27 may. 2011

La plaza de los indignados

Del amigo Félix Ovejero (fragmento):


Ha habido reacciones para todos los gustos ante las movilizaciones del 15-M. Pero en casi todas ellas, incluso entre los simpatizantes, era común una parecida actitud: la suficiencia. Comentaristas resabiados y condescendientes no han dudado en echarse unas risas a cuenta de la ingenuidad o la ignorancia de los que en las plazas españolas se reunían a discutir sobre cuestiones políticas. Lo mismo que en la radio hacen ellos cada mañana. A casi todos les llevo yo inventariada una lista de predicciones erradas, no ya de resultados electorales, sino de premios Nobel de biología, final del terrorismo o fechas de salida de la crisis. Resultaría interesante llevarles la cuenta y publicarla al final del año. En condiciones normales de decencia, deberían retirarse de la profesión y esconderse por las esquinas no sea que la ciudadanía los reconozca...

No vale contraponer si más la opinión de las gentes a la competencia intelectual de los informados. No ya porque los opinadores de nómina pocas veces acuden a los expertos a la hora de forjar sus opiniones, sino porque a los expertos también hay que tomárselos en dosis homeopáticas cuando pasan de las musas al teatro y se sueltan a opinar sobre el día a día...

El problema no es de la ciencia. Para mostrar que los resultados resultan menos seguros de lo que se cuenta no hay otro camino que más y mejores resultados. Cuando David H. Freedman, estadístico de primera línea, defendía en un artículo citado en mil lugares, la investigación cualitativa, el trabajo del investigador sobre el terreno, que conoce en directo las cosas, apelaba a argumentos atendibles por los estadísticos, a las limitaciones de los modelos de regresión para abordar los asuntos sociales. No dudaba de la ciencia, sino de los científicos. Las teorías no se debilitan por las tonterías de quienes las invocan...

A veces, alguien se entretiene en mostrar que aquello es un fraude, como, para su infortunio, le sucedió hace un año a Marc Hauser, psicólogo evolucionista en Harvard, cuyas investigaciones mostraron tener más trucos que una película de chinos. Pero eso, que te saquen los colores, pasa pocas veces. No porque falten tramposos o equivocados, sino porque resulta fatigoso y poco agradecido emplearse en tales menesteres, entre otras razones porque nadie dedica tiempo y recursos en desmenuzar las entretelas de las investigaciones ajenas, por ejemplo, en reproducir experimentos que llevan años. El coste de oportunidad de tales empeños es un congo. Los dineros acuden al que hace promesas no al que se dedica a derribar las ajenas. No poca de la ciencia que nos asombra a diario en los periódicos se nutre del material de los sueños. Recuérdenlo la próxima vez que lean esa coletilla “estos resultados constituyen una promesa para”. Pero, claro, sin esa promesa, que no hay manera de emplazar en fecha y términos precisos, no hay dinero.

En Inside job, la película que aborda la crisis financiera, por debajo de las trampas retóricas, que no faltan, asoma una descripción moral de los economistas que, entre otras cosas, invita a la reflexión acerca de los sistemas de incentivos de la profesión. Y de sus códigos deontológicos. Quizá sea cosa de poner en el frontispicio de las facultades de Economía la sabia recomendación de Keynes: “Los economistas deberían ser como los dentistas, unos profesionales que se preocupan de hacer bien las cosas, con eficacia y humildad”...

Por supuesto, tampoco la plaza del Sol era la Academia de Platón. Ante todo, había una queja, una defensa de intereses normalmente desatendidos, entre ellos los de unos jóvenes condenados a miserables salarios, largos periodos de desempleo y a desperdiciar sus talentos. Pero también había ganas de discutir y de entender, de hacer propuestas. No está mal. De la discusión, entrenada, surgen las ideas: Merton nos enseñó que, en su mejor versión, las comunidades científicas eran comunismo cognitivo, afán universalista, escepticismo ponderado y desinterés. Y trabajar sobre la herencia recibida de otros que hicieron lo mismo. Algo de eso compareció estos días. Por supuesto, no cabe esperar que las soluciones a los retos de todos surjan de una asamblea. Una discusión democrática, por más pulcra que sea, no va resolver los complicados problemas de diseño de las instituciones políticas y económicas que ocupan a los investigadores. De todos modos, hasta donde se me alcanza, tampoco hay doctores por el MIT entre los empresarios y banqueros que periódicamente cenan con el presidente del gobierno para hacerles llegar sus preocupaciones, sin que necesiten levantar la voz. Y no les ponen un examen al entrar.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy bueno el artículo. En el caso español no creo que la plaza del Sol se haya promovido por obra de una comunidad científica (en su mejor versión) movida en su "afán universalista, escepticismo ponderado y desinterés". Es solo una protesta en época de crisis.

