22 feb. 2012

El pago a los representantes en la tradición de izquierda

(nota que publicara hoy acá)

Días pasados, la atención pública volvió a centrarse en el sueldo de legisladores y Ministros del Ejecutivo. Pudimos tomar conocimiento, entonces, de montos excepcionalmente altos, aumentos absolutamente desproporcionados, y cifras (para el caso de los Ministros) que se procura(ba)n mantener en total secreto. Aunque casi no hubo discusión al respecto, fue interesante encontrarse con algunas de las (llamativas) razones públicas dadas, en su propia defensa, por los beneficiarios.
Entre las razones que se esgrimieron a favor de tales aumentos, hubo algunas simplemente frívolas (las alegadas por el kirchnerismo desde Diputados, referidas a la necesidad de asegurarse una buena vestimenta); otras poco aceptables, relacionadas con la desproporción existente entre los sueldos legislativos y los de otros trabajadores afines (poco aceptables dado que, justamente, el hecho que más agravio causa es la descomunal desproporción que se advierte entre los sueldos de los funcionarios políticos y los de miles de ciudadanos que trabajan en condiciones bajo todo punto de vista precarias); y otras razones adicionales, en parte admisibles y en parte ofensivas, vinculadas con el “desarraigo” que sufren los representantes que llegan desde el “interior” del país (se trata de un argumento muy problemático, dado que vivimos en un país pleno de trabajadores migrantes, que se ven obligados a alejarse de sus familiares y amigos en busca de bajos sueldos, pagados muchas veces en negro, y sin la suerte de recibir a cambio pasajes, gastos de representación, o viáticos extraordinarios).


El “escándalo” que rodeó al aumento de las dietas legislativas, en todo caso, puede servir para volver a reflexionar sobre la recompensa que merecen recibir los servidores públicos por realizar la tarea que realizan. Al respecto, lo primero que convendría decir es que las trabajosas defensas que se han hecho a favor de la posición “triunfante” en la materia -la que justifica el otorgamiento de premios excepcionales para los representantes - contrasta con los buenos argumentos que, históricamente, apoyaron a la posición contraria o “derrotada.” Esta última postura, crítica de los privilegios de los funcionarios públicos, mantuvo desde un comienzo que los representantes políticos debían constituir un “reflejo” de la sociedad a la que representaban, y que por ello mismo habían de mantenerse social y económicamente entrelazados con el pueblo que los votaba (viviendo cerca de sus votantes, en condiciones afines a las de sus votantes). Quienes propiciaron esta postura dijeron, para apoyarla, que el Congreso debía ser un “espejo” de la sociedad (motivo por el cual promocionaron la representación más variada posible); exigieron la rotación obligatoria en los cargos políticos (para ayudar a que más gente “del común” accediera al manejo de la cosa pública); y defendieron el principio de las elecciones anuales (“el fin de las elecciones anuales es el comienzo de la esclavitud” -alegaban) bajo la convicción de que, de otro modo, los representantes comenzaban a descuidar los intereses de sus representados.


La defensa de tales posturas críticas vino alimentada desde lugares teóricos y experiencias políticas diferentes. Parte importante del feminismo, por ejemplo, destacó el valor de la “identidad” que debía existir entre representantes y representados , y en línea con dicho enunciado denunció a un sistema político controlado por hombres que sistemáticamente ignoraban, mal-representaban o se despreocupaban de los derechos de las mujeres. Otras corrientes de avanzada, más economicistas, criticaron las ventajas políticas por considerar que, de ese modo, la clase representativa comenzaba a trabajar para sí misma, dejando prontamente de lado toda preocupación por el interés compartido. La izquierda occidental, mientras tanto, acostumbró a señalar acusatoriamente a una clase política que -gracias a los beneficios que se auto-asignaba- se convertía en aristocracia , al poco de que terminaban las elecciones. Para dicha izquierda, no había razón alguna que pudiera justificar que los representantes se arrogasen privilegios que ellos mismos se ocupaban de negar a los demás trabajadores. Demócratas radicales, por su parte, mantuvieron que los representantes no merecían reclamar recompensa adicional alguna por lo que hacían, ya que el honor de representar al pueblo y el privilegio de gestionar los asuntos de todos eran ya premios suficientes para cualquiera.


Por supuesto, la crítica a las desigualdades que la política genera, en su favor, no pretende avalar las desigualdades que ella injustamente avala, en beneficio del sector privado. En todo caso, la idea de fondo es siempre la misma: resulta difícil impulsar, y sobre todo mantener, políticas respetuosas de la igual dignidad de todos, cuando el gerenciamiento de las mismas se asigna a quienes se benefician directamente con las injustas desigualdades creadas.

10 comentarios:

Anónimo dijo...

