23 nov. 2015

La Nación

Obviamente, enfàticamente, repudiamos el editorial de hoy de La Naciòn, en materia de derechos humanos, apenas electo el nuevo gobierno.

http://www.diarioregistrado.com/politica/135029-periodistas-de-la-nacion-repudian-el-editorial-que-reivindica-a-los-genocidas.html

25 comentarios:

Anónimo dijo...

Leyendolo desapasionadamente el editorial en general no expone explicitamente nada falso en mi opinion, sin contar los detalles de procesos en curso que desconozco. Si es muy desacertada la fecha de publicacion y su tono imperativo. Finalmente si es ambigua (y puede interpretarse con menor o mayor mala intencion) el ultimo parrafo "no agotar la búsqueda de todos los medios necesarios para que se cumpla la imploración del papa Francisco de que todas las herramientas de la ley se activen "para evitar cualquier tipo de venganza y curar las heridas", aunque "sin dejar de mirar las cicatrices". Al tipico recurso de mezclar actitudes de perdon religioso que no se deben dar mas que en el ambito de la consciencia personal mas que institucional, no queda claro si el "evitar venganza" se refiere a la "cancelacion de los juicios" o al objetivo menos polemico de igualdad ante la ley en lo referente a prisiones domiciliarias. Si estoy de acuerdo, que falta un debate serio (y con cierta autocriticas) sobre el rol de la guerrilla en la democracia y su responsabilidades como causa del golpe de estado.
Jorge

Anónimo dijo...

para qué discutir, no dice lo que creen que dicen. pero bueno, lean bien la editorial! http://www.lanacion.com.ar/1847930-no-mas-venganza

Anónimo dijo...

No logro entender este entuerto, ni tampoco porque "obviamente" estás en contra del editorial. Lo que se dice allí, en síntesis, es que en determinados aspectos de los juicios de lesa humanidad hay una mirada demasiado sesgada. Una es en lo referente al manejo a la prisión domiciliaria. La otra es la relativa a la responsabilidad de determinados jueces en los crímenes. Ambas cuestiones son atendibles y analizables, sin poner el grito en el cielo ni hacer la lectura fácil de que hay que volver atrás con todo el proceso. No eso, claramente, lo que el editorial está diciendo pero, evidentemente, paga mucho más una lectura facilista y demonizadora.
Vico

Anónimo dijo...

Repudio absoluto a la editorial de LN. Ahora y más allá de eso, la situación revela algo interesante. No era que los medios "hegemónicos" bajaban línea interna y todos se disciplinaban sin chistar a los dictados de las cúpulas? No era que Magnetto y Bartolomé Mitre pasaban un parte diario y todos sus "escribas" debían subordinarse a pie juntillas? Bueno, esto demuestra que no. Que eso pasaba exclusivamente en los medios oficialistas. Está visto que aun en los medios "hegemónicos" comandados por Lucifer Magnetto y por Skeletor Mitre, las disidencias internas se pueden expresar.
Algunos kirchneristas se habrán percatado de que este episodio visibiliza como ningún otro su propia mentira?

Rodrigo Manuel Herrero Rosas dijo...

Anónimo, el papel de los medios hegemónicos ha sido más que criticable. Ejemplo reciente en TN: "Conferencia por el 'trapito" baleado". No es un "trapito": se llama Lucas Cabello,es un ser humano y lo baleó la metropolitana. O la manera en que han cubierto el caso Angeles Rawson: instalaron que el padrastro y el hermanastro eran culpables del crimen. Clarín llegó a participar activamente en el juicio aportando testigos falsos para incriminar al padrastro. Hasta intentaron vincular al gobierno, de modo indirecto. En fin, mejor no sigo porque podría estar horas.

