1 oct. 2013

Jozami, Carta Abierta, y la crítica al "gobierno limitado"


Se publica hoy, acá, la nota que sigue, en torno al debate sobre el kirchnerismo, que se realiza días atrás, en la Universidad Di Tella.

Días atrás, en la Universidad Di Tella, se celebró un interesante debate acerca del legado del kirchnersismo, en el que participaron tanto amigos como críticos del gobierno. El debate fue muy rico pero aquí, por razones de espacio, me ocuparé sólo de uno de los importantes argumentos que se escucharon en dicha oportunidad. Me refiero, en particular, a uno presentado por Eduardo Jozami, integrante de Carta Abierta. Jozami sostuvo entonces que el kirchnerismo había promovido en estos años una significativa discusión en torno a qué tipo de democracia queremos. Y agregó que él –como kirchnerista- rechazaba la idea del “gobierno limitado”, porque estaba interesado en promover “grandes transformaciones”; mientras que un gobierno limitado conducía a la torpe inacción (supongo que sobrevolaba entre el público la triste imagen del gobierno de Fernando de la Rúa, respecto del cual el propio Jozami, como tantos otros kirchneristas, no fuera ajeno). Jozami ofreció entonces como ejemplo al caso del presidente Franklin Roosevelt (1933-1945), que realizara grandes transformaciones, concentrando un enorme poder en sus manos, y reformando a la Corte Suprema; a la vez que sugirió, también como ejemplo, que se permita de una vez por todas el gobierno a través de los “decretos de necesidad y urgencia”, en lugar de perder el tiempo discutiendo sobre la legalidad de tales decretos.

Las afirmaciones de Jozami resultaron particularmente reveladoras, para conocer mejor lo que piensa (al menos, una parte relevante) del kirchnerismo sobre ideas tales como las de democracia, república o gobierno limitado. Aún haciendo un esfuerzo por poner su presentación a la mejor luz, resulta claro que su rechazo a la idea de “gobierno limitado” es problemático (por más que no le atribuyamos a Jozami lo que él dejara sugerido, esto es, la defensa de un “gobierno ilimitado”!). Asimismo, parece claro que su postura se basa no sólo en información falsa (Roosevelt, por ejemplo, no reformó a la Corte, y además resultó severamente limitado por la misma), sino que además se apoya en una versión engañosa sobre lo que significa un gobierno limitado.

En efecto, para Jozami, como para tantos kirchneristas, la defensa del poder limitado parece remitir a la promoción de un gobierno prolijo, temeroso, finalmente bobo. Por ello mismo, el término “republicanismo” (que alude, en verdad, a una doctrina radical-revolucionaria) se ha convertido en esta época en algo así como un insulto político, que insólitamente parecería referirnos al sostén de políticas conservadoras, antipopulares, o directamente reaccionarias (de hecho, y para respaldar su extraña concepción del republicanismo como conservadurismo, Jozami no aludió a Rousseau, a Paine, a Marx, a Bolívar o a Artigas –figuras habitualmente asociadas con el republicanismo- sino al conservador Federico Pinedo y su libro “En tiempos de la República”!). Partiendo de esta reconstrucción caricaturesca de la historia y la teoría política, no extraña entonces que para muchos kirchneristas, defender valores republicanos no implique sostener políticas emancipatorias, radical-democráticas, basadas en la virtud cívica y el compromiso público de la ciudadanía puesta de pie (lo cual requiere también, por supuesto, el respeto de las reglas de juego democráticas), sino escandalizarse por niñerías. Ser un republicano, según parece, implicaría en verdad estar preocupado por los zapatos poco lustrados de Néstor Kirchner; indignarse por el modo en que la Presidenta pronuncia el inglés; o asustarse por la existencia de “conflictos” (cabría recordar que nociones tales como las de “republicanismo francés” o “republicanismo norteamericano” no remiten a un grupo de aristócratas tomando brandy, sino a dos movimientos profundamente revolucionarios). Es decir, la versión que defendiera Jozami sobre el significado de “gobierno limitado” o “republicanismo” resulta, más que errada, enternecedora en su candidez. Lo que importa, de todos modos, no es tanto la inexactitud histórica de sus dichos, sino la apelación a una historia y una política que resultan absurdas o engañosas, al servicio de prácticas contemporáneas que violentan derechos.