No creo en la tesis del servidor público como un apóstol. Lo preocupante no es lo que ganan sino lo que no hacen, o lo poco, o lo nulo, que hacen para superar las desigualdades.

Alejandro Kafka dijo...

Habrá que analizar las oscuras intenciones de esta nota para que la publique Clarín.... no, es en joda, RG, sólo para "escandalizarte".

Ahora, en serio, en este tema hay alternativa, la cubana, en la que, los diputados electos no reciben dieta por su condición de representantes y reciben el mismo salario de su trabajo habitual durante el lapso que dedican a la función pública. Al menos, es lo que se conoce desde la isla. Sería interesante conocer también, las críticas que genera internamente.

¿Sería aplicable en un sistema como el nuestro en donde priman los políticos profesionales? (sé que estoy simplificando, tal vez en demasía). Una cosa sí ocurriría, supongo, y es que las desigualdades de la sociedad se trasladarían al Congreso.

Eduardo (Eduardo Reviriego) dijo...

Dentro de las aclaraciones de las partes, llamaron la atención las del Presidente de la Cámara de Diputados, Julián Domínguez, justificando el aumento con el argumento de que: “Si no, tendríamos que dejar la política a los ricos y a los ladrones”.
Me parece que ya es tarde, si el diputado hubiere mirado un poco hacia arriba y a su alrededor,podría haber confirmado que ya nos gobiernan los ricos y los ladrones.

pomelo dijo...

uno podria aceptar que no se le pague lo que corresponde a un mozo o a una camarera cuando se descuenta que el 60% de sus ingresos proviene de las propinas que recibe. pero me parece muy riesgoso hacer lo mismo con legisladores y miembros del poder ejecutivo porque esta visto que las propinas son demasiado grandes. en todo caso, hay que discutir toda la estructura salarial, no solamente la publica, porque la brecha en el sector privado es aun mayor y no dicen nada. y hay que ver quienes son los que terminan gobernandonos si les pagamos salarios semejantes a los de las poblaciones que los votan. porque para cualquier profesional serio es mas rentable el ejercicio de su profesion que la funcion publica. asi, los que nos quedan son los kirchner, los menem, y toda esa caterva de politicos profesionales. o, como en USA, dejarles el gobierno a los ricos como bloomberg, romney, y demases.

Pepe dijo...

la tradicion de la izquierda en qué país Rg? por favor decinos

Finlandia?

rg dijo...

tradicion del pensamiento de izquierda. finlandia, si, gran pais, pero no dije nada al respecto. tampoco entiendo tu punto. es posible que tengamos mas que ver con el chile derechista, pero entonces que, hay que seguir por ahi?

p dijo...

Se me hizo medio dificil de seguir el punto, RG.
Igual creo que la tensión interesante está entre:
1. queremos tener políticos profesionales (no tipos que digan, "uy, ya estoy hecho, voy a hacer política") y también queremos tener políticos buenos profesionalmente hablando, como el mercado orienta en la decisión de la carrera profesional en parte por una cuestión económica (sino habría mucho más profesores universitarios full-time, creeme), hay que incentivarlos adecuadamente.
2. la política requiere vocación de servicio y cierta conexión entre el representante y las condiciones generales del representado, ergo, que el político gane demasiado más que el común de la gente puede ser pernicioso para el ejercicio de "la política".

Dos cosas acá: el punto 2 (suponiendo que es una reconstrucción admisible de lo que planteás) no me parece tan contundente como el primero. Y a todo evento, de última lo que tenés es una puja entre el primero y el segundo.
Me hubiera gustado que incluyeras, por ejemplo, en este asunto el caso de los jueces. Me extraña que no lo hicieras... ¿es que respecto de los jueces hay razones para inclinarnos hacia el punto 1 que no existen para los políticos? Mmmm. Lo cierto es que un juez gana un huevo de plata y los argumentos que van para los políticos bien podrían ir para los jueces (en la izquierda o en otra). Creo que un ministro de corte cobra 60.000, ta bonito no? Estaría bárbaro que el pueblo supiera... ¿Por qué no se lo dijiste?

PD. para Pomelo: Menem y Kirchner SON millonarios (son el Bloomberg o Romney criollo), lo eran antes de asumir la presidencia, muy "a pesar de" haber dedicado casi todas sus vidas a la actividad política (Menem fue gobernador a los 36, K empezó su carrera de político full-time a los 33 y nunca la abandonó).

Anónimo dijo...

el accidente de hoy día es una excelente representación del valor que la vida humana de las clases más humildes tiene para la institucionalidad argentina. Una demostración de cómo la igualdad es un proyecto inconclusísimo.

Anónimo dijo...

RG, lo de hoy merece una reflexión tuya, sin dudas.

Anónimo dijo...

zaffaronni tiene 15 propiedades, y?