Anónimo dijo...

Moraleja: como constructores de la democracia, tenemos el deber ético de escuchar en el foro deliberativo aún las opiniones de aquéllos a quienes consideramos unos insensatos, pues detrás de cualquier consideración (desde la más científica hasta la más reñida con el sentido común) puede esconderse un aporte significativo en la construcción del conocimiento sobre la cosa pública. Eso es lo que no entienden los inelectuales kirchneristas cuando quisieron impugnar la designación de Vargas Llosa en la apertura de la feria del libro: aún cuando este tipo representara lo más rancio de la derecha, aún cuando este tipo estuviera mal informado sobre la realidad nacional, aún cuando fuera un anti-patria, sus consideraciones podrían representar una importante contribución a 'nuestro pensar la realidad nacional'. Creer de antemano que hay ciertas personas cuyas palabras no merecen crédito o atención, creer, como hace J. P. Feinman, que 'con ignorantes periodistas él prefiere ni sentarse a charlar', no hace más que encerrar una soberbia intelectual que va a contramano de las mejores teorías epistémicas -hablo del veritismo, por ejemplo, para la cual todo conocimiento fidedigno descansa, entre otras cosas, en un principio de humildad. Intelektuales K: aprendan de Sarlo, que se sienta a charlar aún con aquéllos que, intelectualmente hablando, no le llegan ni a los tobillos.
Mario

PIC dijo...

Una de tu amigo conservador: http://josebenegas.com/2011/05/22/en-lugar-de-indignarse-piensen/

Anónimo dijo...

Muy bueno el artículo de Félix Ovejero pero me quedo con el comentario de Mario. ¡Qué buen comentario, Mario! (y te lo digo hasta rimando) ¿Por casualidad no tenés algún blog vos también? Te seguí con atención en el foro sobre hiper-presidencialismo y me parece que tu pensamiento no se deja agarrar por fórmulas tan simplistas. Sonia.

Renato J Berrino dijo...

el titulo de Benegas casi como: en vez de cagarse de hambre, piensen en comida...

Jorge dijo...

PIC: La nota que linkeaste tiene su simil criollo en la de Benegas Lynch (h) ayer en la Nacion http://www.lanacion.com.ar/1376222-paradojas-de-los-indignados . La verdad que en general no espero mucho de las notas, aun las mas sesudas, pues los temas complejos no van con media carilla, por mas grande que sea la pagina de La Nacion. Pero la verdad es que ambos articulos pecan de una simplificacion grotesca, por no decir ridicula: derechos => impuestos que tienen que pagar alguien. Que novedad!!!! los derechos tienen un costo que deben ser solventados, pero esto son un medio para un fin. Meter todas las regulaciones, todo el estado del lado de los costos que implican y ningun beneficio, es cuanto menos ingenuo. Se pregunto BL (h) cual es el costo de la casi total desregulacion del mercado financiero en USA??? O el burdo ejemplo de: "Si una persona obtiene un salario de 1000, existe la obligación universal de respetar ese ingreso; pero si esa persona alega un derecho a 2000 aunque no obtenga esa retribución por su trabajo y el gobierno otorga ese derecho otro estará obligado a proporcionar la diferencia". No le sucita ninguna pregunta como: es justo que gane 1000? vive dignamente con esos 1000? si necesitara 2000 por un criterio de justicia, porque debe prevalecer el derecho del que gana 10.000? o 1.000.000 o 100.000.000? Me vas a decir, que BL no es el articulo que vos pusiste pero tambien tu "indignado de los indignados" dice por ejemplo "¡Adivinen quiénes son los menos productivos!" Si adivinaron... pero no son los traders que se la pasan timbeando en Wall Street, y cuando ponen en peligro la economia de un pais, cuando no del mundo hay que rescatarlos, y a los dos dias te dicen sin ningun pudor, no la regulacion no. Muy poco serio...