12 jun. 2014

Amor eterno a Sicilia


Ni Palermo Hollywood, ni Palermo Soho, ni Palermo Brooklyn: Palermo sólo es posible como capital de Sicilia. Dura y llena de vida, hermosa y sucia, exagerada en historia en cada rincón, en cada esquina. En Sicilia durante los días en que se rememoraban las muertes de los jueces Falcone y Borsellino, podría acercarme a la isla desde varios lados, pero tomo uno menos tradicional pero revelador lo mismo: mi experiencia conduciendo en el área. Cuento sólo cuatro historias, que van más allá de las conocidas, esto es, gente que conduce enloquecida; que le grita al auto de al lado por no prestar atención, mientras manipula su teléfono y gesticula; que gira en U sin mirar atrás; que sale de su estacionamiento hacia la calle sin preguntarse siquiera si alguien viene detrás; que en calidad de peatón cruza la avenida lentamente, obligando a que se avengan a él o ella los autos que vienen acelerados: lo que ya sabemos. Van las historias entonces.
   1)   Estoy en Bagheria, ciudad vecina a Palermo, intentando un difícil ingreso en la ciudad capital, desde mi impericia conductiva. La cuestión se complica por la furia de coches, el descontrol de pequeñas calles que se entrecruzan ciegas. A los gritos, le pido a un automovilista vecino, en su camioneta deshecha, que me diga cómo entrar en Palermo. Tal vez reconociendo que no soy local (aunque mi italiano es impecable¡) suelta el volante, con las dos manos señala su pecho y me grita: “Vieni con me, io ti porto”. Me deposita en el centro de Palermo y se retira amistoso, tocando bocina. Genial.
2       2) Estoy en medio de la nada, tratando de llegar a Piazza Armerina. Aunque las autopistas tienen indicaciones precisas, me confundo lo mismo. Llego a una apertura de caminos amenazante por demás: promesa de perderme por siempre, en medio de la llanura casi desierta. Será éste el fin? De modo instintivo e irracional, detengo el auto al costado de la ruta, y apostando al milagro levanto la mano en la autopista vacía. A lo lejos se divisa un bólido que no puede parar ni si quisiera. Pero sin embargo quiere y el auto frena enseguida. Una mujer joven y audaz  al volante me dice “Claro, voy para allá, vamos¡”. Ella acelera y yo apenas, a duras penas lo consigo y la sigo. Ella va tan rápido que la pierdo varias veces, pero sorpresivamente, cada vez, avanzo y la veo al costado del camino, detenido el auto y esperando ella a mi máquina lenta que apenas camina. Cuando ve el último cartel que me asegura un acceso directo hacia el pueblo, me lo señala desde la ventana y se despide. Casi media hora de gratuita ayuda. Gloriosa.
        3) Es mi primer minuto en Catania, ciudad difícil y desigual, cuna de los más duros miembros de la mafia, poblada de los inmigrantes europeos más pobres: rumanos, eslavos. Tomo por la avenida principal para ir a mi albergue, pero es domingo y la calle se convierte en peatonal el fin de semana, está llena de gente, no hay posibilidad de avanzar alguna. O sí. Se acerca un policía que parece un príncipe: ojos claros, espalda recta, altivo. Ve que estoy en una situación complicada y enseguida conoce que, en efecto, me convendría ir vía la strada principal. Me mira impávido y me dice enfático, con la certeza de que el orden que custodia se mantendrá sin máculas, inalterado: “Avanzá por la peatonal. Pero eso sí, a paso de hombre, paso a paso”. Un espectáculo.
         4) Es mi minuto cuatro en Catania. El avance por la peatonal fue casi un éxito, pero las calles laterales también están cerradas, o con la dirección cambiada, por lo que el tránsito sencillo deviene complejo. Preocupado por cómo llegar a destino, le pregunto a un peatón, apoyado cómodo sobre un auto municipal. El peatón me mira con cara de “esto es realmente difícil”, y me dice que espere. Busca sus llaves, sube a su auto, lo pone en marcha y con un gesto simple, seguro, me dice “seguime.” Extraordinario. Amor eterno a Sicilia.


4 comentarios:

El loco de la Vespa dijo...

Je je... El problema es que ignoraste un principio básico italiano: las ciudades se recorren en Vespa...

verot dijo...

qué divertido, ud. no necesita gps!

Ara dijo...

Voy a sicilia en ina semana! Ame tus historia Roberto!!!

mariela dijo...

loquisimo, roberto, yo estuve en los mismos lugares (palermo-piazza armerina) 5 días después que vos...jajaja haberlo sabido, te preguntaba y evitaba yo mismo perderme en mi camino a piaza armerina