4 jun. 2013

Soberanía popular


La diputada oficialista Diana Conti sostuvo que "los jueces no deben sustituir la voluntad popular y federal del Congreso Nacional". Y agregó que "en nuestro sistema republicano, representativo y federal de Gobierno, dar el derecho de votar a nuestros ciudadanos nunca puede ser inconstitucional".

Por supuesto que lo que dice es tremendamente problemático. Primero, porque normalmente (con algunas buenas razones) le pedimos al Poder Judicial que esté alerta para resistir las decisiones discriminatorias, o racistas, o persecutorias de minorías, o abiertamente violatorias de la Constitución, lo que implica ir en contra de la voluntad del Congreso. Esa es la vida normal, y no enloquecida, de una democracia constitucional. Segundo, porque lo que ella dice implica, como de costumbre, razonar  a las apuradas (el kirchnerismo sufre el síndrome del atolondramiento en estos tiempos). Ocurre que la voluntad popular no se equivale con la voluntad del Congreso (espero que la diputada sea consciente de ello). Por eso, muchos defendemos, al mismo tiempo, el principio de la soberanía popular, a la vez que criticamos lo que hace el Congreso en nombre de aquella.

En todo caso, supongo que lo que ha dicho representa, más bien, un globo de ensayo para abrirle el juego a la alternativa de plebiscitar un nuevo mandato para la presidenta (no se trata, como ella alega, de un intento de defender la reforma judicial).

El de la reelección es un buen test para su tesis: Todos juntos (y ella misma, ex alta funcionaria de De la Rúa, no olvidarlo), estuvimos en contra de la reelección de Menem, porque se oponía a la letra de la Constitución, y a las intenciones de quienes habían escrito la cláusula de no reelección. Y todos juntos rechazamos la respuesta de Rodolfo Barra y compañia, que consistía en alegar el principio de la soberanía popular para facilitarle la reelección de Menem, contra el sentido compartido de la Constitución.

Llegados a este punto habría que pensar, entonces, en al menos dos cosas. Primero, sobre la justificación del recurso a la soberanía popular como carta a utilizar frente a un texto constitucional que no autoriza a hacer lo que algunos querrían hacer con ese texto. Y segundo, sobre el modo en que seguimos aceptando que se trivialice la idea de soberanía popular: Si la tomáramos en serio -si permitiéramos que el pueblo hable, y no sólo para elegir a quién va a hablar en su nombre durante los próximos años- ninguna de estas personas seguiría ocupando el puesto que ocupa, y haciendo lo que desde allí hacen.


foto: N. Orleans. Black coffee

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Julian Dominguez dijo algo similar el otro dia: "Les guste o no, somos representantes de la voluntad del pueblo argentino y por lo tanto dos jueces no pueden detener la voluntad política".

Si sumamos esta nota:
http://tiempo.infonews.com/2013/06/02/editorial-103039-conjeturas.php

Nos podemos quedar tranquilos que todo lo que sale del congreso nos representa y es bueno...

Anónimo dijo...

Podría ser una buena estrategia para los "K" que declaren inconstitucional las reformas "democratizadoras" de la justicia (léase domesticadora del Poder Judicial) y luego decir: si la constitución no permite que la voluntad del pueblo modifique la justicia, habrá más derecho a convocar a una constituyente para reformar la C.N. (la justicia les importará poco o será la cortina de humo y clavarán de paso lo que les importa realmente, la Re - Re).-

Anónimo dijo...

Me hace acordar a aquel caso en que unos advenedizos habían planteado a la Corte que la Constitución de Sasnta Fé resultaba contraria a la Constitución Nacional por negarle a Reutemann su derecho fundamental a ser elegido por el pueblo las veces que se le antojara.
La demagogia plescibitaria es clara. No hay dudas sobre ello.
Ahora Roberto, también tenés que hacerte cargo de que tu crítica histórica al control judicial, leída perversamente, abre la puerta para este tipo de posiciones cualunquistas de la soberanía popular.
Basta fragmentar el antecedente para que la conclusión emerja como posible.
Creo que también deberías hacer una autocrítica sobre cómo esas posiciones resultan muy funcionales a lo que Conti plantea con total desparpajo...

rg dijo...

gracias, pero realmente no lo veo asi para nada. fijate en EL libro que escribí sobre el tema, la justicia frente al gobierno,de 1996. lo que digo en el post estaba explícitamente ahí:, cap. 7: el congreso no es lo mismo que la soberania popular, asi que que no se tome mi critica al pj como una defensa de este congreso. era la epoca del menemismo, asi que eso lo tenia muy claro

Anónimo dijo...

Una mejor (más sofisticada, si cabe) versión de los argumentos de Conti en cuanto a revisión judicial de la constitucionalidad versus "voluntad del pueblo" fue expuesta por el profesor Ferreyra (titular de constitucional en la UBA).

http://tiempo.infonews.com/2013/06/02/editorial-103039-conjeturas.php

Para realmente elevar el debate acerca de estas cuestiones -creo humildemente- sería bueno diferenciar lo que es un alegato de una discusión seria:
1. si hay argumentos del otro lado que me la hacen difícil, un alegato los calla, una discusión los reproduce y reconoce.
2. un alegato quiere convencer, no necesariamente convencer porque se tiene razón: si se convence porque el interlocutor no entendió el tema, o se lo confundió adrede, o se le informa parcialmente de las dificultades igual el objetivo está cumplido; todo esto es inadmisible en el marco de una discusión respetuosa y seria.
3. un alegato busca complejizar y gira hacia posiciones escépticas cuando se le pone jodida la cosa, pero jamás lo hace cuando la tiene fácil: juega con la complejización y el escepticismo de manera arbitraria, caprichosa y deshonesta. una contribución a la discusión seria jamás se permitiría esa licencia.

Gran parte de los problemas en los debates contemporáneos es que hay muchas intervenciones de intelectuales (o gente con pergaminos intelectualoides) que en realidad ponen su erudicción al servicio de un alegato. Por alguna razón que no descifro, es notorio cómo muchísimo de eso viene desde el campo K (carta abierta, justicia legítima, Mocca, Ferreyra aquí). Este no es el único de los problemas, pero es uno con nefastas consecuencias y sobre el que me parece no reflexionamos lo suficiente.

Una contribución interesante del kirchnerismo es poner en práctica la idea de política total: asumir que en todos lados hay política, y decidir hacer política por todos los medios. Sin embargo, este aspecto me perturba en algunas cuestiones, como por ejemplo la que menciono. Si la política es prioritaria respecto de la discusión, la deliberación y la democracia, entonces lo único que vamos a encontrar son alegatos y, en todo caso, lo que ha conseguido el involucramiento de intelectuales en el debate político argentino durante los últimos años es mejorar el nivel de los alegatos, no elevar el nivel de discusión.

rg dijo...

yo ya me canse de hacer discusiones, pero sigo adelante. pero para eso hay que tener argumentos enfrente, y no los veo. igual, aca estamos para discutir

Anónimo dijo...

Eso incluye la voluntad de los lobbystas (por ejemplo los intereses de la Barrick Gold o de las empresas pretoleras que re-negocian concesiones)? Trabajo para un estudio que representa empresas mineras, incluso la Barrick asi que se muy bien de que hablo.