21 ene 2015
20 ene 2015
Que se vayan
En relación con el espeluznante
episodio del que nos enteramos hace apenas horas, contamos con algunas
importantes certezas, y numerosas dudas. Las certezas, en todo caso, son
suficientes para enhebrar algunas primeras reflexiones sobre el tema, e incluyen
a algunas de las siguientes. En primer lugar, sabemos que el gravísimo atentado
a la AMIA lleva más de veinte años de impunidad, luego del paso de gobiernos de
distinto signo e incontables recursos volcados sobre la causa (no
necesariamente -parece claro- a favor de su esclarecimiento). Conocemos también
que el kirchnerismo promovió en enero del 2013 un inexplicable “Memorando de
Entendimiento” con Irán, en momentos en que atravesaba una aguda crisis
energética. El “Memorando” resultó una iniciativa inconstitucional, inmoral,
ilegítima, políticamente torpe, y profundamente ineficaz conforme a sus propios,
declarados fines. Como era de esperar, el gobierno no encontró razones públicas
para justificar el giro de 180 grados que tomó en la materia, dejando atónitos
a propios y extraños. Dicho giro dotó de asombrosa verosimilitud a los dichos
del fiscal Nisman, conforme a quien la única reconstrucción razonable de lo
actuado por el gobierno importaba el reconocimiento de un pacto de ayuda
económica con Irán, a cambio de impunidad. Frente a esta grave acusación,
corresponde todavía hoy al gobierno aclarar por qué proponía la creación de una
insólita comisión de verdad, que dejaba en situación de absoluto protagonismo
para la investigación del atentado a los mismos acusados de haberlo cometido.
Esto es, increíblemente, el acuerdo propuesto por el kirchnerismo, de un día
para el otro, permitía que el gobierno de Irán tomara control decisivo en una investigación
destinada a probar si funcionarios de ese mismo gobierno de Irán habían estado
involucrados en el crimen masivo de la AMIA.
Sabemos, por lo demás, que el fiscal
Nisman interrumpió sus vacaciones intempestivamente, para dar los toques
finales a una también intempestiva y gravísima denuncia contra la Presidenta y
algunos de sus principales asesores, en relación con el atentado más grave
sufrido en la historia por la Argentina. Una razón decisiva en el apuro del
fiscal, habría tenido que ver con la certeza del fiscal de que iba a ser
removido de su cargo por la Procuradora General, quien ha venido realizando en
este tiempo una formidable, inigualada tarea a favor de la impunidad del poder
político dominante.
Finalmente, hoy tenemos la certeza de
que convivir 10 años con servicios de inteligencia
desbocados que sirven mientras sirven a la causa del gobierno; inundarlos de
dinero; abarrotarlos de personal "amigo"; perfeccionar su tecnología para
el espionaje interno; cerrar todas las puertas a cualquier control público/ciudadano
sobre ellos; cubrir cada fisura de luz, por ver a la transparencia como problema;
de mantener una ley de Inteligencia caduca; negar información y negarse a
dictar una ley de Información Pública; utilizar los servicios de inteligencia
del Estado para investigar, perseguir y amenazar a los opositores o jueces
díscolos; negar hasta hoy la publicidad y el control colectivos sobre los
archivos en poder de los servicios; impedir la supervisión pública sobre los
multimillonarios, ilegítimos, e injustificados fondos (reservados)
derivados legal e ilegalmente hacia los servicios…todo ello produce lo que hoy
ha quedado entre nuestras manos: crímenes irresueltos; impunidad para los
peores crímenes y actos de corrupción; sospechas que ensucian a todo el
gobierno; una voz pública sin la mínima credibilidad; la corrosión de nuestras
energías cívicas; terror dentro del ámbito judicial y miedo en la ciudadanía;
un profundo y ofensivo maltrato sobre las víctimas del atentado, sobre sus
parientes, y sobre todos nosotros; una enorme sensación de tristeza y bronca
colectivas.
19 ene 2015
Todo cierto 2: El gobierno es culpable
10 años de convivir con y cultivar estos servicios de inteligencia; de inundarlos de dinero; de abarrotarlos de personal "amigo"; de perfeccionarles la tecnología de espionaje; de cerrar todas las puertas a cualquier control público/ciudadano sobre ellos; de cubrir cada fisura de luz, de ver a la transparencia como amenaza; de mantener una ley de Inteligencia caduca; de negar información y negarse a dictar una ley de información pública; de utilizar los servicios de inteligencia del Estado para investigar, perseguir y amenazar a los opositores o jueces díscolos; de negar la publicidad y el control colectivos sobre los archivos en poder de los servicios; de impedir la supervisión pública sobre los multimillonarios, ilegítimos, e injustificados fondos (reservados) derivados legal e ilegalmente hacia los servicios, producen esto.
18 ene 2015
Dyzenhaus 2: La izquierda constitutional y Carl Schmitt
Agrega Dyzenhaus, sobre el sorprendente giro de cierta izquierda constitucional, hacia el pensamiento Schmittiano (Dyzenhaus trabaja especialmente sobre el nuevo constitucionalismo inglés, pero sus conclusiones son aplicables bien a lo largo y ancho del mundo constitucional):
"Las consecuencias son muy sorpresivas cuando uno recuerda algunos de los elementos propios de la tradición de izquierda -su compromiso con la justicia social, su determinación de impedir que la apelación a las tradiciones (tan propia de los conservadores reaccionarios) se interponga en el camino de las reformas, y una visión de la democracia en la que el congreso juega el papel político central. en lugar de todo esto, lo que uno encuentra es el abandono de toda esperanza en torno a un enfoque principista sobre la justicia social, la apelación a las tradiciones como modo de dar apoyo a la idea sustantiva de la identidad política, y la idea de que el Ejecutivo es el que debe decidir, como guardián de la constitución política, cómo resolver los conflictos existenciales de la política"
Este nuevo constitucionalismo se convirtió, simple y penosamente, en un "liberalismo con un signo menos delante"
15 ene 2015
Jon Elster y el constitucionalismo: de la Elección Racional a la Elección Irracional
Casi desde un comienzo, y movido por su espíritu curioso y desprejuiciado, Jon Elster empezó a introducir en sus estudios sobre el pensamiento de Marx, herramientas propias de la teoría de la elección racional (así, en "Making Sense of Marx" por ejemplo). Sin embargo, ni terminaba de escribir sobre el tema, cuando ya abría la puerta de salida, y pasaba a estudiar las múltiples formas de la irracionalidad en nuestro comportamiento (curioso, porque muchos siguieron identificándolo como el autor de la "elección racional"). Así, pasó a publicar varios libros (incluidos "Ulises y las sirenas;" "Juicios salomónicos;" etc.) a los que subtituló "estudios sobre la subversión de la racionalidad" (pero el prejuicio sobre Elster como escritor paradigmático de la "elección racional" siguió y sigue hasta hoy).
