14 oct. 2012

El constitucionalismo conservador según Laclau





















En esta nota (tomada de una presentación reciente)
http://www.perfil.com/ediciones/2012/10/edicion_719/contenidos/noticia_0080.html
el profesor Laclau, recién llegado de su arriesgada trinchera inglesa, da cátedra sobre el constitucionalismo. Dice por ejemplo que

"En América latina, por razones muy precisas, los Parlamentos han sido siempre las instituciones a través de las cuales el poder conservador se reconstituía, mientras que muchas veces un Poder Ejecutivo que  apela directamente a las masas frente a un mecanismo institucional que tiende a impedir procesos de la voluntad popular es mucho más democrático y representativo. Eso es lo que se está dando en América latina de una manera visible hoy día."

El curioso e impreciso párrafo (que nos escamotea cuáles son las "razones muy precisas" y cuales las "muchas veces") señala algo falso, a la luz de la historia latinoamericana, en donde, desde la independencia, y claramente durante casi todo el siglo xix y buena parte del xx, el presidencialismo fue la salida inequívocamente exigida por el conservadurismo militarista católico (desde García Moreno a Portales, pasando por Roca o Porfirio Díaz). Los Parlamentos, mientras tanto, fueron siempre relegados como instituciones vaciadas de peso propio, dependientes del Ejecutivo, destinadas a reunirse durante muy poco tiempo, y cada mucho tiempo (ver las Constituciones de Chile 1823, 1833, Ecuador 1869, Colombia 1843 y tantas otras). Es decir, no hablemos pavadas.


A renglón seguido, y luego de hablar del parlamentarismo conservador, Laclau agrega que:

"detrás de toda la cháchara a cerca de la defensa del constitucionalismo, de lo que se está hablando es de mantener el poder conservador y de revertir los procesos de cambios que se están dando en nuestras sociedades."

Habría que decirle a Laclau que si de defensa del parlamentarismo hablamos, la única iniciativa importante que se conoce hoy en la Argentina, proviene de las entrañas del kirchnerismo, y en particular de un grupo ligado al juez Zaffaroni (ver el número de Le Monde Diplomatique de esta semana). O sea que convendría decirle que queda feo que le diga a Zaffaroni que habla chácharas.


Por lo demás, hay una vertiente republicana/radical, que se alimenta del radicalismo político del siglo xviii y xix, que lo que le sigue pidiendo al constitucionalismo es más poder popular, para retomar el poder de decisión y control populares sobre los que ejercen el poder. Fortalecer esa capacidad popular implica democratizar al poder, y toda iniciativa destinada a democratizar al poder implica derruir el actual presidencialismo. Derruir el presidencialismo no implica parlamentarismo, como sugiere la anodina ciencia política de los 80, sino agujerear al sistema representativo actual, tendiendo múltiples puentes (hoy todos bombardeados desde el poder) entre ciudadanos y decisores. El poder debe volver a la ciudadanía, la misma a quien se le prometiera y de quien se expropiara. El poder debe salir del lugar en donde hoy -nuestras desigualitarias sociedades- lo han concentrado: el lugar de las grandes empresas y el poder político vertical y autonomizado.

En este sentido, Laclau no es ingenuo pero es tramposo. Reconoce que de lo que propone se desprenden dos graves peligros:

"En primer lugar, tenemos el peligro representado por las reducciones estatistas, que trata de plantear el campo de la lucha política como la lucha parlamentaria en el seno de las instituciones existentes, ignorando que hay nuevas fuerzas sociales que tienen que ir sectando formas institucionales propias que van a, necesariamente, cambiar el sistema institucional vigente. Este reduccionismo liberal de la lucha política, el régimen parlamentario en el seno de las instituciones parlamentarias, es uno de los dos peligros. El segundo de los peligros es lo que yo llamaría la reducción ultralibertaria. Dice: “Hay que desentenderse enteramente del problema del Estado y crear puramente una democracia de base”. Esto ignora que muchas demandas democráticas surgen en el interior de los aparatos del Estado y de los sujetos que esos aparatos han creado y que, por tanto, cualquier tipo de cambio de proyecto, cambio radical, va a tener que cortar transversalmente el campo del Estado, el campo de la sociedad civil."

Peligros como los que él señala son ajenos a las tradiciones radical-republicanas que aquí reivindico, y más propias de la política kircherista que él defiende. Conforme a ésta  (y hay decenas de declaraciones presidenciales en el mismo sentido) la lucha política sólo se concibe a partir de la regla "formá tu propio partido político y ganame las elecciones". Aquí reside su trampa: Laclau oculta que la respuesta presidencial a piqueteros rebeldes, movimientos sociales críticos, caceroleros o grupos indigenistas ha sido siempre, centralmente, exactamente, la que él objeta: la del reduccionismo liberal más reaccionario. 

