14 oct. 2011

Apuntes italianos. XII. Mar, bananas y pan blanco


El Norte es lo dicho y sabido, pero también ...También, por caso, un Paolo Conte. Otro gran “lobo estepario” de la intelectualidad italiana de hoy (ya mencionamos a Darío Fo –“Muerte accidental de un anarquista”, y a Nanni Moretti –“Io sono un autárquico”) Paolo Conte es de los pocos y grandes músicos que ha dado la Italia contemporánea (digamos, la música contemporánea italiana es a la música, lo que la pasión amorosa germánica es a la pasión amorosa). Este Tom Waits italiano es un verdadero “cafone”: malhumorado, escéptico y cínico, crítico de todo. En un maravilloso libro sobre él, que acaba de aparecer (“Tutto un complesso di cose”), el músico y compositor italiano da un largo reportaje en donde se interna sobre su rica biografía, en torno a la cual tiene una mirada ocultamente llena de poesía. Cuenta de su carácter solitario, de los pocos amigos que tiene y a los que escoge por afinidades elementales: “El gusto de dar cuatro patadas a una pelota lo comparto con quienes sienten el mismo placer que yo.” Cuenta de su experiencia de niño, durante la guerra; el encuentro asombrado con los norteamericanos que venían con “i chewing gum, le vitamine, le sigarette diverse”; de su abuelo corriendo a los ingleses que querían ocuparle la fábrica, arma en mano; de sus ganas de protestar. Cuenta de un hecho que lo conmovió como pocos en su vida: cuando su madre lo llamó para decirle que mire por la ventana, para mostrarle cómo los alemanes desalojaban Asti, su pueblo. Dice don Paolo: los alemanes se iban “tutti in fila, silenziosi, ben allineati, in ordine como solo i Tedeschi sanno essere.” Ésa fue la imagen que guardaría para siempre, la que lo marcaría por siempre, la que simbolizaría para siempre que la guerra había terminado.

Cuenta también de cuando, a los nueve años descubrió, en un viaje mágico, en camioneta por el interior de Italia (la camioneta de un amigo de la familia, Ferruccio, que luego moriría en la Argentina –no aclara cómo), tres cosas de las cuales siempre le había hablado su madre: el mar, las bananas y el pan blanco. “Un viaje extraordinario, que duró siete u ocho horas,” agrega. Don Paolo viajaba en la parte de atrás del auto, al descubierto, y rodeado de mujeres amigas de la familia.

Cuenta de su amor por el jazz; de sus tíos, de sus padres; de sus abuelos. Cuenta de cómo se recibió de abogado. Cuenta de cómo amaba la música de George Brassens; del modo en que Charles Aznavour influyó en su vida artística; y de cuánto admiraba a Atahualpa Yupanqui (“un genio…que me hizo descubrir la ternura que puede existir entre un músico y sus canciones”). Es bueno saberlo allí, disconforme; con esa resistencia tan italiana a tomarse las cosas demasiado en serio; riéndose por lo bajo, de los demás y de sí; quejándose, algo molesto con todo, sin saber bien por qué; con la persistente, permanente certeza de que algo no está bien con todo esto.


foto: un pájaro en la escalera (Venecia)

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Roberto querido, sabes que no intervengo casi en los blogs (no me gusta) pero quiero salir en defensa de la música italiana (que no necesita defensa, ja) un poco maltratada, en mi opinión, en tu comentario. Conte está bien, sí, pero hay tantos más. Por ejemplo, y sin animo de ser exhaustivo, en el pop-rock, como no mencionar a Vasco Rossi, Francesco de Gregori, Francesco Guccini, Fiorella Mannoia, Edoardo Bennato, Antonello Venditti, Roberto Vecchioni y el inolvidable Fabrizio de André, por citar algunos. Como no recordar a Milva o a Giovanna Marini, por ejemplo. Y entre los tantos jazzistas, y sólo en el piano, que decir de un Stefano Bollani que es excelente o de un Enrico Pieranunzi (o ya en otros instrumentos un Paolo Fresu oEnrico Rava) . O pianistas de la talla de Ludovico Einaudi o, ya más discutible pero que llevó la clásica al gran público, como Giovanni Allevi. Y bueno, mejor que no me meta en el campo de la música clásica (del tipo que sea, lírica incluída), porque los italianos son grandísimos. Sí, que acaben de confirmar a B. es un hecho lamentable para este país, pero criticar su música no me parece (como por ejemplo, criticar su comida) muy acertado. Fuerte abrazo italiano. Andrés

rg dijo...

de gregoris bien, de andre, muy bien, mannoia ya nos acercamos a la pendiente. los demas, en lo que seria musica popular, tenes que salir a pelearla con grandes chances de salir mal parado. hay algo muy complicado con la musica italiana: la sobreabundancia y popularidad de lo malisimo. pero bueno, ok, podemos matizar un poco (ojo, igual, que la pasion amorosa alemana no es inexistente)

Anónimo dijo...

No olvidar al inclasificable franco battiato. Stefano bollani tiene un programa de tv en la raitre (se llama sostiene bollani) fabuloso; este ultimo domingo (9 de octubre) tuvo como invitado a Paolo Fresu. Recomiendo fervientemente ver el programa ( pude verse en la pagina de raitre) y en particular la performance del trompetista sardo. Estoy de acuerdo con el anomimo 11:50, pero creo que RG tiene algo de razon en que hay mucha basura muy popular que puede dar una mala imagen de la musica italiana. Lo mismo podria decirse de la musica brasilera; pero buscando un poco uno se puede encontrar, a mi parecer, con excelentes musicos contemporaneos ( Vinicio Caposella, por nombrar solo uno). Un saludo Roberto, celebro las cronicas italianas, y tambien, por que no, celebro tambien el disenso musical.