Uno advierte el mismo camino de curiosidad y crítica y autocrítica desprejuiciadas, en los trabajos de Elster sobre el constitucionalismo. Ellos incluyeron desde aquel pionero "Ulises y las sirenas," hasta la crítica radical a su propio trabajo en "Ulises desatado." En el primero, Elster mostraba a la Constitución como un ejercicio posible de racionalidad: tenía sentido (y no debía verse como una ofensa al autogobierno) que una sociedad se atara las manos frente a malos impulsos futuros (i.e., perseguir a la oposición; querer censurar a los críticos), a través de una Constitución, y como modo de ganar libertad futura -tal como lo había hecho Ulises frente al previsible canto de las sirenas, que prometía desviarlo de la ruta que él se fijara en un primer momento. En el segundo libro, en cambio, Elster reconocía que, de modo demasiado habitual, el resultado que buscaban y generaban las convenciones constituyentes era contrario al deseado: una minoría, con las "manos desatadas", buscaba atarle las manos al resto (i.e., la minoría de esclavistas en Estados Unidos, a cargo de la Asamblea de 1787).
En una conferencia reciente, presentada en Princeton, Elster volvió sobre estas ideas (anuncio de que está por aparecer su grandísimo libro sobre convenciones constituyentes, tan esperado?), para atacar una metáfora habitual en él: los procesos constituyentes vistos como acciones de "Pedro el sobrio, frente a Pedro embriagado", esto es decir, procesos en donde la sociedad se tomaba un tiempo para pensar y decidir cómo actuar frente a previsibles situaciones de apasionamiento y crisis (como cuando alguien, al llegar a una fiesta, le pasa las llaves de su auto a otra persona, seguro de que terminará embriagado). Hoy, Elster vuelve a auto-criticarse para decir: "desafortunadamente yo mismo contribuí a una común concepción equivocada", sobre la base de presupuestos "empíricos y conceptuales infundados". Siguiendo ese tremendo (y según parece irreversible) camino del escepticismo que tomó hace años, Elster nos dice ahora (a través de una alucinante cantidad de ejemplos maravillosos) que, aunque no es necesariamente así, resulta demasiado habitual que los procesos constituyentes respondan más bien a una metáfora opuesta a la que él propusiera: la de "Pedro embriagado legislando para Pedro el sobrio."
14 ene 2015
Todo cierto: entregar los principios por un puñado de dólares/ pd: Era fácil
Lo que en su imputación probó el fiscal Nisman es, básicamente, consistente con lo que sostuvimos siempre desde este blog (y, jurídicamente, fuera de él), en torno al acuerdo con Irán: salteando al Congreso, y de modo ofensivo e insultante hacia las víctimas de los atentados terroristas en el país -y hacia todos nosotros- la Presidencia decidió pactar secretamente con Irán y proteger a los funcionarios iraníes incriminados, para hacer negocios (más y menos sucios), bien resumidos en la idea "granos por petróleo." Ahora viene el tiempo en que los círculos oficialistas escaparán de toda discusión sobre la denuncia, y comenzaremos entonces con el circo en torno a las cualidades morales del fiscal, lo que nos permitirá enteraremos de su incontenible ambición, sus deseos de venganza, sus horrendas conexiones, y sus cuentas pendientes con el mundo en general. Allá vamos.
pd.: Era fácil preverlo: hoy todo el oficialismo perdido en hablar de la personalidad de Nisman; sus vínculos con la embajada norteamericana; su relación con los servicios de inteligencia; su intención de permanecer en su cargo a toda costa. Falta ahora que nos digan: cómo se explica entonces el giro impresionante en las relaciones con Irán; los años de impunidad; el dejar en manos de comisionados iraníes la supervisión de las acusaciones contra los propios iraníes? (El tratado puede no ser criminal, pero sí inconstitucional). En definitiva, todo cierto, por más que los actores locales (la mayoría de ellos nombrados por Néstor, como el propio fiscal) sean horribles.
pd.: Era fácil preverlo: hoy todo el oficialismo perdido en hablar de la personalidad de Nisman; sus vínculos con la embajada norteamericana; su relación con los servicios de inteligencia; su intención de permanecer en su cargo a toda costa. Falta ahora que nos digan: cómo se explica entonces el giro impresionante en las relaciones con Irán; los años de impunidad; el dejar en manos de comisionados iraníes la supervisión de las acusaciones contra los propios iraníes? (El tratado puede no ser criminal, pero sí inconstitucional). En definitiva, todo cierto, por más que los actores locales (la mayoría de ellos nombrados por Néstor, como el propio fiscal) sean horribles.
13 ene 2015
Aviso (sólo) para italianos
Paolo Conte cada día ríe mejor. En 2012, la Universidad de Macerata (nada menos), le entregó un Honoris Causa en Letras (cuando terminó de hacer su discurso de aceptación -eligió hablar sobre "il pomeriggio"- pidió "pero ahora no me bochen¡". Se encuentra la ceremonia, por ejemplo, acá). Y hace pocos meses, salió a la luz su último disco, Snob (por ejemplo, acá), que lo muestra con un sarcasmo, una ironía, una vitalidad inusitadas para sus casi 80 años. Qué maestro¡ Y para colmo, incluye un tema llamado (y sobre) Argentina (el texto, acá), y sus clásicas burlas a casi todo, en varios idiomas.
Piedad Kim-ki¡
Me puse a ver la última película de Kim-Ki-Duk (Piedad, ganadora del León de Oro en Venecia, 2012). En la primera escena, un inválido se ahorca crudamente. En el segundo acto del film, el protagonista -un despiadado joven, cobrador de deudas impagas- le agujerea el brazo con un torno a un deudor en falta. En el tercero, arroja al vacío a otro, y luego -con el hombre aullando de dolor- le quiebra la pierna a golpes, con ayuda de su madre. En el cuarto acto -y luego de algunas escenas que juegan con las vísceras de los animales que el protagonista come, y que desparrama por su casa- el cobrador corta parte de su aparato genital, y se lo da de comer a su madre. Inmediatamente luego, la viola. Creo que la película era buenísima, pero no me quedé a comprobarlo. Estoy dejando de ser un cinéfilo línea dura.
Dónde está el canciller argentino? / pd: La culpa la tienen los muertos
Ausencia de representación oficial en la marcha contra el atentado en París, cuando el Canciller estaba paseando por ahí (visitando a su hija por supuesto). La presidenta le prohibió ir. Cada día me da más vergüenza ser argentino.
pd: desde los medios oficiales, incluyendo a P12 (hoy, por caso, acá, con el título: Por qué Charlie no estaba más protegida?) siguen enredándose en búsquedas y explicaciones destinadas a poner la culpa en las víctimas: algo habrían hecho o dejado de hacer. Impresiona
pd: desde los medios oficiales, incluyendo a P12 (hoy, por caso, acá, con el título: Por qué Charlie no estaba más protegida?) siguen enredándose en búsquedas y explicaciones destinadas a poner la culpa en las víctimas: algo habrían hecho o dejado de hacer. Impresiona
12 ene 2015
El gobierno de los derechos?