Finalmente, Laclau señala otros peligros propios de su propuesta:
"Todo este proceso, sin duda, presenta peligros a varios niveles. Evidentemente, la inversión alrededor de una figura líder tiene el peligro potencial de que esa figura líder se autonomice tanto respecto a aquellos que está representando que al final se corte el cordón umbilical que unía Estado con sociedad. Este peligro está allí, pero no creo que estemos muy cerca de sufrir en los países latinoamericanos; al contrario. Lo que se ha creado es una nueva relación, o se está creando una nueva relación, entre Estados y sociedad civil.
Por el otro lado, está el peligro que señalábamos antes, de una sociedad civil que se autonomice tanto respecto a la esfera estatal que sea incapaz de influir en los procesos políticos.
Este tipo de doble peligro existe, es inherente a la situación y la política consiste, justamente, en administrar esta tensión potencial y tratar de crear formas articulatorias, formas hegemónicas, que vayan permitiendo sortear estos dos peligros".



Sobre esto último habrá que decirle: Lamentablemente, dr. Laclau, usted no da ninguna razón para pensar que no hayamos caído ya en los riesgos anunciados, gracias al tipo de políticos y políticas que usted favorece: la figura presidencial se ha autonomizado, y lo que es peor, dicha situación no favorece primordialmente al pueblo sino a los grandes grupos empresarios (desde la Barrick Gold a Cristóbal López o Monsanto), que ahora tienen el camino allanado: les basta con pagar o presionar más sobre aquella figura a quien ellos (y no el pueblo) tienen llegada privilegiada y exclusiva. El pueblo (sobre todo el pueblo que la critica) no ve nunca a esa figura presidencial, nunca puede interpelarla directamente. Los grandes empresarios, en cambio, se reúnen con ella cotidianamente. Pero sobre las realidades de estos riesgos, Laclau se mantiene calladito.


fotos: escenas de amor bolivianas


28 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy buena lectura crítica del texto de Laclau. Tuve la posibilidad de leerlo cuando en el post anterior Mariana habló sobre él. Creo que se trata, cuanto menos, de una "enteramente novedosa postura progresista". No pude menos que "googlear" y encontrar que, efectivamente, Laclau había planteado este extraño conjunto de ideas.
Sobre esos peligros de los que habla, ¿cómo no se habría dado cuenta de que son justamente la parte conceptual de la praxis política del gobierno nacional? Por eso está muy bien lo que decís: sus expresiones no ignoran nada, sino que son más bien tramposas. La intencionalidad de este escrito, entiendo yo, es la de encubrir indirectamente la metodología hiperpresidencialista de hoy bajo una especie de fachada de tipo "estas cosas no pasan acá" ; pero se trata de una fachada: en efecto, esa metodología no es netamente visible por ahora, sino que apenas se está vislumbrando tras un discurso y un modus operandi disimuladamente progresista.
O sea, Laclau estaría señalando todos los riesgos pretendiendo no tomar ninguno de ellos EN TEORÍA, mientras que EN LA PRÁCTICA estaría emitiendo un voto de confianza por ellos en vistas a su sustancialización EFECTIVA.

FERNANDO.

Anónimo dijo...

lACLAU SE INFORMA DESDE LONDRES VIA 678 Y TIEMPO ARGENTINO...COMO LA FARAONA, HABLA DE UN PAIS INEXISTENTE...

Ramiro dijo...

¡Excelente! Voy por la segunda relectura de La razón populista y cada vez me preocupan más las recetas laclauianas.

PIC dijo...

yo puedo pensar en algunos momentos del constitucionalismo donde los organos legislativos fueron enemigos de la modernizacion, pero no son los mismos de laclau. por ejemplo, los cabildos provinciales en la rev. de mayo, o la legislatura en la epoca de rivadavia respecto de su laicismo.
despues hay casos coyunturales (sarmiento se quejaba de que no le asignaban partidas para educacion, roca tuvo contra de los catolicos, etc.)

pero es muy cinico ignorar que durante el siglo pasado lo primero que hicieron los gobiernos conservadores (e.g. militaristas) fue cerrar el congreso.

Anónimo dijo...

Se ve que vivir en Londres rodeado de lujos le atrofió la cabeza al senil Laclau.

Es gracioso como desde más de 12.000 kilometros este anciano busca llenar con fuerza bruta los significantes vacios que tanto le dieron de comer..