Respecto de "terrorismo", comparto esto que escribió Pilar Calveiro: "Los movimientos armados de los años setenta no fueron terroristas; guerrilla urbana y terrorismo no son sinónimos. El terrorismo se caracteriza por tratar de generar terror social con el objeto de producir una parálisis tal que le permita imponer una determinada política. Para ello desata actos de violencia que debe ser indiscriminados, de manera que cualquiera pueda sentirse blanco de los mismos. El ataque a un enemigo militar es la figura de la guerra; el ataque a un enemigo de clase es la revolución, pero si ese “enemigo” es suficientemente difuso, la lucha en su contra puede alcanzar a cualquiera. Este es el instrumento privilegiado del terrorismo que, por lo mismo, se lanza de manera indiscriminada y hace blanco principalmente sobre población civil. Las organizaciones armadas argentinas no realizaron ataques de este tipo. Sus acciones se orientaban principalmente a obtener recursos económicos y militares, realizar propaganda armada mediante repartos de alimentos, medicinas y otros bienes, asesinar a miembros del aparato represivo, en particular involucrados en la represión y la tortura. Sobre todo en la primera época, previa a 1973, existía un especial cuidado en la planificación militar de las operaciones armadas, con el objeto de evitar cualquier daño sobre civiles. La colocación de explosivos, por lo regular, se realizaba con fines de propaganda y cuidando que no hubiera víctimas. Las formas de la violencia recrudecieron a partir del enfrentamiento con la AAA y, ciertamente, se hicieron más indiscriminadas, pero siempre sobre personal represivo, aunque de rango y responsabilidad menores. Hubo operativos que, siendo contra miembros de las Fuerzas Armadas involucrados en la represión, alcanzaron sin embargo a inocentes, como fue el caso de la hija del Almirante Lambruschini, pero existió sólo un par de operaciones militares –realizadas con posterioridad al golpe de 1976- que podrían considerarse francamente terroristas, ya que cobraron indiscriminadamente la vida de civiles. Creo que es importante hacer esta distinción porque considerar cualquier accionar armado como terrorista es una forma de desechar, sin más trámite, a la mayor parte de los procesos revolucionarios de la historia y a muchas de las formas de resistencia".

Rodrigo Manuel Herrero Rosas dijo...

Por otro lado, la "izquierda" ha hecho montones de críticas. Pedirle más "autocrítica" a ellos y no pedírsela a la derecha, que hizo poco o nada, es sesgado. Dice Calveiro:

7. La derrota de las organizaciones armadas fue política primero y militar después, no a la inversa. La base de la derrota política fue la incapacidad de convertir la construcción del socialismo en una opción para la sociedad -en el caso de las organizaciones trotskistas- o en una corriente dentro del peronismo, bajo la versión del socialismo nacional proclamado por Montoneros –en el caso de las organizaciones peronistas-. Esta derrota se inscribió en una derrota continental de todo proyecto alternativo, armado o no, forzada por la intervención norteamericana. Así se arrasó desde el socialismo pacífico de los chilenos a la revolución triunfante sandinista. Sin embargo este hecho no debe impedir que se analicen las ineptitudes propias de cada proceso nacional. En el caso de las organizaciones armadas argentinas existió una gran incapacidad para pensar políticamente y luchar en ese terreno, cuando las condiciones no sólo lo permitían sino que lo exigían, en el contexto del gobierno peronista, que contaba con el apoyo electoral de más de 60% de la ciudadanía. La simpleza del análisis, la ingenuidad en la valoración de la figura de Perón y el peronismo, el error de evaluación de la relación de fuerzas a nivel nacional y dentro del peronismo fueron algunos de los factores que llevaron a dilapidar un apoyo y un capital político nada despreciables. El aislamiento político de la guerrilla fue promovido por la acción violenta de los grupos paramilitares, pero había sido propiciado antes por la incapacidad política de las organizaciones para lidiar en las arenas movedizas del peronismo sorteando y frenando la violencia. Podría decirse que primero ocurrió el aislamiento político, a causa del deslizamiento del foco político al militar en la disputa por la relación de fuerzas dentro del movimiento peronista. Desde ahí lo que se observa es una falta de política, es decir una “falta política”, que se potenció con la escalada represiva y que tuvo una importancia clave en el proceso de aniquilamiento.
8. La causa de la derrota no fue vincular lo político con lo militar sino reducir lo político a lo militar. Las organizaciones armadas perdieron el eje político en su relación con la sociedad, en la lucha dentro del movimiento peronista y en el debate interno. No fueron capaces de hacer de la consigna “socialismo nacional” una propuesta concreta y viable. No supieron reconocer su debilidad dentro del peronismo, una vez pasado el periodo electoral, para buscar alianzas que les permitieran eludir la confrontación y la provocación de una derecha feroz, acostumbrada a la violencia y cercana a Perón, es decir, no supieron defender el lugar que habían ganado dentro del movimiento peronista. Tampoco fueron capaces de escuchar las voces de alerta desde dentro mismo de las organizaciones. Por el contrario, incrementaron su accionar militar –inaceptable en el contexto de un gobierno emanado de la voluntad popular- para tener presencia política, exaltaron su condición de grupo armado dentro de un movimiento de masas y disciplinaron el desacuerdo interno convirtiendo en enemigos a parte de sus propios compañeros, es decir, redujeron la política a su dimensión coercitiva, extraviándola.

