23 jul. 2012

Tadros I: Los familiares de los condenados

Víctor Tadros es un joven y activo teórico penal, que se ha animado a temas como los de castigo, pobreza y desigualdad, como pocos de sus pares.

Tadros pertenece al grupo de A.Duff, con quien viene editando una serie de libros bastante notable (por ejemplo: http://www.amazon.ca/Boundaries-Criminal-Law-R-Duff/dp/0199600554/ref=sr_1_2?s=books&ie=UTF8&qid=1343081842&sr=1-2)

En la Argentina, no es muy conocido, aunque por caso le publicamos uno de sus textos en la Revista de Teoría Jurídica de la UTDT (http://www.utdt.edu/ver_contenido.php?id_contenido=7185&id_item_menu=5858)

En su último libro, "The Ends of Harm, The Moral Foundations of Criminal Law," da cuenta bastante acabada de su visión del derecho penal. Uno de los últimos puntos de su libro es sobre el daño que alcanza a los familiares de los condenados, y el carácter desproporcionado del mismo. Conecta, de ese modo, con el post reciente que hiciéramos sobre Loic Wacquant.

Para Tadros, siempre debemos tomar en consideración el sufrimiento de los amigos y familiares del delincuente, cuando pensamos en una pena y en su proporcionalidad. A su criterio, el beneficio del daño que le imponemos al delincuente debería ser enorme, para poder justificar imponer costos de esta naturaleza y magnitud (dice esto, luego de descartar el camino retributivista para la justificación del castigo -volveremos sobre eso). Mucho más, si tomamos en cuenta la existencia de menores que son afectados indirectamente por el castigo.

La práctica del castigo podría moderar estas preocupaciones, si por caso diéramos compensaciones a los familiares de los delincuentes (no, esto no niega ninguna preocupación sobre los derechos de las víctimas: no hay suma cero entre respetar los derechos de las víctimas y respetar los derechos de los victimarios), o si la frecuencia y condiciones de las visitas a los condenados fueran apropiadas. Sin embargo, la práctica real del castigo nos da razones para potenciar, antes que disminuir nuestras preocupaciones: la situación es trágica, para los presos, para sus parientes, para toda la comunidad. El vergonzoso video con torturas en Salta es sólo una pastilla de muestra de lo que es el castigo efectivo, en esta época (signo de época, por lo demás: la crueldad aplicada es directamente proporcional a la nobleza de los valores invocados por los gobernantes finalmente responsables de esos castigos).

8 comentarios:

Anónimo dijo...

El famoso principio de intrascendencia de la pena! Está bueno que en círculos anglos se trabaje sobre él. En otros ámbitos se ha escrito mucho pero lamentablemente se lo viola con demasiada frecuencia.

Alcides Acevedo dijo...

Estoy de acuerdo con el enfoque, máxime cuando indubitablemnte los criminales son, de una forma u otra, víctimas de la sociedad que los empuja literalmente al delito.
Por lo tanto, según mi revolucionario punto de vista, los delincuentes tendrían que ser indemnizados y asistidos psicologicamente hasta alcanzar la plenitud del espíritu, también se les debe proporcionar sustento y vivienda gratis... y a los familiares y amigos vacaciones gratis en el Caribe en compensación de las molestias generadas por el injusto sistema penal.

Reina Delicada dijo...

Cuando leo el post pienso en lo invisible. Día a día es sistema penal se despierta, calienta sus engranajes y comienza a funcionar. En esas tareas continuas, solitarias y despiadadas se despierta la Nada, aquel terrible mal que Michael Ende (vaya metáfora que nos regala su apellido) inmortalizó en La Historia Interminable. Y arrasa con todo. Son deglutidos los presos, sus hijos, sus amantes, sus familias; y esto ocurre mucho antes que la pena misma. Todos somos testigos de una sociedad con vocación de hacer invisibles a los que nos molestan, a los que no nos divierten. No vemos a la persona que duerme en la puerta de nuestra casa, no vemos a quienes limpian nuestros baños, no vemos a quien nos vende un encendedor.
Pero todos estamos amenazados por lo mismo. Vamos confiados en esa lógica porque ingenuamente ignoramos que la línea que nos divide está trazada detrás nuestro, un sólo paso en falso y caeremos. Puedo escribir desde la comodidad de mi casa pero sé que mañana podré no hacerlo.
Y lo irónico del asunto es que esto no es un juego de suma cero: las víctimas y sus amigos también serán invisibles. No pueden escapar de ese final y pronto serán olvidados.
Así quedan categorías, enjutas y sin representantes. Y así, es fácil no preocuparse: los invisibles no tienen nombre, no tienen cara, no tienen historias, menos aún derechos.

Arte dijo...

viste la película que están dando en la sala lugones Figuras de guerra?

rg dijo...

pelicula EXTRAORDINARIA

Anónimo dijo...

AA, repasa el codigo penal y calculale a ojo cuantos delitos cometiste. (no importa si estan prescriptos).Si, tenes razon te empujaron a cometerlos.
vhg

elbosnio dijo...

Reina, coincido con la idea de invisible. Pero creo que las carceles son aun mas que invisibles, son como nuestros campos, de eso no se habla. No lo logro expresarlo, pero veo algo mas activo de negacion que en la invisibilidad del pibe del peaje p.ej.

RG, el ejemplo de Salta no sé si es bueno. Porque eso fue un crimen, secreto, y que al saberse es insoportable. Lo interesante del post es sobre aquellas cosas que la sociedad hace a p,ena luz del dia, que no son considerados crimenes y que, aunque exijamos no hablar, todos conocemos y acordamos.
Creo que Salta no aplica. O no lo muestra con todas sus contradicciones como si lo muestra el trato "legal y humanitario" a los presos.

Reina Delicada dijo...

gracias por la referencia. Vuelvo del micro g. de verla, junté mis huesitos del suelo y volví a mi casa.