27 nov. 2014

Scanlon y la autoridad para castigar

En varias ocasiones, en este blog, nos ocupamos de la autoridad del Estado para castigar -o más precisamente, de su falta de autoridad. Ello, sobre todo, en el caso particular (aunque no excluyente) de personas desaventajadas, y frente a situaciones de grave desigualdad de las que el propio Estado es responsable. Esto, lo aclaramos siempre, no pretendía señalar - lo que podría interesarle a los críticos- que una persona pobre no es, por tanto, culpable, ni es responsable de la falta, tal vez grave, que ha cometido. Lo que decimos es otra cosa: la falta puede existir y ser grave, la persona puede haber cometido la falta y ser responsable por ello, pero aun así puede ocurrir que el Estado no tenga la autoridad que necesita para reprocharlo o castigarlo por su falta.

Examinamos el tema, varias veces, de la mano de A. Duff, y de sus escritos en torno al tema "yo he cometido una falta, pero quién es usted para reprochármela?". Nos adentramos en la cuestión, también, a través del trabajo que ha hecho en torno al argumento tu quoque, y su artículo sobre "quién tiene la autoridad para arrojar la primera piedra?"

Hace un tiempo llegamos a la misma cuestión a través del trabajo del gran filósofo Tim Scanlon, y sobre todo su gran ensayo sobre la Culpa, incluido también en un libro de su autoría, recientemente traducido al castellano, sobre "Las dimensiones morales."

A Scanlon le interesa pensar la cuestión del reproche, en relación con las relaciones tejidas entre las personas previamente. A veces, nos dice, por razón de lo que hemos hecho o dejado de hacer, de antemano, nuestra autoridad para reprochar se pierde. Scanlon piensa la cuestión, por caso, a través del ejemplo de una persona que llega siempre tarde a sus encuentros con amigos, y un día se queja indignado por la llegada tarde de alguno de ellos. Nos dice entonces que en esos casos uno no sólo es inconsistente, y no sólo realiza un acto que muestra cierta hipocresía. Aparece allí "un problema adicional:" yo no puedo decir que la actitud de quien hoy llega tarde daña "nuestra relación, porque las expectativas mutuas y las intenciones que constituyen nuestra relación fueron previamente dañadas por mis actitudes previas, actitudes reveladas repetidamente en mis conductas pasadas." 

La vía que explora Scanlon es interesante y promisoria, para quienes vemos un problema en el Estado injusto -pongamos, como el Estado argentino hoy- que luego quiere levantar el dedo acusador, asumiendo una autoridad que él mismo ha socavado. Seguiremos explorando por allí.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Yo puedo entenderlo y justificarlo frente a la criminalidad de subsistencia pero si mato a toda mi familia de diez balazos ahí la cosa cambia. La desventaja nada tuvo que ver en la motivación del hecho y, por tanto, el castigo sí podría justificarse a diferencia del primer ejemplo.

rg dijo...

pero mira que el comentario que hago, a pesar de ser cortísimo, hace esa aclaración: NO SE ESTA DICIENDO QUE NO ES CULPABLE, QUE NO COMETIO EL HECHO, QUE NO ES RESPONSABLE, O QUE NO DEBE SER REPROCHADO. LO QUE SE HACE ES UN LLAMADO DE ATENCION SOBRE LA AUTORIDAD DEL ESTADO. pero ninguna aclaracion es suficiente, parece

Anónimo dijo...

Pero Roberto, para vos el castigo penal no es siempre injustificado? Incluso asumiendo un estado ideal -el cual, por definición, no podría existir en la realidad- que cumpla todas sus obligaciones con los ciudadanos y garantice todos sus derechos, el castigo penal seguiría siendo según tu visión -si no te malinterpreto- injustificado.
O sea que si la pena, en todos los casos (aún con un estado que hace las cosas bien), es siempre inadmisible, quizás convendría plantear la discusión diciendo: mientras peor se comporte el Estado, mayor delincuencia habrá, mayor número de castigos injustificados se impondrán, y a la injustica de la pena se le agregará otra, la de la falta previa del Estado. Pero esto no agrega mucho, es obvio que hay estados que hacen las cosas mejores que otros, y que la legitimidad de cada uno difiere según su actuación.
Pero a menos que una determinada teoría sostenga que una buena actuación del Estado podría funcionar como precondición o como facto legitimante de un posterior castigo penal (lo cual dudo que sostengas) me cuesta encontrar la utilidad de la reflexión.
Tomás

rg dijo...

pero una cosa es el castigo (injustificado), otra el reproche (justificado en principio) que tiene formas diversas (algunas justificables otras no)