Rodrigo Manuel Herrero Rosas dijo...

9. La militarización interna llevó a reproducir el autoritarismo que se pretendía combatir. El énfasis creciente en lo militar llevó de la noción de una fuerza político militar irregular a la idea de constituir un Ejército y un Partido, institucionales, jerárquicos, disciplinados, a imagen y semejanza del Estado, siempre el Estado. Se podría decir que ocurrió un deslizamiento de pelear contra el Estado a convertirse en un émulo del mismo para reemplazarlo. Aunque un émulo grotesco, dada la debilidad comparativa, predominaba una lógica estatal, impositiva, disciplinaria. Para colmo, las supuestas condiciones de guerra, declaradas tanto por la guerrilla como por las Fuerzas Armadas, fueron la justificación de la toma de decisiones verticales y la implantación de una conducción vitalicia -que sólo se relevaba por la muerte de sus miembros-, sin valoración alguna de los errores políticos constantes y sucesivos, que no han reconocido ni siquiera a la fecha. El énfasis en la lucha armada había enquistado en las conducciones a los que sobresalían por sus virtudes guerreras que, como se vio en la reflexión de Debray, se esperaba que desarrollaran virtudes políticas semejantes, pero esto no ocurrió. De manera que las limitaciones políticas de la mayor parte de los miembros de la conducción, su condición de vitalicia y el disciplinamiento de todo desacuerdo –que ciertamente existía- impidieron una selección más adecuada para el liderazgo de los tiempos difíciles. Cabe señalar que este proceso es similar al que se reporta en muchos otros grupos armados latinoamericanos, por lo que habría que revisar si la asociación entre lo militar y lo autoritario es o no indisoluble y bajo qué circunstancias.
10. En lugar de utilizar el recurso de las armas como instrumento para detener la violencia estatal, los grupos guerrilleros alimentaron la espiral de violencia hasta que ésta terminó por destruirlos. Pretender que la violencia es algo ajeno a la política parece ser una afirmación por lo menos discutible. No se trata de la bondad o maldad de la violencia sino de su presencia de hecho en las relaciones de poder y dominación. Sin embargo, hay distintos vínculos con ella. Una primera distinción que se podría hacer entre la violencia estatal y la que podríamos llamar resistente consiste en que la primera pretende mantener un monopolio de la fuerza para incrementar más y más su uso efectivo o potencial; por eso el Estado se arma y se informa de manera interminable. Por el contrario, la violencia resistente se usa para cortar el monopolio de la violencia como una forma de reducirlo pero no para apropiárselo sino para restringir toda violencia, para abrir las otras vías de la política, como el discurso y la comunicación. En la violencia resistente hay un “forzaje”, pero es un “forzaje” para abrir el diálogo y el acuerdo. Los grupos armados argentinos no supieron hacer esto y ante cada situación de violencia “forzaron” pero no hacia la desactivación del uso de la fuerza sino hacia un incremento del mismo. Tampoco supieron retirarse de los espacios perdidos y permanecieron en ellos exponiéndose de manera prácticamente suicida. La “espiral de violencia”, como una especie de tornado, se traga primero y antes que nada al más débil. Entre la insurgencia y el Estado, puestos a desafiarse en el terreno de la fuerza, gana el Estado. Sólo hay un lugar desde el que la insurgencia puede triunfar y éste es la lucha política. Los cubanos no le ganaron a Batista por su potencial militar, le ganaron políticamente. Si la insurgencia usa la violencia para abrir una lucha política cancelada (como ocurría durante la Revolución Argentina) y luego gana la lucha política tiene posibilidades; en caso contrario, su derrota es un hecho.

fahirsch dijo...

