6 nov. 2010

Schuster, maestro de generaciones


Sorpresivo reportaje, hoy, a Félix Schuster, admirado epistemólogo, maestro de generaciones, acá. Un par de anécdotas personales, sobre él.

Ante todo, fue gracias a él que me entusiasmé con la sociología, y decidí seguir la carrera. Yo comenzaba derecho, a fines de la dictadura, y sociología recién reabría sus puertas (había estado prohibida hasta casi el final de la dictadura), en las "catacumbas" de la facultad de derecho. La primera clase a la que asistí fue a una magistral y masiva con él, que por ese carácter se daba en una de las aulas "grandes" de la facultad, y no en los subsuelos. Félix tuvo un gesto, natural en él, nada impostado, que me hizo ver que allí había algo distinto. En lugar de hacer lo que todos los profesores de derecho (sobre todo en esa época, sobre todo en clases masivas), es decir, dar clase desde la tarima, desde la silla imperial reservada para el profesor, Félix tomó una sillita de las comunes, y la colocó entre nosotros, lejos de la tarima. Ese pequeño gesto -simplemente, una utilización radicalmente distinta del espacio físico, una relación completamente diferente entre él, el lugar y nosotros- me terminó de enamorar con la carrera. Cursé con Schuster tres o cuatro materias, desde entonces, y por eso también escuché, varias veces, los mismos, geniales chistes e historias con que va hilando el dictado de sus clases.

La segunda anécdota es de cuando fui a hacer un post-doctorado en Oxford. Era sábado, había terminado de jugar al fútbol -picadito con latinos en los jardines de por allí- durante una mañana de lluvia. Estaba embarrado como pocas veces después de un partido: las manos, la cara. Voy caminando de regreso a mi cuarto, las zapatillas en la mano, y me encuentro con don Félix y su mujer, paseando por el lugar, plácidamente. Nos saludamos afectuosamente, sorprendidos los dos, él se rio un poco sobre mi estado barroso, y luego me animó a presentarme a unas becas de reingreso, que yo hasta entonces desconocía por completo, y que me permitirían terminar mi trabajo sobre Teorías de la Justicia. Encuentro fortuito (y embarrado) en un país lejano.

Schuster, un gran maestro. Generaciones de estudiantes de sociales le estamos agradecidos.

9 comentarios:

SM-UNGS dijo...

Lindo y cálido el reportaje. Mi única clase con Félix Shuster fue en realidad una charla entre pocos en una sala del EURAL... la verdad
recuerdo muy vagamente de qué se habló, pero sí me acuerdo de que nos sentamos casi en círculo y de que todos participamos (lo que viene a reafirmar la anécdota de rg).

PIC dijo...

La primer anécdota que contás, sobre las sillas, me contaron que tambén sucedía en los cursos de Bidart Campos.

rg dijo...

si, pero el bidart campos tardio, largamente post dictadura. durante la dictadura, vi como a tipos los expulsaban a los gritos, por tener zapatillas, o les ponian un 1 en examen oral, a la primera pregunta, por tener la corbata floja

PIC dijo...

rg,
vos llegaste a conocer la época cuando se hacía casi todo libre? qué disparate era esa metodología! como si la sola función de la universidad fuese tomar exámenes.

Alejandro Hache dijo...

lo tuve en la especializacion en criminología, un maestro de la disgresion

rg dijo...

exactamente, toda la clase era un fuera de campo

Mateo B. dijo...

Conocí a Félix Schuster al cursar la Maestría en Ciencias Sociales de Flacso. Sentía mucha curiosidad por la epistemología, una disciplina que mi formación de abogado no me había permitido disfrutar. Al final de la primera clase, el profesor Schuster dejó una pregunta intrigante acompañanda del gesto histriónico que imitaba al astrónomo que mira hacia las estrellas: preguntó ¿Cuando Galileo hizó pública su hipótesis, estaba realizando un desafío científico o un desafío político? El resto de las clases, según recuerdo, tuvieron esa pregunta siempre como trasfondo. Mi agradecimiento al Prof. Schuster por aquellas maravillosas clases. Mateo.

marinita dijo...

RG, voy a justificar esta digresión con un comment tangencial: en tu seminario, cuando ponemos todas las sillas en ronda, se resalta la ridiculez del escritorio magistral del salón rojo, con sus siete tronos en madera esculpida

ahí viene la digre:
llamado a la solidaridad para contactar al commentarista Mateo B., busco alguna referencia sobre la maestría que hizo
disculpas por el offtopiqueo. su mail estaría de 10, ¿alguien?

rg dijo...

:)