23 nov. 2014

Aprobar sin debatir

Hoy (acá) sale nota sobre el tema, en La Nación: hay un problema -y es serio, y es de rango constitucional- cuando en el Congreso decide (mucho peor: cambio las normas de fondo) sin debatir. Ahí aparecemos con don Bohmer -yo polemizando un poco con Horacio G., que nos maltratara innecesariamente en una nota que ya citáramos. Por ahora, menciono un solo punto: uno no sólo insiste con la deliberación porque la Constitución la exige. Lo hace, sobre todo, porque aprendió de la historia (argentina por caso) y sabe que cuando el debate se termina y se cierra al público, es porque los grandes poderes entraron: llámese Iglesia, empresas telefónicas, empresas megamineras, empresas de hidrocarburos. No nos mientan más.

Un párrafo de lo que yo escribiera (en réplica a HG), y que la nota retoma:


"Resulta molesta la necesidad que impone este tiempo, que exige que presentemos, luego de cada argumento, un certificado avalando nuestra disposición a mirar al mundo desde el punto de vista de los más sacrificados. En todo caso, quienes enfáticamente defendemos la deliberación inclusiva, lo hacemos -justamente- bajo la convicción de que su falta genera problemas graves, que poco tienen que ver con el dejar de parecernos a caballeritos ingleses, discutiendo en torno al té de las cinco de la tarde sobre las reglas del hockey. Nos mueven problemas algo más argentinos: problemas brutales, que las recientes disputas sobre los Códigos Civil, Penal o Procesal simplemente han ratificado. Para decirlo en breve: la ausencia del debate democrático no sólo es contraria a lo que la Constitución exige, sino que viene siempre de la mano de una renovada influencia de intereses particulares (no populares precisamente) en la forja de las leyes que van a regir sobre todos. Tómese el ejemplo del Código Civil: cuando se cerró el debate público en su torno, se quitaron derechos ya incluidos, que incomodaban a las empresas mineras; y se incluyeron prerrogativas que habían sido excluidas, favorables a quienes lucran con el trabajo precario. En la oscuridad, se le arrancaron las cláusulas sobre responsabilidad de los funcionarios públicos (favoreciendo la alianza -tan de estos años-- entre agentes del gobierno y el empresariado corrupto); y se introdujeron cambios en materia de propiedad exclusivamente orientados a asegurar los intereses de los mejor situados (countries, tiempo compartido). No se dedicó un solo instante, en cambio, a reparar los padecimientos de los sacrificados (vivienda precaria, desalojos forzosos, falta de agua)". En definitiva... "la ausencia de debate favorece que ganen los mismos de siempre, amparados por el secreto, y ayudados por su poder de influencia. El final que nos reserva este tiempo es, sin embargo, todavía más triste: en casos como el citado, entre tantos otros (legislación anti-extranjeros; fiscalías sin control popular; endurecimiento irracional de la prisión preventiva) se trabaja contra los más débiles, pero se lo hace en su nombre, invocando -con sentida emoción- cada uno de los derechos que se les niega".

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Apenas si hay referencias a H.G, si, como marque en el otro comentario, no da respuestas a nada. La discusion sobre los limites de los monstruos mediaticos, y todo ese cuento es interminable, lo que no es interminable, es ver quien hizo que cosa (y no me refiero a cuestiones politicas), sino a cuestiones delictivas. Sobre eso, como dije: o la plata esta o no, y alguien es o no responsable si el dinero no esta; o la mineria produce serios e irreparables peligros, o no. No se puede seguir pensando en la logica de HG. "roban pero tienen una politica progresista" "son autoritarios pero se obtuvieron muchos derechos". Eso no resiste el menor analisis!!! y pone la discusion en terminos puramente arcaicos. Pablo

SDM dijo...

Pablo

Si entendí bien tus comentarios, no concuerdo con ellos.

Sin adherir para nada a la lógica de Horacio González, creo que la misma es coherente desde la perspectiva del peronismo progresista. Lo que desde una perspectiva no peronista es lisa y llanamente de derecha, desde el peronismo progre se ve como un sapo a tragar para defender un proyecto que se cree, en el trazo grueso, bien encaminado. Para los que estamos fuera del peronismo puede resultar difícil de aceptar, pero la cosa sí resiste el análisis y está lejos de ser arcaica.

Desde una postura de izquierda no peronista uno podría sostener que tal actitud o decisión de este gobierno es de derecha, antirrepublicana o que incluso es antidemocrática... pero desde la otra vereda eso se ve como hacer oposición a partir de detalles menores, como ningunear las decisiones de un liderazgo respaldado por la mayoría a partir de formulismos vacíos, como “correr permanentemente el arco” de las demandas, como una defensa zonza de las instituciones que termina siendo necesariamente favorable a la derecha de verdad.

Que conste que no estoy diciendo que crea que estas apreciaciones del peronismo progresista son ciertas o válidas. Al contrario, creo que están equivocadas y son inaceptables. Pero, por otra parte, me parece que es pifiar mucho en el análisis desconocer el modo en que funciona ese peronismo progresista.

Como dijo la presidente una vez (antes de ser presidente... y desde entonces me quedó clarísimo el panorama): “nosotros nunca fuimos de izquierda, siempre fuimos peronistas”. O sea el peronismo va primero, el progresismo va segundo. Por lo tanto, los valores de izquierda (e incluso de centro-izquierda) pueden ser (temporalmente, en principio) sacrificados si las circunstancias lo requieren.

Anónimo dijo...

PAblo: SMD Le agradezco el comentario. No desconozco el debate politico que es la clave para el progreso de las ideas politicas en el pais. Sin embargo, desde ahi no se puede justificar la comision de delitos, porque eso mismo, de ideologico no tiene nada. Omitir eso, para no hacerle el juego a la derecha o a la izquierda es un juego politico que no me parece muy relevante discutir por el momento, si de lo que se trata es de hechos de suma gravedad institucional. Primero esta reconocer la gravedad institucional de ciertos hechos en los que sobre funcionarios del gobierno (no el gobierno como colectivo) existen pruebas de participacion en un delito. Despues discutimos sobre la derecha, la izquierda, o como se entrama el debate politico. Pero una cosa es el debate politico, y otra cosa el encubrimiento. Que no se hable entonces del nazismo como si fuera una reliquia del pasado, y mucho menos para descalificar a la oposicion, cuando (para evitar hacer el juego a la derecha) se omite discutir sobre hechos concretos de personas concretas, y no de colectivos o proyectos, que como tales no pueden ser delictivos. No hay que confundir la discusion politica, con aquella que se centra en personajes concretos, como el tal Baez. Nadie en su sano juicio puede decir que el peronismo es criminal, lo mismo que la izquierda etc. Eso en el juego politico bueno, pasa. PEro reitero, cuando de lo que se trata es de discutir sobre cosas concretas que tienen consecuencias devastadoras para el resto de la poblacion, uno no se puede hacer el tonto, ni recurrir a la discusion sobre ideas politicas, como quien recurre a su mama cada vez que le dicen algo que no le gusta. Pablo