2 dic. 2012

Ley de Medios: Tercera oportunidad perdida


Hoy, acá: http://www.clarin.com/opinion/Ley-negocios-particulares-empresarios-amigos_0_821317954.html

Desde la vuelta a la democracia hasta hoy, la Argentina atravesó al menos por tres períodos –tres paradigmas distintos- en materia de organización estatal, que se tradujeron en tres concepciones distintas en materia de medios de comunicación. Voy a referirme brevemente a estas tres etapas, con el objeto de llamar la atención sobre el paradigma que en la actualidad está siendo fortalecido por el gobierno, con la ayuda de la ansiada, necesaria Ley de Medios.

El primer paradigma lo encontramos en el gobierno de Raúl Alfonsín, y podemos caracterizarlo por una fuerte presencia estatal –una primacía del Estado que se hizo visible en todas las áreas de la vida pública y también, necesariamente, en el área  referida a la comunicación. Las políticas de Alfonsín en la materia fueron hijas de una tradición democrática estatista, y encontraron una expresión fiel (de sus virtudes y defectos) en la organización de los medios televisivos que quedaron, en aquellos años, bajo el pleno control del Estado. El Estado, por entonces, aparecía injustamente golpeado por lo que había sido el paso arrasador de la dictadura, y se mostraba, por su parte, anquilosado y carente de fuerzas, además de pobremente guiado. Aunque Alfonsín procuró impulsar, en aquellos años, formas nuevas de relación entre los medios de comunicación y el Estado, lo cierto es que durante todo su gobierno los principales canales de aire estuvieron dirigidos por vertientes distintas, internas a su partido, que cumplieron su tarea con (digámoslo así, ayudados por la perspectiva actual) cierta inocente torpeza.

El segundo paradigma sobre el Estado y los medios lo encontramos con el gobierno de Carlos Menem. En este nuevo esquema, la filosofía dominante fue otra: se trataba de la entrada triunfal del modelo anti-estatista y privatizador. La traducción más fiel de los nuevos criterios vigentes en materia de comunicación pública puede encontrarse en un principio tan simplista como falso. El principio rezaba “diversidad de propietarios significa diversidad de voces,” y era falso por razones diversas. Por un lado, los diversos propietarios del caso tenían –por su origen social, sus vínculos políticos, su socialización- voces demasiado parecidas. Por otro lado, y lo que es más importante, el paradigma privatizador erigía al dinero como organizador de la palabra, lo que determinaba que la misma (la palabra política, la crítica pública) quedara dependiente de la capacidad del hablante para aportar dinero o seducir al dinero. Mucho peor, por definición, dicho esquema convertía a las voces impopulares (las que eran incapaces de atraer audiencias masivas o avisadores poderosos) en voces ausentes, excluidas del foro público.

El tercer paradigma sobre el Estado y los medios es el actual - el que ha estado impulsando el kirchnerismo, en estos últimos años. En este caso, y a pesar de (o encubiertas por) las palabras grandiosas, barrocas y altisonantes, la práctica instalada vino a agudizar muchos de los males presentes en las etapas anteriores. Lo que encontramos ahora es un modelo nuevo de organización estatal, que no aparece orientado ni por la inercia estatista - la que culminara en el “gigante bobo”- ni por la compulsión privatista destinada a favorecer a los empresarios amigos. De lo que se trata es de una nueva visión de lo público que gira en torno a un Estado que actúa en asociación con cúpulas sindicales y empresarias cercanas –mercenarias diría- con el objeto de impulsar negocios privados, muy habitualmente a partir de la explotación de obreros terciarizados. El modelo de gestión que la muerte de Mariano Ferreyra y la tragedia del Once dejaron a la vista de todos, en materia ferroviaria (subsidios millonarios, infraestructura que se desmantela, trabajadores sobre-explotados, sindicatos dirigidos a amordazar antes que a encauzar el conflicto), es el mismo modelo de organización que impulsa el Estado en sus emprendimientos gasíferos, petrolíferos o mineros. Se trata del mismo modelo que el gobierno –confundido con el Estado- pone en marcha a través de la Ley de Medios.

El nuevo paradigma comunicacional impulsado por el kirchnerismo, a través de la necesaria Ley de Medios, no se guía por los débiles, golpeados criterios públicos que caracterizaban al alfonsinismo. Tampoco se guía por la enfermedad privatizadora que afectaba al menemismo. Lo que encontramos ahora es una hegeliana síntesis en donde los criterios públicos son emocionadamente invocados para avanzar negocios particulares con grupos empresarios amigos. A pesar de las inverosímiles negaciones, a pesar de las risibles desmentidas, todos sabemos que hay una inflación, niveles de pobreza y de desigualdad mucho más altos que los reconocidos oficialmente, como todos sabemos que el gobierno ampara, contra (“la letra y el espíritu” de) la Ley de Medios, a grupos inhabilitados para operar en el área de las comunicaciones. Y no se trata de los márgenes de la Ley, sino de su centro. Es una enorme pena que, frente a una sociedad sorprendentemente abierta ante la Ley de Medios, se ponga en marcha una práctica fundada sobre el engaño, alimentada de propaganda, y orientada, otra vez, al negocio. Es la tercera oportunidad perdida, en un panorama que –por las desigualdades que se alientan- no promete ir para mejor.


9 comentarios:

Anónimo dijo...

Mi estimado, con este gobierno no podía haber otro resultado posible a toda este estupidez de los medios.
Reconocerlo es duro para mucha gente que adoran las banderas kirchneristas y se dejaron encandilar por ellas.

