30/6/2012

Limitar el derecho constitucional a la propiedad, una vez más


Hace pocos días (acá: http://seminariogargarella.blogspot.com.ar/2012/06/democracia-de-propietarios.html), dimos cuenta de un libro que acababa de salir, retomando una vieja discusión (reabierta por John Rawls) en torno a la idea de una “democracia de propietarios”. El libro no venía sólo, ni era una hoja más en el viento. Más bien lo contrario: parece haber un interesante revivir, dentro de la filosofía política y la teoría constitucional, de la literatura crítica sobre el derecho de propiedad.

Así se encuentran, por ejemplo, las “Hamlyn Lectures 2011” de Jeremy Waldron, en donde don Waldron retoma su vieja obsesión crítica sobre el derecho de propiedad (obsesión que expresara, tempranamente, en su libro “The Right to Private Property”: http://www.amazon.com/Right-Private-Property-Clarendon-Paperbacks/dp/0198239378). Las nuevas “Lectures” de Waldron también están apareciendo en versión libresca (“The Rule of Law and the Measure of Property”: http://www.amazon.com/Rule-Measure-Property-Hamlyn-Lectures/dp/1107653789/ref=la_B001IYX26Q_1_2?ie=UTF8&qid=1341107082&sr=1-2). Volveremos sobre Waldron y propiedad dentro de muy poco. Pero por ahora diría que esta cosecha de literatura relevante no es “flaca”, no se da por azar, ni tampoco representa todo en lo que estaba pensando, cuando pensaba en la relación constitucionalismo-propiedad.

Pensaba, en particular, en el viejo Frank Michelman, a quien siempre destacamos por ser uno de los poquísimos y reconocidos constitucionalistas yanquis -junto con Mark Tushnet- que ha hecho girar su carrera académica, en buena medida, en torno a la reivindicación de una lectura social de la (liberal-individualista-espartana) Constitución de los Estados Unidos. No sólo eso. Ambos –no es casualidad- se destacan también por una inusual vocación comparatista que, por caso, los ha llevado a estudiar el desarrollo del constitucionalismo en países más avanzados en materia social.

Para Michelman (como, en su momento –tardío- para Cass Sunstein), el golpe más fuerte apareció luego de conocer el ejemplo sudafricano -una realidad devastada, devastadora, y una justicia activa e inteligente en el reforzamiento y aplicación de los derechos sociales. En un libro reciente, complicado de conseguir y llamado “Law and Poverty, Perspectives from South Africa and Beyond,” el viejo Michelman vuelve a la carga con un breve e interesante artículo llamado “Liberal Constitutionalism, Property Rights, and the Assault on Poverty”, en donde analiza reflexiona sobre las implicaciones de la relación entre el derecho constitucional y la propiedad.

Franco sintetiza su aproximación sobre el tema diciendo lo siguiente (y partiendo, según decía, del ejemplo sudafricano):

“Supongamos que tenemos tres factores en juego: un proyecto nacional de recuperación post-colonial, destinado a salir de una situación de injusticia distributiva –un proyecto que incluye de manera prominente una reforma agraria-; una expresa protección constitucional a la propiedad privada; y una Constitución cuyos demás rasgos la muestran como perteneciendo a la tradición del constitucionalismo liberal. La pregunta es: hasta qué punto el carácter liberal de la Constitución, o el hecho de que incluya una cláusula protectiva de la propiedad, bloquean el proyecto de transformación social?” Una pregunta importante, pertinente y muy atractiva. Su respuesta, brevemente, es la que sigue:

“(Lo que debemos reconocer es que) el constitucionalismo liberal (progresista) no debe asociarse con una interpretación sobre la idea constitucional de propiedad que sea contraria al proyecto reformativo. La tarea de la cláusula de propiedad, dentro del constitucionalismo liberal, es la de señalar la conexión existente entre un respeto decente de la propiedad y un respeto decente por la libertad y la dignidad humanas. Ella no debe verse como proponiendo una defensa de los derechos de propiedad que vaya más allá de las protecciones constitucionales que, en todo caso, les proveerían las ideas de dignidad, libertad, seguridad, igualdad y legalidad.”

En otros términos, desde una visión comprometida con el constitucionalismo social, la cláusula de propiedad “proporciona una protección jurídica blanda antes que dura de la propiedad” –apoya sólo de modo “liviano” los reclamos defensivos a favor de la propiedad. La protección que la Constitución liberal ofrece al derecho de propiedad deben verse como perteneciendo, simplemente, a una defensa de la dignidad y libertad humanas, pero no como otorgando un “derecho ilimitado a disponer de lo que uno posee, libre de toda restricción social”.

Finalmente, concluye Michelman, “el único, el principal derecho básico que es posible en una Constitución social-liberal es el derecho igual de cada uno, junto con los demás, a ver su dignidad humana reconocida, respetada y protegida.”


foto: Londres con globo

29/6/2012

El gurú de Camila

Podcast con entrevista al apreciado colega y gran jurista Fernando Atria, a quien Camila Vallejo, la líder estudiantil chilena, presentó como su mentor ideológico.
http://www.duna.cl/programas/terapia-chilensis/2012/06/28/fernando-atria-me-cuesta-entender-que-alguien-considere-aceptable-un-sistema-educacional-segregador/
(FA tiene escrito sobre el tema, por ejemplo, "Mercado y ciudadanía en la educación" http://www.flandesindiano.com/Atria.html)

Derecho a la consulta a los pueblos indígenas

Jornada sobre el tema, 2 de julio en Diputados
http://www.opsur.org.ar/blog/2012/06/28/0207-bs-as-jornada-abierta-el-derecho-a-la-consulta-a-los-pueblos-indigenas/

28/6/2012

Bolsa de trabajo: Centro Derechos Humanos, Univ. D. Portales

Más info, acá:
http://www.derechoshumanos.udp.cl/convocatoria-investigador-a-2012/

Toda protesta es política (2)





(texto que publicara hoy, acá: http://www.lanacion.com.ar/1485804-toda-protesta-es-politica)