Estoy de acuerdo con los puntos de vista de los Anónimos 5:22 pm y 5:37 pm. Se está leyendo lo que no dice.
Y bueno es recordar esto:
"Hay problemas que involucran las garantías básicas de los acusados, en sentido amplio, y que incluyen por caso la necesidad de reflexionar sobre los modos en que pensamos la prisión preventiva (pueden los procesados en estos juicios estar presos durante años, sin condena?); o el modo en que pensamos las condenas (se les puede negar la prisión domiciliaria a los más ancianos?).Quiere decir esto que uno está a favor de la impunidad, o que quiere que terminen los juicios? Todo lo contrario: las violaciones de derechos humanos ocurridas en los 70 representan tal vez la mayor verguenza de la historia Argentina; en la materia no hay nada peor que la impunidad; los juicios deben mantenerse; debemos seguir buscando la verdad; el Estado no debe perder oportunidad para dejar en claro su condena. Pero podemos seguir disintiendo, y necesitamos seguir pensando sobre la materia. Nos podemos enojar por estas cuestiones, pero espero que nos enojemos no por cuestiones innecesarias, sino por las razones correctas. Demasiado se perdió ya, en todo este tiempo."

Anónimo dijo...

Rodrigo: No digo que no haya habido autocriticas y muchas muy serias (esta que mencionas es muy contundente, tambien esta Caparros y otros)en la izquierda violenta. Mi percepcion es que no es la mayoria, o por lo menos no se nota a nivel de "relato" publico. No recuerdo escuchar por Ej. a un hombre de la talla de Juan Gelman (a quien admiro enormemente como poeta) que la haya hecho al menos en publico y asi con varias figuras de notoriedad publica (aunque me conste que muchos la han hecho en su ambito privado). En cuanto a los militares, es terrorifico que no haya el menor signo de arrepentimiento. Pero bueno, por lo menos para ellos estan los juicios. Y con respecto a la guerrilla, no existe ni siquiera reconocimiento estatal para los daños "colaterales" que causaron, como los conscriptos del Regimiento de Formosa, conscriptos muertos en Tucuman, policias al voleo encuadrados genericamente dentro de los "represores", etc. Si bien es cierto que los guerrilleros trataron a veces de resguardarlos, el hecho es que murieron defendiendo un Regimiento en democracia. Ahi hay una clara miopia. Tu definicion de terrorismo si bien puede ser cierta, como cualquier definicion, creo que tambien es problematica porque invocando lo mismo se podria criticar el uso de la expresion "terrorismo de estado". No porque el estado no haya reprimido por metodos terrorificos e inhumanos, sino porque su metodo no apunto a "generar terror social" en general (el Mundial 78 es la clara inexistencia generalizada del mismo)sino que por el metodo perverso de las "desapariciones" generar un clima de incerteza respecto del destino de las victimas y asi no poder ser acusados contemporaneamente de estar cometiendo una carniceria. Recordemos que el lema de "Madres" era "reaparicion con vida". Por lo demas, opino que el editorial es totalmente 1)inoportuno (no se puede plantear al dia siguiente de una eleccion un tema tan delicado y que ni siquiera fue tocado en la campaña y menos con ese tono) 2) muy desafortunado (por las ambigüedades que mencione antes). Saludos
Jorge

Anónimo dijo...

Ah, y me olvide Rodrigo. El asesinato de Rucci a pocos dias de una eleccion como cuadra? Jorge

El problema dijo...

Simplemente como para dejar asentado cual es el inconveniente con este tipo de discusiones: una hectarea me separa de Rodrigo Manuel, y uno viene aca y se "mata", y se agarra la cabeza, y se indigna, y "como puede ser que alguien escriba tamaña pelotudez?". Y despues cierra la pestaña, vuelve a su vida y listo. Los tipos de los que habla esta execrable editorial, por otra parte, nos masacrarian de la peor forma a todos nosotros sin el menor tipo de reparo y por eso, por mucho que guste la superioridad etica o moral que nuestra civilizada democracia permite (dicho sin ningun tipo de ironia o sarcasmo), es que esos personajes tienen que pudrirse bien lejos, en algun agujero bien oscuro y chiquito.