Si le importara tanto el populismo latinoamericano porque no se muda a latinoamérica en cambio de vivir en la capital del imperio mas colonialista de la historia.

Es el modelo K, haz lo que digo y no lo que hago..

Anónimo dijo...

Sin duda una influencia monarquica en Laclau - que la re-eleccion debe ser indefinida.

Hoy por hoy nadie discute que el aporte del constitucionalismo es la limitacion del poder.

No hay nada mas conservador que defender la re-eleccion indefinida y el caudillismo. Lo que plantea es todo un retroceso llevandonos a las epocas mas oscuras de la vida del pais.


Martin

Anónimo dijo...

Te felicito Roberto por la crítica. En general, comparto todo lo que decís. Las desconsideraciones y silencios que se perciben en los análisis de Laclau son siempre mucho más asombrosos que sus explicitaciones.
En un solo párrafo de tu texto quiero detenerme. Decís en una parte: “hay una vertiente republicana/radical, que se alimenta del radicalismo político del siglo xviii y xix, que lo que le sigue pidiendo al constitucionalismo es más poder popular, para retomar el poder de decisión y control populares sobre los que ejercen el poder. Fortalecer esa capacidad popular implica democratizar al poder, y toda iniciativa destinada a democratizar al poder implica derruir el actual presidencialismo”.
Aunque siempre me he identificado con esta vertiente que vos llamas republicana/radical y muchos de los que participamos en política y/o teorizamos acerca de ella venimos reclamando desde hace rato que todos aquellos organismos e instrumentos tendientes a controlar el poder no sean nada más que letra muerta, como pasa ahora, hay un argumento que Laclau todavía puede esgrimir en contra de razonamientos como el tuyo (o el mío, claro). Él podría decirnos que si esto realmente aconteciera y los mecanismos de control comenzaran a jugar de una buena vez un rol más que meramente declarativo, quienes se van a ver favorecidos son fundamentalmente sectores de clase media, media-alta y alta, es decir, todos aquellos sectores que tienen la capacidad intelectual, profesional y económica para hacer valer sus reclamaciones con sustento argumentativo.
¿Y quiénes seguirían quedando al margen? Pues nada menos que los sectores populares cuya sola vía de representación seguirá siendo, esencialmente, el voto. Lo que te va a decir Laclau es que el republicanismo radical que uno promueve es sumamente deseable como meta. Sin embargo, para llegar a ella, antes es necesario dotar a TODOS los sectores de la capacidad para valerse de los canales y mecanismos representativos que no se reducen al voto. Ser un ciudadano comprometido con la república y en condiciones de cuestionar e indagar al poder requiere una formación educativa que sólo un sector privilegiado de la población posee. Y, hasta que eso no se dé, lo que se necesita –concluirá Laclau –es un gobierno populista y fuerte (o con pocas restricciones que dificulten su ejercicio) capaz de dotar a las clases excluidas de esa formación que durante tanto tiempo les fue esquiva.
Sé cuál puede ser una de tus réplicas: que este gobierno no representa los intereses populares y creo que ahí hay un punto atendible. Sin embargo, creo también que el criterio para determinar esto es especialmente amplio y resbaladizo. En fin, da lugar a una discusión de nunca acabar…
El Imparcial del Norte

rg dijo...

no veo ninguna discusion inacabable. para tomar un caso remanido: presupuesto participativo es una buena muestra de control y decision popular, que el poder centralizado hoy administra en nombre del pueblo, a su propio servicio y no a servicio del pueblo. que siga dando argumentos, o que empiece a darlos

Anónimo dijo...

No, lo que dije es que lo que da lugar a una discusión de nunca acabar es el criterio para determinar si este gobierno responde a los intereses de las clases populares. Los K creen que sí; yo creo que no. Y? Cómo sigue el tema?
Con relación a lo que decís sobre el presupuesto participativo, lo que yo preguntaría es, nuevamente: ¿quiénes y cómo van a participar?
El Imparcial del Norte

rg dijo...

los mismos que participan en el sur de brasil, sin ningun problema

Anónimo dijo...