Denunciar una protesta por su carácter político es negarse a reflexionar sobre ella. Toda protesta tiene un contenido político y ese contenido no la "ensucia", sino que le confiere su dignidad. El carácter político debe representar el presupuesto con el que nos acercamos a la protesta y no la premisa final de un discurso condenatorio sobre el conflicto.
A nadie se le escapa que los eventuales líderes de una protesta suelen moverse por motivaciones cruzadas, que acostumbran a incluir demandas interesadas, las propias apetencias políticas de sus líderes o la pretensión de debilitar al gobernante de turno. Pero esto no constituye ninguna sorpresa: se trata de la materia prima básica de cualquier protesta.
Desde las movilizaciones indigenistas en Ecuador hasta las protestas de los estudiantes chilenos, los manifestantes siempre reclaman ante todo por razones primariamente vinculadas con su propio interés. Nadie puede esperar que el PSOE proteste contra el gobierno de Mariano Rajoy o la izquierda griega contra un gobierno que ajusta olvidando sus motivaciones político-partidarias: la democracia se nutre precisamente de tales disputas.
Se dirá, entonces, que "allí reside justamente la diferencia: resultan incomparables las protestas que se llevan adelante en contra de programas de ajuste en Europa y las que se desarrollan hoy en nuestro país". El punto es clave en esta discusión, pero, lamentablemente, el oficialismo lleva todas las de perder. La pregunta que debe responder el Gobierno es: ¿existen en nuestro país derechos fundamentales violados de modo profundo, permanente y extendido? La respuesta es sí, las violaciones de derechos están, son gravísimas, se extienden desde hace años y recaen de modo sistemático sobre los más débiles de la sociedad. Eso es lo que importa cuando se piensa sobre la justificación de la protesta.
El oficialismo reacciona como lo hizo la Presidenta y dice: "Debe valorarse lo ya hecho, el Gobierno hace su parte lo mejor posible". Como suele ocurrir, el relato es eficaz pero falso. A pesar de haber contado con mayorías legislativas durante años, de sus alianzas políticas impresentables, de sus insistentes e injustificados pactos con lo peor del sindicalismo y el empresariado, de que los niveles de pobreza y desigualdad son similares a los de la época menemista, de que la reforma impositiva no apareció jamás y la reforma política se enunció y murió casi el mismo día, y de que se siguen otorgando concesiones y licencias a figuras temibles a cambio de prestaciones y servicios pésimos. En resumen, se violan derechos constitucionales de modo gravísimo, como resultado y no a pesar de la acción del Gobierno.
Que la protesta social se encuentre justificada no "angeliza" ni inmuniza jurídicamente a sus promotores. Si algunos de los que hoy protestan se han enriquecido a través de negocios impúdicos, ello ha sido gracias a -y no en contra de- este gobierno.
La pregunta que queda por revelar es si el kirchnerismo será capaz de reconocer su responsabilidad por la masiva violación de derechos. Los procedimientos con los que el Gobierno desde hace años decide -en soledad, en secreto, sin consultar a nadie, sin escuchar a sus críticos, sin leer cifras que le sean adversas, sin tomar en serio nunca a la oposición- sugieren que no.




27/6/2012

Democracia de propietarios

En su libro sobre la teoría de la justicia, J. Rawls presenta dos alternativas económicas a las que reconoce como las únicas compatibles con la filosofía política que propone: un socialismo de mercado; y una democracia de propietarios. Sobre la primera alternativa hay mucho y muy bueno escrito (por caso, entre tantos otros, estos libros
http://www.amazon.com/Equal-Shares-Socialism-Practical-Utopias/dp/1859840531
http://www.amazon.com/Equal-Shares-Socialism-Practical-Utopias/sim/1859849334/2
http://www.amazon.com/Market-Socialism-The-Current-Debate/dp/0195080491 )



Sin embargo, sobre la idea de la democracia propietarios, no hay casi nada nuevo, bueno, interesante. Ahora, de todas formas, acaba de salir un libro
http://www.amazon.com/Property-Owning-Democracy-Beyond-Martin-ONeill/dp/product-description/1444334107
que revitaliza algo el debate.

Reivindico por ahí un artículo que rastrea las raíces del debate, y pone el centro del mismo en James Meade, que es el autor en quien el propio Rawls ancla su defensa de la democracia de propietarios. Formado en política, filosofía y economía, Meade osciló políticamente entre el Laborismo y el socialismo, en los años 60. Desde un lugar prominente en la vida pública inglesa, defendió un rol activo del Estado en la redistribución del ingreso y la riqueza; impuestos progresivos; y un ingreso básico para todos (basic income). Pero el eje de su propuesta estuvo en asegurar un distribución mucho más igualitaria de la propiedad, por razones afines a las que utilizara el republicanismo.

En sus términos: "Un gran propietario tiene un gran poder de negociación, y un gran sentido de libertad, seguridad e independencia, ventajas de las que gozan no sólo frente a sus conciudadanos, sino también frente a las autoridades públicas...Los no propietarios, en cambio, deben adquirir su ingreso, continua y permanentemente trabajando para un empleador, o calificando para recibir un ingreso desde la autoridad pública. Una distribución desigual de la propiedad significa una distribución desigual de poder y estatus, (en todos los casos)"

Notablemente, además, Meade vinculó a la democracia de propietarios directamente con el socialismo, a diferencia de Rawls, que defendió ambas alternativas, pero como si ellas implicaran alternativas separadas, entre las que debía optarse.

26/6/2012

Golpismo y excusas

Hace unos años, estuve en una reunión pequeña y cerrada con el Presidente Lugo, apenas luego de su elección. Estábamos todos muy emocionados, felices y nerviosos por su victoria. Luego de la exposición del Presidente electo (bastante pobre por cierto, pero no nos importaba), se abrió un momento de preguntas y respuestas. Sin embargo, dado el nerviosismo reinante, sólo apareció una pregunta. La demanda  provenía de una compatriota, que le preguntó por los niveles de desnutrición infantil, y la cantidad de niños en situación de calle. Lugo improvisó entonces una respuesta lamentable, y dijo algo así como que "Esa es una verdadera vergüenza, con la que mi gobierno terminará de inmediato. Ya no habrá más niños en la calle: levantaremos fábricas, en donde los niños irán a trabajar" (!!!!! desafortunada declaración a favor del trabajo esclavo, consistente con el abuso de poder gracias al que sometió a las mujeres que ahora le piden el reconocimiento de la paternidad de sus hijos). Luego de una respuesta tan disparatada del Presidente electo, terminé de perder la poca confianza que tenía en él. Luego, el tiempo daría parte de razón a mi desconfianza: él haría un gobierno muy errático, en donde -como tantos otros gobiernos regionales- sistemáticamente traicionaría a los movimientos sociales, radicales, indigenistas, progresistas y agraristas que habían sido fundamentales para su llegada al poder. Lugo terminaría persiguiendo a muchos de sus antiguos aliados.

Nada de ello excusa, sin embargo, lo hecho por la Legislatura, que acabó por destituirlo inválidamente, a través de un procedimiento indebidamente sumarísimo: Una situación de crisis política extrema, que merece decidirse con el máximo cuidado, se resolvió en cuestión de minutos. Una situación que merece atenderse dando todas las oportunidades para que el funcionario cuestionado se defienda y alegue en su favor, se resolvió, irresponsablemente, sin tiempo para que el Presidente presentara su descargo siquiera. Inaceptable bajo todo punto de vista, sustantivo o procedimental.

