andrés Bello (autor intelectual de la ultra-conservadora, y tan duradera, Constitución chilena de 1833, admirada por Alberdi y Sarmiento) también se manifestó en términos similares. Para él, “se ha restablecido con tal entusiasmo el gusto por las chinganas, o más propiamente burdeles autorizados que parece que se intentase reducir la capital de Chile a un gran burdel”. El terrorífico “Còdigo Moral” que Juan Egaña supo anexar a la Constitución de 1823 (principal antecedente de la de 1833, que en parte redacta su hijo), puede leerse en buena medida como la reacción de la derecha católica frente a la “disipación de las costumbres” que la cueca y las chinganas resumían.

Y sin embargo, pasaron los años y la cueca fue vaciándose de contenido, fue siendo apropiada por otros actores sociales y culminó (aunque la historia no ha terminado) siendo exaltada y sacralizada por el propio dictador Pinochet. Así, a través del decreto 23 del 18 de septiembre de 1979, se determinó que dado que la cueca representa “la más genuina expresión del alma nacional”; que “en sus letras alberga la picardía propia del ingenio popular chileno”; que ella “se ha identificado con el pueblo chileno desde los albores de la Independencia”, se “decretaba” que la cueca pasaba a convertirse en “danza nacional de Chile,” que debía ser fomentada desde el poder.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Y con el tango lo mismo. Y con nuestros cantantes de protesta, Fito por ejemplo.

Mario Ignacio Pino dijo...

Estimado Roberto: soy alumno de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile (y, conozco -larga historia- a la hija de Nano Núñez, que sigue haciendo cueca...).

Actualmente la cueca ha cobrado nuevo aliento, en su forma de cueca "chora" o cueca "urbana". Este tipo de cueca renació en los 60 y 70, en "bajos mundos" de Valparaíso y Santiago. Su forma es mucho más libre que la cueca tradicional. Recomiendo que busques en youtube videos de "Los Avales" (es un grupo cuyo acordeonista también es estudiante de derecho). Hay otros grupos como los "republicanos de la cueca". Recomiendo mucho aprender a bailarla. Entre los jóvenes se está desarrollando un movimiento nuevo de cueca, reapropiándose de sus orígenes. Puedes darle una mirada a ello.

Saludos!,

Mario Pino