Uno de los lemas auto-celebratorios del
período dice que éste es “el gobierno de la ampliación de derechos.” El asunto
que se invoca (la ampliación de derechos) es importantísimo, y merece ser
reivindicado aunque, tal como hoy se lo formula, remite a varios problemas: i)
el objetivo ha sido, de algún modo, cumplido por casi cualquier gobierno
democrático; ii) en un sentido relevante, lo que se afirma sobre la ampliación
de derechos no es cierto; y iii) aún si la política de “ampliación de derechos”
fuera distintiva (sólo) de esta época, ella pecaría por un defecto gravísimo:
se han distribuido derechos, pero no se ha distribuido poder. La ampliación de
derechos, en todo caso, ha venido de la mano de restricciones en el control de
las palancas del poder (político y económico), lo cual obviamente afecta o
socava la vida efectiva de los derechos reconocidos (los gobiernos, por lo
demás, no “dan” derechos, sino que los reconocen). A continuación, diré algo
muy breve sobre los dos primeros puntos, para concentrarme luego en el último.
Sobre la primera cuestión, podría
señalarse que cualquiera de los gobiernos que tuvimos, luego del fin de la
dictadura, fue, de algún modo, un “gobierno que amplió derechos”. Ello puede
decirse, muy claramente, del gobierno de Raúl Alfonsín: con su gobierno se
consagró la libertad de expresión; se terminó la tortura; se puso fin a la
censura; se consiguió el derecho al divorcio; y un largo etcétera. Hasta el
menemismo podría decir, con un poco de razón, que afirmó derechos importantísimos
al terminar con el servicio militar obligatorio; aprobar una histórica medida
de “cupo femenino;” o crear la CONADI (Comisión por los Derechos de Identidad).
En todo caso, bien de muchos, consuelo de todos. Sobre lo segundo –la veracidad
de la afirmación acerca de la ampliación de derechos en esta etapa- cabría
señalar que el kirchnerismo “expandió” algunos derechos (i.e., matrimonio
igualitario), a la vez que restringió otros (i.e., a través de la Ley
Antiterrorista, el crecimiento de los servicios de inteligencia, o una política
de seguridad hostil a los extranjeros). Del mismo modo, en algunos casos,
amplió ciertos derechos (el número de beneficiarios de haberes jubilatorios) y
al mismo tiempo los restringió (i.e., incumpliendo “Badaro” I, II, y todos los
fallos relacionados con la actualización de los montos de las jubilaciones).
Prefiero concentrarme, de todos modos, en el argumento relacionado con la
tensión “derechos vs. poder.”
El hecho es el siguiente: la Constitución
argentina, como casi todas las actualmente vigentes, incluye dos partes. En la
primera establece una lista de derechos básicos (libertad de expresión;
libertad de asociación; derechos sociales; etc.). En la segunda, mientras
tanto, fija las características básicas de la organización del poder (i.e., que
habrá tres ramas de gobierno; cómo se sancionarán las leyes; las funciones de
los tribunales; etc.). Ambas partes de la Constitución se encuentran
íntimamente relacionadas, y por tanto, lo que se hace o deja de hacer con una
parte de la Constitución, impacta inmediatamente sobre la otra. Con la
Constitución argentina ha ocurrido en estos años lo mismo que con muchas otras
Constituciones regionales: se ha expandido la lista de derechos, al mismo
tiempo que se ha concentrado el poder. En tal sentido, se han consagrado
derechos de avanzada -listas de derechos amplias, generosas, progresivas,
democratizadoras-; a la vez que se han preservado estructuras de poder
retrógradas –organizaciones del poder cerradas, excluyentes, verticalistas, autoritarias.
La situación referida es muy grave porque
la invocada ampliación de derechos termina por significar, en la práctica,
derechos más limitados, o más difíciles de efectivizar. Si, por caso, consagro
amplios “derechos de participación”, pero mantengo una estructura de poder muy
concentrada, el espacio democrático se reduce, ya que todo lo decide una sola
persona (algo similar ocurre si amplío la lista de derechos sociales, a la vez
que promuevo la concentración de la economía). Lo mismo sucede si me comprometo
a cumplir con el derecho de consulta obligatoria a las poblaciones originarias,
a la vez que permito que el Ejecutivo decida todos los detalles de las
políticas mineras (ocurre entonces lo que hoy en la Argentina: violación de
derechos indígenas, y ningún derecho de consulta). El problema, entonces, no es
ni va a ser nunca el de que se “expanda la lista de derechos.” El problema es
que –a través de la concentración del poder político y económico- se restringe
el acceso del pueblo al poder. Agradecemos entonces los derechos reconocidos,
pero –justamente porque nos importan esos derechos- exigimos a los poderosos de
hoy que repartan el poder que han concentrado en sus manos.
9 ene 2015
Macri te libera el lenguaje
Hoy me encontré con un titular de Página hablando de "represión en la autopista," acá, y lo advertí enseguida sin necesidad de seguir leyendo: la represión se había dado en la Ciudad. Porque en el año entero de represión animal a los trabajadores de Lear, sobre la autopista Panamericana, por la gendarmería k y los servicios de Berni, Página hablaba de "Protestas y corridas" (ej, acá). La represión k no existe, sólo unos revoltosos de izquierda a los que les encanta correr, tan pillos ellos.
Perder democracia
(publicado hoy en ln, acá)
El mundo atraviesa una larga etapa de debacle
democrática que en nuestro país, como en otros, se agrava a partir de defectos
locales. La crisis a la que me refiero muestra contornos diversos, aunque se ha
tornado más visible a partir de algunas explosiones de hartazgo colectivo, de claros
parecidos de familia con la crisis argentina del 2001: manifestaciones de
“indignados” en Grecia o España; movimientos de protesta como los de “Occupy
Wall Street”; movilizaciones populares como las de Túnez, Egipto, Libia, Siria,
Yemen o Bahréin.
Las protestas de hoy tienen que ver, sin
dudas, con las promesas de ayer. En efecto, las democracias nacieron invocando
la utopía de la decisión y el control completos: todos resolviendo todo, todo
el tiempo. Tales promesas resultarían cruciales para dotar de legitimidad a las
nuevas organizaciones políticas, pero en sustancia mostrarían una vida efímera:
algunos tomarían prontamente el control sobre los asuntos de todos. Por ello es
que el cansancio democrático actual no debe verse como una muestra del fracaso
del sistema representativo, sino de su éxito. El sistema institucional nunca se
propuso asegurar el “gobierno del pueblo por el pueblo”, sino contener sus
peores riesgos: la amenaza que el poder de las mayorías imponía sobre el
desigual orden establecido. Las instituciones representativas se orientaron
entonces a separar, antes que a vincular, a los representantes con el pueblo. De
allí que se optara por un sistema político basado en “controles internos” (de
una rama del poder sobre las otras) más que “externos” (del pueblo sobre los representantes).