Otra cosa es pensar que las fallas imperdonables de la oposición avalan en algo las traiciones de Lugo a los movimientos de base que legitimaron su llegada al poder. (Y mucho peor aún que en países como el nuestro se quiera usar el ejemplo de Paraguay para satanizar toda crítica a un gobierno cada día más anti-obrero, cada día más apoyado en la gendarmería -comandada por un militar fascista, desde el Ministerio de Seguridad Nacional).




24/6/2012

Milcíades



Reportaje a Horacio Tarcus, hoy en Página, sobre la obra del marxista Milcíades Peña
–Es como si Peña fuera un marxista trágico, algo que no es “normal”, ¿no?
–Es cierto, aunque el marxismo frankfurtiano es un marxismo sin proletariado revolucionario, donde el sujeto de la revolución está vacante. Peña piensa la historia argentina con un método materialista extremo, en el sentido de reducir los sujetos históricos a fuerzas sociales en pugna. La imposibilidad de Moreno, de Rivadavia, de Rosas, de Yrigoyen o de Perón de constituir una nación –en el sentido fuerte del término– es una dificultad que se plantea en las fuerzas sociales que los respaldan y que estas figuras representan. Los sucesivos fracasos de unitarios y federales, de liberales y nacionalistas, yrigoyenistas y conservadores, peronistas y antiperonistas, tienen que ver con la ausencia de una clase nacional que logre identificar sus propios intereses con los intereses de una nación moderna, y hegemonizar al conjunto del pueblo argentino detrás de su proyecto. Los momentos que aparecen como más acabados –para los liberales la Generación del ’80 o para el nacional-populismo el peronismo clásico del ’46– son proyectos nacionales frustrados para Peña: tienen la apariencia de un proyecto nacional, pero son limitados, excluyentes y viciados simétricamente. Peña se instala en la hipótesis de una futura resolución de la cuestión nacional atándola a lo que se llamaba emancipación nacional y social, o sea la articulación del proyecto nacional con el proyecto socialista. Pero no hay en el relato histórico de Peña un proletariado revolucionario; está como hipótesis porque está en la teoría marxista, pero aparece como una posibilidad histórica inscripta en un horizonte lejano. El proletariado peronista, para Peña, es un sujeto heterónomo. Y para que exista esa emancipación nacional y social es necesaria una clase que realice esta emancipación al mismo tiempo que conquista su propia autonomía. Y según Peña, el peronismo no representa ese momento. Al revés: representa un mayor enfeudamiento de la clase en la ideología burguesa.
–Hay que subrayar que Peña traza un balance sobre el peronismo que puede generar un profundo desacuerdo. “Sindicalización masiva e integral del proletariado fabril y de los trabajadores asalariados en general. Democratización de las relaciones obrero-patronales en los sitios de trabajo y en las tratativas ante el Estado. Treinta y tres por ciento de aumento en la participación de los asalariados en el ingreso nacional. A eso se redujo toda la ‘revolución peronista’...”, plantea Peña. ¿Qué opina usted de este balance? No es poco el 33 por ciento de aumento de la participación, por empezar a polemizar con Peña.
–Feinmann, que también manifestó su desacuerdo con este balance, contó que en sus cursos leyó precisamente ese párrafo. Si hoy por un dos o tres por ciento de discusión en el reparto del ingreso hay una reacción de la derecha tan virulenta, se preguntó: ¿es poco el 33 por ciento? No. Uno podría decir que es mucho, muchísimo, especialmente para los que nos tocó vivir la Argentina que Peña no conoció, porque él no llegó a vivir el golpe del ’66 ni la dictadura. Los que estamos plantados en el presente tenemos un respeto mayor hacia ciertas reformas y conquistas que entendemos que nunca son históricas, que siempre se pueden revertir. Pero para Peña esa democratización y esas mejoras económicas se hicieron al precio de la subordinación política. Peña llama revolución a otra cosa.
–¿Qué implica para Peña la palabra revolución?
–Peña reserva el término revolución al proceso de autonomización de una clase que lleva a cabo no un programa de reformas económicas que mejoran su salario, sino que cuestiona la forma salario. Desde el punto de vista de la revolución socialista, el peronismo puso al proletariado más lejos y no más cerca. Es interesante la lectura que hace Svampa de aquel tramo de la historia donde Peña dice que el peronismo es el gobierno del “como si”. A Svampa le interesa esa capacidad discursiva que tiene el peronismo de presentar como una revolución lo que en realidad es la puesta en juego de un programa de reformas importantes, pero que no es una revolución. De presentar como un proyecto nacional, proletario y popular, algo que en última instancia responde a intereses parciales muy concretos: el apoyo en los capitales ingleses, como lo plantea Peña, para frenar la penetración de los capitales yanquis en la Argentina. La visión de Peña es coherente en sí misma. No es un ingenuo que cree que el proletariado peronista está por hacer la revolución; reconoce la existencia de un proletariado que ha hecho un pacto de fidelidad con el peronismo, para decirlo metafóricamente, muy difícil de romper. Por más que adopte posturas combativas, para Peña no son lo mismo acciones combativas que proletariado autónomo aspirando a la revolución. ¿Y mientras tanto qué? Y mientras tanto, es la tragedia del intelectual que se encuentra con una realidad que no se encamina hacia esa revolución proletaria que resolvería el problema nacional y social.
–Figuras como Peña suelen ser incómodas porque no se dejan encasillar en ninguna corriente. Peña les pega al revisionismo, al liberalismo y es muy duro también con el marxismo.
–Esto explica el olvido, porque Peña no es recogido por ninguna corriente. Cada corriente instituye tradiciones o las inventa –como dice el historiador británico Hobsbawm–, pero nadie recoge la herencia de Peña o lo hemos hecho algunos intelectuales aislados, que tampoco estamos demasiado encasillados. Yo, que me defino como un intelectual de izquierda, reconozco una serie de méritos históricos en el kirchnerismo, pero no me siento parte de ese proyecto. Al mismo tiempo me siento parte de la izquierda, pero no me reconozco en las críticas de esa izquierda al kirchnerismo.
–¿Encuentra una corriente o un espacio para compartir con otros?
–No... espacios independientes como el sabbatellismo los ha devorado el kirchnerismo. Lo que cuestiono es quién les pidió que se integraran, cuando el kirchnerismo no les impuso que se disolvieran. Nos fuimos al diablo con Peña, pero habla de dónde estoy parado yo; por algo me busco en estos intelectuales descentrados como Silvio Frondizi, Peña o Antonio Gallo. Yo también estoy desencontrado con esa izquierda que en líneas generales plantea una crítica necia al kirchnerismo. Ni soy peronista ni me gusta esa cultura política, aunque puedo reconocer los méritos tanto del peronismo histórico como del kirchnerismo actual. Yo participé un tiempo del sabbatellismo, pero cuando vi que estaban totalmente embarcados como parte del proyecto kirchnerista me alejé sin escándalo. Cada uno tiene derecho a definirse como quiera, ¿no? Pero lamento eso que leo como una especie de “pecado original” de la izquierda comunista, que siente que se equivocó frente al peronismo y entonces a la primera oportunidad es más peronista que los propios peronistas. Yo escucho decir a los amigos kirchneristas cosas más lúcidas y críticas –o hablar de las dificultades que tiene el Gobierno por delante– que al sabbatellismo. La misión del intelectual es plantarse en el lugar incómodo. Cuando uno se instala como “vocero de” se convirtió en intelectual-funcionario.
Tarcus esboza una pausa, se calla durante unos segundos. “¿Volvemos a Peña?”, pregunta. El regreso –como se leerá– dura poco. “Peña dice que el problema de fondo es el compromiso que establece la clase obrera con el peronismo, que es muy difícil de deshacer porque se reconfigura una identidad. Los momentos de crisis en las lealtades políticas de las masas se dan cada muchas décadas. No hay cambios de lealtades cada cinco o diez años. Crisis como las del 2001 suceden en contadas ocasiones en la historia. Pero la izquierda vive en esa especie de estado febril, como si pudiera haber un diciembre del 2001 a la vuelta de la esquina. Cuando lo tuvo, lo perdió, lo de-saprovechó, lo asfixió –cuestiona el autor de El marxismo olvidado en la Argentina–. Y quien renace de sus propias cenizas y vuelve a construir hegemonía es el peronismo. Esto hay que reconocerlo, con lo bueno y lo malo. Quien mejor leyó la crisis política de 2001 fue Kirchner. Como Perón fue quien leyó lúcidamente la crisis del ‘43. Pero al mismo tiempo es necesario subrayar los límites del proyecto peronista, que implica plantarse en un lugar muy raro, excéntrico, en donde no sos ni un intelectual peronista ni un intelectual de la izquierda clásica antiperonista, para el que toda cosa buena que hace el kirchnerismo en realidad lo hace para perpetuarse en el poder.”
–Ante la nacionalización de YPF, que suscitó una amplia aprobación de diversos sectores políticos, una parte de esa izquierda clásica esgrimió que fue el peronismo-menemismo quien impulsó las privatizaciones en los ’90.
–Pero lo mismo plantean también con el tema de los derechos humanos. ¿Qué hacían los Kirchner en los ’90? Lo que importa es lo que están haciendo ahora. Esa crítica me parece mezquina, muestra lo peor que tiene la izquierda: el resentimiento de haber perdido. Y cuando el kirchnerismo toma medidas por las que la izquierda venía peleando hace mucho tiempo, dicen: “Lo hacen por oportunistas”. ¿Es imposible pensar una izquierda revolucionaria que luche por reformas? ¿El que está por la revolución está en contra de las reformas? No. La propia Rosa Luxemburgo, en Reforma o revolución –un texto que para mí es inactual–, empieza el libro con una clarividencia extraordinaria. Dice que los revolucionarios no estamos en contra de los proyectos de reforma, estamos en contra de creer que con una mera acumulación de reformas se va a subvertir el capitalismo y se va a llegar al socialismo. Yo adhiero a esta idea; no hay que renunciar a la aspiración de ir más allá del capitalismo. Creo que hay que pensar un proyecto de izquierda que exceda al kirchnerismo, pero sin instalarse en la lógica de que le vaya mal. Hay un deseo manifiesto que se ve tanto en (Elisa) Carrió como en (Jorge) Altamira. Quieren que les vaya mal y les da bronca si al kirchnerismo le va bien. Yo quiero que al kirchnerismo le vaya bien y que podamos construir una izquierda más allá del horizonte kirchnerista.
–¿Sería una disputa por izquierda al kirchnerismo, pidiéndole más?