Disculpame, Roberto, pero sigo siendo escéptico. En un supuesto presupuesto participativo, sé más o menos quiénes participarían con voluntad verdaderamente democrática y contemplativa de las diferencias: algunas ONG's más o menos organizadas (Poder Ciudadano, Consumidores Libres, etc.), algunas comunidades regionales de cierto activismo político, algunos sectores intelectuales (como Plataforma) y otros ciudadanos preocupados por la cosa pública. Sin embargo, también participarían: organizaciones de lo más conservadoras, los políticos de siempre (tanto del oficialismo como de la lamentable oposición) y muchos ciudadanos influenciables por el establishment político y económico. Pero lo más lamentable de todo es quiénes seguirían sin participar: los ciudadanos desinteresados por la cosa pública, que son la mayoría de los ciudadanos de este país, esos que van desde quienes inundan las calles con basura y cruzan los semáforos en rojo hasta quienes se hacen los distraidos con la corrupción mientras su situación económica no se encuentre demasiado comprometida.
El Imparcial del Norte

Anónimo dijo...

presupuesto participativo: de buen ejemplo de control y decisión popular mucho; de caso remanido, poco. O al menos se lo nombra sólo como una referencia casi anecdótica (lo único que sabemos del presu es que es una ley ómnibus -agregaría, y sin pasar la VTV!- aprobada a los ponchazos junto con reformas código alimenticio y otros menesteres con un origen tan velado e inaccesible que avergüenza -no vale nombrar como respuesta a la Oficina Nac. de Presupuesto-).
Tal vez en el caso de los presupuestos participativos sea entendible la perplejidad ante el quién y el cómo pero esas preguntas (que en definitiva apuntan más la práctica, que puede ser revisada mil veces) no aportan mucho porque cierran la ronda cuando en realidad precisamente el eje del asunto es abrirla: si los recursos nos pertenecen a todos (ojo con la triquiñuela: digo todos, no "contribuyentes"), pensemos entre todos qué destino les damos.
ml

Anónimo dijo...

Imparcial, releo mi última oración y yo me contestaría "con esa frase de dos corazones felfort no contestaste nada" y probablemente mi otro yo esté en lo cierto pero lo que quise decir es que cada vez que pienso en este tema me hago tus preguntas pero lo que descubro es que con ellas no avanzo. Si las contestás por la negativa, es exactamente igual que como se diseña la ley ahora. Formas de participación hay muchas (o en todo caso, hay que pensarlas y diseñarlas) e insisto en que se haga en un contexto de inclusión, no en uno que requiera última boleta de pago para hablar.
ml

Anónimo dijo...

De todas maneras, aún aceptando lo del presupuesto participativo, subsistirían las dudas de Laclau. Y es que éste es precisamente su argumento: ¿para qué más controles, para qué promover decisiones fuera de la esfera del Ejecutivo, si es precisamente el Ejecutivo el que representa y gobierna en función de los intereses populares? El peligro que advierte Laclau es el de que se produzca justamente lo contrario de lo que los republicanistas promueven: que por quitarle al Ejecutivo el poder de decidir sobre ciertas cuestiones, estas cuestiones terminen decidiéndose en contra de los intereses del pueblo.
El Imparcial del Norte

Anónimo dijo...

(esta vez voy a evitar aludir a alguna otra golosina porque es tarde y no tengo nada dulce en mi casa) pero en referencia a las dudas de Laclau, los controles deben existir y decisiones como las de nuestro ejemplo del presupuesto participativo deben ser tomadas entre todos. Qué significa esto desde mi punto de vista? Denota la forma en que debería diseñarse la ley, no su infalibilidad. Seguramente se tomen malas decisiones, seguramente se tomen otras maso. El control (debidamente entendido) debería funcionar para eso, detectar la falla y ver mecanismos de solución. Hay algo no del todo honesto cuando se usa la fórmula de la amenaza mayor al advertir el peligro de "ojo, yo se lo doy pero mire que puede pasar algo grave". Que exista la posibilidad de efectos negativos, no hay duda, pero no más de los que se producen al apelar a un escueto "representa y gobierna en función de ...". Por lo general, tiendo a pensar a lo Calvino y salvo en los libros, no creo que fuera de ellos pueda suceder algo extraordinario pero en estos temas se me prenden algunas luces y desconfío del "mejor lo dejamos así".
Saludos,
ml

rg dijo...

de acuerdo ml

Anónimo dijo...

algun comentario sobre la sentencia de Trelew?

rg dijo...

100 por ciento a favor del fin de la impunidad, 100 por ciento en contra de la barbarie de pensar que justicia es carcel. las dos cosas a la vez

Anónimo dijo...

en esta coincido con vos, por primera vez en mucho tiempo

Anónimo dijo...