En efecto, si hoy muchos criticamos la corrupción no es porque nos preocupe que una funcionaria de primer orden se compre una cartera nueva, sino porque aprendimos (especialmente con este gobierno) que la corrupción mata a los trabajadores. Si exigimos controles, no es porque nos de miedo el “descontrol” de unos jóvenes cantando, sino porque le tememos a un gobierno capaz de entregarle el aparato coercitivo o las fuerzas armadas, a oficiales comprometidos con la represión y la dictadura. Si criticamos los “decretos de necesidad y urgencia”, no es porque nos indigne la presencia de un gobierno activo, sino porque recordamos lo que Menem y sus sucesores hicieron con esos decretos. Jozami quiere enseñarnos que el Estado Social fue resultado de un presidencialismo sin controles. Habría que recordarle, primero, que al Estado Social se lo llama Estado regulador (porque controla y es controlado); y segundo, y lo que es más importante, que si en América Latina el Estado Social fue desmantelado y destruido, ello no fue por obra de los jueces, los fiscales, o los políticos “denuncistas”, sino por la decisión arrasadora de gobiernos híper-presidencialistas como los de Menem, Fujimori o Collor de Mello, actuando a partir de decretos de necesidad y urgencia, burlándose de los controles públicos, y riéndose de la exigencia en apariencia ridícula del debate democrático.  

22 comentarios:

Anónimo dijo...

Sos un discutidor nato de cualquier cosa y eso es valiosísimo. Ahora, que tanto vos como, por caso, M. Svampa, se tomen en serio los argumentos de Jozami o de Horacio González me parece una demasía y, en cierto modo, una pérdida de tiempo. Baste leer los disparates de Jozami que reseñas en tu nota para que ese ejercicio de confrontación pierda sentido alguno. Pienso que a esta altura, ciertos personajes deberían ser ignorados y ser tomados como lo que son, o sea, representantes de un proyecto político en decadencia y moribundo, estrellas de un firmamento que se apaga.

A. dijo...

una pregunta muy tonta pero bueno, realmente me causa curiosidad. yo me considero una republicana también, tal como vos describís al republicanismo, pero por qué en estados unidos los republicanos son los más conservadores?

Anónimo dijo...

Bueno, Roberto... yo comparto lo del primer comentario (de 9:17).
El calibre de las gansadas que reproducís Jozami dice son tan burdas que es casi como que estuviese haciendo de hombre de paja para que le den para que tenga. Está bien que lo hagas, porque barrabasadas semejantes no pueden pasarse por alto, pero te hizo el trabajo de intelectual demasiado fácil.

rg dijo...

es que no me interesaria agarrarme a un argumento facil, es un argumento extendido, mas alla de las giladas que lo pudieran adornar. recuerdo que por este mismo espacio y por otros discuti con otra gente (por ejemplo, con sebastian etch.) sobre el mismo tema, que creo muy importante: se necesita concentrar el poder para generar cambios?

Anónimo dijo...

"se necesita concentrar el poder para generar cambios?"
No lo creo, pero por lo visto Jozami esta concentrando -más bien diría, acopiando-, monumentales cantidades de whisky para largar semejantes pavadas.

Anónimo dijo...

Roberto, antes de caer en picada y consolidarnos como pais verdaderamente tercemundista, estos presidentes no tenian intelectuales. Ahora hay intelectuales aplaudiendo, buena muestra de lo que nos pasa.

Anónimo dijo...

Los dichos de Jozami no hacen sino reproducir lo que desde hace tiempo viene sosteniendo la principal fuente de inspiración de Carta Abierta: Ernesto Laclau. Para Laclau, la social-democracia a la europea, con sus indudables sesgos republicanos y liberales (sistema de controles y contrapesos, audiencias públicas, etc.), no sirvió más que para dotar de "legitimidad" a un sistema político que permitía que por la puerta trasera se introdujeran (y validaran) intereses mercantiles absolutamente espurios. Para evitar esto, Laclau desea tomar el toro por las astas y hacer por izquierda lo que los viejos nacionalismos hacían por derecha. Si, según el viejo marxismo, la dictadura del proletariado era la antesala necesaria de la abolición de clases y de una sociedad verdaderamente democrática, para Laclau, el populismo latinoamericano, anti-liberal y anti-republicano, es la antesala necesaria de una sociedad verdaderamente soberana, esto es, que se haya liberado de los poderes internacionales dominantes.