De allí, también, que se evitaran o desmontaran casi la totalidad de los
puentes existentes entre gobernantes y gobernados (cabildos locales; mandatos
imperativos; revocatoria de cargos; etc.) y el vínculo entre ambos quedara
reducido al del voto periódico: una sola oportunidad para expresarse, cada
varios años, sobre todos los asuntos. De este modo, la ciudadanía quedaba sometida
al chantaje que hoy vive: el pueblo no puede decir siquiera “esto sí, pero no
aquello.” No hay matices posibles: puede votar sólo por sí o por no, pero se le
exige racionalidad reflexiva y capacidad discriminatoria.
Los problemas de este estado de cosas son
numerosos, y ayudan a explicar los desencantos y hastíos propios del presente. Hacia
el pasado: representantes que, sin la mínima preocupación por los contenidos
del voto, se arrogan un respaldo completo hacia lo ya hecho. Hacia el futuro: representantes
que, sin tomar en cuenta los matices y reservas que conlleva cada voto, asumen
los votos propios como aval completo para lo que gusten imponernos.
En nuestro país, los años de kirchnerismo
han reproducido en buena medida los males democráticos propios de época, que
(es importante insistir sobre ello) lo trascienden como fenómeno político. De
todos modos, hay al menos tres elementos que el kirchnerismo “agregó” a la
generalizada debacle democrática, agravándola.
El primer elemento negativo adicionado
por el kirchnerismo tiene que ver con su sistemática destrucción de los
organismos de “control interno.” En efecto, una mayoría de países “compensan”
la crisis democrática que padecen (alimentada por la falta de controles
populares o “externos”), a partir de la adopción de fuertes sistemas de “control
interno”. Contra ellos, el kirchnerismo ha logrado, de un modo único en
democracia, el desmantelamiento o bloqueo de la totalidad de los órganos de “control
interno” existentes (desde la Inspección General de Justicia a la Fiscalía de
Investigaciones o la Oficina Anticorrupción). A ello ha sumado uno de los datos
más significativos del período, esto es, el monitoreo de la Justicia desde los
servicios de inteligencia del Estado (SI) –un hecho aberrante que la política
dominante ya toma como natural. La “guerra” que hoy se percibe entre ciertos
sectores de la justicia y el gobierno debe verse –al menos en buena medida-
como producto de ese desguazamiento de los “controles internos”, que ha
impedido el diálogo y la mutua ayuda entre los poderes: en la actualidad, cada
sector intuye que está peleando por no morir, y actúa en consecuencia.
En segundo lugar, algunos países
“compensan” el poder discrecional que ha ganado para sí el poder político –que
quita sentido a la democracia- con un poder económico distribuido más
igualitariamente. El kirchnerismo, en cambio, ayudó a concentrar y
extranjerizar la economía y –lo que es más importante- tejió fuertes redes de
negocios con los operadores más poderosos del área (minería, petróleo, gas). De
este modo, la desigualdad política resultó funcional a la desigualdad económica
existente. Otra vez, sin embargo, este proceso de cambio acelerado por el kirchnerismo
no le resultó por completo favorable, por lo que el gobierno, a su pesar, sólo
consiguió ventajosos negocios con una significativa pero no completa sección de
los grupos económicos dominantes. Nuevamente, esta “victoria incompleta” explica
algunas de las tensiones económicas reinantes, y el hecho –paradójico para
algunos- de un kirchnerismo enfrentado a la vez que cómplice del poder
económico concentrado.
En tercer lugar, el kirchnerismo operó
como pocos otros sobre el “aparato ideológico” de la democracia (por ejemplo, a
través de la persecución política y el control económico sobre los medios de
comunicación), llenando la escena pública de voces tiernamente complacientes
hacia el gobierno. De todas formas, por tercera vez, el control oficial de este
terreno no fue completo, lo cual redundó en la actual polarización de la escena
comunicacional: vivimos hoy, entonces, entre angelicales loas y temerarios
ataques contra el gobierno.
En definitiva, la debacle democrática que
es propia de la época aparece agravada en nuestro país, por los modos en que el
kirchnerismo quebrantó tres remedios capaces de moderarla: la presencia de
órganos de control independientes; una economía más igualitaria; y una
comunicación no concentrada ni sometida al dinero.
La descripción anterior, sin embargo,
contrasta notablemente con la pintura que suele presentar el oficialismo sobre
este tiempo: el gobierno no habla de un “ocaso” sino, por el contrario, de un
“reverdecer” democrático que habría tenido lugar con la llegada del
kirchnerismo. Más allá de la exactitud o no de la afirmación (el “renacer” de
la política, en todo caso, parece más vinculado con el estallido del 2001), cabría
responder a la misma de al menos dos maneras. Ante todo, es muy posible que muchos
jóvenes se hayan vuelto a entusiasmar con la política democrática, viendo el
modo en que el (primer) kirchnerismo “combatía” contra sectores de enorme
capacidad extorsiva (una justicia conservadora; grupos económicos dispuestos a
todo en defensa de sus intereses; medios de comunicación orientados sólo a la
ganancia). Sin embargo, el relato anterior merece, al menos, dos correcciones. El
primer problema es que dicho relato niega, oculta o deja de lado el modo en que
aquellos “combates” se orientaron primariamente a la creación de males de signo
opuesto: una justicia adicta; un nuevo polo de poder económico, tan ineficiente
y corrupto como los existentes; y medios de comunicación impúdicamente
alineados con el gobierno. En segundo lugar, y lo que es más importante, ese “renacimiento”
de la política habría quedado otra vez hundido dentro de la lógica definitoria de
este tiempo: proclamación de derechos (“más participación”, “más derechos
sociales”), sin la consecuente transferencia de poder institucional, necesaria
para garantizar la vida y estabilidad de tales derechos. Lo dicho encuentra
expresiones particularmente dolorosas (por caso, la Ley Antiterrorista es ley,
pero no la Asignación Universal). Pero el punto es más amplio: el hecho es que la
movilización política no ha sido acompañada de mayor poder decisorio en manos
del pueblo; ni de mayor control popular sobre los agentes de gobierno; ni de cambios
destinados a atender y respetar la voluntad democrática invocada (i.e.,
consultas obligatorias a las poblaciones locales, frente a la explotación
minera). Hemos perdido tanto democracia política como económica.
7 ene 2015
Contra esto hacemos derecho
Supongo que uno hace derecho porque lo sublevan artículos como éste (acá). Porque quiere que el derecho no sirva para esto nunca más. Porque está hastiado de que el derecho se use para mentir y defender al poder de turno, dando justificaciones aparentemente técnicas al puro abuso.