¿Qué otro resultado podía tener una política de medios si la impulsan unos atorrantes que sojuzgaron todas las voces de su provincia?

Finalmente, disiento. A la sociedad le importa poco o nada cual va a ser el paradigma comunicacional argentino.

Francisco

Anónimo dijo...

Es muy objetivo y fundado tu análisis de los tres períodos mencionados.
Alfonsín fue tan sólo un "ingenuo" y Menem (que hizo posible completar la hegemonía absoluta del grupo Clarín)pretendía "diversidad de voces a través de diversidad de propietarios"...
Claramente, el peor período es éste, en el cual se sancionó la Ley de Medios...
La verdad que te estás superando día a día, Roberto.
Le pedimos independencia a los jueces de la política. Sería bueno, también, exigirles independencia de la influencia de las corporaciones.
No parece posible pedirle independencia, sin embargo, a quienes opinan en diarios u otros medios de comunicación masiva. Está cada vez más claro que, algunos de ellos, han tomado posición política con firmeza, aunque se empeñen en intentar vender la quimera de la defensa de los "ideales democráticos y republicanos".

rg dijo...

no es lo que pienso. alfonsin se equivoco, y la politica de menem fue la peor imaginable en la materia. y esta, que retoma el discurso estatista del primer periodo, se emparenta con el menemismo en su apetencia por hacer negocios con el empresariado amigo. por eso es una pena: porque en vez de enaltecer la ley de medios que necesitamos, la degrada por su ambicion de dinero y corto plazo

Anónimo dijo...

Decimos que detentamos el poder, para ello formamos un partido político supuestamente de centroizquierda, pero en el fondo sabemos que nunca lo vamos a tener, antes que nada porque tenemos serios problemas con la delegación del poder, la democracia representativa y la red de alianzas (ya suficientes tenemos con la gorda). En el camino pasan muchas cosas (entre otras, abandonamos el proyecto porque aparece lo real y corremos) y más adelante nos basta con denunciar la corrupción y el autoristarismo de cualquier poder y por ej. aprovechamos la oportunidad de publicar cualquier opinión o columna antioficialista porque si bien sabemos que estamos reproduciendo la línea editorial de la corporación de medios más grande de la Argentina cuya magnitud entra en conflicto con una ley antitrust, pensamos que es más importante continuar exhibiendo nuestra pureza intelectual.
Decimos que hacemos uso de nuestra libertad de expresión (criticamos solemnemente la aplicación de la ley fingiendo que no sabemos qué es desarticular y construir poder y para qué se utiliza), pero publicamos cuidadosamente lo que se nos pide pero siempre remarcando que somos más políticamente correctos que Lisa Simpson, y que no hemos traicionado la letra revolucionaria que se nos exige. A la larga, sólo se nos acusará de vedettismo o de ingenuos, en el mejor de los casos. Aunque quizá no seamos nada de ello.
Saluts
Franco

gracia dijo...

muy bueno, muy claro..Robert
gracias

pd: esta politica k es la peor de todas

odie a menem pero estos son peores, por lo menos menem no era tan autoritario, ni prepotente, ni soberbio...

ademas robaban menos q los k..

la pobreza estaba igual o mejor..

y los muertos por represion eran mucho menos....

la droga tambien era menor y los negociados..

no encuentro nada mejor .. eso q odie a menem y me parece un asco, pero estos se hacen los progres y son re hipocritas y esa mentira me repugna mas.. se hacen los de izquierda y son de la peor derecha ladrona y corrupta

besitos ...

Anónimo dijo...

Estimado Roberto: muy atinado su texto. Coincido plenamente en sus ideas, pero lo que me preocupa más es que los que somos ciudadanos "cuasi-independientes" (dado que es casi imposible no tener una posición política, amén de no tener representación), nos hemos quedado "en el aire". No existe opòsición al proyecto oficial, y tengo la sensación de estar cada vez más indefenso. Las distintas administraciones (municipal, provincial, y nacional) tiene muchas ocsas en común, amén del partido gobernante. En el fondo, lo que hacen es frenar el accionar ciudadano a través de sus organismos (dado que "frenan" en lugar de "dar"), y todo es "poner dinero".
Gracias por poder expresarme. Y felicitaciones por el blog.

Anónimo dijo...

Me parece muy atinada su visión de las políticas con relación a los medios de comunicación. Soy estudiante de derecho y he leído algún artículo suyo. Sin embargo me parece poco objetivo criticar al gobierno parándose en la vereda de enfrente. Es decir, publicar sus ideas en el diario Clarín da cuenta de su postura. Sin ser oficialista, tampoco soy "opositor". Si bien esta política de confrontación que desde siempre caracterizó al gobierno kirchnerista es totalmente reprobable, lo del Grupo Clarín no está muy lejos. No soy ajeno a los tejemanejes del poder. Cuando ahora hablan de la lucha contra la "oligarquía" nadie dice que fue durante la presidencia de Néstor Kirchner que se permitió la fusión de Cablevisión. Pero de ahí a ponerse alguna camiseta... No quisiera ser grosero, simplemente decirle que a mi juicio lo objetivo de su texto se termina cuando accede a publicar en un diario como Clarín. Saludos.

rg dijo...

porque en los diarios oficialistas me lo hubieran publicado, no? me parece que tenes una visión algo ingenua de cómo son las cosas

Anónimo dijo...

No es ingenua mi postura, simplemente es honesta intelectualmente. Hay muchas otras opciones donde publicar artículos y no necesariamente debe ser algún diario oficialista u opositor. Saludos.