23 sep. 2012

Crónicas bolivianas 3: Blanca Wiethüchter




A través de la extraordinaria editorial Plural (volveré a ella), llego a la poeta Blanca Wiethuchter. Va una muestra


El desasosiego

Sería después de conocer el mar
que la niña que fui
cogió una piedra del agua.
Esa piedra
      desconocida y verbal
me posee
      como un sol cautivo
con un fulgor
      de país largamente buscado.
Esa piedra
      como un carbón por lo negro
      como un carbón por lo quemante
      como un carbón por la ceniza.
Esa piedra
      tosca
      ardua en la memoria
      se hizo fuego al tacto
y fue sin saberlo
un resplandor lejano
del cristal de la muerte
      el don de la vida
      el árbol del camino.
¿Y existe acaso el fuego para mí?
         —pregunté entonces.
Miré alrededor.
Un silencio mudo
      buscándome
observando con ojos de viva luz.
      Y me dio miedo
      porque soy mujer, creo.
Porque no sabía quién era yo
      ni quién sería
      ni sabía decir, ni tampoco reír
      ni cansarme
      sólo percibir
      el rigor de la llama
      anunciando el desierto.
Esperé una señal
un signo, un sueño, un cometa
para echar a andar, me dije
sin quitar el ojo
a la locura del fuego:
esa piedra
entre mis manos.
Y era alumbrar
      con un relámpago
un abismo
y era bajar
      y forjar
            y subir
tan sólo para poder morir
junto al fulgor de esa luz
en cautiverio.

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