Artículos que trampean el derecho para hacerle hablar lo que niega; que buscan justificar lo imposible, en contra de la razón, la justicia, el sentido común, la dignidad. Todo lo que dice el artículo me genera una pena descomunal, viniendo de quien viene, y dirigido a donde está dirigido: todo está mal.
Alegar que se trata de interpretar el art. 120 CN de buena fe¡¡ (el art. dice que el Ministerio Público tiene por función promover la actuación de la justicia en defensa de la legalidad de los intereses generales de la sociedad ), y decir que lo que se busca es impedir la denegación de justicia, cuando la única motivación de los nombramientos es impedir la actuación de la justicia en los casos de corrupción que arrasan al gobierno. La mala fe absoluta¡¡
Querer bloquear la opinión de los fiscales críticos diciendo que ellos también deben estar mal nombrados y entonces que se queden calladitos (el argumento mafioso del tipo "todos estamos sucios: no hablen").
Sugerir que los nombramientos interinos están "acotados al lapso que demande el respectivo concurso," cuando el gobierno viene especializándose en frenar los concursos que ve adversos, y manipular los restantes.
Ocultar la barbarie de que en muchos casos se trata de fiscales que obtuvieron sus cargos en otras jurisdicciones (Formosa, Santiago del Estero, Posadas, Corrientes, La Pampa); que recibieron el acuerdo del Senado -como representante de los intereses de las Provincias- para ejercer sus cargos en lugares específicos, y que son trasladados en masa a la ciudad de Buenos Aires u otros lugares, para cumplir un rol y una función diferentes a aquella para la cual fueron habilitados constitucionalmente. (Sostener entonces que las personas reúnen los "requisitos constitucionales y legales"¡¡).
Hablar de que todo esto está motivado por el "cambio copernicano" del cambio de Código -en lugar de decir lo contrario: que por la dimensión del cambio, se requiere el máximo cuidado y la formación más precisa y ajustada, y no estos movimientos a las apuradas.
Proponer que todo es "asunto interno" del Ministerio Público, como si no se tratara, sobre todo, del interés colectivo.
Por la indignación que provoca: contra esto hacemos derecho.
Reforma penal "en tiempos de una marcada ilegalidad de la vida pública"
Leo un pequeño y necesario libro de Daniel Pastor, "Independencia judicial y reforma del sistema penal. En tiempos de una marcada ilegalidad de la vida pública." Dice don Daniel:
"Estos tiempos cultural y políticamente oscuros, en los que el poder es ejercido por sus mediocres detentadores con un sentido falsificador de la realidad, sin ideales para que las fallas históricas del sistema penal permitan que se propague la confusión general y se considere válida la instrumentalización del aparato represivo estatal. Bajo el manto de que el poder judicial es también un departamento político del Estado se lo inclina abiertamente para acosar a los disidentes y proteger a los partidarios." "Se justifica hoy, en regiones jurídicamente atrasadas, el contragolpe por medio de un sistema represivo, cuya arbitrariedad es convenientemente mantenida, dirigido ahora a perseguir abusivamente, en general, a quienes antes solían conservarse inmunes, aunque sean inocentes, y en particular a agobiar a enemigos políticos del gobierno de turno. La misma configuración es utilizada para no investigar los delitos del partido gobernante, pues todo es reducido, cantar de gesta mediante, a una lucha ideológica entre buenos y malos. Esta ideología maniquea de lo penal fue y es la que inspira las cruzadas punitivas del pasado y del presente contra los enemigos, reales o supuestos, del poder. Si se atiende a la advertencia de Ferrajoli se entenderá, en cambio, que el sistema penal de un Estado constitucional de derecho no distingue entre amigos y enemigos, sino entre culpables e inocentes, que se diferencian entre sí solo porque unos han delinquido, y ello se ha comprobado, y los otros no."
Y también: "la reforma penal debe, ante todo, asegurar un mayor cumplimiento de las reglas de juego de la democracia constitucional (para asegurar) la investigación y el juzgamiento responsable y válido de los delitos gubernamentales, especialmente en contextos de macro-corrupción cuyo carácter abierto simplifica la labor en sí misma y cuyos perjuicios, que van más allá del daño patrimonial de cada caso concreto, hacen de su superación judicial una tarea indispensable como contribución propia de la judicatura"
4 ene 2015
2. Lo que nos dicen
Pensando en los modos en que, desde las usinas gubernamentales o sus dependencias externas se sigue justificando al gobierno, reconozco tres falacias argumentales especialmente utilizadas en esta época: el argumento de la minimización; el argumento de la complejización; y el argumento de la generalización.
1) El argumento de la minimización implica, simplemente, disolver una crítica tomándola por su costado más flaco o vulnerable, y ocultando al mismo tiempo lo que tiene de más grave. El interés de este argumento es que parece "hacerse cargo" de las críticas ajenas, cuando en realidad trabaja para difuminarlas. Un buen ejemplo de esto aparece, por caso, en esta entrevista a Zaffaroni, de ayer (acá). Dice ERZ sobre las causas penales que rodean al vicepresidente:
"Hay causas que parecen bastante groseras. Tener procesado al vicepresidente de la República por un formulario 08 falso de hace veinte años de un auto que se transfirió, que no damnificó a nadie, me parece que es un poco exagerado. Otras causas mucho no conozco."
La operación en el caso de la presentación de ERZ es, conforme a lo anticipado, doble: por un lado, el problema menos interesante que tiene el vice con la justicia es el de la transferencia falsa de su auto, que sólo actúa como ilustración de un modo de conducta criminal, extendido a lo largo de todos sus actos, en un período muy extenso de actividad privada/pública (el argumento pretende ocultar, de este modo, lo gravísimo a través de lo menos grave, como decir "Tener procesado a Al Capone por no pagar sus impuestos me parece que es un poco exagerado"). Y ahí viene la segunda parte: frente a los grandes crímenes de Al Capone o el vice (robarse la máquina de imprimir billetes), la respuesta es, a renglón seguido: "otras causas mucho no conozco." Cómo? Conocemos el 08, pero no conocemos Ciccone? Nos interesaba, entonces, de algún modo genuino, pensar el tema, o simplemente nos interesaba encubrirlo?
2. El argumento de la complejización es de uso permanente y persistente en esta época (sirve, por caso, contra los contra-argumentos del post anterior: "la situación argentina no puede compararse con la de Uruguay. Es más complejo". "Que el Frente Amplio no haya robado en diez años no tiene nada que ver, las situaciones son muy distintas, la Argentina es un país mucho más complejo"). Lo que tiene de atractivo este argumento es que ayuda a presentar a quien lo introduce como una persona reflexiva, sobre todo más reflexiva que uno, que queda automáticamente como alguien incapaz de reconocer las profundidades de la realidad. El punto es que siempre, todo es "más complejo" (siempre hay estructuras económicas, sistemas nerviosos, circuitos químicos que permiten complejizar cualquier explicación) por lo cual el argumento es tan cierto como inútil, si no se lo precisa.