Anónimo dijo...


El Diálogo

https://www.youtube.com/watch?v=ItE-Y2vExdo

Anónimo dijo...

Se comieron otra vez el achique del kirchnerismo, que tilingos que son, la nota dice, en mas o en menos, que se acabe la apropiación del simbolo de los DDhh para obtener cargos, y prebendas, nada mas que eso, solo una interpretación mal intencionada, y un munton de tilingos atras comentando sin leer, pueden de la vaguedad del texto, pensar de esa manera.

Anónimo dijo...

Es repudiable el editorial, y no es hacer para nada una lectura facilista del mismo, al contrario, que casualidad que sale publicado despues del resultado de las elecciones ¿¿no?? realmente repudiable...hasta mismos periodistas de la nacion lo critican...
Jim Morrison solía decir: “Quien controla los medios de comunicación, "controla las mentes”. y es lo que buscan... los grupos de poder -presionar, meter miedo y evitar que la gente saque concluiosiones correctas respecto de un punto o tema.
espero que se termine alguna vez con tanta violencia, tantos ataques como puse aca una vez "polarizados"...pero se que es un pensamiento un poco utopico pero vale la pena por ahi ...
-"La verdad no es algo que el filósofo o alguien posea, sino que es una función del discurso" -Foucault-. y el discurso de los medios es un "factor de presion" importante y con fuerza...



Anónimo dijo...

que payaso lo ultimo anonimo, foucault, foucault, y no es casualidad, y toda esa conspiracion, siempre. Que pena que das, se nota tu kirchnerismo desde lejos, segui foucault, focault, y zaraaza zaraza. Hoy p12 habla del tema con la trascendencia que un monton de tilingos le dan. que pena que dan! Jorge

Anónimo dijo...

A Jim Morrison la mente se la controlaba los estupefacientes que consumía, y no los medios de la época. A algunos comentaristas parece que también...

Anónimo dijo...

no soy kisrnerita para nada te equivocas de aca a la china y aeso me refiero con la violencia y los ataques polarizados......aca hay mucha mucha violencia y facilidad para responder atacando basta con tildar y rotular a la gente con una deteriminada etiqueta de kirchneristas o antikisneristas no soy ni peronista , ni kirsnerista.

y la frases hay que saberlas leer e interpretar cosa q quiza no todos pueden...
ya se me estan yendo absolutamente todas las ganas de seguir escrbiendo en el blog pero sigo porque se que hay gente que si sabe leer e interpretar... por suerte espero.

Anónimo dijo...

anonimo 9:35 no ataques no soy krsnirista te recontra equivocas... ese el problema no interpretar bien aca se esta repudiando un editorial y su contenido independientemente de las postura ideologica que uno tenga, porque esa cosa de rotular etiquetar a una persona con un deteriminado signo politico no es bueno para debatir en paz..pero bueno parece que la vision de algunos se reduce a polarizar entre kirsneristas y anti -k ya es algo que arta porque yo no le falto el respeto a nadie cuando hago los comentarios...

Ged dijo...

No es una editorial de La Nacion el mejor puntapié para ciertos temas. La elección de su léxico y sus objetivos son perversos. Lamentablemente, esto dilatará la discusión sana que Argentina se debe acerca de -por un lado- si es correcto otorgar en todos los casos un tratamiento penitenciario diferenciado a los genocidas presos. De igual modo, sobre si no es revisable el criterio de no aceptar info por arrepentidos. Y también sobre la autocrítica que se deben todos los sectores respecto a su actuación en los años 70. Jamás el cese de los juicios!! Jamás, indultos o libertad para genocidas! Los dichos previos de Morandini, que la editorial de La Nación tergiversa totalmente, eran un paso franco hacia un debate futuro no exento de rispideces. Pero lo de LN...

Anónimo dijo...

Aclaro por las dudas, el Jorge de 5:22; 11:28 y 12:07 que soy yo, no es el de 9:34.
Jorge I

Rodrigo Manuel Herrero Rosas dijo...