–Claro, pero no mezquinamente. No se puede pedir más si no se reconoce lo que se hizo. Al kirchnerismo le vendría mejor acompañantes críticos que adulones, ¿no? A mí me interesa el intelectual “aguafiestas” –que plantea problemas, obliga a pensar y genera debates–, no el intelectual celebratorio. Peña logra pensar la Argentina con tanta lucidez porque no está comprometido ni con el peronismo ni con la izquierda. El no escribe a pedido de nadie. Su historia no cierra con ninguna invitación a afiliarte a nada. No hay síntesis, no hay solución. Pero al mismo tiempo no es una historia que desanima, sino que te deja una inquietud. Eso es lo que me interesa del legado de Peña, ese acicate y esa duda metódica que él emplea en forma sistemática y que se la transmite al lector.

23/6/2012

Moyano and Pagina

Gracias Imparcial por el aporte. Muy impresionante el contraste entre
esta nota
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-167340-2011-04-30.html
sobre Moyano
y esta nota, del mismo autor, hoy
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-197070-2012-06-23.html (donde critica a los "vargallosistas y biempensantes" que se ruborizan y rezan avemarias cuando ven a Moyano. tremendo el panquequismo)

Constitución emancipadora

Don A.G.D., sobre quienes promueven una "Constitución emancipadora" contra la "Constitución neoliberal" (permítaseme la risa) que (ellos mismos) escribieron hace unos años
http://www.clarin.com/opinion/Constituyentes-desmemoriados_0_724127729.html

Plataforma - Vivienda en la Ciudad




PLATAFORMA 2012 POR LA RECUPERACIÓN DE UNA CIUDAD PARA TODOS

Vivienda, especulación inmobiliaria y conflicto social en la ciudad de Buenos Aires


-Facundo Di Filippo, legislador (mc) de la ciudad, ex presidente de la Comisión de Viviendas de la Legislatura. Integrante del Colectivo por la Igualdad.
-Luciano Nardulli, militante social, coordinador de la CCC (Corriente Clasista y Combativa) de Villa Soldati.
-Luisa Morales,  integrante del Consejo del Barrio y el Cuerpo de Delegados del asentamiento "Playón de Chacarita". 
 Coordinación: Gabriela Massuh

Viernes 29 de junio - 19 horas

Pasco 689, CABA
(Multiespacio "Colectivo por la Igualdad")

Un modelo especulativo perverso está destruyendo progresivamente a la ciudad de Buenos Aires: mientras las topadoras arrasan con barrios enteros para construir torres, la carencia de viviendas sociales es cada vez más pronunciada. En la ciudad se ha impuesto una lógica empresarial de falso progreso en todos los niveles de la acción social y política. Después del crash financiero del año 2007, la “inversión en inmuebles” se ha convertido en pasto de una especulación que está destruyendo de manera gratuita el hábitat de la ciudad. Un 25% de departamentos vacíos en la capital indica que la industria de la construcción está al servicio de aquel sector de la población que invierte en vivienda suntuosa, no para habitarla, sino con el solo objetivo de mantener el valor del dinero.