Un buen ejemplo de la mala utilización de este argumento consiste en "subir el nivel de complejidad, como forma de defensa a los propios- simplificar al extremo como forma de ataque a los otros." En la sección editorial de Página de hoy se encuentra, por caso, este impresionante párrafo:
"El foco en “la corrupción” y en las críticas ad hominem huye de toda comprensión estructural mientras propone demoler mucho de lo construido en estos años. La ya clásica frase del jefe de Gobierno Mauricio Macri, “terminar con el curro de los derechos humanos”, es una muestra acabada de esa matriz de pensamiento...La intención fundante es bien otra: dar la vuelta la página, arrojar al niño. Volver atrás a esa república perdida que nunca existió y que, por ese motivo entre muchos otros, es imposible de recuperar."
Es decir: "Corrupción al interior del gobierno? Ah, no: complejicemos, veamos los datos estructurales¡" Ok, pero qué pasa con la oposición? "Ah, no: la oposición hace denuncias porque lo quiere es...arrojar al niño, terminar con la política de derechos humanos." Resulta notable como se puede construir un argumento con este nivel de contradicción interna en 5 renglones. Nada de complejizar a la oposición (que incluye a partidos múltiples y dirigentes dignos); ni complejizar lo que dice la oposición sobre derechos humanos, que trasciende larguísimamente la idea de "todo es un curro" (como bien lo advirtiera hace un par de domingos Horacio V). La complejización sirve aquí, exclusivamente, para salir por arriba del laberinto de la corrupción gubernamental.
3. Pero sin dudas, la perla de la época está en un argumento tramposo -el más utilizado por los defensores del kirchnerismo- cual es el argumento de la generalización. Se trata de un argumento muy útil porque pretende mostrar la buena conciencia -y sobre todo, la conciencia crítica- de quien lo expone, cuando en realidad sólo sirve para engañar al otro (y o a uno mismo). Lo llamaría en verdad "el argumento para Hitler," porque, bajo la misma estructura, serviría para justificar cualquier barbaridad cometida por el peor dictador. Ejemplos que se encuentran todos los días en el discurso oficial, en los artículos de Aliverti, o en boca de los funcionarios más jóvenes de la Procuración o el Ministerio de Seguridad:
"Claro que se han tomado algunas medidas antipáticas, pero..."
"El gobierno no es perfecto, pero..."
"Se han cometido errores, pero..."
"Se han cometido errores, pero..."
"No hemos hecho todo bien, pero los que nos critican lo harían aún peor"
"Por supuesto que hay cosas que corregir, pero..."
Es decir, se sube la crítica hasta el infinito de la abstracción, para eliminarla, y luego se baja rápidamente a la realidad concreta, para elogiar al gobierno de turno.
Lo mismo podría haberse hecho en relación Hitler (y reproduzco la estructura del argumento sin cambiar una coma): "claro que ha tomado medidas antipáticas, pero (fue mucho más que matar sus errores)"; "(su) gobierno no fue perfecto, pero (la situación económica mejoró bastante)"; "por supuesto que había cosas que corregir, pero (se salió de una crisis de gobernabilidad gravísima)" (Adviértase que lo que digo no tiene nada que ver con la idea "kirchnerismo = Hitler; lo que digo es que la forma en que argumentan muchos oficialistas es tan absurda que serviría para defender a cualquier dictador, sin cambiar una coma de la estructura argumentativa que emplean).
1. El quiebre moral: lo que se dicen
I. El oficialismo vive una larga etapa de quiebre moral: son demasiadas las injusticias cometidas, y se hace cada vez más difícil explicar cómo es que uno sigue comprometido con el esquema que las hace posible (enumero algunas: concentrar la comunicación cuando anunciaban democratizar la palabra; servilizar la justicia, cuando proclamaban su democratización; entregar los recursos naturales a empresas extranjeras y a precio vil, cuando hablaban de recuperar para el país el petróleo y la energía; ampliar la frontera sojera desplazando a poblaciones campesinas, cuando armaron su discurso contra la "patria sojera"; dejar la seguridad en manos de la extrema derecha, cuando se proclamaron garantistas; normalizar el control de los tribunales desde los Servicios de Inteligencia, cuando hablaban de terminar con las cloacas del poder. La corrupción en la forma de lavado de dinero no sólo "manchó al poder," sino que, simplemente, explica buena parte de las decisiones tomadas desde la llegada al poder de NK).
II. Me pregunto cómo tramitan este largo pasaje los principales actores del poder político oficial. Uno de los legados más tristes que nos dejaron la dictadura, el menemismo, el delarruismo y ahora el kirchnerismo es la comprobación de que existe en nuestro país un numerosísimo elenco de personas dispuesto a "aprovechar el momento", aún pagando costos reputacionales muy altos, con el fin de "salvarse", o posicionarse mejor en la estructura del poder (cierro la causa de enriquecimiento ilícito contra los Kirchner; archivo la causa en la que se investiga a Milani por la desaparición del soldado Ledo; legitimo a Berni y las políticas contra las que me pronuncié toda la vida...mientras me quedo con un sueldazo, o me gano un ascenso, y después vemos). No son éstos -los casos de los que han vendido su alma- los que más me preocupan: éstos son irrecuperables, y no tenía sentido nunca apostar por ellos (Tampoco me interesan casos como el de la Procuradora General, y de muchos de quienes trabajan con ella -fanáticos que han convertido a la Procuración, en lo que los toca, en una maquinaria al servicio del encubrimiento de crímenes hechos desde el poder. Tampoco pienso en el sabatellismo en el AFSCA, el ejemplo contemporáneo más vergonzoso de quiebre moral -nunca olvidaremos, por lo demás, el rol de Sabatella en la defensa de la Ley Antiterrorista).
III. Me interesan más los otros casos. Me pregunto qué se dicen a sí mismos para justificar lo injustificable o tolerar lo intolerable, los que guardan alguna reserva moral; los que tienen dudas sobre lo que hacen o lo que ven que ocurre a su alrededor (un vicepresidente involucrado en la compra fraudulenta de la imprenta de la moneda nacional; la familia presidencial comprometida directamente en operaciones de lavado de dinero).
IV. Me pregunto:
1) Creerá alguno de ellos, genuinamente, que lo peor de lo hecho (pongamos, nombrar y o tolerar a un jefe del ejército responsable de violaciones de derechos humanos), era necesario para asegurar lo positivo (AUH, matrimonio igualitario)?
2) Creerá alguno que se trataba del costo a pagar para lograrlo (dado, por ejemplo, el tipo de presiones internacionales que se reciben)?
3) Creerá alguno que la aceptación de lo inaceptable era requisito indispensable impedir la llegada de la oposición al poder, porque la llegada de la oposición al gobierno implicaría automáticamente el fin de las principales políticas apoyadas (la AUH o la continuidad de los juicios contra los represores)?