ML: En realidad, yo también tiendo a pensar como vos y como Roberto. El tema es que me parece que seguimos sin encontrar argumentos suficientemente poderosos para derrotar a Laclau, quien tiene una concepción situacional de la ética-política y se maneja con una lógica excepcionalista para analizar el poder. Nunca él niega que, en ciertos contextos socio-políticos, un gobierno republicano dotado de los debidos controles sea la mejor forma de gobierno. Lo único que él dice es que, en nuestros contextos latinoamericanos, no lo es. Y por eso expresa que lo mejor es dar rienda suelta a las pretensiones de un Ejecutivo que ha demostrado estar con las clases populares. Esta última afirmación puede suscitar críticas de todo tipo y yo sería el último en suscribirla. Sin embargo, lo que seguimos sin derrotar es aquella visión situacional de la ética y aquella lógica excepcionalista que él aplica a la política.
El Imparcial del Norte

Anónimo dijo...

En Morón, de la mano de Sabbatella y Ghi funciona hace mas de 7 años el programa de presupuesto participativo.

gracia dijo...

Creo que hay un hecho concreto, un simple dato de la realidad q echa por tierra todas las especulaciones politico-filosoficas, todo el palabrerio, todo el VERSO de Laclau...

y es q despues de 9 años de gobierno nacional y popular la pobreza esta igual o peor q en el gobierno neoliberal de menem, y eso q en las condiciones economicas fueron mucho mas favorables q en la decada del 90 ..

Pero claro, que esto no lo debe saber este señor, porque vive muy lejos, seguro q nunca fue a los barrios del gran buenos aires y ni a las provincias... el eligio vivir en la monarquia inglesa... se ve q le gustan las monarquias... eso explica porq le gusta tanto el kirchnerismo


pd: estoy contenta porque sigue Lorenzetti en la Corte.. eso es bueno, no cierto?

Anónimo dijo...

Imparcial: a mi modesto modo de ver el argumento de Laclau peca de (cómo decirlo?) "ovogallinismo" porque si es cierto que ese contexto socio-político fundamenta, según su visión, impedir la democratización del poder tendrá que responder cómo es que se produce y se mantiene ese contexto (me temo que si algún despabilado contesta "el contexto lo produce la misma estructura que el defiende" habrá que decir "tibio-tibio-caliente-caliente-caliente").
Es él (y varios otros banqueros anarquistas) quienes tienen que dar cuenta de esos contextos que, para usar su metáfora, no salen ni se reproducen por obra de Minerva.
ml

Anónimo dijo...

che, no vi que hagas ninguna mención a que tu idolo Perez Esquivel hoy hizo una reunión repudiando a la SIP y defendiendo la Ley de Medios.
Otro que cayo y le pagaron y ahora es un miserable K como todo los que apoyan alguna medida del gobierno

Anónimo dijo...

No sé cuánto aporta al debate esta columna de R. Faure publicada hoy en La Voz del Interior pero en cualquier caso copio el link: http://www.lavoz.com.ar/opinion/camino-seudolegal-para-habilitar-tercer-periodo
Supongo que la hipótesis que maneja Faure es demasiado arriesgada pero uno se pregunta qué diría Laclau sobre la misma desde su óptica situacional y excepcionalista.
Saludos,
El Imparcial del Norte

Eduardo Reviriego dijo...

El peligro que el líder(representante) se autonomice, que Laclau intenta soslayar con el argumento de que se ha creado una nueva relación entre Estado y sociedad civil, que de nuevo no tiene nada, siempre ha sido advertido por los filósofos políticos. Rosanvallon recuerda que la corrupción del poder, siempre se ha considerado una dolorosa experiencia, el riesgo es que al imponerse los intereses particulares, la representación se convirtiera en dominación. El representante, como expresare Mirabeau, se autonomiza y se transforma es “una especie de aristocracia de hecho”. Rosanvallon, Pierre. La contrademocracia. La política en la era de la desconfianza. Manantial. Bs. As. 2007. Pág. 45.-
Lo que Laclau intenta presentar como algo nuevo, es la vieja obsesión autoritaria de controlar a la sociedad civil, por eso ya Montesquieu advertía que “Es una experiencia eterna, que todo hombre con poder es llevado a
abusar de éste; avanza hasta que encuentra límites. Para que no se pueda abusar del poder es necesario que, por la disposición de las cosas, el poder contenga al poder."
En eso, en estas horas preocupantes para la salud de nuestra democracia, anda nuestro Corte Suprema.

Anónimo dijo...

ey ey ey cuidado que resulta que el estadista Lula es Kirchnerisra. Por favor cacerolas ahi!!! No aguanto mas, que vuelva la derecha en Brasil basta de Lulas, Chavez, Kirchner que se vayan todos

rg dijo...

tranquilo, tranquilo, no tiene nada que ver un dirigente obrero que vivio enfrentado a la dictadura, con una pareja que se hizo multimillonaria lucrando con los perjudicados por la dictadura.