Al mismo tiempo, los sectores de ingresos bajos y medios tienen cada vez menos acceso a la oferta de viviendas, con la consecuente presión al aumento de los precios de los alquileres para esta franja de la población. El precio del suelo no ha dejado de crecer desde 2002. Las inversiones del estado porteño en infraestructura y equipamiento colectivo generan aumentos en rentas diferenciales de las que se apropia exclusivamente un reducido sector privado. Esta perversión, que implica socializar los costos y privatizar los beneficios, ha generado el aumento exponencial de la población en villas y asentamientos en condiciones de extrema precariedad, convertidas en el blanco de las “políticas de seguridad” del ejecutivo nacional y municipal. Prueba de esto último fue el conflicto desencadenado por la ocupación del predio del Parque Indoamericano, a fines de 2010, que culminó con tres asesinatos.

Ante esta situación injusta y devastadora, Plataforma 2012 pone el acento en la relación directa que existe entre especulación inmobiliaria y conflictividad creciente, generada por la falta de viviendas dignas para los sectores de menores recursos.



22/6/2012

El derecho de huelga no debe ser penalizado

Meguira, de la CTA decente, siempre bien
http://www.clarin.com/opinion/derecho-huelga-debe-penalizado_0_723527729.html

"Compromiso significativo"

Dedicado a los que sonríen cuando uno piensa al Poder Judicial desde el punto de vista de la democracia deliberativa, pensando que uno habla simplemente de abstracciones irrealizables: La democracia deliberativa cabalga de nuevo, como siempre del lado de la justicia, y frente a los casos más dramáticos y extremos.

En el caso Olivia Road, del 2008, la notable (por varias razones, y en varios sentidos) Corte Sudafricana, sostuvo, frente a un caso de desalojo, que las autoridades políticas no podían actuar como estaban haciéndolo, sino que debían involucrarse en un proceso de "meaningful engagement" con aquellos a los que pretendían desalojar por ocupación ilegal. La idea de "compromiso significativo" conmocionó a la jurisprudencia sudafricana (aunque...Joe Slovo poco después). Pero el hecho es que, otra vez, la Corte puso el freno a las aspiraciones reaccionarias del poder político, y marcó los límites de lo que podía hacer, y las obligaciones que debía cumplir antes de seguir adelante. Y lo hizo inspirada, otra vez, por un marco teórico basado en la noción de democracia deliberativa. Volveremos sobre el caso, volveremos (andamos en un seminario que gira en torno al tema, así que vemos mucha tela para cortar por aquí)

Premio tolerancia

La Asociación por la Tolerancia, en España, acaba de premiar al amigo Félix Ovejero, por la consistencia de su trabajo y su crítica. Grande don Félix¡¡
http://www.vozbcn.com/2012/06/21/118468/felix-ovejero-premio-tolerancia/

21/6/2012

Toda protesta es politica

Moyano es un sindicalista pillo, que se enriquecio de modos impropios, tomando como medio aun la salud de los jubilados de su gremio. El gobierno avalo todas sus inconductas, aun las innombrables, y ahora protesta porque le protesta. Primero lo amenazaron con aplicar la ley de abastecimiento -como si esto fuera simplemente un gobierno autoritario, lo siento- y luego le impusieron una denuncia penal -esto se convierte entonces en un gobierno autoritario. Usar al derecho penal frente a una protesta gremial!! Impresiona realmente.
Para colmo, los justificadores oficiales estan en problemas, y ya se embarran hablando del caracter "politico" de la protesta, para quitarle legitimidad. Que lo aprendan si  no lo sabian: toda protesta es politica.

20/6/2012

Sombras de Buenos Aires


Murió Horacio Coppola,
el gran fotógrafo de las sombras de Buenos Aires

Premio Seminario al autor teatral

A Mauricio Kartun, extraordinario autor de obras notables, que ya forman parte de lo mejor del teatro argentino: Chau Misterix, El niño argentino, Ala de criados, Salomé de Chacra, entre tantas maravillas. Una densidad en los textos y un manejo del lenguaje como pocos otros.

Bolsa Laboral: Convocatoria ACIJ


CONVOCATORIA LABORAL PARA EL ÁREA DE ANTICORRUPCIÓN DE ACIJ

En ACIJ nos encontramos en la búsqueda de un abogado para incorporarse al Programa “Acción Ciudadana y Lucha contra la Corrupción”. Desde este proyecto trabajamos en la promoción de políticas de transparencia, la sanción de los actos corruptos y el cumplimiento de los mandatos internacionales en esta materia. Entre otras cosas, pretendemos exponer a los funcionarios públicos que no cumplen con sus deberes y se aprovechan de sus privilegios. (Para más información sobre nuestro trabaj: www.acij.org.ar).

Perfil
Buscamos un/a abogado/a que crea que hay mucho por hacer en este área, que sea entusiasta, que tenga conocimientos de derecho penal (somos la ONG que consiguió acceso a los expedientes judiciales de corrupción y queremos aprovechar la valiosa información que surge de ahí) y muchas ganas de aprender.
Las actividades comprenden la generación de información que contribuya al debate público, el establecimiento de lazos de cooperación entre sociedad civil e instituciones públicas, la promoción de reformas institucionales y la realización de investigaciones.

Requisitos
·         Título de grado en Derecho (preferentemente con conocimientos en derecho penal)
·         Compromiso personal con la promoción de los valores democráticos
·         Interés y aptitudes para el desarrollo de investigaciones
·         Se valorará especialmente la experiencia en abogacía de interés público o el trabajo previo en organizaciones no gubernamentales.

Fecha de inicio: inmediato
Dedicación: part-time o full-time (a determinar)

Para postularse
Los interesados/as, podrán remitir su CV sin foto y una carta de intención de una carilla de extensión a info@acij.org.ar (Asunto: Búsqueda corrupción) hasta el 27 de junio de 2012.

