10 ago. 2009

Venegas vs. Sotomayor

Dos notas sobre el reciente y escandaloso nombramiento de Marcelo Venegas como presidente del Tribunal Constitucional chileno. Venegas, cabe recordarlo (yo no lo sabía, por caso), era director del DINACOS, el organismo que ejercía la censura durante la época de Pinochet. Reportaje al buen colega Javier Couso, sobre el tema, acá. Y nota del super-jurista Carlos Peña, aquí abajo

Venegas vs. Sotomayor

Carlos Peña
El miércoles que recién pasó, Marcelo Venegas fue elegido, por unanimidad, como presidente del Tribunal Constitucional de Chile. Al día siguiente, Sonia Sotomayor fue confirmada como integrante de la Suprema Corte de los Estados Unidos.

Hasta ahí llegan las semejanzas. El resto son alarmantes diferencias.

Sonia Sotomayor -nacida en el Bronx y graduada a punta de talento en Yale- fue nominada por Obama hace dos meses. Luego fue sometida a un intenso escrutinio en el Senado. Se le interrogó acerca del aborto, el activismo judicial y los derechos de las minorías y se le pidieron cuentas por otra serie de declaraciones suyas. Los profesores de derecho discutieron acerca de sus méritos y la prensa siguió de cerca el debate. En suma, se la allanó sin pudores y sin clemencia a fin de verificar que sus opiniones y sus actos estuvieran a la altura de lo que se espera de un juez constitucional.

Y es que ese tipo de jueces son quienes están a cargo de decir qué derechos tenemos y cuáles son las reglas en base a las cuales los diversos poderes del estado deben comportarse.

No es poco. Y eso justifica que en el Congreso de los Estados Unidos se registre a los nominados hasta los últimos intersticios.

El caso de Marcelo Venegas, recién elegido presidente del Tribunal Constitucional de Chile, es muy diferente.

Aunque tiene casi el mismo poder que el que tendrá Sotomayor, el proceso que lo condujo a ese cargo y los méritos que exhibe son muy distintos.

Su carrera pública -juzgada desde la altura en que hoy está- deja harto que desear. Toda su vida profesional la hizo como funcionario de la dictadura hasta culminarla como director de la Dinacos, el órgano que manejaba las comunicaciones del régimen y que, cuando era necesario, imponía la censura. Algo que Venegas hizo sin problema.

No parece un muy buen antecedente como para ser la cabeza del Tribunal que custodia la Constitución y los derechos de las personas.

Pero nada de eso importó. Y es que a la hora de designarlo, nadie -ni un solo diputado, ni un solo senador- miró siquiera el currículum del juez Venegas ni le consultó nada. Su nominación fue el resultado de un juego de toma y daca (hoy por ti mañana por mí) que le confería a cada sector político el derecho a llenar uno de los cupos del Tribunal. De escrutinio público ante los ojos de la ciudadanía, nada.

Y así Venegas se hizo de un sillón.

El resto fue más o menos sencillo. Una vez allí (y sentado en medio de otros jueces nombrados con similar método) surgió el inevitable espíritu corporativo que elude el debate y el control. De ahí a asignar el cargo de presidente sin ningún cuidado por las formas, en base a un sistema de turnos, y sin atender a la importancia pública del asunto -que es lo que ocurrió con la nominación del juez Venegas- hay un paso.

La pregunta por cuál era el estándar que debía cumplir un juez constitucional al margen de cualquier otra consideración, nadie se la hizo. Ni los senadores y diputados que participaron de su nombramiento, ni los jueces que acaban de designarlo. Ninguno estuvo a la altura. Los primeros trataron el asunto como si fuera un botín a repartir. Los segundos como si la Presidencia del Tribunal pudiera resolverse con criterios privados como la amistad y el compañerismo.

Mientras la brillante y esforzada jueza Sotomayor sudaba lágrimas cuando respondía preguntas y los senadores registraban su vida, el juez Venegas, sentado en su sillón, sólo esperaba que sus colegas del Tribunal cumplieran con el turno acordado. Mientras Sotomayor exhibía su vida como garantía de su fidelidad a la ley, Venegas guardaba silencio y cruzaba los dedos para que nadie recordara su época de funcionario de la dictadura. Mientras los senadores norteamericanos revisaban el desempeño de Sotomayor buscando algún tropiezo, los diputados y senadores chilenos ni se enteraron de qué cosa hacía Venegas antes de que fuera nominado.

