10 jun. 2014

Derechos humanos en la Argentina

Excelente entrevista al sicólogo Hugo Vezzetti (ex Pasado y Presente), acá

5 comentarios:

Eduardo Reviriego dijo...

Gracias por el texto. No es de extrañar que un estudioso como Hugo Vezzetti no sea muy citado, hasta diría que se lo elude. En nuestra sociedad rinde más acudir a la mitología, especialmente en el ámbito de los Derechos Humanos.

Martin dijo...

Te soy sincero luego de pasar por tantos temas se vuelve practicamente imposible de seguir la entrevista, a veces se refiere a derechos humanos, como derechos fundamentales, otras veces como herramienta politica, menciona a la politica de omision de macri, luego le reprocha "cederle espacios al poder oficial", despues habla de participacion necesaria. Creo que aporta mas confusion que otra cosa. Deberia definir los terminos a los que alude con mas precision, para poder debatir un poco. Precisamente creo que ese es el principal defecto de la academia en argentina, o se descalifica al autor, o se leen por autores, y no por argumentos (a mi personalmente no me interesan las biografias) o se mete todo en una coctelera, y a ver que pasa. Con esto queda claro que la forma de la nota,y no los argumentos del autor. Gracias.

Martin dijo...

Aclaro: *con esto queda claro que cuestiono la forma de la nota y no los argumentos del autor

Anónimo dijo...

De lo mejor que he leído en mucho mucho tiempo. Es excelente!!!

Ricardo F. dijo...

El contraste entre la militancia de los derechos humanos desde la militancia revolucionaria de los `70 y las experiencias de Uruguay y Brasil con el pasaje de la guerrilla a la política referenciada en las figuras de Mujica y Dilma Rousseff, explica en buena medida los avatares y la actual situación en que se debate la política de derechos humanos en nuestro país.

No existe pronunciamiento autocrítico público alguno de montoneros como el realizado por los Tupamaros (y otras guerrillas latinoamericanas) de deponer las armas y de reinsertarse en la legalidad democrática.

La militancia setentista se encuadró políticamente en el PJ y adoptó sus definiciones políticas: la convalidación la autoamnistía de los militares (IMP participa de la interna partidaria aun después de la denuncia del pacto sindical-militar), la no integración de la Conadep. El no reconocimiento de la vigencia del estado de derecho por cuanto los jefes guerrilleros eludieron el requerimiento de la Justicia fue acompañado por el silencio de los sectores del peronismo. También los organismos de DDHH omitieron referirse a este asunto.

La clausura -por la manifiesta incapacidad para hacerlo viable- de un proyecto político autónomo, aún como línea interna del peronismo, se corresponde con la subordinación al mandamás de turno del PJ.
Una suerte de pacto político, de paz no escrita que se hace letra en la propuesta de reconciliación nacional que el “peronismo revolucionario” entregó al precandidato presidencial Carlos S. Menem, en la cual se reconoce tanto la “guerra civil” entre los sectores del peronismo como la que tuvo lugar “entre hermanos”. Luego se traducirá en los indultos del Presidente Menem a los carapintadas, a los condenados en el Juicio a las Juntas y a los jefes gerrilleros. Tampoco hubo cuestionamientos a esta vergüenza. Las marchas convocadas por los organismos de DDHH y sectores políticos y sociales, fueron en repudio a los indultos a los militares, por la misma razón se apartaron ocho diputados del PJ.

La paradoja es que prevalece una visión muy crítica sobre Alfonsín por las leyes de PF y OD (llamadas “leyes de impunidad”) y mucho menos -hasta complaciente- sobre los indultos de Menem que afectó la institucionalidad democrática y la defensa de los derechos humanos. Si algo de justicia había alcanzado a los muertos aquella era suprimida por un pacto que negoció la sangre derramada. Y aunque aquí fueron involucrados las propias víctimas, los propios cuerpos y lazos afectivos, tampoco desde los organismos de DDHH hubo pronunciamientos, ni del peronismo ni de la izquierda.

No es de extrañar que con el discurso ahistórico de Néstor Kirchner en la ESMA pidiendo perdón en nombre del Estado “por la vergüenza de haber callado durante 20 años de democracia por tantas atrocidades” quedara sellada la adhesión y compromiso de algunos organismos de DDHH con el gobierno.