El Imparcial del Norte

Anónimo dijo...

Laclau es un genio definitivamente, coincido plenamente con él
saludos
G

Anónimo dijo...

muy bueno imparcial, ahora resulta que el gobierno està en contra de los poderes internacionales dominantes, contate otro.

Anónimo dijo...

flaco escucha el discurso de Cristina y también el de Dilma el otro día en la ONU y te darás cuenta que el Imparcial tiene razón.

Anónimo dijo...

No hay algún trabajo en serio, académico, de crítica, a la obra de Laclau?

Alejandro Kafka dijo...

RG, sí, Roosevelt resultó severamente limitado por la Corte y, mal que mal, la reformó. Si bien su proyecto de ley de reordenamiento judicial no prosperó en el Congreso, sucesivas renuncias y muertes le posibilitaron reemplazar magistrados a su gusto (7 de 9).

Anónimo dijo...

anónimo de 8.35pm (y de rebote, Imparcial también): ¿desde cuándo "escuchar un discurso" (en la ONU o dónde quieras) convalida un análisis político sobre el accionar y la gestión de un gobierno? hablar, hablamos todos! por favor, un cacho de seriedad, laralalalalala. Flor Lindenboim

Anónimo dijo...

flaco el discurso es eso, discurso, a nivel discursivo puede ser que hablen de emanciparnos, a nivel fàctico hacen todo lo contrario.

rg dijo...

otro delirio kafka, tu fanatismo ya es extremo. si se muere argibay y se retiran petracchi y zaffaroni, ponele, nadie, nadie va a decir "cristina reformó la corte." sería una descripción delirante. simplemente, reemplazó a los que no estaban

Anónimo dijo...

anonimo 8:04 decime alguno que este en el poder que haga cosas emancipatorias como las llamas vos, nombrame uno solito. Si lo logras despues me hago un festín destruyendotelo con tus propias armas. Dale espero la respuesta

Anónimo dijo...

¿Acaso tengo que aclarar que no coincido con Laclau? Evidentemente, hay un par de anónimos que leen lo que quieren leer. Por lo menos en esto Jozami es un poco más serio...

El Imparcial del Norte

Anónimo dijo...

y quién dijo que yo piense que hay algun emancipador en el poder? Yo creo que no hay ninguno (An. 8.04)

Anónimo dijo...

Durante su gobierno Roosevelt designó 9 jueces de la Corte, ¡nueve! (Compará, hermano, con otros presidentes del Gran Hermano). Propuso el court-packing. Fracasó. Fue fuertemente criticado por la oposición y lo acusaron de atacar el equilibrio entre los poderes.

Es (re(contra(super)válida la referencia de Jozami y no hay error en sus datos.

rg dijo...

si se te mueren 20 jueces tenes que nombrar 20 jueces, y eso no implica una reforma judicial, lastima che.

Anónimo dijo...

RG: ...Por lo tanto Sócrates es mortal.

Muy bueno lo que dice Heidegger al respecto. Lo sintetizo: "por lo tanto" no mata.

Pero mejor lo que dice Hume, algo así: qué triste si lo que puede juzgarse de un gobierno depende solo de su administración o humor o, como dice Ud: se te muere el abuelito de la Corte. ¡Vamos! Te repito: designó, designó 9 jueces y era cosa jodida hacerlo, sobre todo para este presidente que, aparte de las oposiciones, tenía, según dicen las malas lenguas, mala suerte.

¡Besotes!

Eduardo Reviriego dijo...

Para Anónimo de las 8:41.
Aquí hay una crítica interesante de Atilio Borón a la obra del matrimonio Laclau/Mouffe:
http://bibliotecavirtual.clacso.org.ar/clacso/se/20100614111339/traselbuho.pdf
En general estos autores son ignorados por la mayoría de los tratadistas, solo a Cristina se le ocurrió contratar a Laclau, intentando dar un cierto barniz intelectual a sus tropelías institucionales.Es suficiente con consultar a Guillermo O'Donnell, Pierre Rosanvallon, Luigi Ferrajoli, Claude Lefort, para comprobar en que clase de aventuras anda este matrimonio.