Cecilia Pando elogió "El diálogo", un documental que no he visto entero, pero intuyo que es pésimo: https://twitter.com/ceciliapando/status/454430912575320064?ref_src=twsrc%5Etfw

María dijo...

Años intentando revivir la teoría de los dos demonios, La Nación. Un cambio de gobierno no cambia la historia, por mucho que les gustaría...Si los DDHH son un curro, arranquemos por desalojar al PJ. Ah! Cierto. Con los hijos acomodados de jueces "independientes" que hace años usurpan cargos, nadie se mete.

rg dijo...

me parece un gran error no registrar el otro lado, esto es, que La Nacion tambien son sus trabajadores que dicen no

Anónimo dijo...

El documental el diálogo es excelente.

Rodrigo Manuel Herrero Rosas dijo...

"Hace más veinte años, Juan Gasparini escribió un libro palmariamente titulado Montoneros, final de cuentas, y hace más de diez años Pilar Calveiro publicó su notable Política y/o violencia: en ambos, estos ex militantes criticaban con justeza a Montoneros y su militarismo. Pero además lo hicieron con una rigurosidad argumental hasta entonces sólo vista en el señero libro de Richard Gillespie, Soldados de Perón. (...)

La película fue presentada por el ministro de cultura de la Ciudad de Buenos Aires, Hernán Lombardi (asumiendo con orgullo que la ciudad ayudó a producirla), quien no contento con esto luego también tomó el micrófono durante el Q&A final para hacer otro discurso, antes de que hiciera lo propio Gabriela Michetti (sólo para saludar su propia presencia) y luego de que hablara Darío Lopérfido (el único que atinó a disfrazar su intervención de pregunta, aunque luego de un largo speech antikirchnerista), para aclararnos que no se trataba de igualar a los montoneros con los militares porque los primeros eran “cuentapropistas” mientras que los segundos usaban “los dineros públicos” (diferenciación “económica” que al menos tuvo la preocupación por introducir alguna), para terminar invocando la responsabilidad del gobierno en generar un clima de violencia que explicaría los actuales “linchamientos”... Ese era más o menos el clima intelectual reinante, a pesar de que entre los asistentes no sólo estaban otros miembros del PRO como Laura Alonso, sino referentes como Ernesto Sanz, Luis Majul, y –obviamente- Juan José Sebreli (protagonista de El Olimpo vacío), además de la mismísima Graciela Fernández Meijide.

El diálogo se sostiene básicamente (en todo sentido) en una particular forma de entender la discusión política, ya que se trata en verdad de un monólogo de Héctor Leis, al que Meijide habilita con su asentimiento. Leis es un ex integrante de Montoneros que sostiene, con la misma soberbia con la que ayer decía representar al pueblo, que la Justicia se ha convertido ahora en “venganza” (y puede así ser aplaudido por ese mismo público que detesta todo lo que representa), en contraposición con lo que ha sido una política internacional desde la Segunda Guerra Mundial (como en el caso Priebke, sin ir más lejos…). Es decir: Leis se equivocó antes y se equivoca ahora, pero evidentemente lo hace con todo empeño (como una suerte de versión invertida de Claude Lanzmann), ya que en verdad lo que parece buscar -aquejado por una enfermedad degenerativa- no es una contribución social sino una redención personal, si bien él tampoco pide perdón: no es un “arrepentido”, como insiste en aclarar, pero tampoco nos cuenta de qué barbaridades fue “responsable”... No es esa, sin embargo, su peor contradicción: también dice que el reclutamiento de menores por parte de Montoneros fue un crimen de lesa humanidad, mientras sostiene que los militares no los cometieron, ya que al asumir el control del Estado contaban con “legitimidad” (de paso, Racioppi intentó explicar esa justificación en el Q&A confundiendo legalidad con legitimidad: la represión no solo fue atrozmente ilegal por sus métodos inhumanos, sino ilegítima precisamente por asumirse como terrorismo de Estado, lo que define con claridad a los así llamados “crímenes contra la humanidad”).

Comparto bastante la visión de Prividera http://www.otroscines.com/nota?idnota=8500