18/6/2012

El papel de los intelectuales en política





Grabación - resumen de la presentación que hiciera en la Biblioteca Nacional, en la jornada sobre   "Ciencias Sociales, intelectuales y política"

Quería pensar un poco sobre esta pregunta que se le plantea al panel -una pregunta que, en lo personal, no sé como resolver bien, aunque tenga algunas intuiciones al respecto. Me refiero a la pregunta sobre el papel de las Ciencias Sociales en la vida pública y, en general sobre la relación del intelectual público con la política. Para pensar esta pregunta que me resulta muy complicada, también quería remitirme  a la historia Latinoamericana. En particular, quería apoyarme en el pensamiento de autores como Alberdi, Bolívar, Bello, Samper, Murillo Toro, Francisco Bilbao. Cuando pienso en estos autores, los pienso haciéndose una pregunta que es muy relevante para el tipo de reflexión que me interesaba hacer, acerca rol del intelectual público y de las Ciencias Sociales en particular. Cuando ellos reflexionaban sobre cómo concebir las bases institucionales de una nueva sociedad, se hacían una pregunta en relación con cuál era el gran drama, cuál era la gran tragedia que enfrentaban las sociedades en las que vivían. Y me parece que ese puede ser un buen punto de partida: preguntarnos acerca de cuál es el tipo de dramas que hoy enfrentamos, y respecto del cual queremos utilizar nuestras energías intelectuales y políticas. Me parece que este enfoque es particularmente relevante en sociedades como la nuestra, en donde uno advierte una “distancia corta” las Ciencias Sociales y la política (ello, a diferencia de otros países, como los anglosajones, en donde la distancia parece ser más larga, y los cientistas sociales parecen estar más desapegados de lo que acontece en la vida pública).  En todo caso, vuelvo sobre la pregunta por el drama: Por supuesto que es difícil desentrañar esta pregunta. Al respecto, no tengo dudas de que vamos a tener desacuerdos importantes en la materia. Primero, desacuerdos acerca de cómo identificar cuáles son los grandes dramas que enfrentamos, desacuerdos acerca del contenido específico de nuestra respuesta. Y luego, también, desacuerdos acerca de cómo responder frente a esos dramas. Sin embargo, creo que se trata del camino correcto. Para ejemplificar lo que digo, y simplificando, yo creo que Bolívar se hacía una pregunta  de este tipo y la respondía de este modo: “el gran drama de nuestro tiempo es el de la consolidación de la independencia”, y en consecuencia, proponía utilizar toda la energía institucional disponible a los fines de asegurar ese objetivo. Para ello, y como respuesta frente a esa dificultad, sugería respuestas institucionales relacionadas con la concentración del poder: inequívocamente, todos los proyectos constitucionales que avanzó, tuvieron esa marca. Es decir, la marca de la concentración del poder. En lo personal, creo que la respuesta que daba Bolívar era equivocada, aún o especialmente para su tiempo, pero sin embargo me interesa su planteo, porque su planteo me parece apropiado. Otro ejemplo interesante es el que da James Madison, cuando reflexiona sobre cómo reorganizar la vida pública de los Estados Unidos, luego de la independencia. Otra vez, el se pregunta cuál es el gran drama que enfrentamos, y su respuesta es muy explícita, y aparece en El Federalista n. 10: el drama que enfrentamos es el de las facciones. Y qué hacer frente a ellas, se preguntaba luego. Y su respuesta también era explícita: lo que necesitamos es un sistema de frenos y contrapesos, que nos permita balancear el poder e impedir que las facciones se apropien del sistema político, y se opriman unas a otras. Alberdi también se hacía esa pregunta fundamental, a la hora en que pensar sobre la reorganización política del país. Simplificando, creo que el veía como gran drama al drama del desierto, del vacío territorial. Por eso la idea de “gobernar es poblar”: ésa era una de las respuestas frente a ese drama.

En definitiva, creo que se trata de un ejercicio que aún hoy vale la pena, aún cuando, por supuesto, vayamos a disentir acerca de cómo identificar y cómo responder a esa pregunta. Por todo esto, también, es muy relevante tener en claro y dejar en claro cuál es, (lo digo ambiciosamente), la teoría normativa de la cuál partimos, para fundar la respuesta que demos –una teoría que no podemos dejar oculta bajo la alfombra.
           
Contemporáneamente, y desde las Ciencias Sociales, creo que se han formulado algunas preguntas y respuestas interesantes, en la materia. Por ejemplo, creo que en algún momento de nuestra historia se pensó el tema de la dependencia como tema central de nuestra vida pública. Me parece que era un tema importante, que se había identificado algo que era importante. En tal sentido, creo que las Ciencias Sociales hicieron bien en dedicar buena parte de su energía a pensar el problema de la dependencia, me parece que era interesante como planteo. También en un momento creo que se pensó la cuestión del desarrollo y también creo que hay algo interesante allí (más allá de que uno esté de acuerdo o no con esa identificación). Se trata de una respuesta interesante a una pregunta importante

En la actualidad, sin embargo, yo propondría otro planteo, la sustancia para mí sería otra, la respuesta a aquella gran pregunta, hoy, creo que tiene que ver con la desigualdad. En efecto, y según entiendo, hoy no hay drama mayor, en el país, y en América Latina, que el drama de la desigualdad. Se trata, además, de una injusta desigualdad, y digo esto porque soy consciente de que  haber desigualdades justificadas. Pero hoy nos enfrentamos a desigualdades brutalmente injustas y me parecería bien, si alguien me preguntara, que haya un énfasis especial en la investigación en Ciencias Sociales alrededor de ésos temas, los temas vinculados con la situación de injusta desigualdad en la que vivimos.
  
            Frente a tal reconocimiento, agregaría, la respuesta que podemos dar debe empezar enfocándose en el modo en que hoy se ejerce el poder, cómo es que el poder crea, alimenta y mantiene esa desigualdad. Y me refiero tanto el poder económico como el poder político, por supuesto, tanto el poder privado como el poder público que, normalmente además, siempre van unidos como  vemos en la actualidad. Todo lo cual nos exige poner una atención especial tanto en cómo funciona el régimen de acumulación como en la manera en que se utiliza el aparato coercitivo estatal. Al respecto, cabría decir que no es lo mismo una pregunta de este tipo sobre particulares, que una pregunta de este tipo hecha sobre el Estado. El Estado tiene enormes recursos económicos a su control ,y además tiene las armas, tiene el monopolio legítimo de la violencia. Por eso es tan importante ver cómo usa esos recursos a su disposición. Y para tener una idea de lo que hace, creo que resulta especialmente importante ver cuáles son los derechos desplazados o aplastados en este momento.
Y por ello mismo, resulta especialmente importante enfocar nuestra atención sobre lo que hace el poder en relación con los marginados políticamente, los explotados económicamente, los humillados en sus derechos, los que son golpeados por las fuerzas policiales. Creo que ahí hay un foco de atención, un punto de mira fundamental. Se trata de lo que algún autor (John Rawls) llamaba “tomar el punto de vista de los más desaventajados”, ver la sociedad desde el punto de vista de los que están peor. Yo creo que esa es una mirada que vale la pena. Creo que se trata del punto de vista que deben tomar nuestras Ciencias Sociales: pensar el poder desde el lugar de los marginados y explotados. Ese punto de vista, me parece, va a permitir que las Ciencias Sociales asuman una respuesta inequívocamente crítica, crítica al poder político, crítica al poder económico, una respuesta que puede ayudar a iluminar lo que el poder siempre va a tratar de ocultar no en su maldad, digamos, sino en su conveniencia.