4) Se dirán a sí mismos la mayoría de ellos que cualquier concesión a cualquier crítica serviría directamente a la llegada de la oposición al gobierno e implicaría automáticamente el fin de las principales políticas apoyadas (la AUH o la continuidad de los juicios contra los represores)?
5) Pensarán que el único o principal poder realmente temible o peligroso es el poder económico concentrado?
1) Creerá alguno de ellos, genuinamente, que lo peor de lo hecho (pongamos, nombrar y o tolerar a un jefe del ejército responsable de violaciones de derechos humanos), era necesario para asegurar lo positivo (AUH, matrimonio igualitario)?
2) Creerá alguno que se trataba del costo a pagar para lograrlo (dado, por ejemplo, el tipo de presiones internacionales que se reciben)?
3) Creerá alguno que la aceptación de lo inaceptable era requisito indispensable impedir la llegada de la oposición al poder, porque la llegada de la oposición al gobierno implicaría automáticamente el fin de las principales políticas apoyadas (la AUH o la continuidad de los juicios contra los represores)?
4) Se dirán a sí mismos la mayoría de ellos que cualquier concesión a cualquier crítica serviría directamente a la llegada de la oposición al gobierno e implicaría automáticamente el fin de las principales políticas apoyadas (la AUH o la continuidad de los juicios contra los represores)?
5) Pensarán que el único o principal poder realmente temible o peligroso es el poder económico concentrado?
IV. Ellos deben saber que toooodos los argumentos anteriores, y similares, son insostenibles (como lo ayuda a probar la historia nacional y regional):
1) Es claro que ninguna de las medidas más "derechistas" del gobierno (proteger a Milani o a Berni, usar los servicios de inteligencia para presionar a la justicia) resulta necesaria para garantizar políticas igualitarias (la AUH, el matrimonio igualitario, o políticas afines); ni es condición indispensable para su mantenimiento (ni Milani ni Berni estaban en el poder cuando llegó la AUH, y todos recibieron igualmente bien a la medida: quien decidió no convertirla en ley fue el gobierno, el mismo que encumbró bastante después a Milani o Berni).
2) Las políticas de "ampliación de derechos" se ponen muchísimo más en riesgo cuando el gobierno se empieza a rodear de Milani, Berni o los servicios de inteligencia (que arrasarán con la vida privada de aquel a quien investiguen, o impulsarán las políticas de seguridad que odiábamos), que cuando se los critica (Ver 3, 4 y 5)
3) Presidentes latinoamericanos "anti-neoliberales", no necesitaron propiciar o tolerar ningún caso de corrupción, para mantenerse en el poder (compárese con una década de gobiernos del Frente Amplio en Uruguay: pueden defenderse y ampliarse derechos perfectamente, sin incurrir en ningún acto de corrupción).
4) Un presidente puede despedir sistemáticamente a los corruptos del poder, e incrementar -por eso mismo- su popularidad (Dilma en sus comienzos)
5) El poder internacional puede convivir perfectamente con gobiernos que no aplican políticas neo-liberales (Mujica, Lula)
6) No es cierto que, a esta altura de nuestra democracia, criticar a un gobierno implique poner en riesgo a la misma, o a políticas socialmente respaldadas. (Marchar y ser implacables contra el punto final o la obediencia debida de Alfonsín no implicó -como ahí sí pudo esperarse- poner en riesgo la democracia, o propiciar un golpe, sino que ayudó a la consolidación de la democracia y de las mejores políticas del gobierno alfonsinista).
7) Pensar que, una vez llegada al poder, la oposición va a desarticular la AUH o los juicios de derechos humanos es no entender la historia argentina. Por un lado, ni el indulto de Menem pudo frenar la resurrección y continuidad de los juicios, porque se trata de una causa colectiva que trasciende la voluntad discrecional de cualquiera. Por otro lado, ningún gobernante pagaría el costo de desarmar una política socialmente respaldada como la AUH (Debieran preguntarse sus defensores por qué es ley la Ley Antiterrorista y no la AUH).
8) Bancar a Milani, a Berni o a Boudou, es consolidar la derecha de adentro, mucho más que "hacerle el juego" a la derecha que está afuera (la derecha vernácula criticará al gobierno cualquiera sea loque haga o deje de hacer el gobierno, o digan sus defensores).
9) Es una ingenuidad enorme pensar que el poder político concentrado es necesario para atacar al poder económico concentrado. Simplemente, es esperable que ocurra lo que de hecho ocurrió: el poder político concentrado tiende a expandir su poder, típicamente, construyendo su propio polo de poder económico, pactando con parte del poder económico concentrado existente, y preservando riesgos iguales o superiores a los anteriores, con los resultados conocidos: la comunicación sigue en manos de pocos; el petróleo se entregó a precio vil; la minería está en manos extranjeras.
1 ene 2015
Dyzenhaus: dos caminos de la izquierda del derecho
David Dyzenhaus es, tal vez, el mejor comparativista, y una de las personas que más ha estudiado y mejor entiende el derecho constitucional de esta época. Como pocos otros, muestra un excepcional conocimiento de las discusiones constitucionales que se han dado en las últimas décadas, en el contexto americano, europeo o sudafricano; y para colmo, desde una perspectiva de izquierda (la Argentina tiene, exiliada en Francia, a una promesa poco conocida acá, y de similares características: Carlos M. Herrera).
Describiendo la discusión constitucional inglesa (con criterios que son extensibles claramente a otras latitudes), DD destaca dos caminos principales que estaría transitando la izquierda, frente a la crisis de los órganos legislativos. "El primer camino" -señala- "implica un retorno a una concepción Benthamiana de la democracia, en un intento de re-vigorizar a la política parlamentaria." En este campo estarían Tom Campbell, Jeffrey Goldsworthy y Jeremy Waldron, entre otros. Habría aquí una cierta defensa del mayoritarismo; acompañada de una crítica general a las ideas de constitucionalismo y derechos; y una general desconfianza hacia los órganos judiciales. (Con esta línea, en lo personal, me llevo bien, a pesar de las críticas que le haría).
El segundo camino estaría marcado por una postura que aboga por "el retorno de la política" pero que "no ofrece un entendimiento normativo de la política, más allá de un rechazo a los entendimiento y marcos propios del liberalismo." Y concluye: "Este camino es, como dijera Leo Strauss sobre la celebración de 'lo político' por Schmitt, poco más que liberalismo 'con un signo menos delante'". Hablamos aquí de rechazo a la teoría; de ridiculización de la deliberación; de desprecio por el consenso y por los procedimientos institucionales en general; de sometimiento al decisionismo presidencial. Como diría Juan Manuel: "entre esos tipos y yo hay algo personal."
