29 mar. 2013

Café italiano 5: Obreros y viejas mal dormidas


De lo que más disfruto es de la llegada al café de pequeños grupos, y cuadrillas de obreros. Lo he visto muchas veces. Llegan juntos, apoyan los codos en la barra, uno se da vuelta e interroga a los otros: “Qué es lo que quieren?” Uno invita a todo el resto. Mañana rotarán, o no, tal vez no. No se trata de colaborar con el otro porque mañana el otro colaborará conmigo. No. Pido por el otro porque el otro es mi compañero, y hoy yo tengo “una lira (euro) in tasca.”

Cristina, la dueña, ya conocía el pedido de casi todos ellos. Sin embargo, discreta, aguarda atenta el pedido (en este gesto -y en general, en su actitud serena y firme, al frente de un café concurrido sobre todo por varones- Cristina me recuerda a mi tía, quien también manejaba un café así, varios kilómetros más al sur). Para el primero en la fila va un “cappuccio”, para el segundo un macchiato. Varios toman su ristretto en la barra pero –me sorprendo- somos muchos los que pedimos un “latte macchiato” –una versión elegante y más gustosa de la “lágrima argentina”.
 
Llega luego una vieja, cansada, bufando un poco, llamémosla María. Enseguida, comenta –a la dueña, pero nos enteramos todos- que no está durmiendo bien estas noches. Ayer se levantó a las 5 y no volvió a dormir. Cristina, para no preocuparla, le dice que ella muchas veces toma pastillas para dormir mejor. Varios otros tercian en la conversación. Mientras tanto María, la que no duerme, termina en un par de bocados su enorme medialuna, y va por otra. El insomnio es así.

1 comentario:

Anónimo dijo...

:)