Esto me lleva a pensar que las Ciencias Sociales tienen que tener consigo, una presunción siempre negativa frente al poder. Ahí está el origen de la opresión, habitualmente. Allí reside el origen de la violación de derechos y por eso es que las Ciencias Sociales merecen asumir un papel esencialmente crítico, yo diría inclaudicablemente crítico, consistentemente crítico, radicalmente crítico frente al poder, insisto, el poder político y el poder económico.

            En particular, mi mirada parte desde el Derecho, que es mi campo principal aunque estudié también Sociología. Pero pensando en el Derecho, pienso que esta área ha tenido muchos problemas para pensar estos problemas. El Derecho ha tomado partido muy habitualmente no por los que protestan sino por los que golpean; no por los que son humillados económicamente, sino por los que humillan. Mucho peor, el Derecho ha utilizado habitualmente sus energías para la justificación, defensa y autorización de tales actos. Ha defendido la represión política, ha defendido las privatizaciones, en su momento, ha defendido la concentración del poder. El Derecho argentino dedicó una energía extraordinaria, los grandes estudios argentinos y los grandes académicos argentinos dedicaron una energía extraordinaria a hacer posible, por ejemplo, un proceso de acumulación determinado, como dedicó energía extraordinaria para defender un sistema coercitivo injusto, tanto en apoyo de gobiernos democráticos como de gobiernos militares. Me parece, por eso, que tenemos frente a nosotros una enorme tarea por delante, que nos habla claramente sobre el papel que los intelectuales y las Ciencias Sociales pueden asumir, en la actualidad.

            En ese sentido, creo que si uno ve como objeto de problema al modo en que se acumula económicamente, al modo en que se ejerce la coerción y ve como sujetos fundamentales del problema a los humillados y ofendidos por el sistema, es obvio cuál debe ser, para mí, el lugar y la misión de las Ciencias Sociales. Su tarea no debe ser ni alinearse con el poder, ni tomar una posición equidistante frente al poder. Su misión debe ser inequívocamente crítica. ¿Por qué? Lo he tratado de decir. Porque el poder es el que amenaza, y porque el poder se defiende solo, y porque –gracias a los recursos con los que cuenta- el poder tiene a cantidad de gente preparada para defenderlo.El poder tiene el dinero, el poder tiene la violencia. Los humillados, en cambio, están enfrente muy habitualmente, y habitualmente no tienen quien los defienda. Por eso es que aparecen los nuevos mártires, que se suman a los mártires que mencionaba Horacio en su presentación. Tenemos nuestros muertos recientes, como los últimos dieciocho muertos a partir de la administración actual, que se suman a los tantos muertos que ha habido en democracia. Creo que eso ayuda a definir un lugar para las Ciencias Sociales.
            ¿Significa, esto, que las Ciencias Sociales tienen que tomar un rol anárquicamente destructivo? No, en absoluto. Como la preocupación es por los derechos de los marginados y de los ofendidos y como el centro de la preocupación es cómo el poder ejerce la violencia y usa el dinero, hay un terreno enorme que se puede transitar y que, ocasionalmente las Ciencias Sociales han transitado. En las áreas que me son cercanas, se ha pensado en cómo organizar los juicios a las Juntas, se ha pensado la cuestión del aborto, se ha pensado sobre los derechos de los homosexuales, se ha pensado sobre el ingreso ciudadano. Son formas en que una Ciencia Social consciente políticamente, ha actuado y ha dado respuesta y me parece que son formas interesantes de actuación y que muestran que hay un campo posible. Entonces, no es que la Ciencia Social asume o debe asumir este rol anárquicamente crítico (cuestión que tampoco me genera mayor problema). El punto es que las Ciencia Sociales tienen un campo amplísimo en donde pueden desarrollarse de modo muy interesante. ¿Significa esto de que las Ciencias Sociales no deben ser conscientes de cómo está distribuido el poder? No, por el contrario. Las Ciencias Sociales deben ser siempre absolutamente conscientes en la materia. No se trata de estar con la calculadora en la mano. El punto es que actúe a partir de principios y por convicciones, más que por cálculo. No deben hacerse preguntas como las que muchos se formulan hoy, del estilo “voy a dejar de criticar a este porque…,” “voy a hacer silencio en este caso para hablar frente a este otro…” No, no hay que calcular de ese modo, cuando lo que están en juego son derechos básicos, cuando lo que tenemos enfrente son graves violaciones de derechos, cometidas desde el poder. Hay un objeto claro de crítica y un sujeto claro que hay que defender. ¿Significa esto una Ciencia Social descontextualizada, “ahistórica”? No, justamente lo contrario. Como somos conscientes de cómo se ha ejercido el poder habitualmente en la Argentina, como somos concientes de cómo se ha ejercido habitualmente la violencia en la Argentina, sabemos que no es extraño al ejercicio del poder la ley antiterrorista que este gobierno ha dictado, ni la persecución a los grupos de izquierda, ni la represión de la protesta social, esto forma parte de la esencia del poder. ¿El poder puede hacer otra cosa? Obviamente, por ello mismo es que ese poder debe ser criticado por nosotros.
            Yo resumiría en eso mi presentación,  creo que las Ciencias Sociales y los intelectuales públicos en particular, si a mí me preguntaran al respecto, tienen una respuesta interesante frente a las preguntas que motivan a la mesa y que arrancan de esto, de plantearse, inicialmente, esa pregunta angustiosa, acerca de cuál es la gran tragedia que tenemos frente a nosotros y eso nos lleva, también, a respuestas que son tristes, a veces, dramáticas, otras, pero que son fundamentales y que tenemos la obligación de hacernos.