Simplemente impresentable.

El único a quien no es posible reprender es al juez Venegas quien, en su defensa, siempre podrá decir que después de todo nunca nadie le preguntó nada.

12 comentarios:

Anónimo dijo...

Es como nombrar a Paulino Tato (retratado en la película El censor, con Ulises Dumont) como Secretario de Cultura, por citar uno entre miles de nefastos ejemplos posibles.
Además reemplaza al juez Colombo, que era bastante progresista, según parece.
Y si mal no recuerdo, ya fue ministro del Tribunal Constitucional en otra ocasión y se opuso a una distribución de anticonceptivos o preservativos, no recuerdo con exactitud.
Una verdadera pena/vergüenza.
E.S.

Anónimo dijo...

Es triste. Acá en Chile no es primera vez que se suscitan este tipo de problemas. El 2006 ingresó al Tribunal Constitucional Bertelsen Repetto, un jurista no muy amigo de la democracia como sistema de gobierno, según expresa en sus libros. Y, al igual que ahora, nadie del poder político expresó algo, o se opuso de alguna manera.

Sumamente triste.

Pablo

Crescente Molina dijo...

En general, por desgracia, en Chile no hay muchos juristas amigos de la democracia, es una clase recién surgiente.

Anónimo dijo...

La designacion de Venegas es una cuestion interna de Chile en la que no debemos inmiscuirnos.
Si en defenitiva nosotros no somos quien para juzgar sus actos.
La buena o mala decision es algo que solo les compete a ellos.

Lucas A. dijo...

Hago una pregunta que tengo hace muchísimo: Qué tal es el libro de Alejandra Matus sobre la Justicia Chilena? Qué tal les parece a los que conocen más de cerca la justicia y la corte chilena?

Y otra vinculada, Cuál es el libro más importante y más crítico de la Justicia chilena (su estructura o su corte)? (es el de matus?)

Gracias adelantadas.
Salud!
Lucas.

La anonima dijo...

Que diferencias no??? me alegra mucho un juez como Sotomayor, es admirable ¡¡¡¡ y por aqui tambien tenemos Venegas...

Domingo dijo...

Lucas, yo diría: no, el de matus es un libro-reportaje de las malas prácticas de la CS de Chile .. entre ellas se menciona cómo los jueces hacían ingresar mujeres a las salas de la corte, y presiones que han recibido para fallar en ciertos casos ... la parte de crítica del funcionamiento de la CS es poco feliz, con muchas referencias incorrectas ("Keslen") y con una crítica poco justificada al formalismo ... sobre un buen libro sobre estructura del poder judicial en Chile .. Lisa Hilbink: An Exception to Chilean Exceptionalism: The Historical Role of Chile's Judiciary and Prospects for Change ... con referencias bastante más acertadas a la forma en que funciona el Pj en chile .. lo de matus es bueno tenerlo de todas formas, pero insisto, más como reportaje de malas prácticas que por su crítica estructural.
slds,
D.

Lucas A. dijo...

Gracias Domingo! Voy a la búsqueda, entonces. Saludos!
Lucas.

La Anonima dijo...

Nuestros jueces tendran una preparacion de esta magnitud y soportarian un interrogatorio de esa naturaleza que tuvo sonia Sotomayor?

El criador de gorilas dijo...

Solo diria, rg, que en el senado estadounidense tambien hay toma y daca, no vayamos a creer que los votos de cada senador emanaron de la deliberacion.

De hecho, la influencia de la asociacion nacional del rifle sobre cada senador republicano parece el mejor predictor del voto en el recinto (http://www.fivethirtyeight.com/2009/08/nras-pyrrhic-victory-on-sotomayor.html), con lo cual el toma y daca es muy explicito.

Anónimo dijo...

Y me pregunto qué pasaría si miramos para atras un poco y vemos qué hizo cada uno de los jueces y juezas de la CSJN antes de sentarse allí. Me parece que algunos no quedarían muy bien parados...

do ut des dijo...

Criador, el que dicen que esta "deliberando" como loco ultimamente es Julio Grondona...