30 dic 2014
(No) renunciar/ Los que se quedaron
Hace unos días, un ex empleado de Alfonsín, Menem y Kirchner (o sea), renunció a la presidencia del Instituto revisionista Manuel Dorrego, en razón del nivel de miserias y mezquindades que encontraba en su interior (al interior del Instituto, no de sí mismo). Dos comentarios sobre la renuncia. El primero se relaciona con un Instituto que nunca debió haber existido, y en relación con el cual sólo quiero reproducir la crítica que H.Tarcus, desde el notable CEDINCI (Centro de Documentación e Investigación sobre la Cultura de Izquierdas) hiciera al respecto (la crítica completa, acá).
tanto la pobreza teórica como los riesgos de la trasnochada y demagógica apuesta revisionista-estatal ya (han) sido señalados. Lo que en aquel momento nos faltó decir más enfáticamente...es que la creación del Instituto Dorrego no es ajena a una dimensión muy poca honrosa y noble de la política, que ha irrumpido en escena con hiriente notoriedad en estos días: la del reparto de cargos, la del acomodamiento de tropa, la de creación de fortines y quioscos que comprometan lealtades y sellen lazos vasalláticos...
No se trata de hacer leña del árbol caído; al igual que hace tres años, nos resulta mucho más interesante confrontar ideas, fundamentos, estrategias de investigación y trabajo; en fin, aportes al estudio, al conocimiento y al debate público sobre el pasado. Pero he ahí justamente el problema más grave. El Instituto Dorrego, que cuenta con un presupuesto de $15.000.000 para el 2015, tiene muy poco para exhibir del trabajo realizado en estos tres años. ¿Cuál es el patrimonio adquirido, o recibido y puesto a la consulta a lo largo de tres años de generoso presupuesto? Silencio...Mientras viejos caciques y ambiciosos advenedizos, lejos de las luchas y los sentidos populares que dicen representar, se reacomodan con vistas al 2015, una institución como el CeDInCI, invisible para el poder, sin campañas grandilocuentes y con un presupuesto quince veces menor que el Dorrego, lleva a cabo una misión de recuperación patrimonial que en rigor de verdad correspondería al Estado.
El segundo comentario tiene que ver con el dolor que me provocan los cargos buscados y las renuncias que no se han producido en estos años, a pesar de que todos sabían -como todos desde afuera sabemos- de las miserias, mezquindades y delitos que se producen en el núcleo duro del poder de hoy: hubo que encubrir a Milani, porque es violador de derechos humanos, pero de los nuestros; silenciar el escándalo del pacto YPF-Chevrón, porque la empresa debe seguir siendo estatal (o privada?); amparar la muerte de campesinos e indígenas, porque se da en el marco de una política progresista; tragarse el sapo del fracking y la minería a cielo abierto, porque el desarrollo lo vale; aguantar la falsificación de datos, porque no hay datos objetivos; esconder información de los crímenes de Sueños Compartidos o del lavado de dinero presidencial, porque sino los criminales y violadores de derechos podrían llegar al poder...
Me pregunto: están cambiando el mundo desde adentro, o mejorando la propia posición mientras vamos viendo? Entiendo que para muchos está en juego un cargo que permite alimentar a la familia, pagar las deudas, darle buena educación a los hijos. No soy nadie para condenarlos siquiera moralmente. Pero digo nomás que estoy seguro de que los propios hijos los mirarían con orgullo si supieran que dejaron sus cargos, renunciando a un buen sueldo, porque no son la clase de gente que puede aguantar el nivel de tropelías que encontraron en su entorno. Buen año para todos¡
Me pregunto: están cambiando el mundo desde adentro, o mejorando la propia posición mientras vamos viendo? Entiendo que para muchos está en juego un cargo que permite alimentar a la familia, pagar las deudas, darle buena educación a los hijos. No soy nadie para condenarlos siquiera moralmente. Pero digo nomás que estoy seguro de que los propios hijos los mirarían con orgullo si supieran que dejaron sus cargos, renunciando a un buen sueldo, porque no son la clase de gente que puede aguantar el nivel de tropelías que encontraron en su entorno. Buen año para todos¡
Convocatoria de trabajos: Derecho y crítica social
Acá
La revista Derecho y Crítica Social (DCS) surge con el objeto de crear una plataforma para el examen crítico de lo jurídico desde las más diversas perspectivas disciplinarias. DCS es una revista académica internacional y multidisciplinaria que se publica en formato electrónico y se sujeta a una estricta política de arbitraje de pares. DCS publicará artículos originales que sean el resultado de investigaciones originales, así como traducciones al castellano de artículos relevantes previamente publicados en otros idiomas. Sin embargo, también persigue el objetivo que los trabajos publicados en ella logren producir una reflexión más allá de lo académico sobre los problemas sociales que afectan Latinoamérica. En particular, DCS está interesada en identificar el rol que cabe al derecho como causa, condición o posible solución de dichos problemas.
Su comité editorial invita a la presentación de manuscritos para su publicación en el primer número de la revista que se publicará durante el año 2015. Son bienvenidas contribuciones de académicos y académicas con afiliación institucional e independiente, así como de estudiantes universitarios. La convocatoria para publicar en DCS es permanente y los manuscritos pueden ser enviados en cualquier fecha. Ello, sin embargo, no garantiza su publicación en el número siguiente a la fecha de aceptación. A modo de sugerencia, se recomienda enviar contribuciones hasta el 30 de mayo para su inclusión en el primer número del año en curso y el 30 de octubre para su inclusión en el segundo número.
Más información sobre la revista, su equipo editorial, el proceso de revisión y publicación de artículos y el detalle de las instrucciones para la preparación de manuscritos pueden encontrarse en su dirección electrónica:
24 dic 2014
Salzanitos
Ups, falleció, a sus jóvenes 73, el gran Daniel Salzano, milagro cultural en Córdoba; fundador del Cine Club Ángel Azul; y director del Cine Club Municipal Hugo del Carril. Homenajeado en el bonito tema de J.C.Baglietto, Salzanitos, acá.
23 dic 2014
El dueño de las sombras

Viendo un documental de Alexander Sokurov sobre Andrei Tarkovski, veo que el director de fotografía de la tremenda "Sacrificio" fue, otra vez, Sven Nykvist, el dueño de la luz y las sombras. Nykvist se hizo famoso, sobre todo, por su larga colaboración con Ingmar Bergman (foto acá a la izquierda): desde "Noche de circo" en 1953, a la increíble "Fanny y Alexander" en 1982. Con Bergman honró del mejor modo, desde el cine, la tradición nord-europea del retrato intimista, la pintura de interiores, la maestría en el manejo de la luz. Fue tal su éxito que el propio Woody Allen lo convocaría de inmediato cuando decidió volcarse al cine más íntimo ("Otra mujer", "Crímenes y pecados." En el cine, han pasado los años, pero nadie lo ha hecho como él. Maestro, titiritero de las sombras, mago de la luz¡
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