15/6/2012

18 años

En lo personal, no tengo dudas de que el ex integrante del grupo Callejeros es culpable por haber quemado y muerto a su mujer, y por tanto merecedor de un severo reproche. Pero estos casos notables deberían ayudarnos a pensar también sobre los modos en que concebimos el castigo penal: qué hacemos, condenándolo a 18 años, sino venganza? Si queremos usar el castigo como venganza, ok, pero admitámoslo, no digamos que estamos usando el castigo para otros fines -resocializarlo, reintegrarlo, prevenir que él u otros cometan un hecho semejante: es que alguien se sentiría "alentado" a quemar a su pareja, si viera que en lugar de 18 años, recibe 8, por decir una solución con la que tampoco me comprometo? (Los familiares de ella parecían indignados porque el culpable no era condenado a prisión perpetua. Como siempre, de todos modos, para los familiares toda la contención y ayuda, pero no la delegación de la respuesta penal). De este modo, teníamos ya una vida arruinada -la de su pobre mujer- y ahora le agregamos otra.
http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-196430-2012-06-15.html

14/6/2012

Un Código Civil para el siglo XIX

Los cambios que propone el PEjecutivo al Proyecto de Reforma de Código Civil son de terror. Algunos se han ocupado ya del tema pesificación, del que acá no voy a ocuparme: es que los demás cambios son realmente llamativos. Por un lado, se elimina el art. 241 del anteproyecto, que hablaba del "acceso al agua potable" como derecho fundamental. En época de transacciones entre el kirchnerismo y las peores mineras del mundo, no es una buena noticia.

Luego, el PE elimina del proyecto la regulación de la "acción colectiva"  y la categoría de "derechos individuales de incidencia colectiva". (podemos sumar a ello esta noticia: http://www.clarin.com/politica/Ahora-Moreno-podra-asociaciones-consumidores_0_718728309.html). Es decir: nada de líos, nada de demandas, nada de acciones colectivas. En vez de impulsar un cambio vital para acercar al pueblo a la justicia, el kirchnerismo vuelve a hacer lo contrario: vuelta a alejarlo.

El amigo Arballo explica/justifica estas medidas diciendo, sobre el tema de las acciones colectivas, que dicho cambio posiblemente se debe a que se reserva el tema para el Código Procesal: mi dispiace, ma non lo credo. Sobre la cuestión del agua, dice que el cambio probablemente se deba a que el mandato "agua potable para todos" era de imposible cumplimiento: bueno, pero por qué no apoyar ese derecho humano básico de otro modo, en vez de aplastarlo contra la pared cual molesta mosca.

Si a eso se suma que el Código siempre pensó la propiedad (y la va a seguir pensando, salvo ciertos acomodos que la reforma viene a introducir en favor de los "countries") con categorías del país oligárquico y para pocos, tenemos que lo que se anunciaba como un cambio para el siglo XXI va a quedar en realidad como un cambio para el siglo XIX. Se equivocaron un par de siglos, pero seguro que todo es por un país mejor.

Las señales de la calle 3


 Una versión modificada del texto anterior, acá



En su trabajo Las señales de la calle , el sociólogo marxista Marshall Berman critica a su colega (de la misma orientación) Perry Anderson, convencido de que “la lectura de El Capital no nos ayudará si no sabemos leer, a la vez, las señales de la calle”. Según entiendo, en esta época de crecientes protestas ciudadanas -en la vuelta de los “cacerolazos” a la escena pública- también estamos mostrando incapacidad para leer las señales de la calle, atrapados por prejuicios ideológicos y lecturas acríticas de la realidad.
En mi opinión, las protestas están siendo leídas equivocadamente tanto por sus defensores como por sus detractores.
Pero aquí quisiera concentrarme en la actitud del oficialismo, que ha oscilado entre ignorar y denigrar a las manifestaciones; y centrarme en particular en una línea argumental, conforme a la cual los nuevos cacerolazos están siendo llevados a cabo por unos pocos individuos, movidos exclusivamente por su egoísmo: “esta minoría sólo se manifiesta” –nos dicen- “cuando siente que le tocan el bolsillo”.
Además de basarse en prejuicios carentes de todo respaldo empírico, esta posición es objetable por una diversidad de razones.
Ante todo, dicha postura se niega a aceptar la existencia de posiciones críticas genuinas, señalando simplemente que quienes protestan actúan movidos por intereses mezquinos. Esta posición es tan inatractiva como la que sostiene que si alguien defiende al kirchnerismo, ello se debe a que “está siendo pagado por el Gobierno.” Contra ambas posturas, conviene hacer un esfuerzo por mirar a su mejor luz lo que dicen quienes piensan distinto a uno. Ello, con independencia de que pueda haber muchos casos de personas que sostienen lo que sostienen sin convicción, por las malas razones, o de manera hipócrita.
En segundo lugar, debe señalarse que cualquier protesta puede ser asociada al autointerés de quienes la sostienen, sin perder su valor por ello . ¿Qué hay de malo, por caso, en que la clase obrera salga a la calle, se declare en huelga y proteste exigiendo mayores salarios? Tales reclamos pueden ser descriptos como reclamos puramente autointeresados, pero esa comprobación en nada invalida las protestas del caso. De modo similar, las críticas de los “indignados” europeos o las manifestaciones contra Wall Street también pueden ser leídas como producto de la propia angustia económica o el desempleo –como protestas originadas en el egoísmo. Pero ello en absoluto resta valor a lo que los protestantes hacen . Por el contrario, ellos merecen todo nuestro reconocimiento, por salir a la escena pública a mostrar la dignidad de determinados reclamos, que los trascienden como individuos.
Alguien podría introducir una variable en la crítica anterior, para sostener que está bien protestar por el propio interés, pero dependiendo de cuál sea el interés en juego.
Así, la clase obrera puede tener razones para protestar por sus magros salarios, pero la clase media tiene menos derecho a hacerlo (y mucho menos la clase alta), porque ya se ha beneficiado bastante de la situación que ahora critica. Sin embargo, este argumento también es problemático.
Los principales reclamos que se han escuchado en estos días (típicamente, terminar con la impunidad política y la discrecionalidad económica) resultan universalizables y muy razonables, en nuestro contexto . Por un lado, estaríamos descalificando a la protesta no por lo que dicen quienes protestan, sino por “lo que (pensamos que) dirían si pudieran”, o por lo que eventualmente declaren algunos de sus miembros.
Por otro lado, estaríamos dejando de tomar en serio las efectivas violaciones de derechos que revelan esos reclamos. Puede que las clases medias en el 2001 protestaran de modo egoísta, desde una situación de relativo privilegio social. Pero también es cierto que tenía reclamos muy justos de su lado (la pérdida de buena parte de los ahorros de toda una vida), que merecían una justa respuesta estatal.
Los problemas que mostramos para descifrar las “señales de la calle” se agudizan, en estos tiempos, por el lugar prominente que ocupa en la discusión pública un periodismo alineado, con dificultades de formación técnica y académica , que se suma a una sobrepresencia de encuestas de opinión que aplanan más que enriquecen nuestros conocimientos .
Factores como los citados hacen que tengamos problemas para detectar ambigüedades, matices y puntos de ruptura múltiples, que hoy parecen iluminar el escenario político. Este tipo de dificultades explican por qué, tantas veces, ocurren estallidos sociales y nos sorprenden: simplemente, no vimos o no quisimos leer las señales que los anunciaban.